Archivos Mensuales: diciembre 2012

silencios insuperables (especial navideño)

La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante.

Alejandra Pizarnik.

Ahora que es una época de regalos, los envoltorios están por todas partes debo reconocer que elvolver regalos nunca ha sido uno de mis talentos, recuerdo una navidad donde junté dinero para comprarle algún regalo a los diferentes miembros de la familia, incluyendo uno para mí incluyendo los utensilios necesarios para elnvolverlos, por lo menos gasté el doble de papel en terminar mi labor, no de la manera más elegante, incluso se podía ver mi regalo a través de algunos huecos del papel, claro que no importaba porque a leguas se veía que era un balón de americano. Esto no se repitió en muchas otras ocasiones, ya después los llevaba a envolver o pedía ayuda con alguien mucho más capaz, aunque alguna vez me encontré en dificultades en una tierra extraña tratando e engalanar un regalo, me parece que de manera infructuosa.

Tampoco soy muy paciente al abrir los regalos, la curiosidad me consume tanto que los tengo que abrir inmediatamente, sin tener mucho cuidado de la envoltura, algunas veces frenéticamente destruyo en elvoltorio, que quizá sea parte del regalo. Tal vez envolver sea algo es muy parecido a guardar silencio, es como mantener algo fuera de la vista o conocimiento de los demás como tener algo guardado que es susceptible de ser descubierto. Y una de las cosas que más anhelo es descubrir secretos, abrir la puerta a algo desconocido como si eso fuera a revelarme finalmente una solución, la solución.

Mi mente volátil no toma muy bien ese silencio, siempre busca todas las alternativas posibles, y tiene tendencia a estacionarse en las peores, quizá con la precaución de que será menos decepcionado de esa manera, pero la verdad es como un juego morboso que no se detiene, adictivo y bizarro. Parece que la violencia que se supone es el silencio se puede tornar aún peor en mi mente, la famosa ley del hielo se puede aún tornar más afilada, este efecto se ha aplicado ya en el cine cuando el terror se basa en lo que no se muestra.

Y si las mujeres tienen fama de hablar mucho cómo es que me tocan las que deciden callarse, seguramente son los misterios por ser develados lo que me atrae, aunque yo haya pensado que de eso me di cuenta después, siempre hay señales a la vista que deberían haber sido pista suficiente -al menos para mí que me gusta leer los signos- pero actuaba cegado por mis propias creencias distorsionadas, por ejemplo la primera vez que le declaré mis sentimientos a mi x pidiéndole otro tipo de relación lo único que recibí fue un insufrible silencio que terminó con mis palabras ofreciéndole una salida, y esos silencios se convirtieron, ya casados, en una especie de campo minado que cada uno llenó con los propios pensamientos que muchas veces se alejaban notablemente de la realidad.

En circunstancias desfavorables los resultados pueden ser aún peores, si estoy en posición de ser el confort de una persona que tiene otra relación, u otras porque soy el tercero en el orden al bat, por mucho que me alegre su intermitente presencia y que sepa que algunas veces la cobijen brazos de alguien que escogió por razones que me escapan -quizá no tanto- nada de eso tiene el mismo alcance en mi interior como su silencio, porque eso pone en juego no solamente lo que pasa sino toda la gama de posibilidades, que se multiplican los jueves. No necesito ser brujo, aunque lo sea, para saber que es mejor cambiar esto.

En un momento pensé en revertir esta tendencia guardando silencio, quizá nada más para probar que también puedo guardar silencio. Pero lo que en realidad tengo que callar es mi febril mente, dejar de interpretar, retorcer y construir todos los escenarios imaginables.  Dejar de lado este vicio frenético que solamente me mantiene distraído de mis prioridades, dejar de buscar respuestas en el silencio y empezar a construir mis propios escenarios de la forma en que quiera. Y por supuesto dejar que alguien más envuelva mis regalos.

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la segunda ley (instrucciones para el fin del mundo)

Un loco tira una piedra al agua, diez sabios no la pueden sacar

Proverbio rumano

Recientemente he escuchado muchas personas quejándose de las reglas o las circunstancias que los rodean, como si el universo los convirtiera en víctimas sin escapatoria, como si no se pudiera hacer nada, como si tuvieran una memoria vacía y una fe quebrada, no hay peor prisión que la que se forma de circunstancias aceptadas con resignación.

