Ella es leyenda

¿Qué bestia caída de pasmo se arrastra por mi sangre y quiere salvarse?

Alejandra Pizarnik

Uno podría pensar que ya no existen seres mitológicos en estas ciudades pero, al menos la ciuad de México está repleta de leyendas como la del niño perdido, el callejón del aguacate, o  la leyenda de San Jorge y el dragón. También existen seres fantásticos, como la mujer araña del circo, así que le dedicaré la entrada a la chica oruga o “Caterpillar Girl” para los que saben de lo que hablo, para los que no les dejo la música:

No existe una forma segura de determinar si alguien pertenece a esta categoría, pero existen algunas señales que nos puede alertar. Están formadas por una combinación de dos características, tienen una parte luminosa y una parte sombría. Algunas veces una domina a la otra, tanto que se requiere un corazón entrenado para percibirla, algunas otras veces es un balance que causa fascinación, repulsión o ambas.

Quizá la encuentres en una calle peligrosa con mientras platica y fuma con un par de malencarados que te amenazan tocando el arma que que tienen sostenida en el la parte trasera del cinturón, pero no te importa porque nunca habías visto mejores piernas más expuestas. Podría ser que estuviera quieta en el sillón más escondido de la fiesta, sin invitaciones a bailar —y mucho menos a otra cosa— pero que la contestación de algún insípido bastara para que sus ojos comenzarían a brillar y tus latidos a acelerarse bajo el hechizo de sus palabras, como si el mundo desapareciera y ella se desnudara para ti. Sería posible encontrarla viviendo en una fortaleza burguesa cuya entrada está custodiada por algo mucho peor que un dragón.  O ser religiosa en extremo, dedicada a convencer a los incautos de que el juicio final está a la vuelta, envuelta en ropas oscuras esgrimiendo un discurso maniqueísta y taladrante cuya voz, al susurrate palabras sucias, haría que rompieras en éxtasis. Pude que la encuentres en un laboratorio donde extingue vidas cotidianamente, pero que una noche de plática bastara para que se convirtiese en un remolino hacia el que vuelas sin remedio. O una extraña que se cruza en tu camino, con el aura negra pero la voz de sirena.

Basta un poco de tiempo con ella para darte cuenta que hay algo roto, una falla, como si fuera un animal salvaje herido que crees que no alcanzará a sobrevivir sin tu ayuda. Y emprendes el camino sin atinar a echar un vistazo al frente: bien sea ayudándola con algunos problemas pueriles como las calificaciones escolares o juntando dinero para comprale un objeto del deseo pero en realidad no te importa lo que sea, bajo su embrujo sabes que cualquier sacrificio es poco,  el dinero para pagar la deuda acumulada por sus drogas no es mucho más del que ocupas para pagar sus tarjetas —sin quedar claro cuál droga es peor—, como jamás hay que escatimar en gastos de salud, además, la satisfacción de su bienestar es más que suficiente para cubrir el deducible, pero también hay que atender las necesidades espirituales: la acompañas al cementerio —o a la iglesia—, esperas pacientemente hasta que salga, de noche la abrazas toda la noche hasta que deje de temblar, escuchas con calma los episodios cruentos de su vida, y entiendes algunas cosas, te sorprendes con otras y te enamoras.

Te sorprendes haciendo cosas inusuales: accedes a regalarle al credencial de la prepa —ya verás como entrar después—, haces tu primer consumo en McDonalds —luego de haberlo evitado tanto tiempo—, asistes a un concierto infame, te comes lo que te cocinó tu suegra, te avientas un tiro con sus 4 hermanos o una partida de canasta si son hermanas, le compras una casa. Las cosas tornarse distintas: como tener que compartir cama —sí batir el engrudo— o traicionar tus convicciones. Te mudas, te casas o te haces un tatuaje con su nombre.

Y cuando ves que su lado luminoso brilla más, que las sombras casi se extinguen, que hay más sonrisas, que ella tiene más energía —y la percibes como sana— una nueva persona. Entonces las cosas cambian, tienes un pequeño tropiezo, un ligero revés o un verdadero problema; y ella vuela, quizá buscando un novio más formal —lo que sea que signifique—, que ya andaba con alguien más o que recibió una propuesta de matrimonio que no se puede rechazar. Que luego la promoción en su empleo no quiere quedarse estancada,  ya se aburrió y necesita otra ciudad más adecuada —u otro país—,  donde pueda dedicarse a sus otros intereses. Tal vez el matrimonio la esté esclavizando, la casa que escogió sea su prisión y sus  hijos los carceleros. Luego de la metamorfosis, ahora como mariposa, necesita emprender el vuelo.

Y cuando estás solo aún no terminas de darte cuenta de lo que pasó, del las consecuencias de tu encuentro con este ser mitológico. Parece que se fue volando cuando te detuviste, y aunque su metamorfosis sea más dramática eso no quiere decir que uno no haya cambiado. Tal vez lo que dejaste en ella le sirva en su vuelo. Cuando volteas al pasado parece que te gustaba más su lado oscuro previo a la transformación.

Lo bueno es que seguramente es una leyenda sin fundamento.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el mayo 24, 2012 en Adolescencia, Amor, Bebidas, Biografía, Energía, Magia, Mitología y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Vaya seres mitológicos según pero hay muchos de esos en este universo.

  2. Título alternativo: El Santo contra las mujeres vampiro! Hombre, deberías cambiar a drogas más inofensivas, las heroínas te destruyen.

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