Archivos Mensuales: mayo 2014

aceptación

Que procedas del cielo o del infierno, qué importa, /¡Oh, Belleza! ¡monstruo enorme, horroroso, ingenuo! / Si tu mirada, tu sonrisa, tu pie me abren la puerta / De un infinito que amo y jamás he conocido.

Charles Baudelaire

Desde niño percibí el asombro de los demás ante algunas características mías, mis 4.800 kilogramos de peso al nacer fue lo primero que sobresalió, mis pies sobresaliendo de las cunas de la maternidad ya pronosticaban que estaba fuera de proporciones normales. Cuando intentaba comunicarme con mi abuela ella me miraba con cara de extrañeza y me decía que era un marcianito, y jamás me contestaba otra cosa. mi tío Vicente fue sorprendido cuando le gané jugando brisca cuando tenía tres años, o también a esa edad cuando me colaba en la cocina cuando iba a hacer albóndigas para comer la carme molida cruda y beber el jitomate licuado y condimentado. Mi primo Martín dejó de jugar a las luchas cuando se vio volar por los aires, apenas por un tirón más en una llave. Seguramente sorprendió a los que hacían inventario de Sears en plaza universidad la falta de juguetes gracias a mi asalto organizado a los seis años, también en esa época me la pasaba persiguiendo a mis tíos Ricardo y Jaime preguntándoles capitales.

He sido un devorador de muchas cosas más que la comida, también devoraba libros, películas, programas de radio, datos triviales, música. Indiscriminado como si quisiera cargarme de todas las cosas posibles, muchos me acusaban de darle poca importancia a las cosas que consumía a no elegir adecuadamente las batallas que tenía que librar, pero esa indiscriminación era parte de la monstruosidad.

Fui poseedor de una energía descomunal que podía utilizar de muy distintas maneras, algunos me vieron destrozar la naturaleza con mis manos, cachar muebles que caían de la azotea sin lastimarme, recorrer en sentido contrario el eje central, destrozar un carro con un hacha, destrozar herramientas, tirar pedestales, romper marcas, romper madres. Pero en algún momento me avergoncé de mi fuerza, quise ocultar lo que era, a raspar los bordes con la idea de que eso iba a lograr que encajara mejor en el mundo, pero ya sabemos que no es cierto,solamente fue negar mi naturaleza. Intentar agazaparme para que no me vieran feo.

Nunca he aceptado de buena manera los halagos pero me han dicho de muchas formas, desde el mago de OZZ, o siguiendo con la magia también me han dicho Gandalf, el último en el trabajo, donde también la última esperanza, o el amo de las puertas traseras -nada que ver con sodomía- el Dr. House de los sistemas, oh Captain my Captain, PF, el guru, grosso, fenómeno, o cara dirían por estas latitudes. También he detentaedo el poder de derrocar tiranos, nivelar equipos, esperanzaer causas perdidas o imbuir de magia a cualquier objeto.

Algunos me han visto más de cerca, y saben por ejemplo que bajo esa masa descomunal coraza hay un corazón, algunos han visto muy de cerca mi distorsionada perecepción de la realidad evidenciada en una feria de las culturas en Reforma, otros han visto mi imaginación desbordada, también otros saben que si el mundo fuera un árbol de navidad yo no sería ni la estrella ni las luces sino la escarcha que pasa por todos lados. Incluso alguna persona le he mostrado el botón de apagado.

No debo ocultar más mi fuerza, mis ideas ni mis dones, tampoco mis defectos, mis bordes filosos, mi descomunal incertidumbre o las lágrimas que salen por mis ojos apenas existentes. Yo sé lo que llevo dentro es precioso, que justo el exterior se ocupa de mantener alejadas a las personas para que no sea tomado de gratis, que entiendan lo que es y por qué está encerrado.

Soy de los monstruos más bellos que han existido.

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Canas pero no de ganas

Para pedir barbón y para pagar lampiño

Refrán popular

La preocupación por el los capilares de mi cuerpo no apareció temprano en mi vida, si bien no me gustaba ir a cortarme el cabello frecuentemente obedecía sin chistar, generalmente en la peluquería que había en los baños públicos —Escorial— a una calle de la casa de mi abuela, donde los barberos hacían el mismo chiste, raya a la derecha para hombre, a la izquierda para mujer y raya en medio tú sabrás.

