Archivos Mensuales: junio 2012

La suerte ha sido echada

Esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo, ciega, y así no ve lo que hace, ni sabe a quien derriba.
Miguel de Cervantes Saavedra

Esta entrada es acerca de la suerte es la número 52 que es el número de cartas que tiene una baraja francesa —sin comodines— y creo que el número es apropiado. El tema surgió como una promesa y es un tema que me atrapó desde hace mucho tiempo, lo llevo en el corazón y lo vivo día a día. El origen de la palabra es el latín sors, pero lo importante es que el significado subyacente es premio, destino o la respuesta del oráculo. ¿Acaso hay algo más hermoso que una respuesta del oráculo?

Comienzo con la frase de que mañana será otro día, no solamente cada mañana será otro día, sino cada instante puede ser uno nuevo, y el universo se ve afectado con cada movimiento que hacemos, esto lo aprendí jugando brisca: cada carta tirada de manera subversiva puede desviar una mala racha o traer un arlequín al estilo de Nabokov; es como si la suerte tuviera inercia así como el movimiento, como si la primera ley de Newton valiera para las rachas de suerte, al menos así parece, basta darle un vistazo a las supersticiones del béisbol.

La siguiente lección la aprendí en el dominó: hay que jugar con las fichas que nos toca y, salvo rarísimas excepciones, es posible ganar en cada juego. Una vez que fueron repartidas no vale la pena ni siquiera quejarse del juego que nos tocó ya que lo único que logramos el alertar al rival. Hay muchas posibilidades y cada juego es una oportunidad, no muy distinta de lo que nos ofrece la vida en cada instante.

Afortunado en el juego, desafortunado en el amor, esta frase es una trampa, que funciona muy bien porque te obliga a escoger conscientemente entre una u otra cosa y cuando renuncias a una y esperas recibir la otra, generalmente lo recibes. Es muy parecido a pensar que tienes mala suerte, a esperar que salga letra cuando tienes todos los números.

Tengo dos tíos que tienen visiones contrarias respecto a su suerte, uno piensa que tiene la peor suerte del mundo, además como es mi padrino durante mucho tiempo asumí que compartía algo de su suerte, hasta competíamos por ver quién tenía peor suerte, eso no le impide que juegue MELATE cuando la bolsa acumulada es suficientemente grande porque, según sus palabras, “La suerte solamente se va a descuidar una vez con él, y mejor que sea con un premio que vale la pena”. Otro tío que ya he mencionado aquí, cree que tiene la mejor suerte del mundo —yo he visto que le toquen 7 fichas del mismo número en el dominó— pero ambos han obtenido el mismo número de premios del MELATE, así que éste último no es un buen indicador al respecto de la suerte.

También abordé el problema desde la perspectiva académica, parte de mi carrera pasé estudiando probabilidad y algunos tópicos más específicos llevé un seminario de aleatoriedad que disfrutaba muchísimo, pero entre más estudiaba al respecto me daba cuenta de el estudio se limitaba a una descripción y la identificación de patrones subyacentes, pero que el quid del asunto escapaba de su esfera de estudio. Y que la combinación de ese conocimiento con otras disciplinas me serviría mucho más para entender en verdad el asunto.

En algunos juegos de dados, en la frontera entre el oriente y el occidente, las personas actúan como si el ganar en los dados fuera parte de la voluntad, que conseguir un número en particular es una lucha de fuerza entre las voluntades de los jugadores. Ya le enseñé a un amigo esta técnica para jugar con los dados, él comprobó que es posible pero que requiere entereza.

Todas las artes adivinatorias se basan en la idea de que el objeto a analizar —las grietas de un caparazón de tortuga hechas por un golpe con un acero incandescente, tres monedas, las cartas del tarot, las hojas de té, el fondo de la taza de café, las runas, las ramas de milenrana, la forma del fuego, las imágenes en el agua, los sueños— está impregnado por el estado del universo en ese momento. Así es como se adivina.

Mi única creencia religiosa es esa, que el universo está conectado, así que las acciones que tomamos tienen que ver con todo, en especial con la suerte, que yo creo que depende de nuestro punto de vista y la voluntad. Algunas veces me gusta pensar en que vivimos una lotería.

En Busca del LP perdido (Two minutes warning)

El porvenir ya existe -respondí-, pero yo soy su amigo

El jardín de los senderos que se bifurcan – Jorge Luis Borges

A manera de introducción —para las personas jóvenes— habrá que aclarar que LP no se refiere al gas —Liquefied Petroleum— que es repartido a domicilio que va perdiendo terreno frente al gas natural, tampoco se refiere a una medida usada en las pulcatas —Litro de Pulque— ni el procedimiento médico para extraer líquido cefalorraquídeo —Lumbar Puncture— tan nombrado en las series médicas, LP es la abreviatura de Long Play y se refiere a los discos de vinilo de 12 pulgadas que eran tocados a 33 1/3 de revoluciones por minuto.