¿Cuántas veces las palabras de nuestros padres, maestros o figuras de autoridad se convierten silenciosamente en leyes no escritas que aceptamos sin pensar y dictan nuestro comportamiento? Vivimos convencidos de que la letra con sangre entra, que quien bien te quiere te hará sufrir o que al que madruga dios lo ayuda. Y tantas frases que pueden tener un origen razonable pero que cuando las vivimos sin razonarlas nos impiden ver nuestro entorno de otra manera.

Cuando se trata de las leyes legisladas el pueblo mexicano tiene una arraigada costumbre de acatarlas pero no obedecerlas, quizá forjada durante la colonia cuando el rey se encontraba del otro lado del océano sin poder de vigilancia, la prohibición de producir seda, vino o naipes no fue observada eso no es muy lejano de la abundante venta de discos pirata, alcohol adulterado o documentos apócrifos actualmente, en ese sentido las leyes se ignoran olímpicamente sin que les quite el sueño.

Cuando se trata de las leyes físicas pareciera que son rígidas e inamovibles que además cae el peso de la ciencia y la historia, pero un vuelo en avión es apenas doblez de la gravedad, tenemos aire acondicionado para desafiar a la temperatura y algunas partículas que desafían la velocidad de la luz. Cuando se rompen las reglas en otras esferas también resulta interesante como el sonido 13 en la música o la cuarta pared del teatro, esas rupturas son una nueva oportunidad, es alentador ver nuevos caminos o posibilidades.

Logré romper varias reglas —muchas de etiqueta—, retorcer algunas como en los juegos y el lenguaje, y abrir nuevos caminos debo confesar que también he estado atrapado en barreras que se filtraron en mi inconsciente que me llevaron a tomar posturas demasiado rígidas respecto, por ejemplo, a mi resistencia, pensando que podía aguantar más que cualquier otra persona y actuando en consecuencia, muchas veces en detrimento de algún aspecto de mi persona. También he dado un peso exagerado a la justicia al punto de tener una paciencia infinita y una confianza que muchas personas consideran inadecuada y hasta peligrosa. Yo vivía haciendo múltiples actos de equilibrismo, si bien tengo mucho tiempo que intento vivir asimétricamente la verdad es que hay dos fuerzas dentro de mí —batman y el arcángel— de las que olvido su existencia y que, constantemente, buscan equilibrar los actos de su opuesto como si por cada fuego tuviera que pagar la emisión de carbono correspondiente, como si tuviera que dejar inalterado el equilibrio decadente del universo.

Es como si estuviera indeciso entre el deber y mis deseos, con un sentimiento enterrado que me impulsa a elegir el primero invariablemente, como si al descubrir esos anhelos me sintiera expuesto y lleno de culpa, una prisión que no me dejaba volar.

Quizá he tomado un papel que no me corresponde tratando de mejorar el universo, lo que es un error garrafal porque el mundo se va a desmoronar, tal vez no en la fecha prevista por los mayas, pero de que va a valer madre no tengo duda, así que no debería gastar energías en perseguir sueños ajenos, sin antes atrapar los míos que parecen inalcanzables y esa es la regla más difícil de romper.

Entropy

súbanse a Napoleón

Si todo esta controlado; es que no vas al limite

Ayrton Senna

Durante la semana pasada vi un maverick en la calle -incluyo la foto- y eso me recordó a Napoleón, que era un ford maverick 75 azul, con motor 302, doble carburador, headers, rines de aluminio y llantas 205/60, 4 velocidades al piso y dos puertas,  fue adquirido en la calzada del Hueso y ha sido el coche que del que más recuerdos he tenido, era una edición de aniversario que tenía desparramados detalles que lo dotaban de singularidad, como el tapón de gasolina, que no tenía llave sino que tenía dos argollas que lo aseguraban y que ocasionaba que muchas veces yo tuviera que bajar personalmente a cerrarlo porque el de la gasolinera no tenía la habilidad para hacerlo. El nombre se lo puso Gisela, lo bautizó con vodka Terenka de tan buena calidad que la mancha permaneció por siempre.

