Archivos Mensuales: julio 2012

Caballero de fina estampa

Un caballero se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus actos.

Confucio

Hace pocos días me preguntaron si yo era caballeroso, mi respuesta fue que depende de la definición de caballerosidad, porque aunque hay una idea general al respecto de lo que esta significa no queda completamente definido, siempre escucho balbucear cuando se intenta explicarlo.

Claro que desde niño me decían que tenía que hacer muchas cosas, como abrirle las puertas a la mujer, ayudarle a cargar objetos pesado —también los ligeros—, ceder el asiento, cuidar el lenguaje frente a ellas. Pero cuando preguntaba ¿por qué? jamás obtenía respuesta satisfactoria y es que jamás me gustó repetir las cosas si no las entendía, me la pasaba cuestionando aunque muchos de esos actos no me importaban en lo absoluto, por ejemplo siempre he ayudado a cargar cosas, normalmente eran las más pesadas, pero no solamente ayudaba a las mujeres a cualquiera que lo necesitara.

Tengo un tío al que siempre se referían con halagos por su caballerosidad, todos lo consideraban un perfecto caballero, claro que nadie hacía comentarios respecto a la forma en que trataba a sus hijos, candil de la calle. Yo creo que es mejor ser igual en los dos ámbitos, prefiero tratar mejor a los más allegados, parece que esta preferencia puede ser señalada como nepotismo, pero como no es para ningún cargo público me vale madre.

Tuve una novia que era feminista al extremo, y en ese caso me tocó hacer justo lo contrario, cuando viajábamos en pesero y solamente había un asiento era yo el que me sentaba, yo caminaba del lado de los edificios en la acera, ella me abría las puertas. A mí eso no me importaba y eso la hacía feliz. Igualmente algún observador podría haber pensado que yo no era un caballero y hubiera tenido razón yo son un arrabalero.

En más de una ocasión he atravesado por situaciones de escasez económica y en esas circunstancias no podía seguir la regla que dicta que la mujer no debe pagar nada a menos que no saliera con nadie, pero no iba a negarles el placer de salir conmigo por ese detalle. Pero casi siempre me tocó salir con mujeres que no les importaba cooperar o incluso pagar toda la cuenta. Recuerdo una vez que fui a comer la casa de una de ellas y solamente tenía la comida que le había dejado su mamá no tuvo empacho en dividirlo, justo la mitad para cada quien. Y hace poco salí con una amiga que se sorprendió cuando le dije que si quería salir conmigo ella tendría que invitar,  en esta ocasión no era por falta de dinero, durante la cena platicamos y cuando llegó la hora de la cuenta y le pasé la cuenta alegó que pensaba que lo que le había dicho era una broma, pero le dije que ella tenía que hacer méritos para ganarse mi compañía ella me calificó de arrogante, esa no fue la última vez que nos vimos. Confieso que estoy más propenso a hacerlo con las mujeres que piensan que el hombre siempre tiene que pagar, suelo invitar yo a las que son más flexibles al respecto. Porque también sufrí lo contrario, alguna vez salí con una muchacha famosa por …

Pero ¿de dónde vienen estas ideas?

Se les llamaba caballeros a los soldados que poseían un caballo, que claramente indicaba su poder económico, ellos hacían un pacto con el rey, el señor feudal o la iglesia, para proteger a la comunidad a cambio de ciertos privilegios. Como eran guerreros se guiaban por un código, esta figura ha existido a lo largo de la historia: los guerreros más fuertes tenían una obligación con su comunidad como ejemplo tenemos los samuráis, los guerreros águila, los legionarios o los skraeling entre otros.

Pero existen otras características que se combinaron para formar esta figura del caballero, la primera es la iglesia, que además de otorgarles la aceptación le conferían otros deberes con la iglesia tales como la protección de la misma, de sus reglas y su lealtad. Entonces un caballero era generalmente un noble que le proporcionaba un servicio a su comunidad y a la iglesia a cambio de ciertos privilegios y estatus. Pero el otro componente era su relación con el cortejo y la galantería.

