paisajes urbanos cambiantes

México es la ciudad en donde lo insólito sería que un acto, el que fuera, fracasase por inasistencia. Público es lo que abunda, y en la capital, a falta de cielos límpidos, se tienen, y a raudales, habitantes, espectadores, automovilistas, peatones.

Carlos Monsiváis

Las ciudades son animales que van cambiando de piel y de entrañas cada día, pero que generalmente se perciben solamente luego de un tiempo —de la misma manera que los padres no se dan cuenta de lo crecidos que están los hijos hasta que pasa algo o los dejan de ver por un período largo— algunas veces los cambios son de gran escala, casi una cirugía plástica, otras veces es un crecimiento desproporcionado —algo sé de eso— o el cambio de color de cabellos, algunas más sutiles como la aparición de arrugas.

Cuando mi abuelo regresó al Distrito Federal, al quedarse huérfano tuvo que ir a vivir con su tía en Morelia, lo primero que hizo fue darle una vuelta a la ciudad, cuyos límites estaban muy a la mano, como San Lázaro, Santa María la Redonda, Fray Servando y Chapultepec. El cambio fue explosivo durante los años cuarentas pero gran parte de ese cambio es documentado, así como la entubación del Río Piedad para convertirse en el viaducto —concebido para unir la carretera a Toluca con la de Puebla— también la creación del periférico —posteriormente su segundo piso—o los ejes viales. Pero los pequeños cambios son los que corren riesgo de ir al olvido.

Así como están escaseando los carritos de camote ya no hay vendedores que pasen gritando chichicuilotitos —están casi extintos, más escasos que el teporingo— también vendían patos herencia del lago de Texcoco.  O como los jicameros que siempre cargaban su cuchillo enorme, claro aún hay muchas personas que venden frutas en la calle pero no jícamas exclusivamente, o los muebles de las tepacherías, de madera y pintados de un color verde que seguro era el más barato. Tampoco es tan fácil encontrar los puestos callejeros de tacos de hígado encebollado, los hot cakes de feria —también están desapareciendo— al igual que los circos y las carpas.

El paisaje se modifica radicalmente como cuando dejó de existir el Toreo de Cuatro Caminos, y fue cambiando de color cuando los transportes se fueron pintando de verde, las bombas de las gasolineras dejaron de tener esos colores azul y gris con sendas leyendas NOVA y EXTRA —gasolina con extra  plomo— y las calcomanías de las placas que cambiaban de color.

Así como los dinosaurios fueron la especie dominante durante muchos años, los vochos pulularon por la ciudad adueñándose de ella. El temblor de 85 cambió de lugar la estación Chabacano del metro y el estado laico cambió los nombres de las estaciones del metro de Purísima y Basílica a UAM-I y Deportivo 18 de marzo; esto por el mismo tiempo que el súper 7 pasó a ser Seven Eleven, y antes de que Soriana dejara atrás a Gigante. O las desaparaciones de Burguer Boy y Tom Boy y los cascos de Danesa 33. El paso de corcholatas a fichas y luego a taparoscas.

Cerca de la casa de mis abuelos había un tobogán enorme, y un terreno cerrado al que conocíamos como la barda, esa barda la librábamos subiendo por un montón de tierra y basura para jugar en el terreno que estaba lleno de hoyos hechos por tuzas. Esos terrenos fueron divididos por el eje 3 OTE, ahí también jugué fútbol con el Ultra y luego con el Necaxa, muchas veces bajo el arbitraje del ampayita —llamado así por su tamaño— el terreno pertenecía a la Cervecería Moctezuma y de niño iba con mi primo Carlos a pedir calendarios de campeonato mexicano de fútbol, del lado sur de la barda está la calle de leñadores que cuenta la leyenda urbana que estaba embrujada, cuando queríamos que alguien demostrara su valor lo hacíamos atravesar esa calle durante la madrugada.

Es inevitable que las cosas cambien pero quisiera que no todo se fuera al olvido.

 

 

 

 

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el octubre 16, 2014 en Abuelo, México y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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