Archivos Mensuales: abril 2012

la infancia que muerde

He rezado por mi niñez, y ha vuelto a mí, y siento que sigue siendo tan pesada como antes, y que no ha servido de nada hacerme mayor.
Rainer María Rilke

Yo era un niño perfecto —todos los niños lo son— pero muchas cosas se perdieron en el camino. Algunos momentos donde se perdieron algunas de esas cosas los tengo perfectamente identificados, otros apenas reflexiono al respecto.

Odiaba furiosamente que me hablaran balbuceando con tonos que se supone de niños, me molestaban los tonos agudos como la voz de la chilindrina casi hasta romper en llanto. Y cuando me querían cargar a fuerza daba patadas en la espinilla. Cada que mi mamá me llevaba al mercado tenía miedo de que alguien más me llevara porque no le hacía el feo a ninguna persona.

Cuando tenía alrededor de un año no me gustaba dormir en la recámara de mis padres, pensaba que había un par de caballeros guardianes —uno negro y uno blanco— que observaban mientras dormía, esas imágenes desaparecieron después de un sueño que tuve, donde salía al patio y miles de protozoarios —en ese entonces no sabía lo que eran— flotaban bajo la luz de la madrugada, caminar sientiendo  el cemento frío en mis pies me tranquilizaba por alguna razón, todavía me gusta caminar descalzo.

Me dí cuenta a temprana edad de las peleas por el dinero, y me preocupaba, durante el diciembre de mi segunda navidad mi mamá le insistía a mi padre que le diera dinero para poner el nacimiento, la única manera que se me ocurrió para ayudar fue ir al parque y juntar todo el pasto posible,  el resultado fue que la sala de mi abuela quedó muy sucia y yo me llevé un regaño por mi travesura, sin importar las razones que tuviera, es como si nunca hubieran importado las explicaciones, todavía tengo esa sensación de que nadie las escucha.

A los dos años iba alegremente a la tienda y llegaba gritando “doña Victorita: mi chaparrita” —supongo que debo aclarar que estaba pidiendo un refresco— y pensaba que era toda una aventura ir a comprar crema aunque solamente estaba a 2 cuadras de distancia, era feliz aventurándome, descubriendo, arriesgándome, y quiero seguir así por eso necesito derribar las cosas que lo impiden —porque las barreras que lo impiden están por dentro—.

El episodio más significativo fue cuando con mi hermana:  una noche, recién mudados de casa de mi abuelo a un departamento a un par de cuadras, me confiaron su cuidado y yo acepté con gusto y orgullo. Estaba sentado en la escalera vigilándola y hablándole mientras dibujaba (aunque usted no lo crea), dejé caer el lápiz y rodó a una distancia que me obligó a abandonar mi puesto de vigilancia, unos segundos bastaron para que ella subiera por la escalera y cayera. No fue la sangre lo que me impactó sino la carga en los hombros. Es el único período de mi historia en el que mi memoria no alcanza a penetrar, las siguientes horas se quedaron encerradas dentro de fortalezas inexpugnables en mi cabeza.

Durante varios años me enfermaba quincenalmente de las anginas, probé una infinidad de remedios, visité muchos doctores sin éxito. Todo terminó con su remoción.

Era feliz jugando, cartas, dominó, ajedrez y cualquier juego que me pusieran enfrente, era como estar en otro lado donde estaba permitida la exploración y la experimentación, donde las consecuencias no parecían tan graves, donde cuidarse era parte del juego. Jugar es otro estado de ánimo, es una característica que define al hombre, esto es algo que me define de alguna manera y que estoy seguro que nunca me abandonará.

En una fiesta en casa de mi abuela llegaron unos familiares -o algo así- con los que mi mamá quería quedar bien, aunque siempre ha querido quedar bien con todo el mundo, llevaban 3 hijos, no estoy seguro de cuál de ellos me empujó de las escaleras, estaba descuidado y aterricé con la cara. Me retiré de la fiesta a la recámara de mi abuela, y la única que subió a verme fue mi tía Luisa, que fue con la única persona que me sentí protegido, que sabía que tenía la fuerza y el amor para hacerlo, siempre dejé que me persignara y me llamara como quisiera, a la única que le rendí pleitesía. Nunca me lo dijo pero sabía que me amaba y que sus conjuros eran tan poderosos como para protegerme.

Jamás me tocó un turno a la piñata cuando era niño porque  siempre era el último de la fila así que siempre la rompían antes de que llegara mi turno, generalmente mis primos que eran de mayor edad pero menor estatura, incluso en una ocasión no solamente rompieron la piñata, también mi bat que tomaron prestado sin consentimiento. Nunca fue mi parte preferida de las posadas.

