Archivos Mensuales: octubre 2012

disfraces

A veces voy donde reina el mar es mi lugar llego sin disfraz

Sin Disfraz – Virus

En la primaria me tocó disfrazarme algunas veces, de árabe, de guerrero azteca en un festival donde peleaba con otros cuatro ganando mi derecho a ser sacrificado, no estoy seguro si contar mi aparición como chambelán como disfraz pero era un atuendo no común, ya es complicado encontrar ropa de mi tamaño como para buscar un disfraz, así que las otras veces he tenido que recurrir al ingenio como la vez que me disfracé tuve que hacer uso de cantidades industriales de gel para mantener mi cabello con la consistencia deseada y unos anteojos sin graduación me ayudaron a pasar la puerta de entrada -disfraz obligatorio- para asistir a la fiesta, donde no quedé ni remotamente en algún lugar del concurso de disfraces.

Me ha tocado ver disfraces muy ingeniosos, creo que ninguno como el que ganó en la fiesta mencionada, iba vestido de mesa, es bastante complicado describir el atuendo, pero lograba colocarse de al manera que parecía una mesa, mientras todos buscaban parecerse a otra persona el imitar a un objeto inanimado resaltaba, fue una buena experiencia que concluyó después de bañarme cuatro veces para quitarme todo el gel que tenía, fue peor que cuando me saqué la fotografía para la cartilla donde bastó con un limón, ligas y pasadores.

El primer zombie walk al que asistí disfrazado fue en Querétaro @DarthTrivious encontró un artículo que explicaba la manera de hacer maquillaje de zombie, así que nos preparamos y tomamos la carretera, fue divertido ver las reacciones de los demás autos a lo largo del trayecto, llegamos cuando ya había comenzado pero alcanzamos a la marcha y todavía nos tocó recorrer más de la mitad del trayecto, al terminar con quedamos al after party donde tocaron Black Violettes, y luego de regreso, intenso y divertido el fin de semana, además a llegar a desmaquillarse. También fui al zombie walk de la ciudad del México en el 2010, ahora sí con una mayor experiencia en el maquillaje, así que nos preparamos con tiempo fuimos alegremente al monumento a la revolución. Ahí nos alcanzaron otras personas en ellos mi amigo Tris que en un dos por tres fue zombificado para unirse a la marcha en la que se divirtió lanzando gritos de “brainsssssssss….”. De ahí regresé a bañarme para ir al aeropuerto —comenzaban mis viajes para São Paulo— solamente que no fue suficiente el baño para quitarme todo el disfraz, me di cuenta hasta llegar a mi destino —entonces entendí la razón por la que los demás pasajeros me veían insistentemente— aún tenía rastros de zombie.

Pero hay tantos disfraces disponibles: como el de abogado del diablo, basta un portafolio y algo para ocultar la conciencia, con la ayuda de la televisión te puede hacer pasar por presidente, un largo entrenamiento en el arte del valemadrismo  y el seguir una estructura laboral te puede ayudar a pasar por burócrata,  también puedes  bastan un par de chips de celular y par de cómplices para disfrazarse de marido fiel. Pero hay algunos más sutiles como el de buen amigo, o mantener una sonrisa eterna para vestirse de felicidad.

Claro que si me tardé tanto tiempo en quitarme los disfraces que usé por un día solamente seguro algo que lleve mucho más tiempo se va quedando pegado a la piel o peor aún, es indistinguible de la misma.

Ponga su contraseña

Si quieres que tu secreto sea guardado, guárdalo tú mismo.

Séneca

El origen de la palabra y el uso de la contraseña tiene mucho tiempo, al principio  fue para distinguir a los amigos de los enemigos, para conseguir un acceso privilegiado y, algunas veces, para evitar ser asesinado. En el caso del mundo cibernético apenas comenzó a utilizarse al inico de los años 60s en realidad es poco tiempo.

Mi primer contacto con los passwords fue viendo la película Wargames con el entonces Matthew Broderick —antes de Ferris Bueller’s Day Off— a partir de esa película el password de Joshua fue el más común durante mucho tiempo, yo no necesitaba ponerle password a mi computadora en ese entonces una timex sinclair 1000 con 2K de memoria que no necesitaba protección, pero la primera necesidad de usarlas fue con los juegos.

