llueve sobre mojado

Del cielo negro cae la lluvia lágrimas de contento inundan mis ojos.

Lluvia del Porvenir – Radio Futura

Durante los primeros años de infancia la lluvia era un fenómeno condenatorio, bastaban unos minutos a la intemperie para que mis anginas comenzaran a quejarse y eso me garantizaba un viaje al doctor seguido de inyecciones. Incluso en una ocasión que estaba con mi tío Ricardo en un refugio que improvisó con los ladrillos que había de la construcción, aunque no me mojé bastó la humedad para disparar la enfermedad.

Después de mi amigdalectomía las cosas cambiaron radicalmente, no me enfermé durante muchísimos años así que ahora podía disfrutarla. Muchas veces me preguntaba si le ruta que siguiera podía alterar sustancialmente el número de gotas que me alcanzarían. También podía jugara  la guerra de las galaxias, que consistía en acostarse sobre el piso viendo hacia una lámpara del alumbrado público, cubrir la luz con las manos así las el brillos de la lámpara sobre las gotas simulaba el espacio. Me tocó jugar en campos inundados, donde el fútbol se diluía y la diversión aumentaba.

Durante mi tránsito por la secundaria me tocaron semanas en las que una lluvia fina y persistente nos acompañaba todo el día y el Canal de Miramontes parecía canal, un granizo que alcanzaba para crear muñecos que simulaban ser de nieve. El 18 de septiembre de 1985 pinté la fachada de mi casa —Felipe es mi testigo— esa noche cayó un aguacero que presagiaba acontecimientos funestos, dejé mucho tiempo de pintar cosas a la intemperie. Cuanto teníamos la mesa de corte en la parte trasera de la casa y llovía teníamos que asegurarnos que no se inundara porque podría mojar todo el recorte, recuerdo muchas veces salir de madrugada a destapar la coladera.

Una mañana robaron los limpiaparabrisas de Napoleón en el estacionamiento de la tienda del ISSSTE, tardé más de un año en reponerlos, solamente iba armado de un poco de detergente para los casos extremos, cuando me preguntaban: ¿a poco ves? siempre contestaba que no, pero que usaba la fuerza a la manera del único Jedi que estudió en la abierta. Esta es una verdad a medias ya que, si bien era cierto que no veía, la verdad es que lo de los midiclorians es una mamada. Cuando finalmente conseguí reemplazo para los limpiadores, debido a una inadecuada instalación solamente limpiaban hasta la mitad, bromeábamos diciendo que eran de avión. Muchos años después, de regreso de un viaje a Acapulco —ahora en Napoclon— con mi compadre, el Chacalón y Dida —Julio, Carlos y Alejandro— llovía en la carretera, el volante parecía para nevero, las luces tenían un corto y los limpiadores funcionaban intermitentemente, al menos uno venía muy nervioso —con cualquier charquito se ahogan—. En ese mismo coche, en otro día lluvioso choqué con un camión de redilas que huyó por tener la culpa, le tuve que cambiar la puerta, justo el día que le pusieron la lámina comenzaron las lluvias, entonces como no tenía ninguna capa parecía que estaba toda oxidada, tan mal estaba que los mendigos o los que limpian los parabrisas en las calles me rehuían. Además el copiloto sufría en temporada de lluvias, quizá porque le faltaba algo de lámina al piso.

Justo en una visita para el puerto de Acapulco me tocó lluvia, muy lejana a los infortunados y recientes acontecimientos, pero suficiente para mantener todas las calles con algunos centímetros, aproveché para experimentar y andar descalzo durante todo ese día, ahora no sufría con la temperatura del piso, claro que la contra era la cantidad de basura que iba en el agua. Una tormenta inusitada ocurrió en Oaxtepec, fue la primera vez que me enamoré, fue tan fuerte el deseo de quedarme ahí que estuvimos varados en la terminal de autobuses como 5 horas.

Cuando fui a ver el monólogo “Yo soy Walt Whitman” al centro cultural la Pirámide que está en San Pedro de los Pinos había una lluvia que casi impidió que llegáramos —iba con Natalia— al espectáculo, íbamos con mucho tiempo y llegamos con diez minutos de sombra, apenas para ver un poco de la exposición, desafortunadamente solamente hubo otro asistente esa noche, pero la interpretación fue soberbia y los aplausos abundantes, agradecí profundamente que su interpretación hubiera sido de esa calidad a pesar del poco público, creo que fue una lección.

Una noche que iba de Bordo al retorno recibí una lluvia que me dejó tan empapado que ninguno de los peseros quería subirme, tuve que caminar sobre Acoxpa hasta el periférico y tomar el trolebús iba vacío y me senté en el último asiento , en poco tiempo había un charco que recorría todo el pasillo. Porque no me gusta cargar paraguas por si llueve, es una de las frases que repito con frecuencia, de hecho pensaba que en caso de secuestro o de que alguien quisiera robar mi identidad esa podría ser usada para descubrirme, ahora que es pública será eliminada como opción. El mayor problema de la lluvia es la lentitud del metro.

En Londres aprendí a cargar el paraguas aunque   Por estos lares la ciudad está mucho más preparada para las lluvias, con canales en las orillas de las calles para que fluya libremente. también los autos tienen protecciones especiales en las ventanas; ya me tocó una de las peores inundaciones en São Paulo y también el tráfico se pone imposible.

Disfruto mucho estar bajo la lluvia, lo vivo como una experiencia purificadora aunque sea ácida, algunas personas nunca entendieron es parte de mí, ese considerar el agua como un elemento pacificador, yo sigo recolectando agua de lluvia del día se San Juan, aunque no he probado su efectividad en el hemisferio sur.

Chuva

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el septiembre 24, 2013 en Biografía, Brasil, Energía, Infancia y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Esta narración me hiso pasar un rato agradable y un grata sonrisa de ver las peripecias que paso en su maverik y que a veces uno no se entera pero que lo disfruto.

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