Hay momentos en la vida de donde los caminos se bifurcan, aquellos con los que te preguntas ¿qué hubiera sido de mi vida sin ese momento? aunque TODOS los momentos son así. El tema salió por una canción que mencioné en twitter y que prometí contar la historia.

Un día nos invitaron a la fiesta de los 17 años de Ana Margarita, que era amiga y compañera de escuela René, que era mejor conocido como el Vani que como el hidrógeno lleva un 2O después — Vani-dos-ó — y creo que ya he dado muchas explicaciones en esta entrada. Bueno el caso es que nos invitó para que lleváramos la música, fue nuestro primer gig como DJs, todavía sin un surtido musical muy extenso. Y como en ese tiempo lo más importante eran las fiestas asistimos.

Cuando llegamos a Osa Menor 207 —entre Triángulo y Centauro— la fiesta estaba prácticamente desierta, algo que no mejoró con el tiempo, la única mujer era la anfitriona pero había un par de joyas entre los discos que pedimos que llevaran, un recién desempacado Disintegration de The Cure y el sencillo de Blasphemous Rumours de la banda preferida de Vani:

Debido a la ausencia de féminas nos dedicamos a beber y a escuchar los discos a placer: el sencillo de Depeche Mode tenía 4 canciones grabadas en el Empire Theatre de Liverpool —Inglaterra no la tienda— dos de ellas no muy comunes: Ice Machine y Two Minute Warning esta última es la referencia del twitter. Para sorpresa de todos, poco después de las once de la noche apareció Jairo, con su coche lleno de mujeres, que fueron asediadas por una jauría semialcoholizada, al mensajero le tocó perder a su hermana —con el Chore— y a su novia. Entre las asistentes estaban Mónica y Abigail Fabiola.

No solamente fue por Aby que probé por primera vez los nachos, por ella comenzamos a frecuentas el hueso skate, y pues por ella conocí a Natalia, y mis amigos conocieron a Carmen, Rocío, Nadia, Ingrid. Y nos toco vivir relaciones que nos marcaron. Fuimos a celebrar un 14 de febrero a un cementerio y nos robamos un letrero de zona arqueológica —delito federal— luego de ser perseguidos por la policía. También los estudios de Felipe en el extranjero tienen que ver, la primera vez que volví a fumar, o mi asistencia a 2 funerales está relacionada con ese momento. En nuestra última actuación como DJ —donde las damas nombradas estaban presentes— la fiesta terminó en una batalla campal —por culpa de una de las damas nombradas— donde no solamente serví como escudo contra balas, también las bocinas fueron destruidas y mis discos confiscados por el honorable cuerpo policial, sí, también por eso cambié de LPs a CDs.

Pero cuando compré el CD equivalente al disco mostrado en la imagen de arriba solamente tenía 2 de las canciones originales y 3 canciones en vivo fueron cambiadas por otras 2 diferentes, una en remix y otra en vivo. Y sí, las cosas no vuelven a ser iguales, sin importar cuál sea el punto de origen no hay regreso y esos cambios sutiles —como el disco— que parecen tener poca importancia pueden definir por completo otro momento.

Les dejo otra versión de la canción que referida, aún no he conseguido la versión del otro disco,  si alguien la tiene que se moche:

Pégale al gordo

Al que nace para panzón aunque lo fajen de chiquito.

Refrán.

Creo que es tiempo de abordar el tema de la obesidad, hace tiempo surgió el tema en una discusión con una amiga, ella alegaba que siempre iba cargando la obesidad como un estigma que me hacía valer menos, yo quise explicarle que en realidad sí iba cargando un estigma que me hacía sentir que estaba devaluado permanentemente, pero el peso era la manera de disfrazarlo, de cubrirlo, de mantener a las personas a cierta distancia. Que como comentaba en otra entrada ya tenía ese sentimiento insertado en mi inconsciente.

Ya desde mi nacimiento tenía un antecedente, los casi 5 kilos al nacer de alguna manera marcaron un sentimiento general en la familia que sería de grandes proporciones, además al principio mi madre se ufanaba de mi apetito, claro que tiempo después me regañaba por la dificultad que tenía para conseguir ropa de mi talla. Pero, además de ella y de mi abuelo que decía que sumiera la panza, en general hubo silencio al respecto, un silencio que contrastaba con las burlas recibidas fuera de la familia o incluso en algunos grupos dentro de la misma, además como pasé mucho tiempo entre las personas más burlonas que he conocido, recibía multitud de bromas a quemarropa, así que ya en la secundaria estaba más que curtido para transitar por cualquier ambiente sin importar lo hostil que fuera.

