Archivos Mensuales: junio 2014

Escuadrón 201

¡Qué bonito es recordar el barrio en que vivimos!

Mi Barrio – Sonora Santanera

Aunque haya nacido en Anillo de Circunvalación y los primeros años haya  vivido la Minerva y en la CTM gran parte de mi tiempo la pasé en la colonia Escuadrón 201. Esta colonia limita al norte con Río Churubusco (o Circuito Interior) al sur con la legendaria y milenaria Ermita Iztapalapa (eje 8 sur), al oriente con la Avenida 5 (Eje 3 Oriente) y al oeste con la calle Antonio Cárdenas Rodríguez (antes sur 113-B).

Durante toda la primaria al salir pasaba a casa de mi abuela materna (Chuchita) donde me quedaba toda la tarde. Durante el camino de regreso pasaba al lado de un billar que ya desapareció donde solía encontrarse mi padrino en la primera mesa.

Hay tantos recuerdos ligados a esa colonia como siempre estaba aquí durante el período escolar recuerdo que casi todas las compras escolares cuadernos, plumas, cartulinas, las realizaba en la calle de al lado en la petrolería que atendía “Don Panchito” quien no parecía envejecer creo que usando la misma fórmula que la madrina de mi mamá que vivía en la acera de enfrente de la casa de mi abuela: el cónyuge. En caso de requerir algo más especializado había dos papelerías pasando el mercado, que siempre estaban llenas el fin de semana fue en los primeros lugares que vi el sistema de pedir la mercancía y pagar en la caja.

Cuando llegaba a no ir a la escuela o regresando de alguna actividad veraniega mi tía me consentía con un chocolate de tablilla —que luego enfriaba— y un bolillo rellenado con frijoles de la olla —flor de mayo generalmente— el pan siempre era recién comprado de la panificadora la Esperanza que aún está en Radamés Gaxiola, la siguiente calle que era conocida como “la cuadra ancha”.

Jugábamos fútbol en la calle con un par de ladrillos como porterías, no éramos muy buenos porque la pelota se volaba seguido provocando el malestar de los vecinos. También jugamos béisbol en la calle, pero luego de ser casi atropellado por un camión de mudanzas intentando impedir una carrera nos pasamos al camellón donde los árboles servían para señalar las bases, esto duró hasta que arreglaron el camellón y pusieron la imagen de la virgen que es celebrada cada 10 de mayo con sorteos y algunas veces hasta palo encebado. Otras veces jugábamos fútbol americano al principio tacleado sobre el pavimento mi lesión en la clavícula no cambió la modalidad del juego, fue hasta el golpe en la cabeza de Poncho que comenzamos a jugar tocado, creo que el espíritu aventurero se extendía porque algunas veces la zona de anotación era la esquina donde los coches pasaban con mayor frecuencia obligándonos a voltear no solamente al balón sino a la calle.Este espíritu se mantenía cuando usábamos una avalancha para deslizarnos al lado de la Johnson y Johnson —ahora UNITEC Campus Sur— y detenernos violentamente al llegar a Ermita para evitar ser arrollados.

También recuerdo las una farmacia en la calle de Zapata, un poco antes de la Iglesia de San Nicolás de Tolentino que tenía el videojuego de kaboom, durante el camino de ida íbamos consiguiendo pesos —el costo del juego era dos pesos de figura de Morelos—pidiendo a la gente que nos cambiara porque en la farmacia nunca lo hacían de hecho parecía molestarles que estuviéramos ahí. Había otra farmacia enfrente de la primaria que tenía un pinball, ese costaba cinco pesos, pero conseguimos hacernos de una llave que lo abría, nunca la usamos para robar, solamente para tener más juegos.

El mercado es punto de referencia obligado, durante un tiempo no entendía la razón para que mi madre regresara a comprar ahí aún viviendo ya lejos. Cuando iba a cumplir sus pedidos como comprar la carne con el “barbas de chivo” la primera vez que fui no iba a estar preguntando por alguien con ese apodo —ya había cometido ese error con anterioridad— afortunadamente es tan descriptivo que atiné. Mi bisabuela —la mamá de mi abuela paterna— vendía justo afuera del mercado servilletas para las tortillas así que la saludaba cada que pasaba por ahí, ahora mi primo Luis tiene un puesto ahí.

Era común ir a comer barbacoa, las carnitas se compraban en el mercado de la Sector Popular —colonia hermana— había otros puestos pero éste era con mucho el más popular. Justo afuera había un puesto de huaraches que era muy socorrido el fin de semana y sobre la misma cuadra había una juguería que vendía tacos de suadero y longaniza, en la acera de enfrente vendían birria y siempre había un chivo amarrado en el árbol de afuera atestiguando el origen de la carne, claro que el chivo que estaba afuera siempre era el mismo. A un par de locales estaba una pollería/tortería que se convertiría en un lugar de celebración: ¡tortas de pollo para celebrar!

Hay tantos lugares que recuerdo como los Baños La Escorial, donde me llevaban a cortar el cabello, probé el jugo de zanahoria por primera vez e iba a bañarme cuando fallaba el suministro de agua, justo al lado se encontraba el banco del Atlántico que era todo un océano de posibilidades, que luego fue Bital y terminó en HSBC. O el deportivo donde estaba el cine Fausto Vega donde vi la película de Bernardo y Bianca en una matiné con mi primo Carlos, ahí jugaba de niño en el Ultra en el campo conocido cariñosamente como la Lija. Había una refaccionaria en la calle del mercado, pero si no era suficiente teníamos que ir a Ermita, a unos pasos de la eterna vidriería que estaba enfrente de la tienda que fueran un K2 y posteriormente Hermanos Vázquez.

