Archivos Mensuales: agosto 2013

Gestos y opiniones del Doctor Peyot

La patafísica es la ciencia de las soluciones imaginarias

Alfred Jarry

Dicen que a las personas las conocemos por sus actos y no por sus palabras, pero creo ni siquiera la combinación de ambas alcanza para entender lo que pasa por la mente de esa persona.

Cuando tomaba clases de inglés un par de maestros que me dieron clase en distintas ocasiones comenzaron a discutir al respecto de mí, de mi actitud y comportamiento en clase, fue una discusión tirante en la que solamente se pudieron poner de acuerdo en mi desempeño, cuando le preguntaron a mi entonces profesor respecto a mí les dio otra versión. y ninguno estaba equivocado.

En una clase me preguntaron mi opinión de la filosofía de San Agustín de HIpona, como me encontraba somnoliento no di una respuesta académica, solamente expresé lo que pensaba en verdad, medio salón lucía perplejo, cuando terminé de responder la maestra me miró a los ojos y me preguntó “¿en verdad piensas eso?”

En algún momento de mi infancia, al intentar explicar la parentela política, usé a una niña como ejemplo para explicar que el esposo de su tía —la hermana de su padre— era su tío político porque en verdad no era su tío, coincidentemente ella era hija putativa, fui acusado de insensible.

Una tarde estaba en un café de Coyoacán en Jardín Centenario platicando con una amiga y se acercaron a ofrecerme unos panfletos mientras daban sus discursos acerca de su condición con VIH y de cómo estaban recabando dinero honradamente, yo les señalé que me gustaban mucho más los panfletos anteriores, los que tenían información, datos estadísticos y las últimas noticias acerca de la enfermedad; que quizá el cambio a poemas cursis lograra el efecto de ablandar el corazón y quizá obtendrían algo más de dinero pero seguramente no ayudaba mucho en el cambio de mentalidad. Fui tachado de homofóbico y, aunque desconozco la razón, no volví a salir con mi amiga.

En una fiesta en casa de Azul, su amigo Afi estaba despotricando en contra de mi amada ciudad y alabando la regalada vida de su natal Tehuacán, yo estaba pensando seriamente llevarlo de visita al bordo de Xochiaca pero terminé dándole un aventón —no de tripas— y una patrulla nos detuvo luego de avanzar una corta distancia, huelga decir que había bebido copiosamente. Tenía pintadas en el dorso de las manos un par de cruces de color negro y rojo y portaba una gabardina negra. Bajé del auto para tener más espacio para conversar, les dije la verdad que venía de una fiesta, que había tomado demasiado y que las marcas que tenía pintadas eran para evitar que le hiciera daño a alguien, parece que mi sinceridad logró que me dejaran ir, aunque también se notaba algo de miedo.

En la preparatoria tuve la idea de tener varias camisas iguales —rayas verticales, unas con rayas grises y otras con rayas rosas— y como las usaba un día tras otro parecía que siempre estaba vestido igual, parece que este atuendo combinado con mi peinado y mi constante dormitar en clase me otorgaron la categoría de perdido en las drogas.

Cuando tenía el cabello largo solía sostenerlo con esas donitas de tela, mis colores favoritos eran el lila y el rosa —ambos pastel— lo que solía despertar sospechas sobre mis inclinaciones sexuales aunque solamente en una ocasión me preguntaron directamente, también tenía unos converse lilas y unos azul turquesa —jamás pude conseguir rosas de mi número— generalmente usaba un color diferente para cada pie, cuando alguien me hacía la observación siempre le respondía: “y en mi casa tengo un par igual”.

Me gustaba ir al tianguis del Chopo vestido de traje, me divertía mucho recibir el mismo tipo de discriminación del que tanto se quejaban los asistentes regulares, incluso algunas veces agregaba unos comentarios contra Kurt Cobain para condimentar aún más la situación.

Un día fui a comer con mi entonces novia y una amiga de ella a una cocina que estaba a unos pasos del metro Copilco, la comida corrida incluía una jarra de agua, pero yo no pedí la comida corrida sino unas enchiladas, cuando me negué a tomar un vaso del agua que les habían traído con su comida su amiga me acusó de rígido.