Justo antes de entrar a la primaria organicé un robo a la juguetería del Sears en Plaza Universidad, junto con mi primo y otros cuatro amigos de la calle de mi abuela, una operación simple que se aprovechaba de una barda metálica que se doblaba fácilmente justo enfrente de un elevador. Ese día salimos con varios juguetes —uno para cada quién— la operación era en equipos de tres y siempre rotando, los jueguetes los llevaban al estacionamiento donde habíamos conseguido unas bolsas para ocultarlos. Pero el disfrute de esos juguetes duró apenas un día.

Algunas veces en el camino de regreso mi papá manejaba de buenas y no había prisa en llegara a casa, entonces accedía a jugar conmigo, yo me cubría los ojos y él manejaba por lugares distintos y yo tenía que decirle la ruta por donde íbamos, a veces incluso iba hasta el periférico solamente para dar un par de vueltas en los tréboles y confundirme. No era muy frecuente pero me hacía muy feliz. Y es que sentía el amor de mi padre, era evidente que se sentía orgulloso y que me amaba, pero había dos cosas que me lastimaban: su alcoholismo y su rigidez.

Recibía regaños por cualquier falta, incluso por aquellas que no cometía, y cuando estaba enojado no escuchaba razones, no había forma de persuadirlo o explicarle la situación —esto cambió unos 15 años depués—. Siempre jugó fútbol y cuando iba a ir a una partido a Acapulco con el equipo de su compañía mi mamá me pidió que lo fuera a cuidar -¡yo tenía 8 años!- así que fui, el primer día, después del partido me dejó en la playa mientras el se iba a bañar y cambiar, luego pasó a decirme que iban a ir a comer y que regresaría al poco tiempo, supongo que la comida se unió con la bebida y la cena —cualquier cosa que hayan cenado— pero el caso es que me quedé ahí en traje de baño esperándolo porque además se habían llevado la llave del hotel y no quisieron abrirme en la recepción. Llegó pasadas las 4 de la mañana y apenas conseguí ayudarlo a subir y acostarse. Al día siguiente aún no recuperaba la sobriedad del todo -menos después de las cervezas para la cruda- insistía en ir a nadar y yo en convencerlo de que no lo hiciera, luego tuve que apurarlo porque el camión amenazaba con partir sin nosotros mientras el dormía plácidamente. Parecía tan vulnerable, desprovisto de conciencia, creo que ese viaje hizo que me preocupara más por sus ausencias.

Y mi madre fue la que me mandó con esa misión, y es que desde el principio ella se sentía insegura -tenía 18 años cuando nací- me contaba sus penas, lloraba conmigo, y otras veces explotaba por razones que no alcanzaba a comprender. A todo mundo le brindaba una sonrisa, y hacía muchas promesas, compromisos y planes. Y cuando no podía cumplirlos se enfermaba, de algo desconocido que hacía que quedar postrada en la cama sin poder hacer nada, así que yo tenía que salir a enfrentar a los cobradores furiosos, los vecinos demandantes o los deudos en busca de objetos prometidos. Aunque siempre le preocupaba mi papá -me mandaba a hablar a locatel- yo la veía más contenta cuando tomaba que cuando estaba sobrio. Un par de veces estuvo embarazada de nuevo —ninguno pudo lograrse— uno de ellos fue cuando estaba en el último año de primaria, ella decidió irase a casa de mi abuela para cuidarse y me quedé con mi hermana, era mucho más sereno estar de esa forma. Pero aún así, cuando hizo su maleta y salió amenazando con abandonarnos, yo fui por ella para convencerla de que no se fuera.

Y hubo muchas cosas más que me han ido forjando, muchos momentos felices, otros tristes y algunos aburridos.  Parece que toda mi familia tenía sus escapes: mi mamá tenía sus enfermedades , mi padre el alcohol y mi hermana encerrarse en su cuarto, era como si no quedara nadie para resolver las cosas, muchas veces yo tomo ese papel, me asumo la tarea o el rol, y es como si tuviera siempre esa sensación de que volteas hacia atrás y no hay nadie, o que nadie lo va a hacer mejor que tú, o que eres el único que entiendo su importancia. La verdad es que a nadie le importa, muchas veces al tomar ese puesto y realizar las tareas dejo de lado mis deseos, mis tareas, mis necesidades.

Todo eso quedó en el pasado y fue parte de lo que me llevó a ser quien soy, ahora necesito trabajar para recuperar todo eso que no quiero perder, curar las heridas que aún están abiertas y deshacer los obstáculos que me impiden liberar todo el potencial que tengo.

Dejo un par de cosas para recordar:

Castillos en el viento

Día Internacional del Libro

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.

