Archivos Mensuales: marzo 2013

antecedentes no penales

No hay secreto mejor guardado que aquel que todos conocen.
George Bernard Shaw

Cuando hice la solicitud de VISA de trabajo para Brasil me pidieron una carta de no antecedentes penales que se tramita en la calle de Xola, en el múmero 324 en contra esquina del Cine Continental famoso por proyectar películas de Disney.

Entonces imaginé que podría existir un registro que tuviera, por ejemplo, una descripción de los asaltos cometidos al Sears de Plaza Universidad cuando tenía 6 años, o el robo de una llave de un pinball algunos años después.

Quizá podría mencionar que manejaba un auto a los 12 años, o que asistía regularmente al billar a partir de los 13 años y a algunos bares a lo quince. Mi compra de cigarros siendo menor de edad debería quedar registrada en los antecedentes de los tenderos.

Las copias de respaldo de software nunca han sido bien vistas, y supongo que mucho menos el uso de generadores de claves, la modificación del mismo software, quizá estuviera listada la modificación del derive  —usando ensamblador— para que cupiera en un disco de 5¼ O por adquirir programas con un marchante en la plaza de la computación que podía guardar su puesto en apneas unos minutos si la policía estaba a la vista. Y en la misma plaza de la computación, probar el mecanismo de expulsión usando la consola de configuraciónq que salía con una combinación de teclas en aquellos cajeros automáticos que tenían unas teclas de plástico de colores —duraron muy poco—. O lo que hice con las hojas de cálculo de nuestro sistema se seguridad social o quizá el acceder a quitar una barreras en un documento oficial.

La policía de tránsito podría tener un registro del número de luces rojas no respetadas —el número mínimo serían los semáforos de insurgentes— o el tránsito en sentido contrario en Xola y el eje Central. Las veces manejando bajo la influencia —la mala influencia de mis amigos— o cruzando los ejes viales al todo por el todo —en calles perpendiculares sin semáforo a toda velocidad y sin voltear.

Además de las multas de tránsito podrían estar las faltas a la moral —un una menor de edad—, la universidad tiene autonomía por lo que no cuentan las ocurridas en el campus, pero sí las que fueron solamente en las afueras como en el parque del Dr. Margain.

Y en épocas universitarias el secuestro de autobuses podría estar considerado, tal vez el desfilar con una antorcha no sea tan adecuado, marchar, bloquear calles o protestar; al menos viendo lo último que ocurrió en el cambio de poder.

Transferir, reproducir y copiar música no es del agrado de muchas compañías, mucho menos conseguir el más reciente capítulo de tu serie favorita o una película que no pudiste ver en el cine, para no tener que esperar al DVD o Blu-Ray por algo han echo tantas campañas en contra de los sitios que lo permiten.

Pero resulta que no tengo ningún antecedente. Quizá porque mi mayor crimen ha sido traicionarme.

Negamos lo que no dijimos.

cambio climático

Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.

La Rayuela – Julio Cortázar

El día en que nací comenzó siendo caluroso casi toda la mañana para tornarse un día de viento y polvo por la tarde culminando con una lluvia por la noche, parece que solamente faltó el frío que ha sido mi clima preferido por mucho tiempo. Pero durante mi infancia cualquier cambio en el clima impactaba directamente en mis amígdalas, me enfermaba cada dos semanas, algunas veces por el frío, otras por el calor y, por supuesto, la lluvia, llegué a odiar las inyecciones, no tanto por el dolor sino porque no me podía quedar quieto, “flojito” como me decía, solía tener reacciones nerviosas, alguna vez doblé la aguja por apretar las nalgas, pero no tengo problemas cuando me inyectan y yo puedo ver la aguja. Pero una vez que me quitaron las anginas no me enfermé en más de 10 años.

Descubrí entonces el placer que era pasar, jugar o correr bajo la lluvia, siempre me preguntaba si haría una diferencia caminar o correr, no para mojarse menos sino para que las gotas fueran diferentes más benignas o mágicas, como si ese baño tuviera algo de benéfico. Contrario al calor, que lo único que hacía era incomodarme un poco, hacerme sudar mucho y, algunas veces, ocasionar que mi nariz sangrara, recuerdo que Felipe me acompañaba a las tortillas hasta la calle de los Apaches y la salud, durante el verano regresaba sangrando, me detenía en su casa para limpiarme con la llave que estaba justo en su patio; esa aversión al calor me acompañõ mucho tiempo, muchas veces decía que me iba a divertir mucho cuando el sol se apagara. Aún recuerdo aquel 3 de mayo del 83 en el que la temperatura alcanzó los 33 grados, íbamos acompañando a mi mamá y pasamos a comer a un Kentocky (antes de que fueran KFC) lo único que disfruté fue la ensalada.

Recuerdo regresar ir a la secundaria mientras llovía y regresar aún con una lluvia pertinaz, cuando en tiempo de lluvia la misma era mucho más abundante, al menos duradera, ese día me tocó ir por un pastel y no me llevé paraguas, bastó una bolsa pero me resbalé y, si bien no sufrió por el agua quedó aplastado. Tuve que regresar por más dinero y algo para cubrirme e ir con la calma debida. En unas vacaciones en San Juan del Río, durante el regreso se desató una tormenta que impidió a mi madre seguir manejando en carretera, nos tuvimos que orillar. Cuando abrían el ISSSTE de Miramontes las 24 horas, una vez que fui a las 5 de la mañana le robaron los limpiaparabrisas a mi carro -Napoleón- así que durante un año usaba una bolsita de detergente para ponerle al parabrisas para tener algo de visión, cuando me preguntaban “¿a poco puedes ver?” yo siempre contestaba lo mismo: no.

En la universidad solamente llegaba temprano los días que amanecían nublados, lloviendo o muy fríos, sentía que ese frío en las mejillas me llenaba de vigor, y nunca usaba una prenda para protegerme, alguna vez tuve una chamarra impermeable pero la usaba en raras ocasiones, jamás hizo un frío que justificara su uso. Cuando fui a Toronto veía a las demás personas con chamarra, bufanda, guantes, orejeras y yo ni suéter tenía, pero unos día que regresaba de un karaoke donde tomé unos whiskies comenzó un aire fuerte mezclado con lluvia, como regresaba de noche solamente las rutas nocturnas estaban funcionando, tuve que caminar bastante y todavía me detuve en una cabina para hablar por teléfono, cuando comenzó a caer lo que le llaman flurry ese día sí sentí frío y lo peor fue que al regresar olvidé cerrar la ventana, amanecí con mormado pero me compuse durante el día. La nieve siempre me ha eludido.

Ahora que vivo en un clima tropical y que los días son caluroso aunque desde mi ventana tenga espectáculos como el de abajo, día en que se convirtió en el día con más tráfico en São Paulo, aquí no hace frío, algunas veces la temperatura desciendea 12° y todos usan chamarra. Tengo miedo de haber perdido mi resistencia al frío y que cuando me toque enfrentarme a algún clima adverso no lo aguante, pero supongo que eso no lo sabré pronto.

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Pero estoy seguro de que siempre seguiré disfrutando la lluvia, el caminar lentamente disfrutando mientras las ropas se empapan, como un bautismo que me permita emerger como alguien nuevo, cuando camino en un chubasco  me imagino cantando no la famosa rola de Gene Kelly, tampoco lo que cantaban Pedro Infante y Luis Aguilar sobre las motos  sino algo más personal: