ideas medievales

todos los que la habían deseado se portaban siempre como unos cretinos.

Rayuela – Julio Cortázar 

De niño me regalaron una caja de los Exin Castillos pero nunca conseguí armarlo completamente, invariablemente al final del día mi madre me hacía guardarlo sin escuchar muchas explicaciones, tal vez haya sido por eso, quizá mi gusto por las películas donde las batallas eran con armas blancas —a pesar de que jugábamos repetidamente a recrear la serie Combate— o alguna extraña filtración de esas ideas del amor cortés donde se elevaba la posición de la mujer hasta el grado de rendirle vasallaje e apuntándola como una fuente de inspiración para ser mejores personas.

El caso es que siempre había pensado —bueno en realidad era muy inconsciente— que parte de entrar en una relación implicaba un compromiso parecido, e invariablemente buscaba mejorar el entorno de mi pareja. La mayoría consiste en pequeños actos cotidianos que pueden tener mayor impacto si conoces más a la otra persona, dada mi naturaleza obsesiva solía almacenar diferentes detalles, desde los evidentes como las fechas, los colores, sabores y aromas favoritos, hasta los más sutiles como los orígenes de su enojo; pasando por sus ciclos menstruales, el sabor de sus lágrimas, las partes favoritas de sus canciones preferidas, sus miedos inconfesables pero lo más importante eran los detalles que la hacían feliz.

Muchos actos eran evidentes, como la ayuda con los trabajos escolares, en los que ponía mucho más empeño que en los míos, regalar las flores adecuadas en el momento adecuado, dar un masaje cuando regresaba de un día tenso de trabajo, regalos temáticos como CDs, algún letrero de una calle o cartas kilométricas, más recientemente mensajes de texto, e-mails, tuits o dibujitos por el whatsapp. A veces la acompañaba hasta que se durmiera y luego regresaba, o cuando me dejé la barba.

Otras cosas eran más sutiles o desconocidas por la dama en turno: yo sabía cuando una comida que ordenaba no le iba a gustar entonces pedía alguna otra alternativa que a ella le gustara y le ofrecía cambiárselo, solía dejar dinero en algunos bolsillos para que lo encontrara después, alguna vez hablé con una de mis suegras para que su relación mejorara, pasé incontables horas buscando una canción en la era pre-napster, o buscar las palabras que restablecieran su calma o su risa en los momentos difíciles, o levantarme justo antes del despertador para encender el bóiler y preparar el desayuno mientras ella seguía dormida, o estar al pendiente de los próximos conciertos de su música predilecta.

En general disfrutaba de todos estos actos pero algunas veces sí tenía que sacrificarme, como cuando la ayudé con su colección de tazos, tuve que zamparme muchos doritos gachos y pedir cada mesa con envolturas de sabritas vacías. También tuve que cachar un librero de madera maciza que me dejaron caer durante una mudanza, la mordida de su mascota que recibí en santa sea la parte —las nalgas para ser más específicos— o las lágrimas que me costaron el cambio de dentista a sugerencia de ella para ahorrar.

Después de terminada la relación tuve oportunidad de hablar con algunas de ellas posteriormente, en otras ocasiones de manera indirecta, la coincidencia era el extrañar ese bienestar general, me parece que tenían la idea de que era una situación gratuita que llegaba como por arte de magia pero, aunque algunas veces hubiera magia implicada era resultado de un trabajo, de diferentes actos cotidianos de la observación detenida y pequeñas acciones continuadas, muchas veces era sumergirme en un mundo nuevo, buscaba empaparme de lo que la rodeaba para poder comprenderla mejor y conseguir pavimentar la vida cotidiana; conseguía tal acercamiento que podía decir muchas de las cosas que había dicho, sentido o hecho, al grado de poder considerarse clarividencia, al final todo el universo está conectado.

Además de las razones expuestas con anterioridad, también se puede decir que estas acciones las hacía porque había visto el sufrir de mis amigas en sus relaciones, también podría ser por un miedo a perder ese afecto tan importante para mí, otra razón podría ser que estuviera dando todo eso para asegurar que en un futuro pudiera pedir algo a cambio, podría ser un mal entendido respecto al amor. Cuando mis amigos me dicen algo al respecto, en particular de que ese esfuerzo no es apreciado les contesto que siempre pienso en la analogía con la educación, yo creo que debe ser gratuita, sin importar que haya muchas personas que no la valores, no creo que cobrar sea la solución para valorarla.

Y como las cosas  lejos de terminar como Der Himmel Über Berlin o el final de Gilmore Girls —sí, la veía— se parecen más a Paris, Texas o Firefly quizá sea tiempo de pasar al renacimiento.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el octubre 4, 2013 en Amor, Educación, Infancia y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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