Hubo otras personas que lo manejaron, en una ocasión se descompuso de la cremallera, como el mecánico más cercano era el Mai -papá del Chore- lo llevé a reparar, al regresar de la escuela el auto no estaba, el Chore lo sacó a dar una vuelta con Paco, en otra ocasión fuimos a la boda de los papás de Ingrid, de regreso dejé que Juan manejara, en otra ocasión que fui con Felipe a la 10 me pidió las llaves para sacar algo, pero se fue a dar una vuelta con Chitzuet que estaba locamente prendida de él. Además enseñé a varias personas a manejar en él.

La mayor velocidad que alcancé con él fueron 178 km/h sobre el periférico cuando terminaba en Cuemanco, ese tramo era el lugar oficial de los arrancones, junto con calzada de las Bombas que estaba situado estratégicamente entre las delegaciones de Tlalpan y Coyoacán. También me tocó correr a la par de mis amigos Chucho y Lalito el primero en un fairmont y el segundo un atlantic, sobre calzada de la viga, casi llegando a Churubusco intenté obligar a Lalito a frenar al enfrentarlo con un ruta 100 que venía en contrasentido pero logró esquivarlo en el último momento. Un 14 de febrero cuando no dirigíamos ¡a bailar! las mujeres iban en el coche de Chucho y los hombres en el mío por cuestiones higiénicas,  íbamos jugando en el camino y una patrulla nos intentó detenernos, conseguí eludirla pero nos perdimos, al final terminamos encontrándonos casualmente el la cuevita, que era una vinatería sobre calzada de la viga, terminamos en el Cerro de la Estrella, atravesamos el cementerio y fuimos a las ruinas, regresamos con un letrero de zona arqueológica y los zapatos destruidos.

La limpieza del Napo no era frecuente, se podían encontrar muchas cosas bajo los asientos, el día que fui a visitar a mi amigo Carlitos cuando su casa era la única entre Cerro Cocuite y Cerro de Guadalupe mientras estuve con él mis amigos se dedicaron a sacar limpiar el carro, terminaron dejando un montón de basura apilado afuera de la casa de mi amigo. El mayor número de personas transportadas fueron 23, todos compañeros de la preparatoria mientras les daba un aventón al metro, nos detuvieron y tuvimos que juntar todas las monedas que teníamos para que nos dejaran ir. El mayor número dentro fueron 13 con 3 en la cajuela, 3 en el asiento del copiloto, 6 en la parte de atrás y yo sentado cómodamente manejando, fue en camino a una fiesta de Candelaria de los Patos a Santa Úrsula.

Era el transporte oficial a las fiestas y la única vez que una falla en su funcionamiento nos impidió a ir fue en una ocasión que se desprendió parte de la llanta de refacción donde inicia la calle de división del norte, enfrente del hotel Real del Sur, tuvimos que regresar a velocidad tortuga haciendo un escándalo monumental, en otra ocasión en una fiesta entre Ermita y Tláhuac se poncharon 2 llantas, pero aún así fuimos a la fiesta, de regreso tuvimos que dar varias vueltas a la vulcanizadora, y es que hubo una época en que las llantas estaban tan lisas que ya se les veía el aire, cada semana teníamos que cambiar una y llevarla a reparar, ya hasta calendario me daban, terminé vendiendo los rines para comprar unos rines y llantas regulares. Durante un tiempo se volvió adicto al thinner, en las mañanas no arrancaba si no le echaba un chorrito en el carburador, y algunas veces tuve que empujarlo para arrancarlo, porque aunque me encargaba de la parte mecánica, la parte eléctrica escapaba de mis capacidades. También durante una excursión a la Marquesa tuvo algunas fallas, Chucho se burlaba diciendo que se había convertido en un Datsun, se sobrecalentó y nos tuvimos que detener justo frente a la casa de Pedro Infante para buscar agua. Poco tiempo después cambié el motor por uno de un mustang 84, que probó ser efectivo en más de una fiesta de la que tuvimos que salir huyendo, como aquella en Xalpa donde salimos librados de flechas y balas.