Una vez de regreso de mi proveedor de copias de respaldo de confianza, me di cuenta, que las copias que me dió no correspondían al juego, el juego preguntaba la letra en determinado pasaje del manual que no poseía. Tendría que esperar hasta la semana siguiente —tianguis de fin de semana— pero la paciencia no es mi mayor virtud, así que me dediqué a buscar desesperadamente la manera de jugar, sí lo conseguí, fue mi primer paso, curiosamente fue mucho antes de aprender a usar las ganzúas.

La primera cuenta ue tuve fue un BBS que accesaba a veloces 2400 bps, luego después tuve una cuenta en la universidad, y después contraté internet, además de todos los sistemas operativos que me tocó instalar en computadoras de familiares y amigos, generalmente me quedaba con la contraseña de administrador porque generalmente se les perdía la hoja donde la habían anotado, me parece que las personas no le prestan demasiado interés. Aún recuerdo una curiosa petición: “no me puedes poner un password que no se me olvide” fue de alguien que bloqueó su cuenta 30 veces seguidas.

Cuando estaba en la facultad de Ciencias, tomé la materia más avanzada que había, al final terminé en malos términos con el profesor porque, además de ser medio pedante, tuvimos una discusión cuando le ofrecí los programas que íbamos a ver durante el curso en c —los íbamos a hacer en pascal— lo hice para contribuir con la clase pero el pensó otra cosa, esa enemistad repercutió un tiempo después cuando él fue nombrado director del centro de cómputo, y el servicio que recibí el taller de matemáticas era deficiente, para colmo de males fue la primera vez que olvidé mi contraseña, y tenía que pedirle a él que la cambiara. Afortunadamente una amiga me hizo el favor y no tuve que verle la cara, pero ahí decidí que no volvería a olvidar un password.

El número de cuentas que tengo ha crecido en serio, no solamente la diversidad de correos que he tenido: hotmail, yahoo, softhome, netscape, iname, terra, gmail; también están los diferentes servicios como icq, irc, hi5, twitter, facebook o los blogs:  livejournal, blogger, wordpress y otros diversos como last.fm. pinterest, ask.fm, about.me, photobucket, instagram y además los de compras como amazon, cdbaby, ebay, mercadolibre. A esto le tengo que sumar unos 40 que uso regularmente en el trabajo y las cuentas de banco, pines de las tarjetas, portales financieros y declaraciones de hacienda pero consigo recordarlos,

El sábado pasado tuve que trabjar, algunas veces consigues avanzar mucho más cuando no hay interrupciones, en esta ocasión además llevaba a cuestas una carga extra de energía acumulada y cierta tensión, para sorpresa no muy agradable estaban haciendo arreglos a la oficina, con maquinaria ruidosa y toda la cosa:

Recibí una notificación para cambiar la contraseña de mi correo, aún quedaban unos 10 días pero apreté el botón intempestivamente, así que la cambié mientras mi mente estaba en otro lado, al final no conseguí descubrir el password que había puesto, porque el que yo pensé que puse no era, yo creo que cometí un error con las mayúsculas, finalmente tuve que pedir al grupo de soporte para que lo resetearan, pero hasta el lunes. Parece que como mi perfil fue creado en México y jamás había pedido este servicio no pudieron hacerlo, tuvieron que pedirle a soporte global, es decir alguien el la India, y se tardó 8 horas, esa falta de correo me permitió avanzar en el trabajo pendiente pero rompió mi racha sin olvidar una contraseña.

La última vez que estuve a punto de olvidar una fue cuando saqué mi firma electrónica avanzada, la puse en hacienda y no encontraba el usb que me habían dado así que no la usé por mucho tiempo, hasta que un día lo descubrí en el fondo de la lavadora, la informacion estaba intacta y me tomó casi una hora recordar la contraseña que había puesto pero finalmente la recordé. Resulta sorprendente la cantidad de cosas que confiamos a esta serie de caracteres, mínimo 8 y si tiene combinación de letras mayúsculas, minúsculas y símbolos mejor.  Y también los datos que tendría que dejar a alguien en caso de algún accidente fatal, ya estoy trabajando en un mecanismo para hacerlo porque los servicios existentes aún no me convencen.