En algún momento comenzó a salirme un tímido bigote como suelen pintar a los indios lampiño justo para que mis compañeros me apodaran Madaleno —el mada, madalaifas y diversas variantes— miembro de aquel dueto cómico Régulo y Madaleno. Tardé al menos un par de años más en comenzar a usar un rastrillo para rasurarme, al principio de plástico, salvo un par de ocasiones usé el rastrillo de mi padre que aún tenía las navajas que venían en papel y tenían filo de ambos lados —como dato cultural así se les dice a los bisexuales por estos lados guillete— tampoco era cotidiano mi rasurada.

Cuando iba a sacar mi cartilla decidí no cortarme el cabello en todo el año, para la foto tuve que usar gel, limón, pasadores y fijador para que consiguiera parecer corto. Así asistí a todas las filas y trámites con el cabello demasiado largo para los estándares del ejército mexicano pero nunca tuvieron oportunidad de reclamar hasta que fui a recoger la cartilla —el último trámite— cuando llegué a preguntar por mi delegación al campo militar número uno me dijeron que me iban a tener que cortar el cabello a lo que respondí que si era necesario lo haría en donde me tocara, cuando me dieron mi cartilla quisieron que pasara a que me trasquilaran pero les dije que había prometido mi cabello a la otra delegación, en un descuido salí huyendo, intentaron impedir que usara la entrada de vehículos como salida pero logré escapar con todo mi cabello. Dejé de tener largo el cabello después de un desafortunado incidente. Jamás lo dejé crecer tanto de nuevo. Y comencé a peinarlo del lado izquierdo, del mismo lado que queda mi corazón.

Poco antes de la huelga de la UNAM me dejé la barba de candado, y duré mucho tiempo con el mismo look, algunas veces menos prolijo el cabello más o menos largo encaneciendo a cada paso —una herencia familiar, mi primera cana me salió a los 12 años—  hasta que mucho tiempo después comencé a hacer cambios.

Porque siempre me pareció que el corte de cabello era una especie de mutilación simbólica del cuerpo, a veces era una reacción para evitar cortarse uno mismo, un acto simbólico para desencadenar un cambio, una especie de detonante, que acelerara un cambio. El tiempo me ha enseñado que cada instante las cosas pueden cambiar totalmente, que hay infinidad de catalizadores. Y que los cambios pueden ser felices. Como en aquel momento en que usé el producto creamechas de L’Oreal para poner colores diferentes en el cabello.

Repecto al cambio de corte, color y el accidente durante la rasurada todos estos han sido acontecimientos felices. Extrañamente felices.

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el gis y la teoría de la información en el día del maestro

El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que se ha logrado

George Bernard Shaw

La teoría de la información surgió principalmente debido a la segunda guerra mundial, donde las comunicaciones por medios tecnológicos, en términos básicos, existe un emisor, un canal de comunicación y un receptor; lo que se estudia es la forma más económica y eficiente para mandar el mensaje. Esto podría parecer trivial pero era de vital importancia en las trasnmisiones con códigos secretos en la guerra, en el caso de las comunicaciones con alguna estación espacial la mayoría del mensaje se pierde en el camino, así que hay que repetirlo, no es muy diferente que cuando se está hablando con alguien que apenas oye. Tampoco es difícil que algún ruido no nos permita escuchar o que alguna interrupción interrumpa el canal, por eso las famosas “cambio” y “cambio y fuera” para avisar que se terminó con la comunicación. O el cambio de señal analógica a digital donde lo que hablamos por el celular es convertido a 0’s y 1’s que serán transmitidos y luego convertidos de vuelta en un tiempo a veces imperceptible, también en Skype y en los hangouts de G+.

Pero lo más importante de todo es el mensaje, ¿cómo asegurarse que lo que uno quiso transmitir, no solamente llegó sino que fue interpretado correctamente esta es una pregunta que borda en los límites de Wittgentein y no tiene respuesta definitiva.

Quizá mi mayor experiencia se centra en la docencia donde pensaba que entendía el ruido que se filtraba entre el maestro y el alumno, que escribí aquí mismo. Quizá entonces tenía más claro la comunicación, o estaba más en contacto con diferentes personas, o que era un ámbito más académico, tal vez haya perdido mis capacidades pero siento que ahora mucho de la comunicación se me escapa.