Jorge Luis Borges

Confieso que no leía cuentos infantiles, acaso los incluídos en el Tesoro de la Juventud. Aprendí a leer con los con los cuentos del pato donald de disney, aunque en verdad a mí me divertían más los chicos malos.

Mi familia tenía el hábito de la lectura arraigado, así que el material de lectura no abundaba, pero yo me daba por bien servido por leer el manual de la lavadora, así que cuando encontraba un “Lágrimas y Risas” o un libro vaquero pues era ganancia, así que estoy familiarizado con las historias salidas de la pluma de Yolanda Vargas Dulché,

Pero mi papá me llevaba cada año a la feria del libro, primero en el pasaje zócalo-pino suárez y luego en el Palacio de Minería, la cantidad de libros se me hacía impresionante, pero no sabía qué comprar, no tenía ninguna referencia, así que me dedicaba a hojear aleatoriamente y, elegía alguno que me gustara, en realidad el que me gustara más, nunca fue una elección fácil. Y siempre fueron dispares las elecciones, un libro de matemática discreta, un manual para el uso de diamantes en el billar, pero la estrella sin duda fue la historias extraordinarias de Edgar Allan Poe.

Y luego descubrí las bibliotecas, oh maravilla, porque los libros no eran baratos: recuerdo que una de las veces que conseguí reunir dinero luego de un trabajo veraniego dando clases lo tenía destinado para comprar discos nada más que fui a Gandhi y terminé gastando todo el dinero en libros. También tenía mi chamarra, con una bolsa especial con la que podía sustraerlos de forma discreta -las ventajas de saber corte y confección- la única vez que estuvieron accesibles fue cuando intentaron quitar a los vendedores ambulantes ofreciéndoles paquetes de libros para que los vendieran por 2000 pesos -era barato tomando en cuenta que un solo libro de los que venían valía como 1600- ahí fue que me agencié varios libros de la segunda serie de lecturas mexicanas.


Así que cuando entré en la UNAM, mi credencial de la Biblioteca Central me sirvió como pase directo al paraíso, era mi trayecto de regreso, de la Facultad de Ciencias, a la Biblioteca Central y a la parada del autobús de la ruta 64 (San Lorenzo – Cerro del Judío) donde regresaba leyendo entre apretujones. Ya  los único libros que compraba era los que quería tener cerca, y regularmente los conseguía usados, en Donceles, al lado del Palacio de MInería o en general en cualquier tianguis que tuviera cosas usadas, algunas veces hay que limpiarlos -incluso desinfectarlos- pero lo que importa es el contenido.

Cada que viajo no puedo evitar visitar las librerías, varias veces han abierto mi maleta pensando que llevo algún tipo de explosivo o un polvo compacto pero lo único que descubren es que los tabiques que ven en los rayos X son libros -les sorprende que alguien lleve tantos libros en su maleta-. Recuerdo con gran emoción la librería BMW en Toronto donde los libros usados estaban en orden o las librerías de Soho en Londres que abrían hasta altas horas de la noche -porque en el sótano había otros servicios-.

Y es que leer es un acto de amor, que requiere genio y no en el sentido de aristocrático sino como estado de inspiración, porque la lectura nos obliga a salirnos de nosotros a interpretar y actuar. Cada interpretación de un texto es distinta, el centro de la lectura está en uno mismo, leer un poema es escribirlo, aunque no es lo mismo escribirlo por primera vez. Es la concreción de un encuentro, un poco

Hoy es el día internacional del libro, para celebrarlo me compré algo:

Tiempos electorales II (y último)

Nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado.
Louis McHenry Howe

En la semana santa que gasté limpiando un motor minuciosamente recibí una visita de una recién arribada a la política, no tenía experiencia en estos menesteres según su propia confesión fue mandada a hacer labor de campo como parte de su entrenamiento, pasó preguntando si tenía un momento para recibir información de su partido. Yo tenía las manos llenas de grasa, estaba limpiando piezas y no terminaría ese día, pero mis oídos estaban libres, quería hablar al respecto y mi mente siempre ha sido multitasking así que la convidé a sentarse a un lado para platicar mientras yo seguía con mi labor.

Dejé que practicara el discurso que tenía preparado, apenas asintiendo o lanzando breves preguntas de fácil respuesta hasta que al final me pidió mi opinión -de eso pedía mi limosna- así que le solté mi respuesta, que al principio incluía mi opinón al respecto de los integrantes del partido, pero también todas las minucias históricas incluídas en la entrada anterior, algunas estructuras de gobierno existentes y su comparación o viabilidad, como era mi opinión ella la recibió sin chistar pero con los ojos muy abiertos, supongo que no esperaba pasar tanto tiempo hablando y recibir tanta información debió haber sido como beber agua de una manguera para incendios.