La primera verificación fue en la calle de electricistas en un local de dudosa reputación el último día permitido tras una fila interminable. Yo fui un pionero en la lucha contra la contaminación tenía una calcomanía del hoy no circulo cuando era voluntario —yo tenía una del miércoles— finalmente fue general y me tocó el viernes, el peor día porque teníamos que esperar hasta las 10 para salir siempre la hora previa se convertía en una espera desesperante, y cuando salíamos los jueves teníamos que regresar antes de las 6 de la mañana, en una ocasión que fui con Chucho, Ingrid y el Chore a una fiesta en la 201 —escenario muy socorrido— se descompuso su auto así que lo empujamos hasta la casa de mi primo y regresamos caminando —siempre andábamos sin diniero— entonces tuve que manejar muy rápido para ir a dejar a Ingrid (al eje Centray y Cumbres del Maltrata) para alcanzar a regresar antes de las 6, claro que eso era absurdo porque corríamos más riesgo de que nos agarraran por exceso de velocidad.

Su sistema de sonido nunca funcionó muy bien, primero tenía un radio solamente, lo cambié por un aparato adquirido en el tianguis de periférico y el eje 6, pero solamente funcionó un día se detuvo mientras tocaba un casssette de Felipe durante la canción de Víctor Manuel “su boca”, desde entonces no solamente se negó a tocar otra cinta, el radio solamente captaba una estación aleatoria que muchas veces era mejor tenerla apagada, pero tenía un botón de turbo, la verdad era el encendedor que rara vez usaba -ya tenía perfeccionada la técnica de encender los cigarros con cerillos mientras manejaba- además tenía la costumbre de pisar el acelerador a fondo cada vez que lo utilizaba y no lo soltaba hasta que estaba listo, tenía que ser muy cuidadoso con mis amigos porque algunas veces hacían la broma de apretarlo y como tenía una reputación que cuidar.

La placa del coche era 600 BRR y abajo tenía una placa de México, que estaba ligeramente aplastada porque una vez salté el viaducto mientras iba sobre el eje central, alguna vez recorrí este mismo eje en sentido contrario y en otra ocasión cuando iba hacia el sur en el carril central de tlalpan cuando les pregunté si era la siguiente cuadra todos gritaron al unísono que no, eso solamente sirvió para que diera una vuelta dramática a la derecha atravesándome a todos los coches para entrar en Xola, en sentido contrario, y rebasar un par de trolebuses hasta que tuve que subirme a la banqueta para evadir a los coches que venían de frente. Algunas veces le preguntaba al copiloto si izquierda o derecha, para sorprenderlo con una volantazo en esa dirección, la sorpresa duró muy poco. Como tenía muy medido el carro, conseguía hacer maniobras muy exactas, ahí sí se asustaban cuando pasaba a gran velocidad por un lugar que ellos consideraban muy estrecho o al evadir por pulgadas un ruta 100

Pero sí hubo accidentes, uno de ellos fue con la base de un tráiler de los que transportaba un circo que se ponían en la calle de Santana justo en la calle que llega al Bachilleres 4, con tan mala suerte que la base empujó a otra y terminó incluso dañando un carrito de feria, desde entonces el faro del lado derecho apuntaba ligeramente hacia arriba y a la derecha, lo que era una ventaja para leer los letreros viales, otro accidente menor fue un golpe que recibí de un trolebús luego de rebasarlo y cerrármele al dar una vuelta, finalmente sobre tlalpan, de nuevo hacia el sur, en el puente del eje 7, había arena seguramente de algún camión de redilas y al frenar el coche se fue deslizando lenta e inevitablemente para abollar la defensa de un vocho, esa vez sí pagué.

Tuvo una visita desafortunada a un corralón, por intentar llevar a los nuevos amigos de Felipe a un billar, solamente los dejaban entrar al círculo 33 así que dejé estacionado mi coche en una calle aldeaña, frente a un poste que tenía un letrero de no estacionarse estratégicamente situado a 10 metros de altura, justo para escapar de la vista. Luego de muchas llamadas infructuosas a los corralones tuve que seguir mis instintos para encontrarlo, los instintos probaron ser efectivos y lo encontré en el primero que visité —el que está en cerca de avenida del Taller y San Antonio Abad— en los registros las placas estaban equivocadas y el color también. Durante una visita al señor Starky —Fernando Estrella— en la que su esposa estaba escuchando un disco de Celio González con la Sonora Matancera, cuando comencé a cantar mis amigos quedaron sorprendidos que me supiera todas las canciones —herencia materna— al salir me di cuenta que habían intentado abrir la cajuela, pero solamente lograron destruir la chapa durante muchos días subsecuentes —convirtiéndose en meses— tuve que abrir la cajuela con un desarmador.