En la vida de los guerreros cuando se encuentran en guerra los contactos más frecuentes con el género femenino son violando a las mujeres de los pueblos conquistados o contratando prostitutas en las tierras ajenas. Las costumbres obtenidas de esos contactos chocaban notablemente con las damas nobles que serían el objeto de su afecto.

Aquí es donde entran todas esas costumbres que buscaban mostrar al hombre como un ser elevado para que fuese merecedor de los afectos de una dama, de tener un espíritu tan elevado para recibir la virtud de la misma. En la edad media las mujeres vivían bajo una extrema vigilancia y servía muchas veces como medio para crear alianzas y juntar fortunas, debían saber entretener al hombre y ser virtuosas. De la misma época es el cinturón de castidad.

¿Cuál debe ser el comportamiento moderno de una dama? No tengo idea, pero recuerdo que el dueño de la tienda más cercana, que además era papá de un amigo y que todo mundo llamaba “Don Chucho” nos dijo una vez que llegó una pareja joven que, cuando él le pregunto si ella quería algo ella eligió un pay de nuez marinela. Don Chucho observó que ella había escogido lo más caro —al menos de ese estante— y que lo estaba probando, pero que si en algún momento ella encontraba un partido mejor lo iba a cambiar señalo además que el novio de ese momento era un pefecto caballero. Su predicción resultó cierta.

Hay muchas cosas que resultan imprácticas, como ceder el paso en el elevador, sobretodo si va lleno o tender la capa sobre el lodo para que pisen sin ensuciarse —¿quién usa capa?— pero sobre todo, si bien muchas mujeres dicen que les gustan esos detalles, un gran porcentaje de ellas guarda su virtud para los patanes. A la novia que traté con más caballerosidad —sí la primera— fue la única que vi ponerme el cuerno, tal vez esto influya en mi opinión.

Pero hay algo dentro de esta filosofía que es muy rescatable, y es lanzarse en pos de un ideal inalcanzable para que en el camino nos convirtamos en mejores personas y aunque yo podría matar un dragón por una dama ya no existen dragones, pero creo que sí he tratado de ser mejor cada día y que estoy lejos de alcanzar la meta que me he trazado.

Y para finalizar siempre digo: caballero es un título que se gana y dama uno que se pierde.

La manzana de la discordia

Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.

Blaise Pascal

Hace tiempo mi amigo Tris me preguntó por qué yo no quería tener una Mac y la respuesta es un poco más complicada de lo que podría parecer, pero la respuesta inmediata fue: porque me gustan mucho las computadoras y esa afirmación va a necesitar un poco de historia extra.

Desde niño tuve mucha curiosidad por el entorno, por la forma en que funcionaban las cosas, la verdad detrás de todo, quizá rayando en obsesión enferma, como no podía ver por dentro a las personas desvié mi atención a los objetos.

Lo primero fue la lavadora, porque encontré un instructivo, aún así me puse a investigar y terminé modificando un poco el exprimidor —sí era de las antiguas—, también descompuse el obturador de una cámara Canon ese incidente retrasó mi incursión al mundo de la fotografía por algunas décadas. También con la grabadora —sí de cassetes— que alguna vez que llevé a la escuela me falló por falta de pilas.

Después de ese incidente estuve buscando la manera de resolver los problemas: los eliminadores de baterías, como mi papá siempre tenía herramientas a la mano, fue fácil abrirlos e intentar repararlos o modificarlos porque hasta cautín y soldadura tenía a la mano. Claro que mis manos no tenían —aún no la tienen— para hacer algunos arreglos con precisión. Me tocó recibir una descarga eléctrica que logró derribarme, me sirvió para experimentar de primera mano la fuerza eléctrica.

Con mi padre pasé mucho tiempo ayudándolo a arreglar/modificar algo en un coche, generalmente el motor pero algunas veces los frenos, la dirección o incluso el calabazo —punto más para los que sepan qué es eso— al principio explicándome el funcionamiento pero después era como la manera de platicar, es común que se necesite de un intermediario para hablar de otras cosas,  algunos se incomodan con los temas directamente.

