Archivos Mensuales: enero 2012

Censura hasta en la SOPA

Nadie es más esclavo que el que se tiene por libre sin serlo

Goethe

Siempre he odiado las restricciones, las imposiciones o la censura; cuando alguien me dice que no debo hacer algo o que solamente hay una manera de hacer algo, inmediatamente brinca una señal de alarma dentro de mí diciéndome que siempre hay muchas opciones -muchas más de las que se ven a simple vista.

Contra lo primero que me revelé fue contra que me cargaran, no me gustaba así que cuando alguien se agachaba a cargarme le daba una patada en la espinilla, eso fue suficiente para desanimar a la mayoría. O dormirme temprano, no echarle plátano a la sopa de pasta, hacer la tarea antes de salir a jugar, tener cuidado al jugar en la calle, no calentar el agua de los peces -sí, vi a uno saltar porque no aguantó el calor- y el colmo: usar suéter -aquellos que me conoces saben lo ridículo de esta petición.

Incluso mi tía Luisa, que era muy permisiva, y a la que le decía “voy a tirarme de la avalancha y esquivar los coches” o”me voy a una fiesta a beber y no sé cuándo regrese” y lo único que me decía era un que dios te acompañe sin ningún reproche, en cambio me prohibía ayudar en la cocina bajo el argumento incontestable: “los hombres en la cocina huelen a caca de gallina”.

La adolescencia no hizo más que presentar numerosos retos que fueron sorteados con singular alegría, desde el sentido del eje central, la fortaleza de los árboles, demostrar la existencia del amor, violar la permanencia de los letreros con el nombre de la calle, pero sobretodo probar mi inmortalidad.

Durante mucho tiempo aceptaba todos los desafíos y libraba todos los retos; así fuera llenar la casa de la señora de los casos de la vida real con agua de riñón, robarle una prenda a alguien, torear taxis, romper un récord de velocidad en un auto sin frenos, y hasta otro de esos retos que se convierten en hitos: casarme.

#YoConfieso que disfruto ir contra la corriente, y muchas veces usé una indumentaria estrafalaria buscando provocar, en la prepa me negué a cortarme el cabello aún bajo amenaza de expulsión -tuve que usar gel, limón, jitomate y muchísimos pasadores para tomarme la foto para la cartilla-,  el negocio de costura me permitió fabricar unas camisas iguales que hacían parecer que no me cambiaba en mucho tiempo y asistía a las fiestas elegantes con los pantalones raídos, el cabello al estilo “The Cure”, pero iba al Chopo de traje -corbata incluída- no es tan sorprendente que recibiera un trato similar. En la Universidad fue diferente, bueno en la FCPyS no tanto -el turno matutino parecía un desfile de modas- pero en la facultad de Ciencias no me decían nada, aunque había miradas en mi chamarra con más hoyos que mezclilla, los pantalones con algunos huecos apenas abajo de las nalgas, mis converse uno lila y el otro turquesa -porque nunca conseguí rosa en mi número- y el cabello anudado con una donita de color pastel. Pero las prohibiciones aquí eran mínimas.

Pero mi alma incendiaria no se conforma con el caos, quisiera que los demás conozcan sus opciones, que averiguaran, que desapareciera su apatía. Extraño dar clases.

Yo creo que la mejor opción es educar y dejar que las personas actúen libremente, es decir, con conocimiento de lo que hacen, con la voluntad de hacerlo y con la responsabilidad frente a las consecuencias de los actos.

Vacaciones

¡Oh memoria, enemiga mortal de mi descanso!

Miguel de Cervantes Saavedra

Mi familia materna se dedicaba al negocio de la costura, las prendas que eran vendidas en mercados como Tepito, Tacuba, Mixcalco y diciembre era el mes más ocupado de todos, no había días de descanso sino hasta después de reyes; el 31 después del trabajo iban a comprar la cena al mercado de Garibaldi, pozole o birria era la elección para la cena, que normalmente tardaba un poco más porque ¿cómo resistirse a unas copas en Garibaldi?