También parece que me convertí en el que se come las sobras, siempre que quedaba alguna pieza me la ofrecían insistentemente, asumiendo que yo era el indicado para comerla, y eso ocurrría en las reuniones familiares y en las extra-familiares. Recibía aas porciones  más generosas, la insistencia en que aceptara los postres era mucho mayor y si soltaba una negativa siempre venía inmediatamente la respuesta: “pero si se ve que te gusta”, siempre como muestra de aprecio o de cariño, pero con frases que llevaban alguna referencia a la forma, finalmente era una forma de prejuicio.

Pero el verdadero cambio ocurrió alrededor de los 20 años, aún recuerdo el último día que me sentí satisfecho con mi cuerpo  hasta me tomé una foto para mi credencial, pero lo que ocurría alrededor de esa época detonó y creo que la violencia que salió durante ese tiempo me asustó, y decidí sepultarle en lo más profundo de mi ser y enterrarla bajo gruesas capas de grasa, durante este proceso todos a mi alrededor mostraron indiferencia, como si nada pasara, llegando a la obesidad mórbida sin ningún señalamiento serio por parte de nadie, yo creo que el esfuerzo por mantenerlos a la distancia funcionó. Y este es un patrón que ya había visto en mi padre y mi abuelo, esa violencia contra el propio cuerpo, con algún disfraz pero violencia, era una forma de maltratarse, de purgar la violencia aunque fuera hacia dentro.

Alguna vez dije que sentía discriminación por estar obeso y un amigo me contestó que pronto me sentiría diferente, pero refiriéndose a que iba a bajar de peso no que los prejuicios fueran a cambiar. Porque la cantidad de obstáculos contra los que se tiene que lidiar en este estado puede llegar a abrumar.

Son increíbles las reacciones viscerales que provoca, con qué odio dicen la palabra gordo, incluso cuando las personas se refieren a sí mismas. Parece que es un estado que no de debiera tolerar, es como el mayor insulto y como es una condición a la que se llega voluntariamente se le atribuyen numerosos defectos a las personas que tenemos esa figura. Incluso la frase para expresar desprecio es “me caes gordo”.

Lo primero que pensaron de mí fue que era tonto que era un gordo bonachón pero medio pendejo, durante los innumerables juegos callejeros pensaban que era lento o inadecuado para las actividades físicas, o que era flojo, que era desobligado. Algunas vece me esforcé para demostrar lo contrario, y quizá en otras ocasiones comenzaba a hacerlo siempre, como si tuviera que pagar derecho de piso, como si estuviera pagando por el espacio extra —algún parecido con algunas aerolíneas no es coincidencia—. También es muy común sufrir discriminación a la hora de pedir trabajo, claro que en mi caso lo que obtenían a cambio era tanto que pasan por alto mi peso y muchos otras cosas. No vale la pena molestarse con las personas que deciden si alguien puede entrar a un lugar o no. Pero creo que lo peor que me pasó fue recibir esas críticas justo en el momento del coito fueron suficientes para eliminar la excitación inmediatamente.

Y pues tuve que viajar consciente del espacio que se ocupa en los transportes donde nadie se quiere sentar a mi lado, pero eso también me ha ahorrado el relacionarme con muchas personas que consideran eso suficientemente importante como para no relacionarte con ellos. Contrario al pensamiento general entiendo pefectamente las causas ya sé que es una combinación entre ingesta calórica y gasto de energía, eso es muy claro y supongo que lo es para la mayoría que se encuentre en este estado, que las razones para no hacerlo no son por el entendimiento, y que no es por tener poca fuerza de voluntad es por gastarla en otras cosas generalmente reprimiendo sentimientos, fingiendo emociones o manteniendo alejadas a las personas.

Encontrar las verdaderas razones es lo que cuenta, una vez que entiendes que lo que estás cargando es otra cosa dicen que el camino de vuelta es más sencillo. Espero contarles al respecto.

Solamente quiero agregar que para las mujeres es peor.

Jueves de Corpus

La mula no era arisca, la hicieron a palos

dicho popular

El jueves de Corpus Christi es una celebración católica alrededor de la eucaristía, celebrada el jueves posterior al domingo de la trinidad. La promotora de esta fiesta fue santa Juliana que impulsó esta fiesta después de soñar una luna con una mancha negra. La fiesta fue aceptada en el concilio de Trento.

