Archivos Mensuales: agosto 2014

lista negra

¿no tienes enemigos? ¿es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?.
Santiago Ramón y Cajal

Las cosas están cada vez más despojadas de pasión, las personas transitan sin ánimo de comprometerse ni meterse en problemas, mucho menos de ganarse enemigos, caminan por la vida con la misma pasión que una vaca suiza.

En mi vida han desfilado diferentes personas que bien podrían estar anotadas en una lista negra, como por ejemplo un compañero de la primaria —Lalo— que el día que me enfermé del estómago y me vi confinado al baño de la escuela él fue a asomarse, le ofrecí el dinero que traía a cambio de que se fuera, y ser fue pero regresó con muchos otros más para que disfrutaran del espectáculo. Muy diferente a otro compañero que había reprobado un par de años —el Skippy— con el que tuve un altercado donde perdí un diente, creo que los golpes, en ocasiones, diluyen los rencores.

Los vecinos que robaban las botellas de leche que repartían en casa —era mejor cuando las robaran que cuando orinaban dentro— terminaron siendo amigos míos pero los que según me brindaron su amistad terminaron siendo los rivales habituales.

Durante la preparatoria tuve el único enemigo que he considerado digno, los otros compañeros se burlaban de él llamándolo Zopi era un alumno de puro diez —hubo una equivocación que hubiera manchado su historial perfecto que le llevó muuuuucho tiempo de burocracia arreglar— era el que prefería hacer el trabajo para todo el equipo para no confiar en huevones. Claro que cuando no entendía algo me preguntaba a mí. La mayoría de las reyertas las libramos en juegos de mesa pero hubo debates en la arena política, cultural y hasta una mujer fue campo de batalla. Siempre pensé en una rivalidad estilo entre el profesor X y Magneto. Lo mejor de todo es que jamás nos gastamos en cosas pequeñas como zancadillas o mucho menos, existía un respeto de las formas.

Durante un tiempo paralelo ocurrió la única vez que he golpeado con odio a alguien. No solamente logró que mi entonces novia —cuyas iniciales inundaron los récords de los videojuegos— me engañara, también se aprovechó de la confianza que le brindé, lo busqué directamente en su casa, cuando salió le dije con calma que iba a madrearlo —así directo— y estrellé su cabeza sobre la puerta de madera, me gusta imaginar que es de roble, y comencé a descargar los golpes hasta vaciar lo que tenía otros dirán que pobre güey pero no me importó entonces, ahora tampoco. Poco tiempo después y con ayuda de mi para entonces ex me tendieron un cuatro donde, al ver que venía con media docena de abrigos armados con tubos y palos de madera decidí enfocarme en él y olvidar a los demás, así obtuve una cicatriz en la cabeza que dolió menos que la lección aprendida.

Todo el tiempo siguiente hubo algunas personas que podrían ser consideradas dentro de la lista algún profesor de danza, o el director de informática de alguna facultad, algunos gemelos, pero durante ese tiempo lleno de libros, cine, matemáticas, descubrimientos, fama y tantas cosas los enemigos se ocultaron en las sombras. Tuve que ir hasta León para tener un encuentro con un enemigo —quizá Azul recuerde el incidente— y aprovechar para comprarme una chamarra de piel verde que combinaba a la perfección con mis zapatos.

No hubiera pensado que la siguiente aparición en la lista fuera una mujer, a quien le confié muchas cosas que se volvieron en mi contra, secretos fueron revelados y lealtades fragmentadas. Ni modo

Ahora, luego un sexenio y a la manera de Arya Stark quizá debería hacer una lista:

  • El que cree que porque se mueve entre cuernos es ganadero.
  • El insulta y luego pone su cara de pendejo al estilo CH.
  • El ratatouille  de petatiux
  • El falto de huevos
  • Un golpeador que secuestra teléfonos

Pero no voy a gastar una aguja en eliminarlos. Mejor una bomba que abarque suficiente espacio … y donde se encuentre un verdadero enemigo.

 

 

 

Jenga tu madre

El proceso de declinación es inevitable, y cualquier cosa que se pueda hacer para contenerlo una vez que haya comenzado, es inconveniente, así, en tales situaciones es conveniente permanecer tranquilo.

I Ching Hexagrama 23 Po (la desintegración)

Cuando Pepe —a cuyo cumpleaños parece que asistiré—me invitó a participar con él en un  torneo de Yenga me pareció extraña su elección, si bien hemos jugado infinidad de veces muchos juegos distintos y su idea de mi capacidad de juego es mejor que aceptable, la idea de un juego donde se espera una delicadeza en las manos me parecía completamente incompatible conmigo. Por supuesto que acepté.