Independientemente de la impresión que ella se haya llevado de mí, a mí me causó curiosidad y simpatía, su acercamiento era honesto y manifestaba una sincera voluntad de mejorar la situación. Se despidió cálidamente y me agradeció múltiples veces -y eso que solamente le ofrecí agua de limón durante la plática-.

Tiempo después había ascendido en el partido, ya no hacía labor de campo, ahora estaba adscrita a una oficina minúscula en unas instalaciones temporales, el hecho de subir apenas un peldaño comenzó a causarle problemas con los demás compañeros que, si bien no le hacían mucho caso cuando estaba al final del escalafón, tampoco la molestaban. Ahora recibía innumerables críticas por el color de su piel, su peso, su ropa y maquillaje. No estoy seguro que hubiera previsto nadar en un tanque de tiburones.

De su trabajo no se podían quejar, podía consumir tanto tiempo como fuera necesario, al parecer esta cualidad es apreciada en los subalternos. El jefe de su jefe obtuvo un puesto de elección popular y ahora ella estaba en línea para ingresar en las siguiente elecciones. Su trabajo consistía principalmente en mantenerse en la fila -que no los fueran a sacar- y la otra parte era en la correcta repartición de recursos. Hay que dárselos a los grupos que reporten un mayor beneficio electoral.

Tras la siguiente elección volví a verla, ahora con un cargo en sus manos, con una apariencia completamente renovada, nadie podría dudar ahora que se trataba de una profesional de la política, incluso su elocuencia había mejorado pero ahora había una sombra de inquietud en sus ojos, como esas miradas de los criminales que esperan ser capturados en cualquier momento, como viviendo con la mano en la pistola. No puedo poner mis manos al fuego por su alma, al menos pude reclamarle siempre de frente.

Yo no creo que dejar la responsabilidad en otras manos sea la solución. La situación actual es una responsabilidad compartida, no hay que dejar toda la política en sus manos.

Tiempos electorales I

La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares.

Ambrose Bierce.

Ante esta vorágine electoral he decidido abordar el tema, aunque sea un tema que ser repita sexenalmente al menos, en esta ocasión me resulta interesante por la existencia del twitter, es un factor que no estoy segurod e cómo vaya a influenciar en el resultado, pero al menos me ha hecho más divertida la experiencia electoral.

Primero algunos hechos históricos:

El tapado lo inventó Tlacaélel, era su forma de poner tlatoanis, buscaba una especie de concenso entre los poderosos, pero lo que hacía realmente al hablar con ellos era buscar influenciar su opinión.Al final parecía que los demás lo habían escogido y como las conversaciones no salían a la luz nadie podía saber los intríngulis.

Las primeras elecciones en México fue para la elección de los representantes para las cortes de Cádiz, como fueron elecciones tan lejos de la vigilancia los procedimientos fueron ligeramente alterados para acomodar mejor los intereses, que ya no estaban tan vinculados con la península.

En las elecciones de 1829 había 3 candidatos: Vicente Guerrero, Manuel Gómez Pedraza y Anastasio Bustamante. El ganador fue Manuel Gómez Pedraza, pero renunció después de una sublevación que terminó con el saqueo del Parián la sublevación la encabezaba Guerrero que, luego de la renuncia de Gómez Pedraza, fue elegido presidente y Anastasio Bustamante fue nombrado vicepresidente. Luego hubo un intento español de reconquistar México, Bustamante quedó a cargo del ejército en Veracruz para la defensa, este ejército se sublevó contra Guerrero, que también renunció y Anastasio Bustamamante quedó como presidente. Pero llegó Santa Anna a poner orden con su ejército, restituyó al presidente electo Gómez Pedraza quien, al terminar su mandato, le entregó la presidencia a Santa Anna.

En 1929 hubo elecciones donde los candidatos eran Pascual Ortiz Rubio y José Vasconcelos. Había una broma entonces diciendo que el en los pinos vive el presidente, y el que manda vive enfrente refiriéndose a Plutarco Elías Calles -sí el que estaba en los billetes de 100,000. El apoyo que recibió el candidato oficial fue comparado por muchos como el de las elecciones donde se enfrentaron Madero y Porfirio Díaz. El resultado oficial fue del 93% a favor de Ortiz Rubio,la inverosímil cifra fue calificada como una declaración de Calles al grupo de Vasconcelos, no está claro cuál fue el resultado verdadero. Un par de años depués el presidente sufrió un atentado del que se salvó por mandilón, -investíguenle si son tan chismosos- el atentado lo obligó a retirarse de la política. Salvador Novo escribió al respecto:

Logre la bala asnicida
no por perdida ganada
ni por ganada perdida
debilitar la quijada
para atenuar la mordida.

