súbanse a Napoleón

Si todo esta controlado; es que no vas al limite

Ayrton Senna

Durante la semana pasada vi un maverick en la calle -incluyo la foto- y eso me recordó a Napoleón, que era un ford maverick 75 azul, con motor 302, doble carburador, headers, rines de aluminio y llantas 205/60, 4 velocidades al piso y dos puertas,  fue adquirido en la calzada del Hueso y ha sido el coche que del que más recuerdos he tenido, era una edición de aniversario que tenía desparramados detalles que lo dotaban de singularidad, como el tapón de gasolina, que no tenía llave sino que tenía dos argollas que lo aseguraban y que ocasionaba que muchas veces yo tuviera que bajar personalmente a cerrarlo porque el de la gasolinera no tenía la habilidad para hacerlo. El nombre se lo puso Gisela, lo bautizó con vodka Terenka de tan buena calidad que la mancha permaneció por siempre.

Hubo otras personas que lo manejaron, en una ocasión se descompuso de la cremallera, como el mecánico más cercano era el Mai -papá del Chore- lo llevé a reparar, al regresar de la escuela el auto no estaba, el Chore lo sacó a dar una vuelta con Paco, en otra ocasión fuimos a la boda de los papás de Ingrid, de regreso dejé que Juan manejara, en otra ocasión que fui con Felipe a la 10 me pidió las llaves para sacar algo, pero se fue a dar una vuelta con Chitzuet que estaba locamente prendida de él. Además enseñé a varias personas a manejar en él.

La mayor velocidad que alcancé con él fueron 178 km/h sobre el periférico cuando terminaba en Cuemanco, ese tramo era el lugar oficial de los arrancones, junto con calzada de las Bombas que estaba situado estratégicamente entre las delegaciones de Tlalpan y Coyoacán. También me tocó correr a la par de mis amigos Chucho y Lalito el primero en un fairmont y el segundo un atlantic, sobre calzada de la viga, casi llegando a Churubusco intenté obligar a Lalito a frenar al enfrentarlo con un ruta 100 que venía en contrasentido pero logró esquivarlo en el último momento. Un 14 de febrero cuando no dirigíamos ¡a bailar! las mujeres iban en el coche de Chucho y los hombres en el mío por cuestiones higiénicas,  íbamos jugando en el camino y una patrulla nos intentó detenernos, conseguí eludirla pero nos perdimos, al final terminamos encontrándonos casualmente el la cuevita, que era una vinatería sobre calzada de la viga, terminamos en el Cerro de la Estrella, atravesamos el cementerio y fuimos a las ruinas, regresamos con un letrero de zona arqueológica y los zapatos destruidos.

La limpieza del Napo no era frecuente, se podían encontrar muchas cosas bajo los asientos, el día que fui a visitar a mi amigo Carlitos cuando su casa era la única entre Cerro Cocuite y Cerro de Guadalupe mientras estuve con él mis amigos se dedicaron a sacar limpiar el carro, terminaron dejando un montón de basura apilado afuera de la casa de mi amigo. El mayor número de personas transportadas fueron 23, todos compañeros de la preparatoria mientras les daba un aventón al metro, nos detuvieron y tuvimos que juntar todas las monedas que teníamos para que nos dejaran ir. El mayor número dentro fueron 13 con 3 en la cajuela, 3 en el asiento del copiloto, 6 en la parte de atrás y yo sentado cómodamente manejando, fue en camino a una fiesta de Candelaria de los Patos a Santa Úrsula.

Era el transporte oficial a las fiestas y la única vez que una falla en su funcionamiento nos impidió a ir fue en una ocasión que se desprendió parte de la llanta de refacción donde inicia la calle de división del norte, enfrente del hotel Real del Sur, tuvimos que regresar a velocidad tortuga haciendo un escándalo monumental, en otra ocasión en una fiesta entre Ermita y Tláhuac se poncharon 2 llantas, pero aún así fuimos a la fiesta, de regreso tuvimos que dar varias vueltas a la vulcanizadora, y es que hubo una época en que las llantas estaban tan lisas que ya se les veía el aire, cada semana teníamos que cambiar una y llevarla a reparar, ya hasta calendario me daban, terminé vendiendo los rines para comprar unos rines y llantas regulares. Durante un tiempo se volvió adicto al thinner, en las mañanas no arrancaba si no le echaba un chorrito en el carburador, y algunas veces tuve que empujarlo para arrancarlo, porque aunque me encargaba de la parte mecánica, la parte eléctrica escapaba de mis capacidades. También durante una excursión a la Marquesa tuvo algunas fallas, Chucho se burlaba diciendo que se había convertido en un Datsun, se sobrecalentó y nos tuvimos que detener justo frente a la casa de Pedro Infante para buscar agua. Poco tiempo después cambié el motor por uno de un mustang 84, que probó ser efectivo en más de una fiesta de la que tuvimos que salir huyendo, como aquella en Xalpa donde salimos librados de flechas y balas.