No solíamos vacacionar en diciembre, pero invariablemente íbamos a San Juan de los Lagos a finales de enero, es un viaje tradicional de mi familia materna, comienza en Salamanca -tierra natal de mis abuelos- pasa por León – justo en la fiesta- y termina en San Juan, yo lo caminé un par de veces, aunque usted no lo crea. Durante la primaria faltaba esos días olímpicamente, al menos dos semanas de vacaciones, la vez que tomé un poco más me echaron de cabeza, esa es la desventaja de tener a mi prima en el mismo salón. Después fue diferente, en la secundaria tuve un récord casi perfecto, empañado solamente por un retardo. Durante la prepa ayudaba en el puesto de ropa de mi familia en pericoapa, no hubo vacaciones, solamente desvelos durante las posadas. En la Universidad fue distinto, esas sí eran épocas de descanso, solamente que el dinero era tan poco que no alcanzaba para ningún viaje así fuera al pueblo más cercano. La única excepción fueron unos días en Taxco que sirvieron como ocaso a mi relación más duradera.

Ya en el trabajo corporativo opté por no salir de vacaciones esos días, prefería quedarme en la oficina, en las mañanas el tráfico era menos,  salía de vacaciones con mi esposa la semana justo después del 12 de diciembre, siempre con muchos peregrinos en el camino. Y ahora que me mudé a São Paulo he trabajado en proyectos, entonces es más fácil tomar vacaciones el fin de año. En esta ocasión fue la que más días de vacaciones he tomado -la huelga de la UNAM no cuenta.

Ocurrieron muchas cosas durante las vacaciones, tantas que no necesitaba terminar esta entrada antes de continuar con otra cosa.

Primero quisiera agradecer la hospitalidad recibida, es la segunda vez que recibo su hospitalidad, su casa ha sido escenario de muchos momentos felices y también de momentos difíciles, así es como se van forjando las amistades. Me siento como en casa, no solamente me siento cobijado por la ciudad, también por los amigos, esta vez podía sentir algo extra en el ambiente.

La navidad la pasé con mi primer sobrino, ha sido toda una experiencia tener un nuevo integrante de la familia tan cercano, su llegada fue en contra de todo pronóstico y le dio una nueva perspectiva a mi hermana, la veo feliz y me da mucho gusto, ahora le toca crecer de otra manera.

El fin de año fui a Playa del Carmen, a visitar un amigo gitano -Lalit- y a una amiga coincidente -July- durante esa estancia ocurrieron un par de cosas extraordinarias: logré apagar mi centinela y pude finalmente deambular sin estar al pendiente de todo, relajarme y fluir aleatoriamente, fue algo muy liberador; por otro lado conseguí descargar completamente mi pila, al menos eso es lo que recomiendan en los demás aparatos, para evitar el efecto fantasma. Y por si fuera poco me divertí un chingo.

Regresé para ser padrino de bautizo de una ceremonia armada al vapor, fue una fiesta emotiva en la que no me alcanzó el tiempo para hablar con todos, hubiera querido dejarles más a mi familia y amigos, es la segunda vez que soy padrino y esta vez no tuve que hacer examen de admisión.

Resumiendo: durante estas vacaciones tomé 3 bebidas verdes  y alcohólicas, tomadas en tiempos y formas distintas, los sabores fueron muy variados y en todas las ocasiones me remitieron a la vez anterior que las consumí, las cosas han cambiado tanto desde entonces.  Dupliqué mi número de ahijados, sin menoscabo del cariño, muy al contrario creció. La peor parte es que todo parece indicar que perdí una amiga muy querida y lo peor es que desconozco la razón.

Y finalmente, aunque no en importancia, descubrí lo mucho que estraño mi amada tierra, la fuerza con la que me llama y lo difícil que es mantenerte lejos de tus afectos, es evidente que estoy a una distancia que solamente me permite contemplar lo que pasa, que he estado viviendo dividido, con mi corazón en un lugar y lo demás en otro lado. Pero eso no me va a detener, no me voy a regresar -y ya tengo oferta- por un síndrome del Jamaicón, esta difícultad es parte de crecer, de evolucionar; sin embargo hay una extraña sensación que no me abandona de esas veces que sabes que no volverás a ver a alguien.