Abelardo L. Rodríguez tomó la presidencia interinamente hasta las siguientes elecciones, que fueron ganadas por Lázaro Cárdenas,  para librarse de la influencia de Calles, lo exilió del país para 1936 para librase de su influencia en la política mexicana, uno de los objetivos de su gobierno fue poder ejecutar planos a largo plazo para asegurarse de lo mismo tomó las bases del Partino Nacional Revolucionario y lo encaminó para el Partido de la Revolicón Mexicana, integrando a los mayores sectores de la sociedad como los campesinos, los obreros e incluso los militares. Creando un partido prácticamente invencible, que poco tiempo después cambiaría su nombre a Partido Revolucionario Institucional.

Las elecciones de 1976 la oposición se retiró de la contienda asíq ue solamente hubo un candidato: José López Portillo, que apoyado por el PRI, PPS Y PARM obtuvo el 91.9% de la votación.

En 1988 me faltaba un año para alcanzar la edad necesaria para votar, los candidatos eran Manuel Clouthier, Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra de Piedra y Carlos Salinas de Gortari -miembro de aquellos seis distinguidos priístas-. Las tendencias eran del 42% para Cárdenas y 36% para Salinas cuando una caída del sistema, esa madrugada hubo una declaración del PRI acreditándose el triunfo, aún incluso antes del regreso del sistema. Los tres partidos de oposición acudieron juntos a protestar a la Secretaría de Gobernación la mañana siguiente. Como nota al margen Manuel Couthier murió al año siguiente el primero de octubre, prensado por dos trailers en una carretera en Culiacán, iba con el diputado Javier Calvo Manrique a una reunión, decían que llevaban las pruebas del fraude electoral. Nota al margen: en 1992 cuando se anunción en la segunda Bienal de Video que había un cortometraje llamado “pero Cárdenas ganó” casi todas las sedes se retiraron de la bienal, que tuvo que proyectarse únicamente en TV UNAM.

Tras las elecciones del 2006 el Dr. Ricardo Mansilla -investigador de la UNAM- hizo un anális de los resultados reportados oficialmente, utilizando la Ley de Benford y encontrando numerosas anomalías en los datos publicados, hubo otros estudio similar en la Universidad de Conrnell.  El 3 de agosto hubo una runión de diversos investigadores y y científicos en el instituto de Geofísica para hacer un análisis de diversos estudios -entre ellos los anteriormente citados- concluyendo que las anomalías numéricas indicaban la necesidad de un conteo exhaustivo.

Aquí le dejo a la historia, pero el tema no ha terminado, continuaré en la próxima entrega.

Te hago mi compadre

Dos compadres con una botella dan la mejor sentencia.

Dicho no tan popular

Esta entrada se la dedico a un entrañable amigo al que le tengo un amor tal que nos hicimos familiares.

A Julio lo conocí cuando él tenía apenas un año. Justo al mudarme al retorno -haciendo referencia al 1er Retorno de Rosa Zaragoza- primero fui amigo de su hermano Felipe -del que llegaron a pensar que era mi hermano- y de alguna manera siempre estuviera presente, así que siempre andaba por ahí.

En el retorno teníamos un juego, si no decías “medias” al ver a las personas, ellos podían mojarte, algunas veces era con un vaso, una jeringa, algunas otras con una cubeta. Julio solía participar en esos juegos pero solamente mojando, aprovechando su situación infantil, era medio odioso, no debe haber sido fácil estar vivir entre esa hermandad soberbia, así que sus formas de llamar la atención eran estridentes. Un día después de que hiciera su clásico chiste del agua, tomé un pedazo de madera y lo lancé como sin rumbo mientras el corría como a 20 metros, acerté; nunca comentamos el incidente.

Ellos se mudaron y dejamos de ser vecinos, pero no amigos, cuando visitaba a Felipe en su departamento en Mitla, lo encontraba muy emocionado cantando la de Fricase de los Qué Payasos – “No seas mugroso”-, su primaria estaba en la esquina con Concepción Beistegui – Conchita B para los cuates-. Luego se iría a Los Ángeles.

La diferencia de edad ocasionaba que no formara parte del grupo, en algún momento el comenzó a resentirlo. Cuando intentaba integrarse al grupo, la banda -que incluía a algunos hermanos mayores- era generalmente rechazado, o peor aún, sus hermanos le prohibían cosas como fumar o tomar alcohol, eso me parecía no solamente injusto sino hipócrita, así que para solucionarlo lo cobijé bajo mi ala y le di el título honorario de mi ahijado: de alcohol, cigarro, billar y cualquier diversión decadente.

