la minimoto de Atilio

A partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar

Franz Kafka

El pasado fin de semana iba caminando con la cabeza baja lo que me permitió observar la siguiente minimoto:

wpid-20141004_111905.jpg

Eso me recordó la historia de un auto y unas vacaciones en Oaxtepec:

El niño Juan Manuel Mendoza, a.k.a. Atilio, tenía un automóvil que fabricado por la VAM (Vehículos  Automotores Mexicanos) que fue fabricado en la planta de Lerma, por su color café él lo llamaba cariñosamente shit, podía abrirlo con un gancho de ropa en menos de tres minutos en caso de que olvidara las llaves. Gracias a su capacidad como mecánico conocía perfectamente su funcionamiento y suponía que su mantenimiento estaba al día.

En una ocasión Saldaña nos pidió que lo acompañáramos —en realidad lleváramos— a dar una serenata. Juan ofreció su coche y yo fui el conductor designado, no debido a la sobriedad sino a la pericia. Caímos en el garlito de Galitos, nos dijo que la serenata era en el norte, un poco después del centro. Cuando llegamos a Ecatepec, a una casa amiga en medio de zona hostil. ¡Ahí nos prestaron un coche! —era un Spirit — para alcanzar a llegar con bien.

La serenata transcurrió sin pena ni gloria, canciones más canciones menos, algo de hospitalidad prolongaron un poco más de lo esperado, era entre semana y entonces yo tenía clase de 7 en CU —aún estaba en Ciencias Políticas y llegaba a las clases de las siete de la mañana—  así que tuve que acelerar un poco, rompí un récord de tiempo de Ecatepec a la UAM Xochimilo —que era la base de la ruta 72 que iba a la Universidad— no doy el tiempo que me llevó para no ser perseguido retroactivamente por la justicia. No me di cuenta que los frenos del coche de Juan no funcionaban correctamente —no usé los frenos en todo el trayecto de regreso— lo que nos salvó de un accidente esa noche pero no a Juan.

Unos días después en la calle de Ejido San Francisco Culhuacán al percibir que tenía que frenar tuvo que elegir entre estrellarse contra un coche del año o un árbol, evidentemente eligió el segundo por falta de seguro. Como la velocidad que alcanzaba su auto era considerable el daño que ocasionó el accidente fue mayúsculo, tanto que solamente pudo cambiar el coche accidentado por una minimoto amarilla cuya altura apenas llegaba a mis rodillas pero que fue el deleite de chicos y grandes en el retorno.

Incluso la llevaron en la cajuela del coche de Chucho en un viaje a Oaxtepec y Lalito Baruch se divirtió como enano, dejando poco tiempo de uso de la moto para los demás.

Los recuerdos que una imagen genera.

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el octubre 7, 2014 en Amigos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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