sana, sana, colita de rana

Un amor que es vergonzoso y abusivo es un concepto enfermo y ridículo. Tan enfermo y ridículo como el concepto de asesinato y guerra en el nombre de dios.

Robert Burney

Los acontecimientos confluyen para que las cosas ocurran, durante los últimos días he tenido muchas ideas rondándome la cabeza que se han alimentado de pláticas donde saltan los problemas de pareja, de la pregunta acerca de la existencia de Miranda, del libro que me tocó leer en mi club de lectura: El Mal de Portnoy —que es un incesante monólogo frente a un psiquiatra—, la indescifrable naturaleza de un ir y venir afectivo que ha despertado viejos fantasmas de mi psique y la continua vibración de mi mente.

Al nacer nos enfrentamos un mundo que está dominado por personas mayores que nosotros, de las que dependemos completamente en el inicio de nuestro desarrollo, personas que llevan heridas emocionales sin sanar que les impiden educarnos sin dañarnos, aún cuando sus intenciones sean amorosas. El primer acto amoroso de mi padre —ponerme junto al calentador para que no me diera frío— me causó una deshidratación tal que no podía orinar.

Porque vivimos en una sociedad donde el amor se condiciona al comportamiento, donde a los hijos se les intenta manipularlos y avergonzarlos para que se comporten adecuadamente, mi madre fue variando de razones: porque vivíamos en casa de mis abuelos, porque era la manera de pagarle lo que hacía por mí, porque dios decía o simplemente porque era mi madre pero lo que ocurría con mayor frecuencia era que buscara chantajearme y hacerme sentir culpable de su malestar.

El alcoholismo de mi padre tampoco fue de mucha ayuda, tenía que lidiar constantemente con discusiones irracionales —yo era el encargado de convencerlo ya teníamos que irnos— las palabras cariñosas y necias que profería en ese estado contrastaban notablemente con la rigidez y severidad de cuando estaba sobrio. En muchas ocasiones me reprendió y castigó por actos que nunca cometí, y se negó a escuchar explicación alguna, pero lo que más me lastimaba era cuando —sobrio— se burlaba sarcásticamente de sentimientos que exponía.

Al asumir este rol lo único que logré fue dejar de escuchar mis verdaderos sentimientos, a esconderlos en lo más profundo para que jamás salieran, y crecí con este sentimiento de que rechazo, no creía ser merecedor de amor, con el convencimiento de que había alto tan errado en mí que, si era descubierto, sería rechazado. Lo que más odiaba era que me mandaran a regresar algo a alguna tienda, sentía que ese sería mi destino, entonces sentía un terror que no alcanzaba a comprender, que era una transferencia del miedo a que fuera yo el estaba defectuoso y necesitaba ser devuelto.

Entonces me convertí en un actor, en ese impostor que cumplía mis deberes, que me suplantaba caminando por los límites acotados por los demás, pero había cosas que no sabía fingir, mis palabras resultaban extrañas y mis preguntas incómodas; en cada fiesta me ordenaban saludar a todo mundo, algo que a la fecha me sigue pareciendo extraño, pero a la fiesta siguiente se enfadaban porque tenían que ordernármelo de nuevo ¿cómo era posible que fuera tan inteligente en tantas cosa y no fuera capaz de cumplir algo tan sencillo? no solamente los veía —todavía lo veo así— como circunstancias diferentes también estaban involucrados mis sentimientos, alegar miedo o incomodidad solamente iba a provocar su enojo en mi contra. Estaba tan alejado de mis propios sentimientos que no conseguía identificar lo que sentían los demás. Y así el único papel que logré interpretar fue el del niño bien portado pero raro, un héroe defectuoso, un hijo del que se siente orgullo y vergüenza al mismo tiempo.

El entorno no era muy diferente, las reacciones que obtenía iban variando, y fui calibrando poco a poco lo que dejaba salir o no, los destellos de mi verdadero yo que permitía que se asomaran. Este encierro fue minando el camino hacia mi corazón, porque no pasaban las agresiones ni la violencia, pero tampoco las demostraciones afectivas. Y sentía envidia de los demás, que no parecían esforzarse mucho para recibir amor y atención. Tenía que rescatar a mi padre que ganaba toda la atención bebiendo, haciendo bromas grotescas o perdiéndose un tiempo para aparecer inconsciente en un taxi —que no era del DF— frente a la puerta de la casa, y era necesario conseguir el dinero, bajarlo del taxi y llevarlo a su cama mientras mi mamá le preparaba algo y lo apapachaba, y yo sabía que él no recordaría lo que pasó y que mi mamá le perdonaba cualquier cosa pero a mí no, y pensaba que algo tendría que estar muy mal conmigo porque algunas veces mientras recibía estos regaños llegaba alguien más y la cara de mi mamá cambiaba, su tono de voz se volvía meloso y dibujaba una sonrisa de oreja a oreja; invariablemente le ofrecía eso a los demás. Todavía cuando habla con ese tono de voz vienen esos recuerdos, pero ya entendí que ambos me amaron y que la educación que me dieron fue lo que tenían para ofrecerme.