Lo enseñé a manejar, o al menos le di unas lecciones, claro que él pensaba que si podía manejar aceptablemente una pod racer en un videojuego entonces estaba capacitado para manejar; casi era cierto. Luego de que manejara empezó a tratar con cierto desdén mi forma de manejar, para esos entonces ya había abandonado la velocidad, los arrancones, y los retos mortales e irresponsables. Así que un día volví a acelerar, por un tiempo muy breve pero suficiente para que me rogara que desistiera. Pero nada comparado con un regreso de Acapulco, acompañados de los hermanos Miranda (Dida y el Chacalón), durante el camino de regreso había una lluvia pertinaz, los limpiaparabrisas funcionaban intermitentemente casi tan intermitentes como los faros -era de noche-. Como ninguno me había visto manejar antes con nula visibilidad -sí usando la fuerza- venían muy nerviosos, casi puedo asegurar que uno venía al borde de las lágrimas de pura tensión.

También fui su entrenador de fútbol rápido y no coincidíamos en conceptos, afortunadamente luego tuve la oportunidad de jugar con él -justo en el viaje a Acapulco- apenas para que hubiera una anécdota pero suficiente para que entendiera mi posición y mi estado. Siempre ha sido visceral, nunca ha podido ver el juego de manera racional, ni siquiera en los videojuegos donde es divertidísimo jugar FIFA con él, lanzando gritos y sombrerazos, culpando a los controles, o quejándose de su compañero.
Llegamos a jugar muchísimo, con Lalit y el Chacal jugábamos Age of Mitologhy durante maratónicas sesiones, que comenzaban en la mañana y terminaban unas 18 horas después cuando teníamos que salir a toda velocidad para que no lo regañara mi comadre, teníamos que llegar antes de las 4 de la mañana. A últimas fechas jugábamos golf, lo que nos daba un respiro para platicar, no solamente hacíamos observaciones o pequeñas correcciones al respecto del juego del otro sino que de la vida, de las preocupaciones o los sueños. Extraño aquellos días.

Vivimos innumerables episodios, desde simples visitas al cine para ver el estreno de uno de los episodios de StarWars o de los X-Men, o aprovechando al máximo los buffets, o desvelados, crudos y desganados viendo la tele en uno de esos domingos que sacaban de onda. Recorrimos la ciudad y algunas veces disfrutamos de abundancia, muchas otras transitábamos en la escasez. Luego de un tiempo la frase “no tendrás una campanita” –usda para pedir algo de dinero- se hizo famosa.

A diferencia de sus hermanos él solía conversar mucho más, compartir y exponer sus sentimientos, y preguntar en ese sentido no fue medroso. Caminó conmigo pasajes oscuros de mi vida, escuchó sin tanta sorpresa muchas de las ideas que cruzaban mi mente, algunas veces solamente alcanzaba a exclamar: “estás bien ajax”

Tenemos además una canción que desde hace mucho disfrutamos cantar a dúo, mucho más al calor del alcohol:

Siempre he respetado sus opiniones musicales, aún con su particular manera de despotricar, le otorgué asilo cuando lo necesitó y he sido, en sus palabras, un hermano más, incluso dejó de ser mi ahijado

Le otorgué un ascenso, al apadrinar a su hija: Padme Amidala, no creo que les cause más sorpresa que al cura que la bautizó. Por si no lo habían leído entre líneas ya saben que tiene al menos un pasatiempo. Ahora es mi compadre.

Y aquí mi última foto con él.

 

Metajuego

Te has jugado la vida tantas veces, que posees un olor a barajas usadas.

Oliverio Girondo

El metajuego son las diferentes estrategias aplicadas que trasciendes las reglas propias del juego, es decir prestando interés a las circunstancias externas del juego como hacer uso del conocimiento del entorno o los rivales.

Tengo que confesar que siempre he jugado de esa manera, en particular en tantos juegos de dominó con mi familia, sabía que mi abuelo buscaba minimizar las pérdidas -por eso no le gustaba quedarse con la mula de seises- , o que mi tío siempre buscara ganar la iniciativa -quizá para tomar las riendas de algo-, que mi tía no resistiera la tentación de cerrar el juego -creo que parte de esa manera atrabancada de jugar y de vivir sea liberadora- o mi madre que siempre tiraba una mula cuando se presentaba la oportunidad -como librarse de un problema-. Algunas jugadas llevaban impresa la personalidad de los jugadores.

En casa de Azul hice lo mismo, ahora con jugadores profesionales, donde la gama de juegos ha sido extensa y los combates feroces, el juego de la casa por excelencia es “caras y gestos”, que fue evolucionando en dificultad, no solamente disminuyendo el tiempo sino aumentando las distracciones del equipo rival, pero ha habido de todo, juegos de cartas, de cartas coleccionables, las diferentes versiones de maratón,  pintamonos, monopoly -con la variable zombie-, stratego, risk, cranium, scrabble, jenga y podría seguir con la lista. Pero, aunque ahí haya sido el lugar en el que más a mi aire me haya sentido, la verdad es que dentro de los juegos no mostré mi verdadero yo, siento que tengo una especie de deuda.