La primera verificación fue en la calle de electricistas en un local de dudosa reputación el último día permitido tras una fila interminable. Yo fui un pionero en la lucha contra la contaminación tenía una calcomanía del hoy no circulo cuando era voluntario —yo tenía una del miércoles— finalmente fue general y me tocó el viernes, el peor día porque teníamos que esperar hasta las 10 para salir siempre la hora previa se convertía en una espera desesperante, y cuando salíamos los jueves teníamos que regresar antes de las 6 de la mañana, en una ocasión que fui con Chucho, Ingrid y el Chore a una fiesta en la 201 —escenario muy socorrido— se descompuso su auto así que lo empujamos hasta la casa de mi primo y regresamos caminando —siempre andábamos sin diniero— entonces tuve que manejar muy rápido para ir a dejar a Ingrid (al eje Centray y Cumbres del Maltrata) para alcanzar a regresar antes de las 6, claro que eso era absurdo porque corríamos más riesgo de que nos agarraran por exceso de velocidad.

Su sistema de sonido nunca funcionó muy bien, primero tenía un radio solamente, lo cambié por un aparato adquirido en el tianguis de periférico y el eje 6, pero solamente funcionó un día se detuvo mientras tocaba un casssette de Felipe durante la canción de Víctor Manuel “su boca”, desde entonces no solamente se negó a tocar otra cinta, el radio solamente captaba una estación aleatoria que muchas veces era mejor tenerla apagada, pero tenía un botón de turbo, la verdad era el encendedor que rara vez usaba -ya tenía perfeccionada la técnica de encender los cigarros con cerillos mientras manejaba- además tenía la costumbre de pisar el acelerador a fondo cada vez que lo utilizaba y no lo soltaba hasta que estaba listo, tenía que ser muy cuidadoso con mis amigos porque algunas veces hacían la broma de apretarlo y como tenía una reputación que cuidar.

La placa del coche era 600 BRR y abajo tenía una placa de México, que estaba ligeramente aplastada porque una vez salté el viaducto mientras iba sobre el eje central, alguna vez recorrí este mismo eje en sentido contrario y en otra ocasión cuando iba hacia el sur en el carril central de tlalpan cuando les pregunté si era la siguiente cuadra todos gritaron al unísono que no, eso solamente sirvió para que diera una vuelta dramática a la derecha atravesándome a todos los coches para entrar en Xola, en sentido contrario, y rebasar un par de trolebuses hasta que tuve que subirme a la banqueta para evadir a los coches que venían de frente. Algunas veces le preguntaba al copiloto si izquierda o derecha, para sorprenderlo con una volantazo en esa dirección, la sorpresa duró muy poco. Como tenía muy medido el carro, conseguía hacer maniobras muy exactas, ahí sí se asustaban cuando pasaba a gran velocidad por un lugar que ellos consideraban muy estrecho o al evadir por pulgadas un ruta 100

Pero sí hubo accidentes, uno de ellos fue con la base de un tráiler de los que transportaba un circo que se ponían en la calle de Santana justo en la calle que llega al Bachilleres 4, con tan mala suerte que la base empujó a otra y terminó incluso dañando un carrito de feria, desde entonces el faro del lado derecho apuntaba ligeramente hacia arriba y a la derecha, lo que era una ventaja para leer los letreros viales, otro accidente menor fue un golpe que recibí de un trolebús luego de rebasarlo y cerrármele al dar una vuelta, finalmente sobre tlalpan, de nuevo hacia el sur, en el puente del eje 7, había arena seguramente de algún camión de redilas y al frenar el coche se fue deslizando lenta e inevitablemente para abollar la defensa de un vocho, esa vez sí pagué.

Tuvo una visita desafortunada a un corralón, por intentar llevar a los nuevos amigos de Felipe a un billar, solamente los dejaban entrar al círculo 33 así que dejé estacionado mi coche en una calle aldeaña, frente a un poste que tenía un letrero de no estacionarse estratégicamente situado a 10 metros de altura, justo para escapar de la vista. Luego de muchas llamadas infructuosas a los corralones tuve que seguir mis instintos para encontrarlo, los instintos probaron ser efectivos y lo encontré en el primero que visité —el que está en cerca de avenida del Taller y San Antonio Abad— en los registros las placas estaban equivocadas y el color también. Durante una visita al señor Starky —Fernando Estrella— en la que su esposa estaba escuchando un disco de Celio González con la Sonora Matancera, cuando comencé a cantar mis amigos quedaron sorprendidos que me supiera todas las canciones —herencia materna— al salir me di cuenta que habían intentado abrir la cajuela, pero solamente lograron destruir la chapa durante muchos días subsecuentes —convirtiéndose en meses— tuve que abrir la cajuela con un desarmador.

Siempre fue muy democrático, se subieron todo tipo de personas familia, amigos y enemigos, amores y desamores, solamente una persona se negó a subirse, siempre usábamos su auto —un spirit verde— o el de su hermano, pero tenía que dejar a Napoleón para que el jardinero lo lavara para que nadie se escandalizara con su estado. Pero creo que su estado nunca impidió que se subieran, solía visitar la secundario 79 e invitar a dar una vuelta a las que iban saliendo, nunca faltaba una que se subiera. Incluso en una única ocasión se subió Olivia —de la que recibí más rechazos y la que ocasionó más burlas— pero también fue escenario de besos apasionados y discusiones violentas. Como solía ser el que iba a dejar a todos a sus respectivas casas el camino de regreso lo usaba para reflexionar al respecto de lo ocurrido.

Me parece que la entrada se alargó más de lo esperado, y se podría extender mucho más con más episodios y más detalles, creo que fue lo más cercano a tener un caballo, después de Napoleón tuve otros carros de la misma marca, el último llamado Napoclón pero nunca fue igual.

Maverick ozz5 Pyt2

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el diciembre 10, 2012 en Adolescencia, Amigos, Amor, Biografía y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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