canto al pie de tu ventana

Aquel a quien no le gusta el vino, ni la mujer, ni el canto, será un necio toda su vida.

Martín Lutero

Tengo que confesar que pertenecía a una rondalla, cuando entré en la secundaria tenía que elegir dos actividades extracurriculares, una artística y otra deportiva, elegí la rondalla y natación. Para ninguna de las dos hubo examen de admisión, mi preparación era muy dispar porque estaba mucho más versado en el agua, tanto para nadar como para cantar. Pero la rondalla anterior había terminado con mala fama, incluso no se formó ninguna el año anterior. El encargado de dirigirla ha sido uno de los mejores maestros que he tenido, mucho más a nivel humano que académico. Debido a la escasez de alumnos con algún conocimiento musical se formó una rondalla atípica donde no se tocaban guitarras y los instrumentos se reducían a un teclado, un bajo eléctrico y una batería. Todo lo demás eran voces.

El comienzo fue difícil y los ensayos eran interminables, tuvimos que agregar más días y más horas para lograr una interpretación decente, tuve que dejar de asistir a las clases de natación —luego las pagué al doble— todavía tenía una voz aguda a los once años así que estaba situado en la primera voz. Al principio cuando íbamos a las keremeses nos dejaban el primer lugar, tal como los conciertos de varios grupos estábamos situados hasta abajo en el cartel, pero la calidad fue mejorando constantemente, nada mal para un par de meses, nuestro primer lugar estelar fue de locales, quizá no cuente mucho pero logramos ser escuchados.

Todo ese ambiente me era ajeno, pero muchos de mis compañeros estaban más perdidos que yo, en cada presentación repartían aquellos listones que eran como prueba de los lugares donde se había cantado, como nuestro uniforme era un suéter gris -afortunadamente no tuve que usar capa o los ridículos pantalones cortos- no necesitábamos portar los listones, pero algunos los atesoraban, un compañero al que apodaban Drac por su apariencia delgada y pálida -los vampiros no eran tan cool en aquellos tiempos- llegó tarde a una presentación quería conseguir su listón, yo lo acompañé a conseguirlo fuimos con las organizadoras para pedirlo y nos trataron con suma amabilidad, ahí descubrí que cierto sector femenino tenía una debilidad por los integrantes, alguna ventaja tenía que existir.

Para las épocas decembrinas preparamos una canción temática, solamente que ahora habría un solista, que fue elegido entre los que mejor cantaban del grupo de la primera voz, el ganador no fue una sorpresa, pero ¡yo era el suplente! ese ha sido mi mayor logro dentro del ámbito musical, seguramente más de algún lector quedará incrédulo -aquello que me han escuchado cantar- ante esta revelación. La canción navideña fue la siguiente:

Nuestra fama traspasó las fronteras del Distrito Federal y nos invitaron a una escuela de Orizaba a cantar -siendo la principal atracción- pero ese viaje iba a resultar fatal, para comenzar olvidé empacar mis zapatos: mal empieza la semana para el que ahorcan el lunes. Me quedé hospedado en casa de un alumno de la escuela a la que visitábamos —era la costumbre— junto con otro compañero, su mamá tenía una tienda y no quería ir más al DF por temor a ser arrollada por un tranvía, le dije que mejor no fuera porque si le daban miedo los tranvías seguro no se la acaba con los peseros. Durante la tarde nos reunimos con los demás -la presentación era al día siguiente- y estuvimos jugando en un toro “mecánico” que la verdad era manejado con un par de lazos. Cada quien tenía 3 oportunidades y el que durara más ganaba, las dos primeras veces duré un tiempo razonable pero terminé deslizándome lateralmente para dejarme caer, no les hizo mucha gracia que no pudieran tirarme así que la tercera ocasión, antes de agarrarme hicieron una maniobra que me hizo volar por los aires y aterrizar prácticamente fuera de la zona acolchonada, una parte de mi cabeza cayó todavía sobre un colchón, el cuello en aserrín y lo demás en el suelo. Pero eso no era todo durante la noche comencé con temperatura debido a una infección en los oídos que fue aumentando de intensidad, y sus padres estaban fuera así que no había posibilidad de ir al médico, no tenía ningún analgésico en su casa y no estaba ni su hermana Pura —sí, así se llamaba— para que me sirviera de enfermera. Ha sido la vez que mayor dolor físico he sentido. La presentación fue en un auditorio abarrotado, con la temperatura muy elevada, estaba sudando y al salir recibí una ráfaga de aire frío que detonó los dolores de nuevo, ahora del otro oído. Ahí sí me llevaron con el doctor, pero se negó a darme algún medicamento por miedo a que tuviera alergia, sin importar que perjurara que no tenía ninguna clase de alergia, que ya me había administrado penicilina muchas veces así que fue otra noche de dolor, con la diferencia de que alrededor de las 3:40 de la madrugada el oído se me reventó luego de un dolor agudo y un escurrimiento de pus y sangre por el oído, el dolor subsecuente fue mucho menor. Desde entonces no distingo de dónde provienen los sonidos y solamente hablo por teléfono por el lado izquierdo.

Unos días después de esto mi voz comenzó a cambiar, así que me tenía que poner en la frontera entre la primera y la segunda voz, me avergonzaba lo disparejo que salían mis notas y algunas veces fingía cantar pero no emitía ningún sonido, creo que desde entonces asumí que ya no podía cantar y dejé de hacer en público hasta hace muy poco.

Justo cuando habíamos llegado al pináculo nuestro maestro nos avisó que iba a cambiar de asignatura y no nos dirigiría más, fue algo que ocasionó un malestar general, una animadversión al nuevo maestro que se manifestó con una serie de indisciplinas que algunas veces rayaban en lo ridículo, como cambiar la letra de alguna canción para incluir malas palabras. Nos escapábamos de los ensayos, y el maestro era incapaz de mantener el orden, todo esto terminó en la cancelación de las siguientes presentaciones importantes -una de ellas en San Luis Potosí- y nuestra última presentación fue en un festival para el día de las madres, fue un ascenso rápido y una caída vertiginosa, tan parecido a la vida real —¿será porque era la vida real?

Dos años después surgió otra generación con la que tuve una amistad, ellos sí tenían capa y todo, me invitaban muy seguido a dar serenatas —evidentemente no podían invitarme a una presentación oficial— no me invitaban por mi voz sino por mi temeridad y por el vehículo —sí quizá esto último era la razón principal— pero seguro nadie conocía la ciudad como yo y muchas veces les faltaba el espíritu para hacer ciertas cosas. Fuimos conminados por la policía, destruímos un acordeón, enfrentamos una asalto saliendo ilesos e incomodamos a muchas personas, pero ellos fueron testigos de la única vez que he dado serenata, solamente lo hice una noche en la que ninguna de las damas homenajeadas se dignó salir así que lo hice para subir la moral del grupo, fue la casa donde nos trataron mejor —algunas personas saben lo que canté— pero en esta entrada no lo voy a mencionar.

Estuve muy alejado de ese pasado, incluso estuvo oculto por Demoré demasiado para aceptar que el canto me gustaba, incluso si no lo hago muy bien, por eso cuando me mudé de ciudad elegí despedirme de mis amigos cantando. Dejo una de las canciones del repertorio:

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el octubre 15, 2012 en Adolescencia, Biografía, México, Música y etiquetado en , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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