Todo lo que estaba encerrado estalló un día al enamorarme perdidamente, en realidad al enamorarme por primera vez y específicamente al amar por primera vez —refiriéndome a este amor de pareja— fue una explosión tan violenta que lo que ocasionó fue una danza macabra de sentimientos, experimenté un rango no conocido de sensaciones y emociones que salieron de control.  Fui feliz de saberme amado, y sufrí lo indecible cuando recibía un desaire, ambos teníamos tantas carencias emocionales que intentamos cubrirnos por completo, asumíamos distintos roles —mezclas entre padres e hijos— que recreaban macabra y eróticamente nuestra historia, nos hicimos tan dependientes que no conseguíamos separarnos demasiado, conocí los celos que eran exacerbados por mi miedo al abandono, pasé mucho tiempo sintiendo un miendo incontrolable que apenas si soportaba. Y la violencia apareció, con muchos disfraces como los chantajes, la mentira, los insultos. Entramos en una sucesión de peleas y reonciliaciones que abrían heridas profundas y peligrosas. Quedamos tan entrelazados que la separación fue lenta y desgarradora.

Parece que toda mi historia —incluídas las llamadas constalaciones familiares— se presentaba en esta relación, cuando alguna vez me dijo que me había engañado yo sentía cómo la rabia de mi abuelo —apuñaló a mi abuela— estaba presente, como esos sentimientos quedaban fuera de control, no podía entender como ella quería hacerme pasar por este sufrimiento, lo vivía como una amenaza de muerte y los gritos, las súplicas o las amenazas salían como patadas de ahogado, un recurso desesperado ante esa amenaza. No sabía entonces que todo eso estaba forjado en mi interior, no sabía que eran mis miedo al abandono lo que estaba dando forma a esa amenaza, no sabía que lo que estaba viendo eran las creencias que me transmitieron otros, que había aceptado y las vivía como propias. Llevaba tanto tiempo sin tocar mis sentimientos que me espanté, la única certeza que tenía era que había llegado a estados críticos, cuando rompí por tercera vez mi CD Kiss me Kiss me Kiss me —aún tengo una copia de repuesto— sabía que estaba en el fondo.

Al poco tiempo ella terminó conmigo, bueno oficialmente, pero me buscaba periódicamente —cuando yo comenzaba a salir por alguien más— y si bien ella fue la que sugirió que termináramos yo fui el que lo hice, me costó abandonar casi todo y decir las palabras más crueles que le he dicho a alguien pero lo hice —mucho tiempo después le pedí perdón— me alejé, dinamité todo y quedaron sepultadas muchas cosas. Parece que nunca sería el mismo de nuevo.

Todas las relaciones posteriores se vieron marcadas por una necesidad de protección, una compulsión por sanar a mi pareja, encontraba seres dañados que requerían paciencia y amor, con heridas profundas —tan profundas como las mías— y me dedicaba a nutrirlas, mimarlas y quererlas. Vivía con ese anhelo de que feuran felices, les deseaba lo mejor. Pero todo eso que deseaba para ellas, era lo que yo necesitaba, solamente era un proyección de mis necesidades entonces las personas que encontraba no solamente tenían esas heridas, eran lejanas en su demostración de afecto algunas veces en general en otras eran de las que se llevaba bien con todos. Invariblemente mejoraban, pero al encontrarse en una situación distinta, con mejor salud, estima y entorno, entonces las cosas ya no funcionaban porque el gancho desaparecía y terminábamos.

Tantas acciones alimentaban la idea inconsciente de que necesitaba pagar un tributo para ser amado, que tenía que dar constantemente, de que era lo único que podía ofrecer, era como un mecanismo para que me necesitaran y no me abandonaran. Una manera vergonzosa de mendigar amor. Despertar a todas estas certeza fue difícil, fue sentir el orgullo caer al piso, y aceptar que estoy en el primer escalón. Porque esto tiene otras ramificaciones.

Esto ha afectado todas mis relaciones, y hablo de relaciones con otras personas porque con los animales es mucho más fácil, jamás te vas a sentir amenazado que tu mascota te abandone y no solamente porque le proporcionas el alimento, sabes que el cariño que te profesa es auténtico que te lo demuestra cotidianamente sin importar tus actos o apariencia, no te sientes juzgado.

Ahora que estoy en este camino me pregunto si no he sido igual de deshonesto con mis amigos, si el cariño que les tengo y las cosas que hago por ellos no son con el interés de que me quieren de vuelta, o ¿me conocen? o ¿qué pasaría si me conocen en realidad? ¿Será que pueden ayudarme en el tránsito de este camino si forman parte de esto que desconozco —onda principio de Heisenberg—?  ¿Será que soy  un gran fraude?

Y todos estamos en un camino individual, al que veo como desde abajo y me sobrepasa un poco todo el trabajo que hay que hacer, quizá me siento un poco aislado y me asusta descubrirme cometiendo los mismos errores: volcándome en  atenciones a cambio de un par de guiños ambiguos.

No sé cuánto tiempo tardaré en  sanar pero tengo la determinación de lograrlo.

Mientras escribo esto uno de mis amigos está pasando por una crisis familiar, una amiga está en un hospital donde será sometida a una cirugía y otro amigo no quiere hablar conmigo —ya me lo dijo explícitamente— creo que escribo esto principalmente para compartirlo con ellos.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el mayo 28, 2012 en Adolescencia, Amor, Biografía, Energía, Familia, Infancia, madre, Magia, padre y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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