Me gustaba mucho saber lo que pasaba con mi coche, algunas veces podía arreglarlo, en otras ocasiones se necesitaban manos más hábiles, pero siempre sabía lo que tenían, en parte por eso tuve 4 Mavericks con el motor V8 302. El original se llamaba Napoleón y bautizado, al igual que los barcos, pero con vodka; el último se llamaba Napo-clon. El conocimiento me sirvió para los arrancones al principio pero en general para tener otra visión, podía ver el desgaste del motor, y supe que con el cuidado adecuado esos autos podían tener una vida útil muy larga, luego de pasar una semana santa limpiando un motor sabes que al menos tiene otros 20 años tranquilamente. Claro que esa durabilidad no le conviene a los fabricantes de automóviles, estos días se acabaron, ahora los motores están sellados y se tienen que usar distintas técnicas para modificarlos o repararlos. Los tiempos cambian.

Pero lo que comenzó a ser realmente lo mío son las computadoras, al principio era difícil incluso abrirlas, las Timex Sinclair 1000 o la Commodore 64, pero cuando tuve la primera 8086 una printaform, me di cuenta que yo podía modificarla, lo primero fue agregar un coprocesador matemático, o la instalación del primer disco duro —esto previo al internet— pero desde entonces hacía viajes periódicos a la plaza de la computación, y es que no solamente armé mis computadoras, también las de muchos familiares  y amigos, porque aún creo que la nueva frontera será el acceso a la tecnología, eso puede agrandar las brechas sociales. Lo tomé hasta cierto punto como misión tratando de que los demás tuvieran su primer contacto con esta tecnología, armé tantos equipos que incluso tengo una cicatriz de un accidente —metal muy filoso— y también instalé sistemas operativos a diestra y siniestra, lo disfrutaba.

Ahora respecto a la compañía Apple, las Mac tienen su gran desempeño debido a que tienen el control del hardware como el software, cuentan además con una clara inversión en el diseño, lo que las convierte en bienes deseados, pero lo que no me gusta es la falta de libertad, de flexibilidad se tienen configuraciones fijas y no se pueden elegir los componentes, y si algo no me gusta es la falta de libertad, y creo que Apple no se caracteriza por promoverla, cuando salieron los primeros ipods, lo primero que hice fue un programa para poder copiar la música a la pc y viceversa —y eso que no tenía uno— de hecho los 2 primeros reproductores de mp3 fueron de otra marca, primero un creative y luego un zune, aunque al final tuve que comprar uno por falta de opciones y es justo eso lo que no me gusta, peor aún que sus dispositivos están diseñados para no ser abiertos, de hecho parte de esa filosofía hace que ahora sean menos “verdes” aunque me vale que le hayan quitado la etiqueta de EPEAT a algunos de sus productos.

No es que un ataque a la marca, porque yo creo que podría darla como regalo a algunos seres queridos, pero yo no me compraría una, no va exactamente con mi estilo de vida. Nunca me han gustado las laptops o las notebooks, porque es muy difícil hacerles algo. Pero tampoco me engaño, se que los días están contados, así como los coches las computadoras están en un proceso de cambio, así que ahora tendré que conformarme con modificar el software, por eso acabo de instalar Fedora 17 antes de que el windows 8 nos alcance.

Solamente dejo una foto de coprocesador, el Napoleón original y una vista que solía ser frecuente en mi vida.

¡chúpale pichón!

Que me sirvan de una vez pa’ todo el año, que me pienso seriamente emborrachar.

Pa’ todo el año – José Alfredo Jiménez

Las primeras veces que probé alguna bebida alcohólica no fue placentero en absoluto: primero fue en una fiesta de cumpleaños de mi abuelo, donde confundí una cuba libre con coca —tenía recién cumplidos los 5 años— a partir de entonces tuve más cuidado porque siempre fue una casa donde abundaban las bebidas. La segunda vez pasó un par de años después donde fue un vaso de vino tinto que pensé que era jugo de uva, a manera de disculpa jamás pensé que hubiera vino tinto en el refrigerador. Durante mi primera comunión —Hélas como deben estar la chelas— me costó trabajo tragar la hostia así que el padre me ofreció un trago generoso de vino, que casi me hizo vomitar. Y esa fue la última vez que tomé, antes de los 10 años.

