Chupas, coges y piensas, ¡arriba, arriba la Facultad de Ciencias!

Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos.

Aristóteles

Luego de un año en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales tomé la decisión de dar un giro a mi vida académica y cambiarme a la Facultad de Ciencias, mi estancia ahí estuvo llena de muchos momentos felices no solamente dentro de la vida académica.

Lo primero que noté en la facultad fue el silencio sepulcral tras cualquier pregunta del maestro a diferencia de, por ejemplo, mi clase de sociología donde toooooodos tenían alguna opinión, algunas en no tenían nada que ver con el tema pero a todos les encantaba echar rollo, en Geometría nadie opinaba y mucho menos hacían preguntas. Para mí fue un alivio saber que algunas de preguntas podían tener solamente una respuesta.

Solamente revisé mi tira de materias y los horarios el primer día, —para esos entonces no anotaba mucho— cometí un error y tomé la clase de geometría en un grupo que no me correspondía, las materias actuariales eran las 2 primeras horas y las siguientes (geometría, cálculo y álgebra) las compartía con matemáticos y físicos en otros salones, no percibí que mi grupo de geometría hasta medio semestre, al hablar con el maestro que me correspondía él aceptó sin muchos aspavientos ponerme la calificación que me pusiera el otro maestro, esa flexibilidad y poca solemnidad fue algo que me hizo sentir aún más identificado. La flexibilidad para armar tus horarios fue algo que agradecí durante toda la carrera.

Ya de por sí nunca he pasado inadvertido, entonces usaba vestimentas rasgadas con orificios en lugares limítrofes, una cabellera abundante sostenida con donitas pastel y usualmente unos converse de color distinto —lila y turquesa— además era que más participaba en clase si no es que el único, llegaba tarde a los exámenes y salía antes que todos —con 10 de calificación— incluso en un par de grupos yo tuve 10 y todos los demás reprobaron. Sí había llegado a o de los pocos lugares a los que he sentido pertenecer.

La gestación de mi grupo de amigos fue en la clase de álgebra, el maestro —José Alfredo Amor Montaño q.e.d.p.— tenía que ausentarse por lo que nos dejó una tarea que incluía la demostración de la conjetura de Goldbach y el primer mes fue de clases con su ayudante que nos confesó haber reprobado 5 veces la materia yo me dediqué ese mes a jugar timbiriche con la novia de un compañero que llamaban el exótico. Al regreso del maestro tuvimos que formar equipos para las tareas, cada alumno debía hacer su tarea pero él elegiría a alguien del equipo al azar para revisar esa tarea. La que formó el equipo era Belén, que tenía un buen humor escandaloso, si bien no tenía problema alguno con la parte teórica mi letra era un desastre monumental, así que nos pasábamos haciendo pruebas con los transeúntes para ver cuál de las tareas era la escogida: siempre era la mía.

Siempre que llegaba encontraba a Martha y Norma estudiando con sus cuadernos —el detalle de sus apuntes rayaba en lo obsesivo— y algunas veces se los pedía para revisar alguna duda y entonces procuraba distraerlas diciéndoles que o sabían o no, que no tenía caso estudiar así justo antes, pero siempre estaban angustiadas antes de la prueba, les trataba de decir que eso no era importante que en la vida real eso no sería tan importante, no me hicieron mucho caso pero estoy seguro que después lo entendieron, nadie escarmienta en cabeza ajena.

Como la mayoría del grupo eran mujeres me tocó ver varias vicisitudes amorosas, como Chela se ilusionaba por algunos compañeros mayores aunque no tan relevantes, o Mónica que siempre pegaba con todo, hasta con los muertos —el apodo de alguno— siempre bromeábamos que la fuente del prometeo sacaba humo cuando Mónica pasaba por ahí, Verónica tenía 2 esclavos en la facultad —tal cual— y también era asediada por el retrato de Dorian —no era Gray—, a Martha le tocó ir a perseguir a su amor hasta Bath en UK infructuosamente, y luego de que Raúl salió del clóset también me tocó acompañar más de cerca sus desventuras. Yo tenía novia y tenía que portarme bien, basta poner de ejemplo una vez que la maestra campanita —Cálculo— llego tarde como era costumbre yo estaba sentado en el escritorio y llegó Carolina a sentarse junto a mí —nuestros brazos apenas se tocaban— cuando llegó mi novia y no me la acabé, tuve que seguirla hasta el metro CU intentando calmar su enojo.

Pero siempre por más que les insistía en hacer otras actividades además de las clases no me escucharon mucho, apenas los convencí de ir a ver a Nina Galindo y a Son de Merengue al auditorio de la facultad —donde Mónica y Raúl se animaron a bailar—, en una ocasión fui con Belén y Norma al CCU a ver Les nuits fauves (1992) que aunque Norma la escogió la dejó con los ojos abiertos. Solamente una vez nos lanzamos al palacio chino a ver Entrevista con el vampiro, un miércoles del 2 por uno, como éramos un número impar me tuve que conseguir una pareja a la entrada del cine.

Había un compañero —Robotín— que les daba recomendaciones de maestros, generalmente si hacía lo opuesto a lo que él dijera, en especial cuando decía no que nos metiéramos con determinado maestro porque sus clases eran muy avanzadas. Gracias a eso entré con Arturo Nieva, que después se convertiría en mi asesor de tesis y de maestría. Pero reconozco que me equivoqué rotundamente al recomendar tomar una clase los viernes en la noche y el sábado en la mañana alegando que el maestro no iba a aguantar, la verdad yo no aguanté y pido una disculpa pública por eso. Pero a raíz de eso se fueron separando nuestras clases.

Y los demás compañeros no les hacían mucha gracia, por ejemplo uno de ellos que se parecía a Emilio Aragón (el del juego de la oca) —parte es la razón del video— y que llevaba su laptop a las clases —algo inusual en aquellos entonces— recibía a manera de burla desde los lugares de atrás un “animal” cada que se equivocaba. Cuando había examen de cálculo no dejaban que la “J ” —así le llamaban se sentara junto a mí para no copiarme— era común que usara faldas cortas y pegadas —parecía que obtenía muchos favores con poco esfuerzo. Tampoco les hacía gracia el compañero Coca por sus intentos constantes de ser sociable, me parece que Griselda era mucho más sociable —estrenaba novio cada semana— también Raúl se quejó de tomar clase con Natalia, una compañera que había tomado un curso de modelaje y que era ayudante de IPC.

Recuerdo cuando cantamos villancicos en frente a rectoría o la posada que organizamos en casa de Belén—de la que existe un video— y también de las veces que me hicieron pasar la vergüenza de decir en mi casa que iba a estudiar para un examen —Teoría de redes— que fue en el semestre que tomé clase en la tarde para pasar todas las materias pendientes —aquellas que eran a las 7 de la mañana y que la asistencia contaba. También el viaje a Guanajuato para las clases de demografía y muestreo.

Mi servicio social en el taller de matemáticas creo que merece una entrada aparte.

Me gustó tanto la Facultad que después de terminar la carrera me la pasé viviendo ahí, estudiando la maestría, dando clases y trabajando como técnico académico. Cada que escucho esta canción recuerdo tantas cosas.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el noviembre 26, 2013 en Biografía, Educación, trabajo y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

  1. Gracias Pedro por recordar tantas cosas maravillosas

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