Bastaron unos encuentros para encontrar mi estilo: la destrucción. En general la mayoría juega buscando que la torre queda lo más alta posible, yo por el contrario buscaba dejarla inestable desde la primera jugada. Así encontré mi nicho de oportunidad.

Los primeros juegos fueron en el Papa’s Bill de Santa Fe y Polanco —donde éramos los favoritos— fue muy aleccionador mirar las reacciones de los rivales, al principio Pepe estuvo un poco vacilante al principio pero luego de que unos contrincantes lo hicieron enojar —además le permitió sacar a relucir su maestría— las cosas comenzaron a mejorar. Me divirtió sobremanera la reacción del equipo femenino ante mi estilo, no soportaban que “desacomodara la torre” gastando energías y arriesgándose a perder al arreglarla, también empleé tácticas de intimidación al dar un golpe con el dedo a una de las maderas y salir volando en dirección del rival.

El resultado final fue el tercer lugar general pero las verdaderas ganancias fue en las enseñanzas, como siempre: quizá no siempre es bueno intentar mantener una estructura cuyo caída está apenas a la vuelta, quizá sea mejor adelantarla, buscarla, provocarla.

Algunas veces nos enfrentamos a algo pensando que no tenemos las cualidades necesarias para desempeñar una tarea pero eso nos abre otras puertas nos deja ver el mundo de otra forma y nos obliga e usar otros recursos, muchas veces con resultados alentadores.

Otra lección es que el orden es relativo, que las situaciones van cambiando a cada paso, que cuando quitas algo para ponerlo en otro lado queda un hueco, siempre, que las cosas caen por su propio peso —ahí sí ya me chingué— y sobretodo que la destrucción solamente es una etapa.

Claro que esto podría referirse solamente a los juegos

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mi tío Lobo

Nunca es largo el camino que conduce a la casa de un amigo

— Juvenal

Mi tío Carlos es hermano de mi mamá y, por lo que he alcanzado a ver, el consentido de mi abuela y era el mejor amigo de mi padre, fueron amigos, compañeros de equipo e incluso compadres antes de que se casara con mi mamá;  él se describe como el mejor vendedor del mundo, posee una gran suerte —el número de veces que ha tenido las 7 fichas del mismo número en el dominó son demasiadas para atribuirlas a la casualidad— a lo largo del tiempo compartió varias aventuras con mi papá, algunas que escuché entre conversaciones que tenían al calor de las copas.

Se veían regularmente en las fiestas en casa de Chuchita, donde yo me quedaba al lado de una bocina escuchando las canciones de la Sonora Santanera mientras ellos brindaban y bailaban, solía visitarnos regularmente, yo me encargaba de las provisiones y de servir, conseguir hielos o traer más refrescos, cuando tenía dinero compraba una solera para ofrecérsela a mi tío—bacardí es su bebida de batalla— y cuando lo hacía mi padre exclamaba ¡no sé por qué te quiere tanto! también solía llevarlo de regreso. La verdad es que pocas veces podía ver a mi padre explayarse como con mi tío, siempre lo veía animado.

Existen algunas anécdotas que describen algo de su carácter, alguna vez se quedó frente a otro auto en la calle de Silos, el otro conductor se negaba a moverse —como aquella leyenda virreinal donde dos carrozas se encuentran en una calle angosta— entonces el otro conductor lo retó a ver quién se quitaba primero, mi tío dice que cuando despertó ya no había coche estorbando. Para la fiesta de XV años de mi prima Alejandra, fue a comprar el melate y luego buscó a los representantes de la Santanera para conseguirlos para la fiesta, en esa búsqueda me parece que tenía apartado a Óscar de León. Algunas veces lo vi riendo mucho cuando pasaban a la pantera rosa en la televisión, sus ocurrencias le divertían muchísimo.

En la boda de mi hermana mi tío se me acerco para platicarme algo: cuando mi papá estaba en el hospital agonizando lo mandó llamar porque quería hablar con él a solas, le pidió a mi mamá que saliera para poder despedirse de mi tío en forma privada, el contenido de esa conversación es íntimo y personal pero mi tío dejó asomar algunas cosas —que agradezco con el alma— y que no mencionaré porque las guardo para mí, pero esas palabras son como la luz que emitían en sus pláticas nocturnas al calor de las copas, en sus reacciones ante la música en sus risas, creo que siempre lo vi muy contento con mi tío.