Las fiestas en casa de mis respectivos abuelos eran contrastantes mientras en una no había alcohol en la otra era todo lo contrario, y como casi todos mis amigos de esa cuadra eran mayores tuve que empezar pronto mi alcoholescencia. La primera vez que tomé copiosamente —que no quiere decir que haya bebido en copas— estaba muy curioso del proceso así que asistí regularmente al baño para mirar mi cara, las pupilas observar el avance de los efectos de la bebida. Al final de la fiesta decidí que podía beber sin dificultades tomando apenas un par de precauciones.

Siempre cargaba en mi cartera un hoja con “Poderoso Caballero es Don Dinero” de Francisco de Quevedo, y cuando alguien decía que ya estaba pedo, la sacaba, se la daba y me ponía a recitarla demostrándoles que aún estaba sobrio, la otra precaución que tomaba era tener un billete de 5 mil —los niños héroes— en la carterita de la licencia. Por si me pedían mis documentos.

Durante mis primeras fiestas decembrinas las marcas se reducían a Don Pedro y Presidente que era lo que los adultos tomaban y de las bebidas que conseguíamos sustraer sin ser vistos, normalmente mucho más brandy que refresco y más tehuacán que coca, todavía no había envases de plástico.

La primera gran borrachera con mis amigos del retorno fue con brandy Algusto, luego algo de bacardí blanco para terminar con charanda de Morelia mezclada con jugo de una naranja. Ese fue el inicio de una frenética sucesión de aventuras en las que el alcohol sería un participante más.

La bebida económica era el brandy Richardson mezclado con pepsi y servido en bolsa de plástico, apenas 2 refrescos de 355 ml el chiste era tener bebida a la mano y terminar bebido. Claro que la opción cuando la banda ya estaba muy eriza era el aguardiente León —para ponerse fiera— porque jamás recurrimos al extremo de tomar loción como un vecino apodado “El Quick” lo hiciera en alguna ocasión. En una fiesta que terminó en pelea bebimos “Cordón Real” en una garrafa de plástico de un galón

Cuando me tocó buscar el olvido al estilo Jalisco en lugar de tequila tomé ron, a pesar que la elección familiar era el Bacardí —añejo cuando andaban finos— no me gustaba así que siempre busqué alguna alternativa.  Me gusta mucho más el sabor del ron fabricado en isla, aunque hay continentales buenos con un costo-beneficio muy bueno como el Flor de Caña que es nicaragüense es un poco seco pero siempre lo disfruté, el Cacique que es venezolano con un poco más de sabor dulce artificial creo que el Ocumare es mejor, estos los conocí por Alejandro que vivió por aquellos lares un tiempo.  Ahora el reputado ron Zacapa creo que está bueno pero es demasiada lana para tomarlo, digo por muy maya que lo quieran hacer, el añejarlo a una altitud superior a la Ciudad de México va en contra del espíritu del ron. Respecto a las islas pues está el famoso Mount Gay de barbados, prefiero el Appleton —en especial el Appleton State Extra—, está por supuesto que el Matusalen que ya se hace en la República Dominicana y que estaba muy presente cuando salía con mis compañeros de trabajo. Pero mi absoluto preferido es el Havana Club, y el añejo especial como bebida habitual pero me gusta en todas las presentaciones pero no he probado el Havana Club Máximo de 100 años, pero espero hacerlo en una visita a la isla. Pero no siempre hubo lana para escoger así que consumíamos sin discriminar ron Potosí o “Cabeza Negra” , ahora me he topado con el  Kraken pero es demasiado dulce para mi paladar.