Tengo una inflamación en los oídos que me dificulta conciliar el sueño, esto es producto de que una gripa se complicó y se extendió a los oídos, eso me pasa porque mi tolerancia a los síntomas es alta y no me cuido lo suficiente, ahora la primera vez que recibí el diagnóstico me recomendaron que no usara más gis. Y recordé un regalo de mi época, un portagises que de alguna forma me hacía sentirme orgulloso de dar clases, y recuerdo lo triste de la noticia, como si no fuera mi camino.

Pero mucho más que volver a dar clase quisiera poder comunicarme.

 

 

Déjala tranquila

Esta es la historia de una niña que vivía allá por mi casa y todas las noches se escapaba …

A pesar de que en esta historia lo más parecido a un hada madrina eran las que usaban los judiciales para hacer diferentes tareas, generalmente no muy dignas. Aún así le dieron algunos regalos de nacimiento, uno en especial ha influido en su transitar y quizá trazado un rumbo tan fijo que quizá sea difícil que desvíe su camino.

Ella siempre ha pensado que lo que ella hace con su vida es muy su decisión —claro que hay muchas personas que le importan tanto que no las quiere lastimar— pero no se ha dado cuenta de lo que sus acciones llegan a influir en los demás, como si fuera una película vista por muchas personas.

Desde niña fue consciente de su belleza, la que no dudó en aprovechar para obtener el favor de los que la rodeaban, parece que la sociedad favorece, de acuerdo a la sociedad las personas bellas tienen más amigos, son más deseadas, tienen mejores empleos y más remunerados (alrededor del 16%), consiguen más cosas que los demás, reciben mejor atención. Aunque nunca he estado de acuerdo en favorecer estas conductas —esto podría ser por supuesto debido a un resentimiento por el rechazo sufrido por mi exterior— ahora comienzo a darle una pulida a mi exterior a poner empeño en cosas que consideraba banales pero todo el mundo no.

Tan importante era que aún enamorada de su novio, le daba vergüenza andar de la mano de él, la importancia de la opinión de los demás hacía que prefiriera tratarlo distante sin que sus sentimientos importaran. Algunas veces hay que aceptar que la pareja no se siente orgullosa, como así lo atestiguan los cuchicheos en el baño, las sobremesas relajadas o las pláticas al calor del alcohol.

Ella sabía además que las mujeres pueden mentir mejor, que cuando ellas quieren pueden engañar no mucha más maestría que el hombre, con verdadera discreción. Y, en caso de que hubiera duda, no hay poder humano que las haga confesar, así las hayas visto besándose al bailar durante una fiesta en las alturas, o la hayan visto entrar en la parte de atrás de la ambulancia con el conductor justo antes de que se balanceara. O peor aún cuando tiempo después te platica más detalles de su novio y te das cuenta de que en realidad lo engañó a el contigo en lugar de que fuera al revés.

Pero el amor de su vida llegó, en forma de una hombre cuya inteligencia no le ayudaba a tratar mejor a los meseros, sus costumbres eran una reacción antagonista y su bondad se ocultaba bajo la capa opaca de su hermetismo que rayaba en deshonestidad. En realidad las características poco importan, cualquier rasgo es el pretexto para que ellas entreguen su amor incondicionalmente, para que queden prendadas de por vida. Y juran que por él darían la vida, y la dan cotidianamente, ya sea con las labores domésticas, con sexo complaciente, con regalos, cambiando sus conductas. Y uno podría pensar que esto es les asegura ser correspondidas, que obtendrán beneficios recíprocos. Pero no es así, no importan las cosas que uno haga, jamás podemos asegurar que el otro nos ame. No vale soñar tener el cabellos chinos, los ojos azules o el cuerpo de artista del baile. Y no solamente recíprocos muchas veces los tratos son malos, llenos de orgullo y faltos de amor, pero eso no disminuye en absoluto su amor.

Pasa tan seguido que prefieren amar a alguien más, las características no importan,  puede ser más joven, con menos gracia, mas independiente, incluso del mismo sexo. Uno está seguro de que no le ofrece el mismo amor, nada de lo que queda a la vista sirve para armar una explicación lógica. NO hay explicación lógica.
Pero ese amor no termina, porque para ella la marca que se deja es permanente, ella siente que aún le pertenece que su cuerpo ha sido creado para él, que cada célula de su cuerpo lo llama, pero él no responde o responde intermitentemente, porque como dice el dicho ¿a quién le dan pan que llore? Supongo que debe ser una sensación embriagante tener tanto poder sobre una mujer, para qué renunciar a la oportunidad de tener acceso —sí, sexualmente— a una mujer que te ama y por la que seguramente todavía sientes algo.

Pero tampoco íbamos a esperar que una persona que trata de esa manera a la dama que más lo ama se retire caballerosamente, o que luche como un guerrero. Y quizá la solución sea un desmembramiento de todos los elementos que conspiran para que las cosas sigan pasando. Ahora que lo pienso yo ni vela tengo en este entierro, lo que pasa es que me acuerdo de muchas cosas.

 

Luisita

Sin una familia, el hombre, solo en el mundo, tiembla de frío.

André Maurois

Mi abuela materna, Chuchita, nació de un matrimonio de viudos y fue su únca hija, pero hubo varios medios hermanos, su media hermana era Luisa, aunque siempre la llamé Luisita ella se quedó a cargo del cuidado de mi mamá por mucho tiempo, por eso la quería mucho y también por eso fui su consentido.

Recuerdo que su presencia llenaba de paz la casa, o sentía un amor incondicional de su parte, y siempre le dije la verdad, como cuando iba a lanzarme de avalancha al lado de la Johnson y Johnson -ahora el UNITEC- jamás me prohibió nada, solamente me agachaba para que me diera su bendición. Porque era muy pequeña, tanto que ahora me sorprende que en algún momento me haya cargado.

Cuando llegaba de mañana me preparaba chocolate de tablilla, que luego enfriaba pasándolo de una taza de barro a otra, eso con un bolillo recień comprado en la Esperanza, relleno de frijoles de la olla era una delicia no era necesario más, cuando había queso supremos ya era un lujo. Pero cuando llegaba a cocinar bisteces en chile pasilla no podía pedir más, a la fecha es el platillo que más me gusta y más recuerdos me trae. También he mencionado su manera de hacer los frijoles.

Cuando vestía con ropas que exhibían muchos orificios le raclamaba a mi madre que porque parecía pordiosero, aún recuerdo con mucha risa cuando un mendigo se acercó a pedirme y ser arrepintió pensando en que no iba a tener ni para darle -no sexualmente- Cuando iba a salir a enfrentarme a la noche en aventuras riesgosas sentía que su “que Dios te acompañe” en verdad me protegía.

Vivió con nosotros un tiempo, luego de que la atropellaron y su movilidad y su brazo quedaron comprometidos, durante ese tiempo mi hermana y mi madre le racionaban los cigarros pero yo le suministraba todo lo que me pedía, que era casi nada, café (negro) unas doraditas, a veces unos chetos y sus faros. Ella comenzó a fumar a los nueve años enrollando hojas de tabaco, pero desde que la conocí fumaba faros, fue un vicio que conservó toda la vida. Ella decidió nunca casarse, a pesar de tener muchos pretendientes, incluso a mí me tocó ver cómo le rogaban para que accediera casarse aún a sus sesenta años, él le ofrecía algunos ranchos de trigo y alfalfa creo. En su juventud un pretendiente perdió una mano al perseguirla cuando ella se iba en tren, parece que lo citó en otro lado mientras ella se escapaba. También fue ama de llaves del presidente municipal, y encontró en su patio unos centenarios enterrados, de los cuales no tomó ninguno y los entregó , en otra ocasión mientras cuidaba a un enfermo él de dijo que cuando muriera tomara el dinero de su colchón porque a su familia no le importaba, cuando murió pudo ver que el colchón estaba repleto, pero no tomó un centavo. Tal vez ese sea el precio de la tranquilidad.

El día de su muerte le comunicó a mi tía Hortencia que se iba a morir y que le llamaran a Carmen (mi madre) y en cuanto llegó mi tía murió. Su muerte fue el principio de muchas otras muerte que me impactaron, dos de ellas ocurrieron en el mes siguiente. Al ver su rostro plácido en el ataúd supe que estaba tranquila, que no tenía pendientes, además yo también me sentía tranquilo sin importar que supiera que la iba a extrañar muchísimo, a la fecha.

Creo que extraño el sentirme protegido y amado incondicionalmente, creo que perdí esa seguridad de poder contar lo que sea y saber que iba a ser escuchado y bendecido al final sin importar lo que dijera, si nada de lo que hiciera cambiara el amor que me tenía, tal vez desde entonces siempre he tenido reservas. Tiempo de cambiar.