Para celebrar esta fiesta en México, los campesinos y artesanos venían a ofrecer el fruto de su labor, cargándolo en mulas, quedándose a ver los autos sacramentales, la leyenda cuenta que una mula se hincó ante el santísimo que fue tomada como una señal de cómo hasta un animal arisco era capaz de inclinarse a dios. Por eso suelen elaborarse mulas de hoja seca de plátano que representa al pueblo mexicano inclinándose ante dios. Además las mulas quedó la costumbre de disfrazar a los hijos con las ropas típicas de ese tiempo y llevar huacales como los que se usaban para transportar las mercancías —sí, a mí también me tocó ir disfrazado pero no tengo las fotos a la mano—. Como coincide con el nombre de Manuel en el santoral, no faltan las bromas para los que se llaman así.

Mucho tiempo después, justo el año de mi nacimiento el gobierno mexicano le daría otro significado a esta fecha al mandar un grupo paramilitar para disolver una manifestación en apoyo a la Universidad Autónoma de Nuevo León, ocasionando un enfrentamiento trágico en el casco de Santo Tomás, con más de una centena de muertos, algunos menores de 15 años y un bulto. Desde entonces se conoce como el halconazo.

Este día siempre comienza la recta final hacia el solsticio de verano, se quedan atrás las fiestas de mayo y las próximas a la vista son las de septiembre, mi cumpleaños ya pasó y cualquiera que hayan sido las predicciones de año nuevo ya se tiene una idea de si se van a cumplir o si la fuerza necesaria para llevarlas a cabo se extinguió, el tiempo que la escuela casi acababa. Y es el tiempo de soltar, para que  lo que venga encuentre un patio despejado. Al menos a un par de semanas de la noche de San Juan te deja suficiente tiempo para tomar el rumbo. Ahora que estoy en otro hemisferio necesito examinar a detalle lo que pasa.

Siempre había sido indiferente a la celebración del día, acaso un poco avergonzado por las fotos de mi participación infantil que salían recurrentemente pero las cosas cambiaron en 1990: estaba cansado y vacío, mi amigo había partido, creo que llegué a un punto en que la cualquier cosa podría provocar un cambio en mi rumbo —y lo provocó—, también en el 99 en plena huelga, me tocó celebrarlo viendo las mulas en asamblea, todavía antes de que se empezaran a separar en ultras y moderados. Justo un año después los que fueron presos salieron alrededor de esa fecha. En el 2004 fue un shock que me sacudió pero del que no entendí lo que significaba, principalmente porque los preparativos de mi boda estaban en proceso. Cuatro años depués tampoco entendí las señales de la terminación del matrimonio. No quiero dejar pasar las señas de este día.

La imagen de las mulas es muy apropiada, ¿por qué somos tan necios en alguna cosas? Podemos estar repitiéndolas sin sentido, sin darnos cuenta de que no estamos obteniendo los resultados que queremos, pero creo que en realidad sí nos damos cuenta y nos buscamos engañar de alguna manera. Quizá sea este el día de examinar aquellas conductas, o sea el día de recordar que mulas también se les llama  a los que transportan droga, pero ellos no tienen día, solamente trabajo. Tal vez no sea una fecha con algún propósito específico, entonces es una oportunidad para tomarla y aprovecharla.

No hay que ser mula.

Atrás lleva lugares

México siempre ha sido igual de revoltoso

Gabriel Vargas

Poco tiempo después de que inauguraron el metro de la Ciudad de México surgieron los peseros, llamados así por —¡oh sorpresa!— costaban un peso, en contraste con los camiones que costaban 20 o 30 centavos y que tenían rutas limitas como la famos Azcapotzalco-Jamaica o Zócalo C.U.  Y surgieron como un negocio oportunista —como los que venden lápices del 2 afuera de los exámenes—para dar servicio a las rutas no cubiertas por el transporte existente.

Al principio eran carros regulares habilitados con algo de pintura alrededor y un decorado característico, frasco de nivea para adornar el faro, un cubre volante semideshecho y un tapete sobre el tablero; nunca los pude ver de cerca porque desde el principio el asiento delantero está reservado para personas que sean agradables a la vista del conductor. Luego vinieron las combis, primero para 10 pasajeros, pero hábilmente acomodaron un asiento extra y luego con las Ichi Van el número aumentó hasta 13, y los de la fila que iba a espaldas del conductor eran los encargados de pagar el pasaje, mi amiga Martha siempre se sentaba en esa fila porque no le gustaba pedirle a nadie favores, yo escogía el banquito para no lidiar con el espacio. Un día que varios amigos nos dirigíamos a la unidad del hueso no encontrábamos transporte así que le pedimos a un pesero de la otra ruta que nos llevara, era mucho más barato que un taxi y era un pequeña ida y vuelta para el conductor. Siendo asiduos asistentes a fiestas sabíamos que una de las rutas que pasa más tarde es la de Tlalpan, el Izazaga, en una ocasión Paco tuvo que convencerlo de aceptar unas plumas porque todo el dineo lo habíamos invertido en bebida.