Otra que fue una bebida muy socorrida durante mucho tiempo fue el vodka, el primero era el wyborowa porque, como rezaba el slogan: wodka se escribe con w, con w de wyborowa. Desafortunadamente bajó de calidad, casi como el Smirnoff, porque evitábamos el oso negro porque solamente era bueno como chiste y para dar cruda. Eso sí, la cruda del vodka no te deja el tufo de otras bebidas. Unos 50 días antes de terminar la década los 80s en una reunión probamos la combinación de cada sabor de boing con vodka y decidimos que la mejor era la de uva. A partir de ese día nos dedicamos a promocionar la bebida, me vale madre que no me crean que fuimos nosotros. Luego llegó el muy de moda Absolut, que es buena pero no más, en realidad casi nadie toma el vodka solo, así que hay opciones para escoger. Mi elección solía ser Eristoff de precio accesible y sabor adecuado, claro que cuando iba al Issste a las 6 de la mañana compraba Terenka —salía más caro el jugo— y con ese vodka bauticé a mi coche: Napoleón —nada que ver con el brandy—, ahora el equivalente sería el Karat. Cuando bebo en algún bar o cantina siempre pido un vodka tónic para distinguir la calidad o descubrir si está adulterado, esa es la bebida que más conozco. El Stolichnaya no me convence, y el Danzka. Ahora el Skyy lo conocí por los la botellas que venden en el OXXO que le gustaban a mi vecina.  En plena jumentud solíamos empezar a beber con un trago de vodka derecho, para calentar garganta, y siempre decía que era como agua.

En una fiesta ochentera que se hizo en Paseos de Taxqueña había cantidades industriales de bacardí y cerveza que no era precisamente yo me puse en el bar para servir y administrar —y buscar otra bebida— cuando ocurrieron dos desastres simultáneamente, se acabó el refresco y se fue el agua. La casa era prestada así que parece que no pudieron conectar la cisterna o se acabó el agua, como en ese tiempo todavía tenía ganzúas pues abrí el bar de la casa, y encontré una botella de Cutty Sark, que se podía tomar sin acompañamiento para los demás la bebida era: ron bacardí blanco, rebajado con cinzano y cerveza; el baño terminó del asco. Pero el gusto por el whisky no, así que alguna vez compramos unos Passport, que entonces eran decentes, luego fuimos por un Chivas, pero parece que ahora los adultos eran los que nos pedían, además aprendí que es difícil conseguir un Chivas a las 6 de la mañana. Dejé mucho tiempo de tomarlo, y me sumaba a lo que la mayoría bebiera, así que solamente lo tomaba ocasionalmente con algunas personas. Así fue hasta que descubrí —en el cuartel de Arequipa— que a la reina del wild le gustaba también el whisky, así que comencé a incluirlo en las botellas que llevaba para las maratónicas sesiones de juego. Normalmente Johny Walker etiqueta negra, algunas veces comentaba acerca de la pelícual 4 Bodas y un Funeral y les decía que se fijaran que en las bodas sirven etiqueta roja, pero lo que toman en el bar es etiqueta negra. Pero los single malt como el mostrado son buenísimos.

La cerveza solamente la comencé a tomar en el viaje a Acapulco de aquella semana santa del 90, donde durante el día en la playa tomábamos cerveza y por la noche todo lo que nos podía proporcionar la barra libre, bebidas clásicas como el Tom Collins o los Muppets durante el baile —te ponían un casco, ahí golpeaban el caballito y lo tomabas— y siempre han existido bebidas para acelerar la embriaguez, pero solamente caen los incautos como un amigo que siempre ordenaba perlas negras cuando estaban al dos por uno o en mi despedida de la oficina me quisieron emborrachar com shots de colores —ilusos—.

Y el tequila no es mi bebida favorita, creo que las veces que más he tomado ha sido con extranjeros presentes porque si bien no me gusta no voy a dejar que un extranjero tome más tequila que yo, aunque la forma correcta de tomarlo sea a sorbos disfrutándolo y no frenéticamente al estilo de los springbreakers. Normalmente Cazadores, por un tiempo el 100 años pero nunca le hago el feo así venga en una garrafa que alguna vez contuvo gasolina como aquellas que sacaba mi amigo Teodo, había uno que me daba mucha risa el Tequila charro negro blanco, claro que el charro era el negro y el tequila blanco. Pero es un bebida sumamente popular de la que he hablado con mis amigos extranjeros, explicándoles las partes finas. Hace poco en la final de la libertadores en un bard e São Paulo la festejante pidió celebar con tequila.

Hay otras bebidas que transitaron como la Ginebra que combina con un coco y granadina en Acapulco, o el Pisco que se lo pelean entre Perú y Chile, la Cachaça a la que ahora tengo acceso ilimitado, el Cognac que solamente se lo regalo a mi mamá porque nunca lo tomo, o el Jerez que nos invitaban en casa de Mónica. Y está el pulque del que se puede hablar mucho, o el vino que tiene una historia aparte. Y no quiero dejar de mencionar a los pajaretes: alcohol de 96 con leche bronca y chocomilk.

La imagen que añadí del mezcal es significativa y no lo menciono mucho porque ha sido la bebida que logró emborracharme realmente, claro que después de un hidalgo de 3/4 no es de sorprenderse, ese hecho fue en unos quince años donde ambos novios de la festejada aparecieron y se armó una bronca campal y Felipe fue testigo del acontencimiento histórico y Chucho me salvó un par de veces al volante.  Además esa bebida ha triunfado aquí en São Paulo, le sorprende demasiado el gusano que trae el mezcal.

Después de un taco, un buen tabaco

Ese valedor, saque los tabacos aunque sean de salva pa’ pasar el rato.

Barata y descontón – Trolebús

Yo coleccionaba ceniceros y los cigarrso que más he fumado han sido los camel

El primer día que fumé fue en una fiesta de mi entonces adolescente tío Ricardo que cumple años el 18 de Septiembre y que vivía en una casa situada sobre el ahora eje 3 oriente que en esa fiesta aún no se inauguraba.

Como había muchos niños y preadolescentes estuvimos jugando en la calle a las escondidas, hasta que se nos ocurrió ocultarnos en la casa en construcción que estaba en la esquina. No sabíamos que tenía un velador al que parece que despertamos. Su figura saliendo de un cuarto de oscuro con la cara blanqueada por el polvo nos asustó tanto que terminamos a mitad del camellón en un instante. Para bajarnos el susto decidimos sacar los cohetes que nos quedaban del festejo del 15, pero lo difícil era conseguir cerillos porque las tiendas ya estaban cerradas y los adultos no querían darnos una caja de cerillos y, aunque Bic llegó a México en el 65 y para el 74 ya fabricaba encendedores todavía no eran tan comunes.  Finalmente se cansaron de darnos cerillos de uno en uno y decidieron darnos un cigarro para encender los cohetes. Era un Kent, y cuando me dijeron “sóplale para que no se apague” lo que hice fue fumar por primera vez.

Mi tía Luisa también comenzó a fumar a esta edad y todo el tiempo que la conocía fumaba faros, pero yo solamente lo hacía durante los festejos de la independencia. Las marcas de los cigarros variaban de acuerdo a la persona que los proporcionara. Y no faltó el que fumaba Raleigh y hacía el chiste “¿a quién se parece?” si recuerdan la cajetilla tenía la misma imagen al frente y atrás.

Durante la secundaria había muchos que fumaban, no me gustaba fumar frente a ellos, porque me sentía como si estuviera la corriente, fumaban muy por pose. Los primeros cigarros que compré fueron unos Viceroy, solía fumar en las fiestas, los conciertos —Cecilia Toussaint, Jaime López y rupestres— o en los viajes continuos al Zócalo.  Después con la fórmula 1 llegaron los John Player Special con la cajetilla negra para apantallar, había muchos compañeros que los fumaban y también mi amigo Chucho cayó en la publicidad, cuando me invitaban les quitaba el filtro y los fumaba.
Recién comenzaba la prepa cuando conocí a Arturo, el sería mi dealer oficial, él me surtía de cigarros importados, aunque ya había fumado alguna vez los Moore que vendían en Tepito, y los Kool que sacaba Felipe de su casa. Pero él comenzó a regalarme Pall Mall, Philp Morris y Parliament. Cuando fumaba los Philip Morris mentolados en el carro con Felipe afuera del departamento de Beauty —así llamamos al departamento ubicado en la calle de Delicias— cuando teníamos las ventanas cerradas el humo invariablemente provocaba lágrimas, su leyenda decía que tenía emisiones de monóxido de carbono. Quiero aclarar que aunque eran mentolados no tenían ese sabor porque no fumaba mentolados —a menos que no hubiera otra opción— y siempre contestaba que los fumaba porque sabían a menta … a mentada de madre.