Si lo pienso detalladamente  tal parece que no le he puesto mi corazón por completo a los juegos, quizá he introducido algo de caos -que amo- pero no estoy seguro que me haya mostrado completo, como si no fuera yo del todo. Creo que esto empezó a temprana edad:

En la primera mitad de los 70s mi papá compró una grabadora, alque que resultó novedoso en la familia, una de las primeras cintas que grabó contiene mi voz exclamando sorpresa y miedo al encontrar una araña, por esa grabación fui objeto de burlas durante mucho tiempo -yo creo que hasta la fecha.

Cuando estaba en primero de primaria, durante una clase de inglés estaba enfermo del estómago, pero la maestra se negó a dejarme salir hasta no terminar un ejercicio, con conseguí contenerme, cuando salí uno de mis compañeros fue siguiéndome al baño, cuando se asomó por encima de la puerta le ofrecí el dinero que tenía a cambio de que no le dijera a nadie. Se fué y regresó con muchos otros a observar el desastre.

Quizá por eso haya aprendido a vivir cuidándome de no mostrar mis debilidades a los demás, porque podrían ser aprovechadas para lastimarme, claro que esto es más claro dentro de los juegos donde es evidentemente útil, en cambio, en los aspectos cotidianos no esoty seguro que sea tan conveniente, puede ser que te libre por algún tiempo pero después es como vivir con una sombra. Además si los demás tienen la idea de que no tienes puntos débiles  puede ocasionar que recaigan demasiadas cosas sobre tu espalda.

Ahora que termino otro ciclo, me siento como si tuviera que quemar muchas cosas, algo así como un

Bonzo

Días de recogimiento

mientras revivo
acuden primaveras
a mi memoria

Mario Benedetti

Mi cumpleaños se acerca y he estado sopesando el regalo que voy a darme, y me puse a pensar en los diversos regalos que he recibido a lo largo de mi vida.

De mi primer cumpleaños no me acuerdo mucho de los regalos, apenas del pastel en forma de campo de fútbol.  El plástico apareció en los siguientes regalos, un paquete como de accesorios para pioneros: carreta y animales de granja, lo mejor eran los soldados verdes, porque el chiste era el número, en aquellos ejércitos no había un juguete favorito.

De plástico azul fue mi primer dominó, me lo compraron para que pudiera demostrar que sabía jugar antes de dejarme jugar con el de mi abuelo, que era de “a deveras”, desde entonces no me gustan las cosas de entrenamiento, o los lápices, o el corrector. Los procesadores de palabras son una excepción, hacer las cosas a máquina ya fue.

Hay un regalo que me hizo mi tía Yolanda que recuerdo con mucho cariño y ojalá tuviera una foto de él, era un rompecabezas, de 750 piezas -algo inusitado para el año 76- era una escena situada en la Ciudad de México donde se apreciaba la Torre Latinoamericana y el Palacio de Bellas Artes, pero lo mejor de todo es que había un tiranosaurio en plena Alameda comiendo personas, me aguerdo que tenía una entre sus fauces con hilillos de sangre escurriendo por sus mandíbula, seguro ahora no calificaría como apto para un niño de 5 años pero me hizo muy feliz. Lo completé un pare de veces porque mi madre invariablemente me pedía recoger todo, jamás escuchó razones así que solamente tenía unas horas para hacerlo o terminaba en la caja deshecho.

Lo mismo sucedía con los juegos para armar, que en ese tiempo no eran Lego, había TENTE que era un equivalente español, justo con este juego me di cuenta que algo cambió en mí, al principio buscaba la simetría en lo que construía, tanto en colores y formas, pero terminé haciendo lo contrario, huyendo de la simetría. No estoy seguro de cómo me cambió el ser tan consciente de lo efímero de las cosas, creo que todavía vivo con esa sensación de deben de sentir los que dibujan con gis en la banqueta.

Los juegos de mesa siempre me han gustado, el único problema es que no venían con jugadores, solamente jugué turista en una ocasión y tardé más de 20 años en volver a jugar.  Algunos juegos tuvieron mejor suerte.

Ha habido de todo tipo de regalos, desde alguien que me dió dinero alegando que no quería pensar -sus palabras- hasta unos muy adecuados, personales o intencionados. En la segunda década recibí un retorno a la infancia que me hizo quedar prendado y sentirme amado, ha sido uno de las veces que he quedado desarmado, nunca me había sentido tan cerca de una persona.