Quizá esta sea solamente una forma muy humilde de agradecimiento.

Gracias tío.

Carlos

Niño perdido

Ay San Juan de Letrán, San Juan de Letrán ora por nosotros

– Santa Sabina

El eje central fue inaugurado en el mismo año que nació mi mamá. Llegó a ocupar el lugar de cinco calles: Panamá, Niño Perdido, San Juan de Letrán, Calle de Santa María la Redonda y 100 metros —sin albur— un cambio de esta naturaleza no es fácil de asimilar. Solía platicar largo tiempo con mi abuelo acerca de cómo lucía antes de semejantes cambios. El tiempo avanza inexorablemente y las calles evolucionan.

Durante mi niñez realicé muchos viajes al centro acompañando a mi mamá siempre por el eje Central, que tomábamos vía Ermita, La Viga, Río Churubusco y Municipio Libre, a pesar de que es la calle con los semáforos mejor sincronizados de la Ciudad de México siempre encontrábamos tráfico, la marcha era lenta y se veía a lo lejos la torre de comunicaciones que se cayó en el temblor, en ese trayecto escuchábamos en el radio la novela el derecho de nacer, o algunas veces se escuchaba la inmortal frase “caballero con los hombres, galante con las mujeres, tierno con los niños, implacable con los malvados” que marcaba el inicio de Kalimán, cuando ya se escuchaba a Porfirio Cadena era porque se nos había hecho tarde.

Los fines de semana llegaba a acompañar a mi papá a la calle de el Salvador, donde algunas veces dejábamos el coche en un estacionamiento donde vendían jugo de caña. Recorríamos las calles en busca de aparatos de sonido, partes para que hiciera sus bocinas, todo antes de que existiera la plaza de la computación y solíamos comer tacos en Bolívar, siempre disfrutaba esos paseos, eran de los vínculos que tenía con mi padre.

El transporte que más me gusta es el trolebús, y ahora que es el transporte oficial me da mucho gusto, aunque algunos se quejen que ya no se puede tomar taxi. Recuerdo muy bien cuando el costo del pasaje era de 60 centavos, siempre recibían un peso, por eso cuando íbamos 6 les daba mucho coraje a los conductores porque su ganancia se reducía drásticamente, ahora está en cuatro pesos aunque ahí van metidos tres ceros en la moneda devaluada. En mi época automotriz solía dejar el auto en un estacionamiento en Chimalpopoca y tomar la línea 8 de metro —cuyo diseño industrial de las estaciones Obrera, Doctores, Salto del Agua y San Juan de Letrán me gusta mucho— hice numerosos viajes a la plaza de la computación, a la camisería en la esquina con Victoria, justo enfrente de la entrada al metro. Pasé infinidad de veces al lado de la esquina del control remoto, otras tantas caminando desde la casa del Chil en Delicias —a.k.a. Beauty— y, antes de mudarme a Brasil, vivía a un par de cuadras —al lado de la Maraca— por lo que mis viajes al centro eran por esa vía.

El eje fue testigo de muchas cosas, como cuando aplasté la placa de México que tenía en Napoleón —mi Maverick 75— al saltar el viaducto, también manejé en sentido contrario, en el mes de septiembre iba con Chil a llevar a Liz y Dioné manejando un vocho prestado la llanta se desinfló a la altura de la Doctores, nos tocó empujar el auto de ida y regresar en penosas condiciones, o romper un récord, ahora con Chucho, al ir a de dejar a Rocío en la esquina con Cumbres de Maltrata apenas unos minutos antes de que el hoy no circula comenzara; o en aquella noche de serenatas donde los amigos de Roberto atropellaron un gato negro lanzándonos una maldición que se manifestó cuando la camioneta se apagó en el cruce del eje 5 y el eje central. También tuve que ir al rescate en la cantina que queda frente a la estatua de Lázaro Cárdenas. Como dato curioso en alguna ocasión una avioneta intentó aterrizar en el eje sin fortuna, terminó estrellándose a la altura del piso, digo de la calle Vizcaínas.

Aún se pueden ver muchas imágenes fascinantes al transitar por ella, como personas llenando botellas con bebidas adulteradas porque dudo que el carril del trolebús sea la sede de la embotelladora oficial, o puedes recibir ofertas de software que solamente ahí consigues, ir a jugar billar arriba de un club de caballeros, entrar al cine Teresa que ha pasado por muchas transformaciones y luego entrar al sexshop de al lado.

Esa es una de las calles son las que me formaron.

EjeCentral