Asistíamos religiosamente a las fiestas, y era complicado surtirse de cigarros suficientes para toda la noche, solía llevar 3 cajetillas, una para la banda, otra para los gorrones y una personal para el ligue y los cuadernos de doble raya. Claro que todos de diferente marca. Las marcas que fumé regularmente fueron Camel, Raleigh, Príncipes, estos últimos eran de color café y era difícil conseguirlos —era la misma cigarrera que hacía los Impala y los Gol—, normalmente en las tiendas de la terminal de trenes o en una tienda de dulces al lado del Museo de las Culturas Populares en Coyoacán. También fumé Delicados sin filtro o incluso con filtro oscuros y dorados. Los benson se me hacían muy mamones y los marlboro con un sabor sin chiste. Los fiesta al menos los anunciaba Chico Ché, Rigo Tovar y el grupo Audaz. Los Mapleton lso fumaba un maestro de matemáticas de la prepa, los carmencitas eran famosos por el papel arroz. Los Alas, al igual que los Lucky Strike, servían para hacer chistes: “Yo fumo alas… a las costillas de los demás” o “yo fumo Lucky … lu qui traigas”. Hay algunas otras marcas como tigres, baronet, derby, winston, salem o los boots que eran de batalla.

Los cigarros Dalton fueron los primeros que sacaron cajetilla de 14 para la banda eriza, en una fiesta los pusieron dentro de una piñata, casi ganamos todos. Una vez en CU dieron la muestra de los cigarros Colt, eran tan malos que al final de la presentación, luego de que las edecanes se fueran podías encontrar cajetillas tiradas en el piso, también las acumulé, porque fueron tiempos difíciles, una vez tuvimos que recorrer la avenida División del Norte recogiendo las colillas que encontráramos para poder armar un cigarro con la sábana formada por la envoltura de la última cajetilla.

Antes de la mitad del año de 1990 dejé de fumar, las cosas habían cambiado, mi mejor amigo se fue del país un par de días antes de mi cumpleaños y yo comencé mi relación más larga que he tenido.  Las primeras semanas fueron difíciles, pero luego de un par de meses ya estaba completamente fuera de mi sistema, ni siquiera se me antojaba. Cuando Felipe regresó de LA fui por él al aeropuerto y lo primero que me preguntó fue: ¿traes cigarros? Como la ocasión lo ameritaba fuimos por unos, tiempo después comencé a ir a los puestos de CU a compara cigarros sueltos, primero uno, luego dos, cuando comencé a comprar de a cuatro decidí que era hora de aceptarlo y comprar cajetillas de nuevo. Mi novia comenzó a fumar y al poco tiempo se convirtió —en palabras de alguien más— un una fumadora sexy avanzada. Después hubo una sucesión de fumadoras y no fumadoras altérnate, sin que eso tuviera impacto alguno.

Ya casado volví a parar, esposa sufría de una alergia que mejoraría si ambos dejábamos de fumar así que abandonamos el vicio, hubo muchas personas que intentaron que regresara, ofreciendo cigarros, echándome el humo, preguntando si no lo extrañaba, insistiendo en que fumara pero eso es inútil yo conozco ese juego —he empujado a caer en tentación a muchos—; luego de unos años nos divorciamos pero yo seguía sin fumar hasta una fiesta de premiación de un torneo de boliche. Ahí para hacer un truco con las bebidas —el elevador con humo— pedí un cigarro para hacer el efecto, y quedé enganchado de nuevo.

Ahora que me mudé a São Paulo, solamente fumaba frente a la PC mientras estaba escribiendo, muchas de las entradas de este blog fueron escritas con un cigarro en la mano, era algo que tenía asociado a la escritura. Pero decidí dejar de nuevo el cigarro, luego de algunas entradas sin fumar esta me costó mucho trabajo, ni siquiera tenía claro de lo que podía hablar, y las circunstancias me invitaban a fumar.  Así que en lugar de recaer me dediqué a recordar.