La muerte siempre toma la forma de la alcoba que nos contiene

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.

Muerte sin fin – José Gorostiza

Nací bajo el signo CIMI del horóscopo maya que se traduce como enlazador de mundos tiene asociada la muerte, la comunicación entre los mundos, del acceso a otras dimensiones, del perdón, de la transformación y de la oportunidad. Es el fin de un proceso pero el comienzo de otro, es el camino que se recorred para aprender a soltar las cosas, a entregarse. Porque en cada muerte hay un renacer.

Una amiga que festejó su cumpleaños recientemente —al que siempre asistía, jugaba caras y gestos y cantaba Jesucristo superestrella— siempre me ha dicho que mi pulsión de muerte es muy fuerte —claro que ella escribe propiamente y no usa estas rimas internas— y en ambas cosas tiene razón, hay un impuso dentro de mí que me empuja a la destrucción, muchas veces de mí mismo.

#YoConfieso que disfruto de la destrucción, de niño me gustaba ver cómo el fuego consumía al plástico dejando desfigurados los soldados de juguete, los estragos que causaba sobre una lata la explosión  de una paloma, el crujir de las hormigas chamuscadas por un encendedor, el incendio de un árbol navideño, destrozar un coche usando un hacha, las astillas que saltaban al quebrar con mis manos 30 troncos de aquellos árboles recién plantados sobre calzada de las Bombas o lanzar Madame Bovary —el libro— al vacío luego de terminarlo.

Pero también disfruto el rigor en mí, sangrar profusamente, cortar mi cabello, apostar mis posesiones más preciadas, envenenarme, fumar varios cigarros al mismo tiempo, consumir todo el alcohol posible, o buscar la muerte:

Sí, durante un tiempo actúe desafiante, quizá de niño era más irresponsable como en aquella ocasión que jugábamos béisbol en la calle y la primera y segunda base estaban en una acera y tercera y home del otro lado —eran postes, árboles y alcantarillas— había un ley no escrita de detener el juego cuando cruzaba un automóvil; en una ocasión mientras pasaba un camión de mudanzas y el corredor de tercera intentó anotar una carrera, como yo estaba del otro lado y tenía la bola tuve que cruzar intempestivamente para evitarlo, pero me quedé paralizado al escuchar las ruedas chirriando, se detuvo a unos 5 centímetros de mí. Cuando jugábamos fútbol americano la zona de anotación algunas veces ya estaba en la calle que atravesaba —no veíamos lo autos que venían— o jugando avalancha en la calle de Avena al lado del ahora UNITEC campus sur —entonces la Johnson y Johnson para dar vuelta sobre Ermita evitando los coches que pasaban; también durante un tiempo me divertía toreando taxis. Tiempo después fue manejando, desafiando a la suerte, transitando por lugares peligrosos, situado en medio de balazos, en riñas que no me correspondían. Juró que no morí.

Pero en realidad es que sí le temo a la muerte, pero a las muertes cotidianas a las que no me atrevo a entregarme, a dejar ir esas ataduras, a soltar algunas amarras, a liberarme del deseo de controlar las cosas —porque no controlamos ni madres—, a derrumbar las estructuras cotidianas del ego, a abandonar las creencias que me limitan, a perdonar, a no aferrarme a esquemas que ya no funcionan, liberarme de ese apego.

Yo sé que después de cada muerte se libera una energía, se descansa y te liberas, te vuelves más libre al transitar por esos caminos de transformación, así como me ha tocado experimentar la muerte de personas cercanas, mi divorcio, el cambio de país, los múltiples cambios de ocupación y la separación de amigos.

Cada que un pensamiento con las palabras “tengo que o debería de” me doy cuenta de que es algo que tengo que soltar, mi único compromiso es conmigo mismo, cualquier exigencia externa es una cadena por romper —me va la vida en ello— y hay tantas cosa que quiero hacer que lo mejor es empezar cuanto antes.

Quizá esta entrada haya sido gestada por la reciente muerte de una amiga o por la conversación con un amigo respecto a los pendientes que tenía  o quizá porque me acordé de la siguiente canción:

Flies on the windscreen

Pero otra muerte está tocando la puerta.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el agosto 21, 2012 en Adolescencia, Amigos, Biografía, Energía, Familia, General, Magia, México y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s