El paisaje ha cambiado desde entonces, primero con la línea 8 del metro y después con los puentes de Ermita y el eje 3 Oriente y finalmente con la línea 12, todo evoluciona y nada permanece; la mayoría de lo que he mencionado son lugares, pero en cada uno existen historias, algunas ya han aparecido, otras aparecerán pero de esa época este es un escenario principal.

 

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Quesadilla de huitlacoche

Quesadilla:  Méx. Tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente.

Real Academia Española

Parece que el origen etimológico de la quesadilla sí tiene que ver con queso, algo que no me hace mucha gracia pero que tampoco tiene tanto impacto, no es la primera vez que la etimología no corresponde con el concepto: como el murciélago que es ratón cieguito o trabajo que son tres palos.

Pero recientemente ha circulado la idea de que el huitlacoche es de uso reciente o al menos solamente es reconocido en la cocina a hace muy pocos años. Patrañas, el hecho de que no sea un elemento gourmet o documentado no quiere decir que no se haya usado.

Los pueblos prehispánicos no iban a desperdiciar el maíz tan fácilmente así que seguramente las primeras quesadillas que existieron fueron de huitlacoche, los dos elementos están juntos piden ser preparados juntos, cuando solía ir a la central de abastos, los domingos en medio del pasillo solían poner la mercancía para rematar, un día me encontré con una señora que vendía huitlacoche y le pregunté ¿cuánto por todo? y tomé la oferta, es la única vez que he hecho algo así, tuve que repartir todo entre mi familia pero me sentí muy feliz de hacerlo, y disfruté de muchas quesadillas y tacos después.

Las quesadillas son un alimento popular, cuando uno se acerca a la marchanta para hacer el pedido, generalmente hay fila y mucha gente esperando, entonces ella pregunta ¿de qué va a querer? y pues uno suelta la lista, siempre hay alguien que pide de chicharrón —creo que es de las más populares—, están las de solamente queso para los melindrosos, unas de tinga de pollo, yo siempre pido de huitlacoche o flor de calabaza, que es uno de los pocos platillos típicos de la Ciudad de México.

Algunos domingos con mis amigos comprábamos quesadillas de sesos en el puesto de carnitas, de esas que salían bañadas en aceite del cazo y que eran muy baratas. Otras veces íbamos al mercado que se pone frente a Bachilleres 4 para comer las de masa azul. O en casa de Azul incluso pedíamos la entrega a domicilio. Tampoco es poco frecuente encontrar quesadillas enormes a precios populares. Las quecas son un platillo recurrente que resulta accesible a bolsillo de casi cualquier consumidor.

Pero también se pueden hacer quesadilla de otros ingredientes no tan caros pero que requieren más preparación, como en un cumpleaños en el que mi mamá se dedicó a limpiar jaibas para tener solamente la carne y poder hacer quesadillas de pescado camarón y jaiba.

Cuando alguien alegue que las quesadillas solamente son de queso, como ya ocurrió en algún mercado dominical de la perla de occidente, dejaré que viva en su error, si no aprecian las quesadillas de huitlacoche, mejor que no las coman.

Huitlacoche

 

Carta a Miranda

Yo pronuncio tu nombre, en esta noche oscura, y tu nombre me suena más lejano que nunca.

Federico García Lorca

Miranda, amada hija inexistente:

Creo que hay cosas que solamente tú entenderías, tal vez esto sea porque la probabilidad de tu existencia va menguando cada momento, pero lo que siento en mi corazón es que ha sido mi amor tan grande que te ha mantenido fuera de este mundo. Porque quisiera que en caso de que existieras darte lo mejor que tengo.

No hubiera querido que te sintieras abandonada, que pensaras que te ignoro, que no te hubiera cuidado, alentado y abrazado incondicionalmente. Porque aún no puedo hacerlo conmigo. Porque esas carencias que tengo no quisiera que las padecieras, que quisiera que estuvieras completamente segura de que eres amada por completo y por quien eres, sin sentir que tienes que hacer algo para llamar la atención, que mereces todas las bendiciones del mundo y que no cargas culpa alguna.

Me tocó ver a mi padre matarse lentamente, abusando de su cuerpo, perdiéndose, viviendo inconforme, malhumorado. De ninguna manera quisiera hacerte pasar por algo así, el que me vieras transitando por esos pasajes oscuros en los que me he perdido, también despreciando mi vida, ya voy en otra dirección pero aún es incierta.

Lo que quiero decir es que necesito primero cuidar bien de mí para poderte dar algo. Que estoy trabajando para estar mejor, para sanar tantas heridas para construir una persona completa y presentarme como pedazos unidos apenas con lápiz adhesivo.

Yo quisiera que pudieras escuchar mi verdadera voz, que mis palabras pudieran expresar lo que pasa por mi mente, que pudieras verme a los ojos y supieras lo que siento, que te enorgullecieran mis acciones, mi trabajo cotidiano, que lo que te he escrito ha sido una manera de mantenerme vivo, de mostrarte lo que he sido para que entiendas el camino que he seguido, quizá para que entendieras un poco más quien soy.

Hoy te hablo porque necesitaba hablarte.

Pedro

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