Siempre fue muy democrático, se subieron todo tipo de personas familia, amigos y enemigos, amores y desamores, solamente una persona se negó a subirse, siempre usábamos su auto —un spirit verde— o el de su hermano, pero tenía que dejar a Napoleón para que el jardinero lo lavara para que nadie se escandalizara con su estado. Pero creo que su estado nunca impidió que se subieran, solía visitar la secundario 79 e invitar a dar una vuelta a las que iban saliendo, nunca faltaba una que se subiera. Incluso en una única ocasión se subió Olivia —de la que recibí más rechazos y la que ocasionó más burlas— pero también fue escenario de besos apasionados y discusiones violentas. Como solía ser el que iba a dejar a todos a sus respectivas casas el camino de regreso lo usaba para reflexionar al respecto de lo ocurrido.

Me parece que la entrada se alargó más de lo esperado, y se podría extender mucho más con más episodios y más detalles, creo que fue lo más cercano a tener un caballo, después de Napoleón tuve otros carros de la misma marca, el último llamado Napoclón pero nunca fue igual.

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de fresa por favor

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa

Rubén Darío

La fresa no es una fruta sino un racimo deforme que expone múltiples frutos, como no es una fruta no me debería sorprender que no estuviera presente cuando íbamos a comprar fruta al mercado, era mucho más común encontrar sandía, melón papaya (la amarilla antes de que fuera más común la maradol), plátanos o manzanas, claro que no tuve que esperar a cumplir 22 años para probarlas -a diferencia de las peras- ocasionalmente había fresas con crema a las que generalmente se les añadía azúcar o leche condensada para disminuir su acidez.

Recuerdo en mi infancia, luego de una excursión a Chapultepec, fuimos a comprar hamburguesas y por primera vez la acompañé con una malteada de fresa, también al salir de una consulta médica probé por primera vez un helado flotante, no exactamente el sabor más clásico: helado de fresa con peñafiel de limón, pero resultó una gran elección, hasta como para repetirlo. Durante una peregrinación, en una fría madrugada se me ocurrió pedir un esquimo de fresa, que resultó muy difícil de consumir, podía incluso voltear el vaso sin derramar el líquido, no es la mejor bebida en tiempos de frío.

Durante mi estancia en la Facultad de Ciencias fuimos a Guanajuato —el estado— y nos hospedamos en la ciudad del mismo nombre para hacer una práctica de campo en Silao —ciudad que conocía bastante— convencí a 4 de mis compañeros de ir en tren y regresar en camión, pasando por Irapuato, la capital fresera, de ida calculé mal y llegamos demasiado temprano —yo contaba con que el tren se iba a retrasar— así que tuvimos que esperar a la vuelta para conseguir las fresas con crema pero como estaban reparando el centro tuvimos que dar una gran vuelta para encontrar un puesto abierto. También fue una parada obligada de regreso de mi luna de miel, ahora fue para comprar una canasta a la orilla de la carretera. La misma parada fue en el último viaje con mi papá, un par de meses antes de que muriera.

#YoConfieso que lo mejor de mi viaje a Puerto Vallarta fue el desayuo de fresas salteadas con huevo, también que alguna vez hice la mamona combinación de champagne con fresas y que es el último sabor que pido cuando compro un licuado y que en muy raras ocasiones compro solamente la fruta, digamos en el mercado.

Y hay numerosos productos que tienen a la fresa como sabor, yogur, mermelada, relleno cremosito, cobertura de pastel, hasta las famosas picafresas es como si fuera el sabor más común entre los productos artificiales.

A mi parecer las fresas han sido sobrevaloradas porque siempre hay un sabor mejor: en los licuados el de mamey no tiene comparación, para los helados de vainilla, los esquimos de rompope, y hasta los plátanos fritos con crema están mejor y así se pueden seguir enumerando casos.

Claro que la palabra fresa también tiene otro significado, es equivalente a pijo en España, Cheto en Argentina, pituco en Perú, cuicos en Chile, o sifrinos en Venezuela; y entonces las fresas están aún más sobrevaloradas, por ellas mismas, y en ambos casos, conforme pasa el tiempo, es un sabor que va quedando fuera de mis preferencias.

Fresas con crema