pásele joven

Oh Denny’s, no la hagas de Toks en Wings, to Vips or not to Vips, that’s the Woolworth

– Botellita de Jerez

En algún momento de la vida tenemos la opción de elegir en dónde comer, bueno tal vez existan personas cuyas comidas hayan sido siempre caseras pero en mi caso me he enfrentado a esa decisión en muchas ocasiones y los factores que tomo en cuenta para esa elección son diversos.

Yo creo firmemente en la premisa de que el cliente es la parte más importante de un negocio —aunque no siempre tenga la razón— pero además estoy interesado en recibir un buen servicio y un buen producto, cuando lo consigo me convierto en un cliente asiduo, y como soy fácilmente reconocido por mi fisonomía todo lo que haga será recordado seguramente y habrá un impacto en la próxima visita.

Nunca he sido el comensal melindroso que pide un plato sin algo en particular, como mi madre que no le gusta la cebolla cruda y que con frecuencia pedía enchiladas pero sin cebolla o mi amigo ahora llamado DiceKiller que siempre que pedíamos tortas él pedía que no le incluyeran diferentes ingredientes. Jamás pido un cambio, y acepto gustosamente las alternativas que me ofrecen cuando algo del menú se terminó, todo esto porque quiero ayudarlos a que me atiendan mejor, algunas veces detalles como esos pueden hacer una gran diferencia.

En algunas vacaciones a Acapulco con mis abuelos maternos me di cuenta como la mesera atandía a mi abuelo Luis, le ofrecía un plato de sopa generosamente servido, y le ofrecía el platillo que más le gustaba, lo atendía como rey y eso lo hacía sentirse ufano. Creo que observándola aprendí no solamente una forma de ser buen mesero sino también de ser buen cliente.

Por ejemplo en el caso de los puestos de tortas cuando empezaron a ser supertortas, aprovechando mis gustos que algunos llaman bizarros, cuando pedía de huevo con queso blanco, o de puro queso o algún otro ingrediente menos caro —al contrario de los que piden milanesa— el pedido era bienvenido y atendido con gusto. Solía desayunar jugo de zanahoria y un vaso de papaya —que no era tapatía— y establecí una relación de confianza con mi marchante, cuando tenía mucha gente le decía que no importaba si lo completaba con jugo de naranja, le conseguí empleo a su sobrina y comerciábamos con artículos de segunda mano, a cambia ya tenía listo mi pedido si llegaba tarde y, si había muchas personas, me lo entregaba sin decir palagra y yo le daba el cambio exacto así no perdía tiempo, también me avisaba cuando había mandarinas o ciruelas especialmente buenas, me preparaba antigripales cuando lo necesitaba y alguna vez rescató una credencial que se escapó del portacredenciales con yoyo.

Muchas veces elijo algún local que está vacío, invariablemente aparecen clientes después, esa la magia la sigo portando, aún por estos lares. La última vez hace 2 semanas en un restaurante chino en una calle escondida, un domingo por la noche, cuando esa magia es percibida por el dueño del establecimiento sin falta recibo un trato especial. Un par de ellos me lo ha dicho directamente, uno incluso me sorprendió eximirme del pago de mi cuenta.

Había una taquería en cafetales, entre Calzada de ls Bombas y Calzada del Hueso, muy cerca de unas hamburguesas muy famosas pero con un atendimiento deficiente, la primera vez que fuimos había apenas otro grupo cenando, el dueño nos pidió que nos quedáramos más tiempo porque sospechaba que los otros querían asaltarlo, esperamos a que los otros se fueran, desde entonces recibimos un trato preferencial.

También he frecuentado otra clase de establecimientos donde el trato es bueno pero se puede extinguir si la propina no es suficiente, siempre que voy a esos lugares procuro apartar hasta un 15% más en caso de que el servicio sea especial, en los casos que sucede también se establece es vínculo aunque sin esa camaradería y confianza del marchante.

Merece un apartado especial el trato en los bares o cantinas, donde lo que más importa es el servicio o la botana, porque la bebida es igual en todos lados, algunas veces los meseros te hacen quedar bien cuando vas en plan de negocios o en plan romántico, puedes recibir un trato regio en esos lugares.

Me parece que en general el servicio ha decaído, o al menos los que tienen vocación de servicio han sido desplazados por personas que necesitan el empleo. Durante mis viajes alrededor de la República —en lugares en los que no me podía convertir en cliente regular— he recibido diversos tratos, desde tener que esperar más de una hora por servicio, recibir escarnio por mi chilanguez, o un trato casi de familia, quisiera hacer una mención especial al trato recibido en el restaurante Balcones del Ángel donde he recibido el mejor trato de mis viajes.

Y por acá ya también tengo mis lugares favoritos.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el agosto 8, 2013 en Bebidas, Biografía, Cocina y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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