Siempre me ha gustado coleccionar en la memoria datos irrelevantes, aunque las contraseñas que utilizo —sí son diferentes para cada cuenta— no son irrelevantes, sí están compuestas por combinaciones bizarras de letras, números y símbolos; algunas veces relacionadas con la aplicación pero otras con lo que sucede en el momento. No creo que la información que protegemos sea tan importante —pero seguro es necesaria— como para no dejarla a resguardo, o ¿será que no podemos confiar en las demás personas —parece que no.

Las veces que he buscado la manera de burlar algún tipo de seguridad me ha interesado mucho más el proceso que la información resguardada, incluso recibí una petición para violar el password de un documento oficial en un lugar de trabajo.

¿Por qué los corazones no tienen password?

canto al pie de tu ventana

Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.

Martín Lutero

Tengo que confesar que pertenecía a una rondalla, cuando entré en la secundaria tenía que elegir dos actividades extracurriculares, una artística y otra deportiva, elegí la rondalla y natación. Para ninguna de las dos hubo examen de admisión, mi preparación era muy dispar porque estaba mucho más versado en el agua, tanto para nadar como para cantar. Pero la rondalla anterior había terminado con mala fama, incluso no se formó ninguna el año anterior. El encargado de dirigirla ha sido uno de los mejores maestros que he tenido, mucho más a nivel humano que académico. Debido a la escasez de alumnos con algún conocimiento musical se formó una rondalla atípica donde no se tocaban guitarras y los instrumentos se reducían a un teclado, un bajo eléctrico y una batería. Todo lo demás eran voces.

El comienzo fue difícil y los ensayos eran interminables, tuvimos que agregar más días y más horas para lograr una interpretación decente, tuve que dejar de asistir a las clases de natación —luego las pagué al doble— todavía tenía una voz aguda a los once años así que estaba situado en la primera voz. Al principio cuando íbamos a las keremeses nos dejaban el primer lugar, tal como los conciertos de varios grupos estábamos situados hasta abajo en el cartel, pero la calidad fue mejorando constantemente, nada mal para un par de meses, nuestro primer lugar estelar fue de locales, quizá no cuente mucho pero logramos ser escuchados.

Todo ese ambiente me era ajeno, pero muchos de mis compañeros estaban más perdidos que yo, en cada presentación repartían aquellos listones que eran como prueba de los lugares donde se había cantado, como nuestro uniforme era un suéter gris -afortunadamente no tuve que usar capa o los ridículos pantalones cortos- no necesitábamos portar los listones, pero algunos los atesoraban, un compañero al que apodaban Drac por su apariencia delgada y pálida -los vampiros no eran tan cool en aquellos tiempos- llegó tarde a una presentación quería conseguir su listón, yo lo acompañé a conseguirlo fuimos con las organizadoras para pedirlo y nos trataron con suma amabilidad, ahí descubrí que cierto sector femenino tenía una debilidad por los integrantes, alguna ventaja tenía que existir.

Para las épocas decembrinas preparamos una canción temática, solamente que ahora habría un solista, que fue elegido entre los que mejor cantaban del grupo de la primera voz, el ganador no fue una sorpresa, pero ¡yo era el suplente! ese ha sido mi mayor logro dentro del ámbito musical, seguramente más de algún lector quedará incrédulo -aquello que me han escuchado cantar- ante esta revelación. La canción navideña fue la siguiente:

Nuestra fama traspasó las fronteras del Distrito Federal y nos invitaron a una escuela de Orizaba a cantar -siendo la principal atracción- pero ese viaje iba a resultar fatal, para comenzar olvidé empacar mis zapatos: mal empieza la semana para el que ahorcan el lunes. Me quedé hospedado en casa de un alumno de la escuela a la que visitábamos —era la costumbre— junto con otro compañero, su mamá tenía una tienda y no quería ir más al DF por temor a ser arrollada por un tranvía, le dije que mejor no fuera porque si le daban miedo los tranvías seguro no se la acaba con los peseros. Durante la tarde nos reunimos con los demás -la presentación era al día siguiente- y estuvimos jugando en un toro “mecánico” que la verdad era manejado con un par de lazos. Cada quien tenía 3 oportunidades y el que durara más ganaba, las dos primeras veces duré un tiempo razonable pero terminé deslizándome lateralmente para dejarme caer, no les hizo mucha gracia que no pudieran tirarme así que la tercera ocasión, antes de agarrarme hicieron una maniobra que me hizo volar por los aires y aterrizar prácticamente fuera de la zona acolchonada, una parte de mi cabeza cayó todavía sobre un colchón, el cuello en aserrín y lo demás en el suelo. Pero eso no era todo durante la noche comencé con temperatura debido a una infección en los oídos que fue aumentando de intensidad, y sus padres estaban fuera así que no había posibilidad de ir al médico, no tenía ningún analgésico en su casa y no estaba ni su hermana Pura —sí, así se llamaba— para que me sirviera de enfermera. Ha sido la vez que mayor dolor físico he sentido. La presentación fue en un auditorio abarrotado, con la temperatura muy elevada, estaba sudando y al salir recibí una ráfaga de aire frío que detonó los dolores de nuevo, ahora del otro oído. Ahí sí me llevaron con el doctor, pero se negó a darme algún medicamento por miedo a que tuviera alergia, sin importar que perjurara que no tenía ninguna clase de alergia, que ya me había administrado penicilina muchas veces así que fue otra noche de dolor, con la diferencia de que alrededor de las 3:40 de la madrugada el oído se me reventó luego de un dolor agudo y un escurrimiento de pus y sangre por el oído, el dolor subsecuente fue mucho menor. Desde entonces no distingo de dónde provienen los sonidos y solamente hablo por teléfono por el lado izquierdo.

Unos días después de esto mi voz comenzó a cambiar, así que me tenía que poner en la frontera entre la primera y la segunda voz, me avergonzaba lo disparejo que salían mis notas y algunas veces fingía cantar pero no emitía ningún sonido, creo que desde entonces asumí que ya no podía cantar y dejé de hacer en público hasta hace muy poco.

Justo cuando habíamos llegado al pináculo nuestro maestro nos avisó que iba a cambiar de asignatura y no nos dirigiría más, fue algo que ocasionó un malestar general, una animadversión al nuevo maestro que se manifestó con una serie de indisciplinas que algunas veces rayaban en lo ridículo, como cambiar la letra de alguna canción para incluir malas palabras. Nos escapábamos de los ensayos, y el maestro era incapaz de mantener el orden, todo esto terminó en la cancelación de las siguientes presentaciones importantes -una de ellas en San Luis Potosí- y nuestra última presentación fue en un festival para el día de las madres, fue un ascenso rápido y una caída vertiginosa, tan parecido a la vida real —¿será porque era la vida real?

Dos años después surgió otra generación con la que tuve una amistad, ellos sí tenían capa y todo, me invitaban muy seguido a dar serenatas —evidentemente no podían invitarme a una presentación oficial— no me invitaban por mi voz sino por mi temeridad y por el vehículo —sí quizá esto último era la razón principal— pero seguro nadie conocía la ciudad como yo y muchas veces les faltaba el espíritu para hacer ciertas cosas. Fuimos conminados por la policía, destruímos un acordeón, enfrentamos una asalto saliendo ilesos e incomodamos a muchas personas, pero ellos fueron testigos de la única vez que he dado serenata, solamente lo hice una noche en la que ninguna de las damas homenajeadas se dignó salir así que lo hice para subir la moral del grupo, fue la casa donde nos trataron mejor —algunas personas saben lo que canté— pero en esta entrada no lo voy a mencionar.

Estuve muy alejado de ese pasado, incluso estuvo oculto por Demoré demasiado para aceptar que el canto me gustaba, incluso si no lo hago muy bien, por eso cuando me mudé de ciudad elegí despedirme de mis amigos cantando. Dejo una de las canciones del repertorio:

Deconstrucciones

ojos que impresionan / traspasan objetos / descubren la muerte oculta que hay en ellos / ojos bellos.

Malo – Real de Catorce

Este fin de semana se me antojó tomarme una michelada así que decidí estrenar mi exprimidor de limones con poca fortuna porque a la segunda mitad de limón quedó partido en 2:

Hay algunas características que me han acompañado desde que tengo memoria, lo que es decir bastante, la primera vez que me dieron a beber en un vaso de vidrio —a corta edad— terminé rompiéndolo con la boca —no fue la primera y dudo que sea la última que caen vidrios en mi boca— el único remedio que he encontrado fue el mascar un chicle para que se queden pegados los pedazos de vidrio, la otra ocasiones fueron los restos de un foco o los restos de un envase de sidral familiar. Mi primer regalo navideño fueron unos weebles, uno de ellos no tardó en ver su cuerpo quebrado. En la secundaria, al jugar frontón con pelotas de tenis rompí un par luego de un golpe y en una pelea callejera destruí mi tenis al asestar una patada a un amigo, era una pelea amistosa.

Y esto no solamente ha sido por mi gusto por la destrucción, como cuando quemaba los soldados de plástico o aquella explosión que rompió una taza de baño, me refiero a muchas rupturas involuntarias cada que abría una botella de sidra el año nuevo conseguía romper una copa con el tapón, también me tocó quebrar la pieza de cerámica para colocar el jabón del baño, o el pestillo para asegurar el zaguán al piso, una vez tropecé con él y terminó doblado, la marca en mi rodilla desapareció a los dos días.

Dos ediciones de Rayuela de Cortázar se deshicieron en mis manos tras la lectura, eran ediciones baratas pero creo que es exagerado que solamente hayan aguantado una lectura, el único estéreo de auto que compré solamente duró un par de canciones de un cassette de mi amigo Felipe, mientras se escuchaba una canción de Víctor Manuel —nada sabe tan dulce como tu boca— se descompuso negándose a tocar cassettes, y el radio solamente agarraba una estación aleatoriamente debido a esto una ocasión en que escuché un concurso de radio, encontré un teléfono para llamar, entró la llamada —algo inusitado— pero jamás supe la estación a la que llamé así que no pude recoger mi premio; en ese mismo coche —Napoléon— durante el tiempo en que tenía que cambiar constantemente las llantas porque ya se les veía el aire, degollé 2 birlos. En otra ocasión, también cambiando llantas, pero esta vez de un volkswagen, barrí una cruceta lo que me obligó a comprar otra de mejor calidad pero que luego de intentar de nuevo se desprendió todo el cromo de la misma. No puedo dejar de mencionar que rompí el posicionador del espejo lateral —hecho de metal—, también rompí una manija para subir el vidrio y estrellé el parabrisas un día que le di un pequeño golpe.

Muchos de estos incidentes son por impaciencia, lo reconozco, pero no dejo de pensar que existe un elemento extra, digo al abrir las cajas, envases, o cualquier envoltorio, al menos cuando son regalos creo que tengo la prerrogativa, pero con todo y eso puede terminar en un accidente desafortunado para mí si llego a dañar el contenido.

Los aparatos electrónicos no han tenido mejor suerte, el primer adaptador bluetooth que compré para la pc era algo parecido a la foto de abajo, venía en una caja delgada que rompí para sacarlo, no me di cuenta de que traía un cd pequeño dentro de la caja y terminé partiendo el cd accidentalmente, he terminado con varios teclados, con 4 controles de playstation unos 4 joysticks, innumerables mouses, he incluso con desarmador philips de cruz al atornillar un disco duro y que @DarthTrivious está como testigo del corte limpio.

Todos estos incidentes —y los demás que quedaron en el tintero— han sido involuntarios, eso no quiere decir que disfrute la destrucción como la vez que me tocó destruir un auto con un hacha o en un diciembre lejano cuando pude destruir una casa de madera para hacer una fogata durante un concurso de piñatas —con toda la facilidad que tengo para las artes plásticas— en la que con mucha imaginación conseguimos hacer un pac-man.