Al repetirse por tercera vez mi cumpleaños en un viernes santo recibí nueva vida, como en los videojuegos, el regalo en sí fue no tener que cumplir con una profecía oscura, el regalo fue tal que hasta me casé. También he recibido hospitalidad y cariño durante estos festejos, el ofrecimiento de una cocina y un techo para festejarlos, siempre patrocinados por mi faro.

El año pasado tuve un par de regalos simultáneos, sumados al reclamo de mi vecino por mi canto potente -que no tan entonado- a las 5 de mañana; debo añadir que mi vecino no escuchaba la música, solamente mi voz.

Los festejos de mi cumpleaños para este año comenzarán este día, haré algo diferente al año pasado: esta vez elegiré solamente una.

Voten por la bebida elegida para el festejo:

Además como yo decido puedo romper las reglas si quiero.

Semana Mayor

No hay carnaval sin cuaresma.

Dicho popular.

El pasado domingo fue Domingo de Ramos o de Dolores, algunas personas acostumbran ir a bendecir las palmas, que luego pueden ser arregladas en forma de cruz para ponerlas detrás de una puerta a manera de protección, las mismas palmas, ya secas, se queman para obtener la ceniza utilizada el miércoles de ceniza.

El cálculo de la semana santa tiene que ver con la luna -¿sorpresa?- el domingo de pascua debe ser después de la primera luna llena de la primavera boreal -ja antes nunca hubira hecho esta precisión pero ahora vivo en el hemisferio sur- esto quiere decir que es posterior a la entrada del sol en aries.  Pero si alguien tiene alguna duda de cómo saber exactamente la fecha, hay un método propuesto por Gauss -impecable por cierto- que puede se consultado aquí

Una de las cosas que noté en Brasil fue lo popular que son los huevos de pascua, y lo extendido de la mercadotecnia alrededor del conejo, los huevos de chocolate, las canastas de ragalo y todas esas mamadas, es huevo -el de pascua- tiene un origen babilonio, no deja de ser curioso que el ayuno de 40 días practicado por los kurdistanos también tenga un origen babilonio, pero también los mayas tenían ayunos -el número de días era múltiplo de 20- y los aztecan tenían una preparación similar en una festividad claramente alusiva al sol Huitzilopochtli

Todo esto ha estado muy relacionado conmigo porque yo nací un viernes santo, mis cumpleaños siempre han girado en torno a la semana santa, aunque algunas veces las celebraciones hayan sido distribuídas hasta en 3 meses distintos. Durante mucho tiempo mis grupo de invitados era demasiado heterogéneo para permanecer junto. Solamente lo intenté alguna vez, con resultados poco satisfactorios, creo que algunos eran demasiado territoriales y fueron hostiles, otros no les gustaba la música tocada con la axila.

Al principio las fiestas era exclusivamente familiares, incluso hice mi primera comunión un domingo de ramos para aprovechar toda la celebración, fue la fiesta más grande que hubo en mi casa, parecía un circo de 3 pistas donde la comunión o mi festejo pasaron a segundo plano, pero fue muy divertido observar lo que pasaba desde mi tío Luis ganándole en el dominó a mi tío Antonio, de acuerdo a la leyenda la revancha ya se debe haber efectuado en algún lugar de ultratumba, o ver como mi prima Nayeli se sentó sobre mi primo Arturo. Es evidente que la el caos no tiene mucho que ver con ninguno de los múltiples espíritus de la celebración pero es mucho más divertido.

Hubo distintos festejos posteriores, cada uno con un rasgo distinto, algunas veces era una competencia entre el horno y los comensales, o la vez que un machete desprendió un trozo de concreto del lavadero, la vez que usé mechas doradas en el cabello, o aquella vez que asistieron las del Hueso luego de al menos diez años sin verlas, o cuando llevaron el trofeo que ganó el Zaragaoza y Chucho se lo quedó alegando su valía como jugador.

Durante varios años celebré mi aniversario en casa de Azul, los convocados cocinábamos platillos de alguna región elegida con unos días de anticipación, las primeras fueron recetas húngaras y marroquíes. Y el hecho de que haya sido algunas veces en esas fechas hizo difícil conseguir ciertos ingredientes, como el cous-cous y el carnero, porque algunas carnicerías prefieren no abrir esos días, aprovechar las bajas ventas y vacacionar o descansar. Dentro de estas celebraciones existía la costumbre de escuchar mi ópera rock favorita:

Quizá siempre tuve una fijación por el personaje principal, todavía pienso que nació y murió en el mismo día; y durante mucho tiempo estuve seguro que yo seguiría el mismo destino. Tal vez todo lo que pasó después lo viví como si fuera tiempo extra, ahora me toca tomar las riendas de la situación.