Viva México

Septiembre es el mes de la patria, de las celebraciones, de los cohetes, de la comida.

Y siempre fue un mes gozoso, los recuerdos de inicio de escuela no alcanzan a empañar las celebraciones de esas fechas, mis recuerdos no solamente son anteriores, sino en aquellas fechas la escuela todavía tiene un aire de novedad.

La combinación de niños con cohetes semi-vigilados por adultos borrachos es indudablemente pirotécnica. Así que eran las fiestas favoritas, los preparativos empezaban mucho antes, juntando el dinero para la dotación de cohetes, haciendo experimentos con ellos y jugando.

Siempre tuve alma incendiaria, aprovechando que mi familia se dedicaba a la costura y había muchos conos de plástico sobrantes de los hilos que utilizados, jugaba prendiendo esos conos y pretender que eran aviones bombarderos sobre los soldados, que eran calcinados cuando les caía el plástico encendido,  también podía bombardear barquitos de papel, (era de poca madre cuando las bombas caían sobre el agua).  Y construía cañones con partes de cohetes, buscapiés y cabezas de cerillo. Pero los mayores daños no eran los sufría tu ejército sino uno mismo cuando cambiaba el viento y la flama de tu cañón te quemaba o una bomba caía sobre tu piel.

Mi papá me enseñó a tronar cohetes en la mano, es parte del aprendizaje de ser hombre, el chiste es alejarlo de la cara y agarrarlo sin apretarlo con la punta de los dedos, sospecho que eso no me enseño sino a acercarte lo suficiente al peligro para que digan que eres hombre. La lección es que si lo puedes hacer, entonces te puedes burlar de los que no pueden. (Guerra psicológica)

También jugaba con brujas (garbanzos cubiertos de pólvora), con resorteras hechas con un “durex” (cinta adhesiva transparente) y la parte superior de un globo, lo rompías y con las cinta lo pegabas alrededor del carrete, con eso podías lanzar la brujas en contra del equipo oponente, la verdad casi no quemaban pero sí dolían, era el gotcha de aquellos tiempos (también era un ejercicio de guerra).

Había cerca de la casa de mi abuela un agujero donde iban a poner un poste de luz, que tardó algún tiempo en ser puesto (algo que casi no pasa en México), era utilizado para meter a alguien, poner una avalancha encima y arrojarle cohetes, podría parecer cruel, pero la comisión de derechos humanos no se hubiera quejado porque nunca le usábamos palomas con prisioneros de guerra.

La guerra no estarían completas sin la artillería, en este caso se trataba de un bote de leche en polvo que intentábamos lanzar lo más lejos posible, aquí si utilizando los explosivos más potentes a mano, haciendo incluso mezclas, pero uno se queda picado con esa demostración de fuerza, así que hubo otros experimentos, dentro de botes de basura de metal, bajo bancas de concreto, en coladeras, tazas de baño, huecos en la pared. (Escombros de guerra).

Yo creo que estábamos listos para combatir por la patria, no como los pinches niños héroes.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el septiembre 15, 2011 en Biografía, Celebraciones, Independencia, Infancia, México. Añade a favoritos el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Mi estimado Brujo, has descrito parte de lo que yo hacía cuando era chavito en las fiestas de Independencia y aunque no lo fueran; sólo te faltó escribir cuando nos poníamos triple o cuádruple pantalón y explotábamos las palomas en las bolsas de quienes perdían o perdíamos una apuesta =( Así fue, Un abrazo.

  1. Pingback: Recorrido biográfico musical « La Herencia de Miranda

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