Aunque era todo un show bajar desde el lugar a la izquierda del asiento de atrás, la verdad es que era incómodo y un poco tardado pero como solamente había pocos pasajeros era muy rápido. No es tan cómodo viajar en pesero, no es el mejor medio pero muchas veces no existe otra opción. Cuando comenzaron los microbuses, casi al tiempo que la ruta 100 dejó de adoptó sus colores ecológicos, el pasaje costaba 350 pesos en viaje más barato, mientras la ruta 100 costaba —coincidentemente— 100 pero ya los ecológicos eran de 300 pesos —3 monedas doradas— entonces la diferencia era mínima. Pero los primeros microbuses seguramente eran ex camiones lecheros, además la gente no sabía si pagar al principio o al final —como en las combis— pero eso dependía si tenían puerta trasera o no. Luego de un varios accidentes y quejas intentaron estandarizar el parque vehicular y el modelo más común era modelo alfa. Unos con una barra de asientos que se extendía de la puerta de entrada a la de salida y otros con 2 filas de asientos dobles donde era muy difícil formar las dos filas solicitadas por el conductor.

La ruta que utilicé con más frecuencia fue la de Peni-San Lázaro, en cualquiera de sus modalidades —8 y 9, Prepa 5 o Periférico— algunos la tachaban de peligrosa por los asaltos —y no porque pasara por San Lázaro— pero durante el trayecto algunas veces los micros eran sacados de ruta y asaltaban a los pasajeros, mi abuelo presenció un asalto pero fue perdonado por ser de la tercera edad, entonces no solamente recibía descuento en el transporte oficial, también descuento en los asaltos de microbús —las ventajas del INSEN—.

El panorama no es tan variado y abundante como en el metro, siempre hay el que va dormido, estudiando, con audífonos, hablando por celular, algún niño llorando mientras su mamá lo maltrata. Alguna vez me tocó ver un ciego con perro guía —algo que he visto muchas más veces en el metro o el camión— pensé que el chofer iba a poner alguna objeción, resulta que era solamente un prejuicio mío. Porque sí conocí a algunos conductores, incluso unos gemelos de esos que compartían un vínculo especial, uno tomaba y al otro le hacía la cruda, como aquella película de Mauricio Garcés: Fray Don Juan. Recuerdo también los micros que iban al CCH Sur, alteraban la ruta ligeramente para pasar justo enfrente y algunos choferes ponían algo alternativo —no tan alternativo como el Panda show— pero un pesero lleno de estudiantes no es más civilizado.

Algo característico con las calcomanías que se pegan sobre las ventanas o arriba de las puertas. Un bebé rudo, un porky invitándote a no tirar basura, un imagen de Jesús, casi todas con un patrocinio de una radiodifusora o una refaccionaria, y también existen frases típicas como aquella de “Para la gente educada por atrás es la bajada” o “Si vas a comer pepitas cómete la cascarita”.

Cuando viajaba con Natalia, de General Anaya al estadio Azteca siempre decíamos que nos íbamos a bajar antes para que el costo fuera el menor, no me sentían tan cómodo con eso, pero la verdad es que el servicio recibido no era el mejor y tampoco teníamos mucho dinero es como si no nos alcanzara para el viaje completo —y no nos alcanzó para terminar juntos—. Una vez que acompañé a CHHC a su casa —sí en pesero— en un descuido su mano fue aplastada por la puerta trasera, tendría que haberla tomado y besar sus dedos hasta que el dolor se detuviera pero no lo hice, es como si la hubiera visto bajo otra luz y ahora la pudiera percibir en realidad, dejé de atribuirle virtudes inexistentes—quien iba a pensar que la luz neón del pesero sirviera para mostrar el verdadero rostro—. Viajé muy pocas veces en pesero con mi esposa, pero me extender un poco más el tiempo con ella en la mañana con alguna plática corta, nos bajábamos en el metro Zapata y tomábamos direcciones opuestas —¡qué profético puede resultar viajar en transporte público—

Y claro que hay referencias musicales.