Creo que esta fascinación se debe a que pone en evidencia la fragilidad de las cosas, que hace manifiesta la segunda ley de la termodinámica cuando algo se destruye nos recuerda que las cosas nunca serán como antes, así es como la vida transcurre. Quizá sí tenga un talento para la destrucción. Todo esto sin hablar de otro tipo de rupturas, sin involucrar corazones, egos o ilusiones. Espero que esto me sirva para poder destruir los lastres que aún llevo.

Esquina bajan

Este camino ya nadie lo recorre salvo el crepúsculo.

Matsuo Bashō

Nunca me ha gustado recorrer el mismo camino, en especial en el transporte público. Ahora hay una parada de autobús a media cuadra de mi lugar de trabajo y está igual de cercana la del departamento donde vivo, hay básicamente dos rutas distintas -directas- y la situación no es tan de mi agrado.

Cuando asistía a Ciudad Universitaria la travesía era toda una aventura, el camino más rápido -útil para llegar a tiempo a clase de 7- era tomar el Cerro del Judío – San Lorenzo Tezonco, lo tomaba después de la parada del ESIME Culhuacán, pero tenía que ser antes de las 6:35 o de lo contrario era imposible subirse,  el regreso también era la ruta más directa, y ha sido en el único transporte que me dormí de pie, fue solamente un instante pero casi azoto, solamente sentí como mis rodillas se doblaron, finalmente resistí, también ha sido del único que me he tenido que bajar para vomitar, fue una ocasión que vomité más de 80 veces por un alimento sospechoso o algún veneno que quiso salir violentamente. Generalmente regresaba por esa ruta después de pasar por la Biblioteca Central donde me surtía para las lecturas de la semana, porque me iba leyendo con el libro apoyado en el techo del camión, era incómodo pero era la única manera, ahora que lo intento me cuesta mucho más trabajo enfocar.

También podía tomar un camión hacia la UAM Xochimilco y de ahí uno para el metro CU, daba mucha vuelta en esta ruta me tocó varias veces tomar el primer camión del día, creo que fui el que más utilizaba —o alguna combinación— ya conocía a los conductores y había uno que a la hora de la comida desviaba su ruta una cuadra para pasar por su esposa, que le llevaba la comida en unos recipientes de peltre color azul claro, esto cuando era todavía la ruta 100. Algunas veces tomaba el trolebús —mi medio favorito de transporte— fue en este la única vez que se me cayó mi cartera, afortunadamente solían esperar un tiempo para salir de nuevo así que logré recuperarla, claro que lo único que tenía era mi abono de transporte pero en ese tiempo era mi mayor tesoro. En otra ocasión cuando regresaba a casa -ahora no de CU sino de casa de Natalia-  cayó una tormenta que me dejó tan empapado que los peseros no quería subirme, solamente el trolebús me dejó subir, yo era el único pasajero, me senté en el último asiento e iba tan mojado que el agua escurrió hasta la puerta de entrada.

Cuando había dinero pues podía tomar pesero, existía la ruta de Taxqueña y luego la ruta 1 a CU que incluso entraba por Copilco y me bajaba frente a medicina y caminaba a la facultad, también había la ruta 32 que recorría los recovecos de Santa Úrsula, la ruta de regreso me dejaba en calzada de las Bombas, casi llegando a Miramontes, y después regresaba a pie, atravesando el parque de los coyotes, también existía la ruta 95 que partía de la UAM Xochimilco y llegaba al metro CU, tanto la 95 como la 32 usaban combis y cuando todos los pasajeros iban hasta CU era mucho más rápido, cuando alguien decía “yo bajo en tlalpan” todos se le quedaban mirando con furia.

Ocasionalmente regresaba en metro dando una vuelta exagerada, iba a Centro Médico, Chabacano y luego Taxqueña, lo que hace uno por ponerle variedad a la ruta. Hice hasta el recorrido en carro, pero de regreso generalmente le daba un aventón a un par de personas, hasta lugares como Ermita y Av. 5.

Hoy que me enfrento a pocas alternativas, sin metro cerca y los peseros inexistente, algunos regresos a pie no alcanzan a cubrir ese deseo de variedad,  pero estoy seguro que encontraré alguna forma. Este es mi punto de partida habitual: