Refrescos para chabacanitos

a unos ponche y a los tristes coca cola

La Tertulia – Chava Flores

El pasado domingo cumplió un año mi sobrino y ahijado Santiago, y recordé los refrescos de la infancia. Poco después de cumplir los dos años comencé a visitar la tienda que estaba en la misma acera donde vivía, la señora que atendía sonreía al ver a un niño llegar gritando “Doña Vitorita, mi chaparrita”, fue el primer  refresco que probé, coincidentemente fue el primer refresco sin gas en México, los sabores eran mandarina, piña y uva; los sabores estaban alejados del sabor de la fruta representada, quizá el de uva parecía un poco a los jugos de uva que vendían en botellas de cristal opaco de color verde y muchos se negaban a tomar el de piña por las burlas -de piña para la niña- pero era muy común encontrarlas en las fiestas infantiles. La siguiente bebida fue el sidral mundet que era común que te lo dieran si estabas enfermo, sirviéndolo además al tiempo, tenía de competencia a la manzanita sol que tenía más gas, el sidral aga —y haga de cuenta que es sidra—, también había peñafiel y fanta de manzana pero tenían una calidad inferior.

También en la infancia era clásico tomar Sangría Señorial, única en sabor, siempre en envase de 355 mililitros,  había otras alternativas como la sangría de peñafiel pero no eran difíciles de conseguir porque antes tenías que llevar el envase del refresco que querías comprar, algunas tiendas lo cambiaban pero en general tenías que tener tus envases o pagar importe, el importe siempre lo pagabas en las fiestas, generalmente compraban en proporción 4 a 1 refresco de cola y tehuacán porque era evidente que tomaban cuba libre, algunas veces compraban una caja para los niños  o los que no tomaban alcohol o refresco de cola.

Pascual boing hacía dos tipos de refrescos, con gas y sin gas; los primeros tenían la figura de un pariente del pato Donald con un sabor artificial típico, pero los que no tenían gas rifaban, era un envase transparente que tenía letras verdes si el refresco tenía pulpa como los de guayaba o mango y azul si no tenía como el de uva o naranja. El que más me gustaba era el de guayaba, algunas generalmente en los tacos de canasta o los de bistec con papas. Además de su sabor se le debe un reconocimiento por la huelga que siguió a la crisis causada por López Portillo, que empezó porque la compañía se negó a darles aumento o pagarles utilidades, fue una huelga sufrida que sufrió ataques de granaderos e invasión de esquiroles, que terminó en el 84 cuando les otorgaron la posesión de las instalaciones pero negándoles cualquier crédito hasta que el STUNAM le prestó una lana y la compañía terminó como una cooperativa.

En los puestos modestos de tortas se podía encontrar el refresco trébol, mi favorito era el de sabor mandarina. que a pesar de ser artificial tenía un sabor agradable, porque otros no fueron tan afortunados, como cuando probé la primera mirinda —la clásica de naranja— tenía un gusto viscoso que dejaba la saliva amarilla. Uno de los refrescos emblemáticos de naranja era el orange crush en su botella apropiada para usarla de güiro que me parece que le ganaba la competencia al orange mundet que tenía más gas y su botella tenía círculos más opacos en la parte inferior de la botella. Pero mundet también tenía el refresco rojo, favorito de mi tío Mundo cuando íbamos a una tepachería. Y como nunca fui fan de la fanta no tengo opinión al respecto.

El 7up tiene el primer lugar en su lista de bebidas lima limón, principalmente porque patrocinaba los close captions de mi serie favorita, la competencia era el teem de pepsi que tenía esos comerciales donde un vaquero pedía papas fritas y un náufrago pedía galletas saladas, y del sprite de coca cola que tenía un sabor decente. Pero mi bebida favorita de sabor cítrico fue el mountain dew, que duró muy poco tiempo a la venta. En el caso del squirt era utilizado primordialmente para acompañar alguna bebida alcohólica como el tequila, lo mismo que la bebidas de cola o el tehuacán, antes de que sacaran los pepsilindros tomábamos pedíamos refrescos en bolsa y les agregábamos richardson. Pero la mejor combinación era el vodka con del valle de toronja.

Quisiera hacer una mención especial al algunos refrescos no tan famosos como el trisoda de jamaica, el jarrito de tamarindo, el titán de piña y la lulú de grosella. Las Yoli, los barrilitos, también el ginger ale que había en Seagrams o Canada Dry. Por cierto ya México es el mayor consumidor de refrescos.

Un día no muy venturoso  me detuve en la tienda de mi amigo Vani le pregunté como si él fuera un cantinero que me recomendara una bebida para el momento, y el destapó una pepsi, que desde entonces se convirtió en mi bebida preferida, hasta que salió el famoso reto de distinguir la coca de la pepsi —pan comido— y luego cambiaron el sabor ahí cambié a la coca. No está demás recordar otros refrescos de cola como Big Cola, RC Cola, Fiesta Cola, el spur cola —que era de la Canada Dry— o la famosa Mexi-Cola que tuvo una promoción en la que las corcholatas —bajo el corcho— tenían la frase  “El Ratón invita” y valían un refresco gratis.

Es mucho más fácil que un sabor te traiga un recuerdo que buscar el sabor enterrado en recuerdos.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el noviembre 13, 2012 en Abuela, Abuelo, Adolescencia, Bebidas, Cocina, Familia, hemana, Infancia, refrescos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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