Archivos Mensuales: noviembre 2012

bailes solitarios, amigos solidarios

Que en amigotes de los que hay agora
Ni deuda ni mujer está segura.

Lope de Vega

El sábado pasado me sentía cansado y sin ánimos pero terminé visitando un restaurante suficientemente mexicano donde había una oferta de tequila al dos por uno, aunque no había cerveza victoria para acompañarla así que tomé XX al cierre nos encaminamos a otro lugar para seguirla, fue un lugar donde uno de los grupos tocaba covers de Bon Jovi y una de las canciones que no tocaron me recordó las fiestas donde la bailé porque era una canción que siempre bailé solo, me hubiera gustado poder decir que era Dancing with myself de Billy Idol pero esa siempre la he bailado acompañado.

Una de esas ocasiones fue en una fiesta en una casa en cerro de la Libertad a unos pasos de Taxqueña, en un garage con las paredes blancas lleno de sillas plegables de metal y plástico negro, cuando comenzó la canción tenía tanta energía acumulada que empecé a bailar animadamente, me subí en una de las sillas y salté, incluso algunas veces contra las paredes, las únicas que no me huían durante el slam que no tardó en armarse, yo iba preparado con mis botas con casquillo y mi chamarra con algunos pedazos de metal añadidos, al final las paredes terminaron manchadas de sangre. Para variar el Chore no se quería regresar a su casa, juntamos una lana  y lo subimos a un taxi junto con Paco ambos ebrios en exceso, en ese entonces el primero vivía cerca del metro Ermita y el otro en Mitla.  Los demás nos regresamos a pie, Vani y el Wrote todavía me hablaban.

Nos invitaron a otra en la calle El Mayorazgo, cerca del cruce de Acoxpa y el periférico, aunque cuando nos invitaron nos dijeron que era la calle de Tallorango una dirección falsa, pero no fue la primera vez que llegamos a un lugar del que no teníamos dirección, solamente que en ahora cobraban la entrada, Paco tuvo que echar mano de sus dotes de galán para que nos dejaran pasar gratis, la bebida era de mejor calidad pero no era tan abundante, además no vieron con muy buenos ojos que yo me subiera a los muebles para bailar.

La otra ocasión fue en la calle de Club Necaxa, ahí solamente fui con Chucho y Vani, un amigo de ellos llegó en una moto y nos encontramos a Aby  y con varias de sus compañeras, entonces nos comportamos mucho más sociales así que durante el slam procuré no causar estragos. La última fue la fiesta de quince años de Erika A. hasta fuimos a misa a la Parroquia de Jesús Sacramentado el recuerdo basta para hacerme sonreir, como era costumbre en cada fiesta que nos invitaba una amiga nuestro comportamiento fue completamente vergonzoso, como en la ocasión que Chucho confundió al papá de la quinceañera con un mesero, al menos en esta ocasión parece que la familia no se incomodó, hasta bailé con la quinceañera, pero en algún momento volvieron a poner la canción y comencé a bailar de nuevo, sobre las sillas.

Yo no sabía que todas esas ocasiones había sido observado hasta que tuve un truene romántico unos días antes de una excursión de parejas que se había organizado. Mis amigos preocupados, bien por mi bienestar emocional o quizá porque mi ausencia representaba un coche menos, el caso es que me consiguieron novia en un par de días: Aurora, bueno era una candidata porque tuve que pasar oficialmente por el ritual de pedir su consentimiento, fue una cita muy rara, porque ambos sabíamos pero pretendimos que la cosa era casual, ahí me contó que ya me conocía -yo era el que bailaba solo esa canción en las fiestas- yo no había reparado en su presencia en las fiestas anteriores, parece que no es muy común bailar solo.

Con la música por dentro

La música es el lenguaje que me permite comunicarme con el más allá.

Robert Schumann

Mi familia nuclear nunca fue muy musical y me refiero a estudiar o tocar líricamente algún instrumento, mi mamá se la pasaba bailando y a mi papá le gustaba tener aparatos con un sonido nítido. No compartía el entusiasmo de mi madre por el baile pero sí el de mi papá, lo acompañé muchas veces a la calle de República del Salvador para comprar algún ecualizador, amplificador, bocinas o partes para armar las propias bocinas, siempre en búsqueda de un mejor sonido.

Tuve otros familiares más cercanos que sí se dedicaron a la música en mayor o menor medida. Mi tío Odón se dedicaba a tocar el órgano y cantar en las iglesias y su hijo estudió en el conservatorio, intenté tomar algunas clases de música con él y lo único resultante fue que conseguí tocar “Vamos a la Playa” —en la versión de los João— en el órgano, los tíos de mi tío tenían un conjunto musical en Salamanca y tenían entre su repertorio una cantidad inusitada de tangos, que por cierto le gustaban a mi abuelo paterno, los abuelos que alguna vez escuché cantar los hacían bastante bien.

También tengo varios amigos que se han dedicado a la música, por ejemplo 2 integrantes de la familia Mendoza, el mayor —Chil— se ha dedicado completamente con todos sus pormenores, lidiando con caimanes y buscando el hueso mientras que el menor —que además es mi compadre— ha tenido incursiones intermitentes.

Éste último ha sido el mayor crítico de mis gustos musicales, y no se diga de mi canto. Tiene una manera pontificia de referirse a la música, por supuesto que tiene mayor conocimiento que yo, y mucha más práctica pero cuando hablas desde una perspectiva  superior no dialogas en realidad.

He sentido la distancia que tengo respecto a la música, creo que donde hay mayor alejamiento es en el ritmo, no estoy acostumbrado a hacer tareas repetitivas, si no puedo firmar igual dos veces cómo diablos voy a tocar la misma nota al mismo tiempo. Si a eso le sumamos mi problema el oído hace que mi apreciación sea deficiente. Mis lucha por salir del último lugar en el singstar es una prueba del nivel en el que me encuentro.

Pero eso no me impide amar la música o tener opiniones al respecto, quizá opiniones bizarras o interpretaciones retorcidas del significado de los sonidos o las interpretaciones. Quisiera poder entablar más de estas conversaciones al respecto de la música y compartir mis pensamientos y visiones; pero parece que a los legos no les interesa mucho y a los entendidos no le prestan atención a las opiniones de un lego.

Tal vez por eso, o quizá con la ilusión de alcanzar a interpretar unas melodías que tengo incrustadas o para servir de acompañamiento durante una canción. Entonces decidí incursionar de otra manera, claro que un theremin fue demasiado para comenzar así que luego de sopesar son seriedad decidí compara un teclado, al menos ya tengo práctica digitando —aunque sea con otro teclado— de esa manera. Luego de batalalr con el Frère Jacques por un rato estoy intentando tocar Love Tender porque me acuerdo de la escena de Wild at Heart

Refrescos para chabacanitos

a unos ponche y a los tristes coca cola

La Tertulia – Chava Flores

El pasado domingo cumplió un año mi sobrino y ahijado Santiago, y recordé los refrescos de la infancia. Poco después de cumplir los dos años comencé a visitar la tienda que estaba en la misma acera donde vivía, la señora que atendía sonreía al ver a un niño llegar gritando “Doña Vitorita, mi chaparrita”, fue el primer  refresco que probé, coincidentemente fue el primer refresco sin gas en México, los sabores eran mandarina, piña y uva; los sabores estaban alejados del sabor de la fruta representada, quizá el de uva parecía un poco a los jugos de uva que vendían en botellas de cristal opaco de color verde y muchos se negaban a tomar el de piña por las burlas -de piña para la niña- pero era muy común encontrarlas en las fiestas infantiles. La siguiente bebida fue el sidral mundet que era común que te lo dieran si estabas enfermo, sirviéndolo además al tiempo, tenía de competencia a la manzanita sol que tenía más gas, el sidral aga —y haga de cuenta que es sidra—, también había peñafiel y fanta de manzana pero tenían una calidad inferior.

También en la infancia era clásico tomar Sangría Señorial, única en sabor, siempre en envase de 355 mililitros,  había otras alternativas como la sangría de peñafiel pero no eran difíciles de conseguir porque antes tenías que llevar el envase del refresco que querías comprar, algunas tiendas lo cambiaban pero en general tenías que tener tus envases o pagar importe, el importe siempre lo pagabas en las fiestas, generalmente compraban en proporción 4 a 1 refresco de cola y tehuacán porque era evidente que tomaban cuba libre, algunas veces compraban una caja para los niños  o los que no tomaban alcohol o refresco de cola.

Pascual boing hacía dos tipos de refrescos, con gas y sin gas; los primeros tenían la figura de un pariente del pato Donald con un sabor artificial típico, pero los que no tenían gas rifaban, era un envase transparente que tenía letras verdes si el refresco tenía pulpa como los de guayaba o mango y azul si no tenía como el de uva o naranja. El que más me gustaba era el de guayaba, algunas generalmente en los tacos de canasta o los de bistec con papas. Además de su sabor se le debe un reconocimiento por la huelga que siguió a la crisis causada por López Portillo, que empezó porque la compañía se negó a darles aumento o pagarles utilidades, fue una huelga sufrida que sufrió ataques de granaderos e invasión de esquiroles, que terminó en el 84 cuando les otorgaron la posesión de las instalaciones pero negándoles cualquier crédito hasta que el STUNAM le prestó una lana y la compañía terminó como una cooperativa.

En los puestos modestos de tortas se podía encontrar el refresco trébol, mi favorito era el de sabor mandarina. que a pesar de ser artificial tenía un sabor agradable, porque otros no fueron tan afortunados, como cuando probé la primera mirinda —la clásica de naranja— tenía un gusto viscoso que dejaba la saliva amarilla. Uno de los refrescos emblemáticos de naranja era el orange crush en su botella apropiada para usarla de güiro que me parece que le ganaba la competencia al orange mundet que tenía más gas y su botella tenía círculos más opacos en la parte inferior de la botella. Pero mundet también tenía el refresco rojo, favorito de mi tío Mundo cuando íbamos a una tepachería. Y como nunca fui fan de la fanta no tengo opinión al respecto.

El 7up tiene el primer lugar en su lista de bebidas lima limón, principalmente porque patrocinaba los close captions de mi serie favorita, la competencia era el teem de pepsi que tenía esos comerciales donde un vaquero pedía papas fritas y un náufrago pedía galletas saladas, y del sprite de coca cola que tenía un sabor decente. Pero mi bebida favorita de sabor cítrico fue el mountain dew, que duró muy poco tiempo a la venta. En el caso del squirt era utilizado primordialmente para acompañar alguna bebida alcohólica como el tequila, lo mismo que la bebidas de cola o el tehuacán, antes de que sacaran los pepsilindros tomábamos pedíamos refrescos en bolsa y les agregábamos richardson. Pero la mejor combinación era el vodka con del valle de toronja.

Quisiera hacer una mención especial al algunos refrescos no tan famosos como el trisoda de jamaica, el jarrito de tamarindo, el titán de piña y la lulú de grosella. Las Yoli, los barrilitos, también el ginger ale que había en Seagrams o Canada Dry. Por cierto ya México es el mayor consumidor de refrescos.

Un día no muy venturoso  me detuve en la tienda de mi amigo Vani le pregunté como si él fuera un cantinero que me recomendara una bebida para el momento, y el destapó una pepsi, que desde entonces se convirtió en mi bebida preferida, hasta que salió el famoso reto de distinguir la coca de la pepsi —pan comido— y luego cambiaron el sabor ahí cambié a la coca. No está demás recordar otros refrescos de cola como Big Cola, RC Cola, Fiesta Cola, el spur cola —que era de la Canada Dry— o la famosa Mexi-Cola que tuvo una promoción en la que las corcholatas —bajo el corcho— tenían la frase  “El Ratón invita” y valían un refresco gratis.

Es mucho más fácil que un sabor te traiga un recuerdo que buscar el sabor enterrado en recuerdos.

Princesas de reinos lejanos

Llegas como una princesa, ante su príncipe vago, ardo en la luz de tu boca, oigo Rapsodia en azul.

Contraley – Real de Catorce

Una conversación con una princesa lunar de tierras lejanas respecto a la sangre y los signos de elemento tierra trajo del cajón de las memoria tres historias que podrían ser fantásticas.

Como todo cuento de hadas comenzó hace mucho mucho tiempo en un reino del norte donde existen aquellos alquimistas que transforman la leche en queso, menonitas les llaman, que además es tierra de mi compa tuitero de mil nombres. Ahí vivía una princesa de la oscuridad con el nombre más terso que he conocido, hablábamos de la inmortalidad, del gusto por la sangre, la vida de noche y los poderes de transformación, la diferencia era que mis afirmaciones eran literales.

Fui a visitarla usan la ya desaparecida AeroCalifornia, en una fecha donde se conjuntaban el día del amor y la amistad con el juego de las estrellas de la NBA —cualquiera podría pensar que esto es irrelevante y probablemente tendría razón— el recibimiento fue como lo dicta el protocolo, formalidad que apenas duraría unas horas luego del intercambio de regalos, sangre y demás afectos —frente a la familia real—  no volvía pisar su castillo, los días siguientes la pasamos practicando la inmortalidad, estuvimos tan juntos esas horas que cuando nos separamos fue para siempre. Bajo pretexto de cambiarse de ropa —y principalmente de zapatos— regresó a su casa  por la mañana; en la tarde recibí la visita de su hermana para notificarme oficialmente mi anulación y llevarme al cine a ver Mystery Men ¡para mitigar el dolor! Huelga decir que regresé sin blasones.

Otra tenía su residencia mucho más al oriente —me refiero a donde todas las sangres son reales no a la Agrícola Oriental— hablaba pausadamente y le sorprendían demasiado mis acciones. Su realeza era mucho más convencional, incluso tiene como pariente en línea directa una princesa reinante en un tiempo lejano, con una historia de traición y destierro. Sí, era una persona valiosa que tenía quebrado el color.

No asistía a tantos eventos oficiales por eso no tenía demasiados sombreros, la fuerza de su majestad unida incendiada con mi fuego conseguía derretir a ese país olvidado por el sol. Hasta su forma de servirme el té era correcta, creo que ese era un gesto que conseguía conmoverme, se quejaba constantemente de mi poca expresividad en el MSN —su desaparición aún no era evidente— en lugar de nombrarme caballero con una espada me bañó en pepsi light con un vaso.

La tercera tiene múltiples castillos en tierras de dragones a los que me he enfrentado. Su voz de sirena trazó un puente entre las esferas incompatibles de nuestra vida, hablábamos con notas musicales. La inundaba con interpretaciones bizarras que espero alguna vez comprendiera. Es fanática del saludo protocolario, mover el abanico y recibir la atención.

Con aficiones diversas, temperamento volátil y escudos de armas nobles, y seguramente una facilidad para el malabarismo, porque tenía además Two Princes entre los que oscilaba como un doblón que es girado para decidir quién se queda con la bolsa de cuero.

Sus signos zodiacales eran de tierra, les importa demasiado estar plantadas, tener un castillo, escudos reales, o las fiestas del castillo. Prefieren emparentar con gente de estirpe parecida pero sin darse cuenta de que sus castillos son también prisiones. Por eso ahora que visito otras tierras solamente voy a rescatar plebeyas.

Princesa

lentes de sol

No hay cristales de más aumento que los propios ojos del hombre cuando miran su propia persona.

Alexander Pope

Descubrí muy tarde en la vida que necesitaba anteojos, toda la primaria pensé que esa era la forma que las cosas tenían, no había nitidez solamente un panorama medio borroso y entonces aprendí a descifrar, adivinando a partir de las formas imprecisas el contenido, lo mismo para las letras que la maestra escribía en el pizarrón como los letreros de los camiones que venían —indispensable para transportarse— mis recuerdos son mucho más luminosos que nítidos, quizá entonces nació mi deseo de descubrir lo que había detrás de esas imágenes, esta constante necesidad de interpretar, traducir o adivinar; probablemente la sensación de que lo que veo es en realidad otra cosa.

Más tarde me diagnosticaron miopía en un ojo, hipermetropía en el otro y astigmatismo en ambos, pero al principio no me gustaba usar lentes, no solamente se me hacía incómodo, también interfería con mi costumbre de ver las cosas, con frecuencia los olvidaba, como en aquel viaje memorable a Veracruz donde mi amigo Chil -sic- fue el copiloto, porque yo no alcanzaba a leer los letreros a la distancia, hubo un par de incidentes en el camino, una desviación de más y un tlacuache atropellado.

La segunda vez que midieron me graduación y me probé las gafas fue como un milagro, la visión era completamente distinta, era como si estuviera viendo por primera vez, las imágenes eran mucho más definidas pero ligeramente con menos luz. Y desde entonces los he usado continuamente, con escasas excepciones como aquella vez que tuve que pedir que me confirmaran las letras que aparecían en la pantalla de la computadora, o cuando le aventé mi mochila a un automóvil que se cruzó un alto. Una vez intenté usar lentes de contacto, pero mi habilidad era nula y me tardaba más de media hora en ponérmelos o quitármelos, por supuesto que deseché la opción inmediatamente.

Los lentes oscuros no me gustan, no solamente porque cuando los uso ya tengo cierta reducción de luz, lo que no me gusta es que las demás personas los usen, si ya es difícil para mí entenderlas si me quitan una gran referencia de las expresiones faciales. ¿Cómo se ve el mundo con lentes oscuros? Será que todo lo que vemos en realidad lo hacemos con unos lentes particulares. Todo lo que hemos vivido forma un cristal a través del cual percibimos la vida.

Y seguro que cada persona tienen unos lentes diferentes, porque diferentes personas usan adjetivos opuestos para la misma persona o el mismo grupo. Como un colega que se la pasa diciendo lo inútiles que son los que trabajan en IT, cuando estoy presente dice que soy la excepción. Hay tantos que dicen que el fútbol es aburrido mientras otros ven hasta cualquier partido. Las elecciones son otro ejemplo y los colores otro ejemplo menos controversial.

Tantas veces he escuchado a una mujer defender novio/esposo/amante/amasio enumerando cualidades visibles solamente bajo su lente, lo mismo con las madres respectos a sus hijos, o algunos amigos respecto a sus propias habilidades —magnificadas por supuesto— un amigo incluso afirmaba que el sol salía algunas veces por el poniente. Muchas personas ven a mi amada ciudad de México como fea.

¿Qué tan grueso es el cristal de estos lentes? ¿De qué color es? ¿Estará lleno de insectos aplastados por fuera? Quizá esa visión particular del mundo es parte de lo que somos, ¿será que puedo romper ese cristal? ¿seguiré siendo el mismo si lo rompo? ¿Me arriesgo? Con la última pregunta basta.

#YoConfieso que la primer canción que se me ocurrió para esta entrada fue la de “De Color de Rosa” de Prisma. Finalmente algo más referente al cambio.