Mientras estudiaba el 4 semestre de alemán en el CELE mi maestra Laura salió de viaje y fue sustituida por una maestra nacida en la selva negra Ilse Heckel, quien luego de un par de clases me dijo que no tenía perdón de dios, varias cosas de las que pasaron durante el curso merecen una mención aparte, pero al final de curso, luego de observar mi examen y mi calificación —solamente Perla y yo sacamos 10— me preguntó por lo que estaba estudiando seguramente buscando alguna explicación, cuando le contesté que Actuaría me dijo que seguramente yo era muy ordenado, solamente sonreí.

Muchas veces pensaba que mi imagen estaba fragmentada y que la verdad de mi persona estaba repartida entre amigos y enemigos. Quizá esta herencia también exista porque nadie va a recolectar los pedazos.

donitas converse

la clásica

En verdad, si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco.

Piotr Ilich Tchaikovski

El término de música clásica es extraño, tan extraño que puede usarse para definir música que es posterior a la invención del término, puede referirse a la música culta o a un período específico pero creo que el término no me gusta porque parece una etiqueta que termina segregándola. Yo crecí al principio muy alejado de ella, salvo algunas veces en el radio y uno que otro disco de mi abuelo la música que escuchaba cotidianamente era variada, guapachosa si venía de mi madre, sesentera si era de unos tíos, santanera de los otros, hasta el jazz anda por ahí.

Hasta la secundaria conocí un poco de las historia de la música, y la frecuente asistencia a conciertos por un par de puntos en la calificación me fueron mostrando un poco de lo que existía, eso combinado con la enciclopedia salvat de grandes compositores que compró mi padre fueron completando mis primeros pasos, en ese mundo, que vendría a florecer presenciando los ensayos de la Ofunam de a grapa por supuesto. Solamente que no solía compartir ese gusto con muchas personas, en parte por esa barrera impuesta por el nombre.

Ahora lo más importante es lo que hace sentir la música, lo demás pasa a un plano mucho menor. y hay muchas piezas que provocan reacciones poderosas, que incluyen un malestar que culminó en vómito y me obligó a permanecer en el baño de la sala de conciertos. Una tristeza que parece que te despellejaran el alma o un bienestar que te ayuda a salir del oscuro pozo de la depresión.

Soy un lego en el aspecto musical, algunas veces tuve conversaciones con etnomusicólogos que se mostraban reacios a responder —o al menos considerar— algunas de mis preguntas, porque yo creo que en el caso de la música clásica que ha sido interpretada en innumerables ocasiones por múltiples ejecutantes, existen más elementos para distinguir los matices y elegir los favoritos; estas razones pueden resultar insólitas para otras personas.

Por eso disfruté encontrar algunos interlocutores con los que disfrutaba ese intercambio de opiniones. Por ejemplo conocía a un amigo en una fiesta donde los baños quedaron fuera de circulación porque los ocupantes se negaban a salir: el primero debido era una mujer despechada llorando y el segundo otro conocido dormido —ambos borrachos— si bien ese fue el primer tema de conversación, 2 semanas después lo encontré en el Tower Records que estaba en la calle de NIza, ¡ambos estábamos buscando lo mismo! era la interpretación de Kyung Wha Chung que ambos teníamos curiosidad de escuchar.  Con el tuve la oportunidad de conversar ampliamente acerca de las diferentes interpretaciones existentes de compartir algunas grabaciones, solíamos encontrarnos en la misma tienda para ver las novedades.

También tuve múltiples intercambios con aspirante que abandonó sus sueños musicales a cambio de una vida con mayor status social, es una lástima porque tenía la impresión de que ella entendía perfectamente las opiniones que tenía al respecto de ciertas piezas, quizá hasta podría aventurar que las consideraba fascinantes.

Este post fue generado por una respuesta de un tweet que mandé que incluía una foto de Maurice Ravel, la siguiente selección es como una pequeña muestra de ese universo. Recuerdo una frase de Melora Creager que traduzco libremente: para aquellos que tienen la mente cerrada a la música clásica ábranlas como flor por la mañana y solamente les dolerá por un minuto.

pásele joven

Oh Denny’s, no la hagas de Toks en Wings, to Vips or not to Vips, that’s the Woolworth

– Botellita de Jerez

En algún momento de la vida tenemos la opción de elegir en dónde comer, bueno tal vez existan personas cuyas comidas hayan sido siempre caseras pero en mi caso me he enfrentado a esa decisión en muchas ocasiones y los factores que tomo en cuenta para esa elección son diversos.

Yo creo firmemente en la premisa de que el cliente es la parte más importante de un negocio —aunque no siempre tenga la razón— pero además estoy interesado en recibir un buen servicio y un buen producto, cuando lo consigo me convierto en un cliente asiduo, y como soy fácilmente reconocido por mi fisonomía todo lo que haga será recordado seguramente y habrá un impacto en la próxima visita.

Nunca he sido el comensal melindroso que pide un plato sin algo en particular, como mi madre que no le gusta la cebolla cruda y que con frecuencia pedía enchiladas pero sin cebolla o mi amigo ahora llamado DiceKiller que siempre que pedíamos tortas él pedía que no le incluyeran diferentes ingredientes. Jamás pido un cambio, y acepto gustosamente las alternativas que me ofrecen cuando algo del menú se terminó, todo esto porque quiero ayudarlos a que me atiendan mejor, algunas veces detalles como esos pueden hacer una gran diferencia.

En algunas vacaciones a Acapulco con mis abuelos maternos me di cuenta como la mesera atandía a mi abuelo Luis, le ofrecía un plato de sopa generosamente servido, y le ofrecía el platillo que más le gustaba, lo atendía como rey y eso lo hacía sentirse ufano. Creo que observándola aprendí no solamente una forma de ser buen mesero sino también de ser buen cliente.

Por ejemplo en el caso de los puestos de tortas cuando empezaron a ser supertortas, aprovechando mis gustos que algunos llaman bizarros, cuando pedía de huevo con queso blanco, o de puro queso o algún otro ingrediente menos caro —al contrario de los que piden milanesa— el pedido era bienvenido y atendido con gusto. Solía desayunar jugo de zanahoria y un vaso de papaya —que no era tapatía— y establecí una relación de confianza con mi marchante, cuando tenía mucha gente le decía que no importaba si lo completaba con jugo de naranja, le conseguí empleo a su sobrina y comerciábamos con artículos de segunda mano, a cambia ya tenía listo mi pedido si llegaba tarde y, si había muchas personas, me lo entregaba sin decir palagra y yo le daba el cambio exacto así no perdía tiempo, también me avisaba cuando había mandarinas o ciruelas especialmente buenas, me preparaba antigripales cuando lo necesitaba y alguna vez rescató una credencial que se escapó del portacredenciales con yoyo.

Muchas veces elijo algún local que está vacío, invariablemente aparecen clientes después, esa la magia la sigo portando, aún por estos lares. La última vez hace 2 semanas en un restaurante chino en una calle escondida, un domingo por la noche, cuando esa magia es percibida por el dueño del establecimiento sin falta recibo un trato especial. Un par de ellos me lo ha dicho directamente, uno incluso me sorprendió eximirme del pago de mi cuenta.

Había una taquería en cafetales, entre Calzada de ls Bombas y Calzada del Hueso, muy cerca de unas hamburguesas muy famosas pero con un atendimiento deficiente, la primera vez que fuimos había apenas otro grupo cenando, el dueño nos pidió que nos quedáramos más tiempo porque sospechaba que los otros querían asaltarlo, esperamos a que los otros se fueran, desde entonces recibimos un trato preferencial.

También he frecuentado otra clase de establecimientos donde el trato es bueno pero se puede extinguir si la propina no es suficiente, siempre que voy a esos lugares procuro apartar hasta un 15% más en caso de que el servicio sea especial, en los casos que sucede también se establece es vínculo aunque sin esa camaradería y confianza del marchante.

Merece un apartado especial el trato en los bares o cantinas, donde lo que más importa es el servicio o la botana, porque la bebida es igual en todos lados, algunas veces los meseros te hacen quedar bien cuando vas en plan de negocios o en plan romántico, puedes recibir un trato regio en esos lugares.

Me parece que en general el servicio ha decaído, o al menos los que tienen vocación de servicio han sido desplazados por personas que necesitan el empleo. Durante mis viajes alrededor de la República —en lugares en los que no me podía convertir en cliente regular— he recibido diversos tratos, desde tener que esperar más de una hora por servicio, recibir escarnio por mi chilanguez, o un trato casi de familia, quisiera hacer una mención especial al trato recibido en el restaurante Balcones del Ángel donde he recibido el mejor trato de mis viajes.

Y por acá ya también tengo mis lugares favoritos.