libros, caminos y días

Por el grosor del polvo en los libros de una biblioteca pública puede medirse la cultura de un pueblo.

John Steinbeck

#Dicen que el califa Omar mandó quemar la biblioteca de Alejandría bajo el argumento: si contiene los mismo que el Corán es redundante y si no contiene lo mismo es impía.

La única biblioteca que usé hasta antes de entrar a la preparatoria fue la de casa, que contenía el tesoro del saber. un diccionario de historia Porrúa y la Quillet, y uno que otro libro que mi padre me compró en la feria del libro, confieso que le entré mucho antes a los cigarros que a los libros, pero en algún momento me dio una sed insaciable de enterarme muchas cosas —me pueden llamar chismoso—

Las bibliotecas resultan un paraíso gratuito al alcance de cualquier persona aunque yo tenía mi chamarra equipada con un compartimento secreto que usaba para obtener donaciones no tan voluntarias de las librerías siempre es mejor cuando un libro es leído muchas veces por diferentes presonas. Cuando inauguraron la alameda del sur, para tener acceso al préstamo teníamos que registrarnos y firmar cada visita hasta acumular cinco firmas, en el caso de la de Xochimilco se necesitaba un comprobante de domicilio, nunca hice el trámite para la de Balderas que es la única que siempre estaba llena. La última vez que fui a esa biblioteca estaba en la carrera aún con Pau-Pau y Chela, al final del día recibí una rosa de regalo. La biblioteca del Colegio de México era muy seria y fue en la única que me llamaron la atención.

Aunque me tocó la inauguración del Amoxcalli —la biblioteca de la Facultad de Ciencias— y solía usar mucho, en especial cuando tenía 2 credenciales que permitían el préstamo ¡y por más tiempo!. Pero mi corazón quedó encantado cuando tuve mi credencial de la Biblioteca Central, cada semana caminaba hasta la Biblioteca, devolvía los libros que había sacado, buscaba en el catálogo aún físico y recorría los pasillos que ya eran más que familiares, buscando, digamos, PQ2619.A65 caminaba a la parada frente al comedor y tomaba la ruta 64 —Cerro del Judío a San Lorenzo Tezonco— y regresaba leyendo de pie porque el camión siempre iba lleno en el trayecto que yo lo tomaba. Lo único que necesitaba para ser feliz era mi abono de transporte y mi credencial de la biblioteca central.

Un amigo que conocí en el CCH —no porque yo estudiara ahí— siempre me recriminaba que yo trataba a los libros como pañuelo de papel —kleenex para los cuates— que no les tenía la reverencia suficiente, que nada más les extraía la información y los desechaba, con él solía tener pláticas todos los días, nos regresábamos de CU y vivía a unas tres cuadras de casa, y como siempre solía dar un aventón pues el trayecto era más largo. Él clamaba que no necesitaba leer más, y estaba vendiendo todos sus libros, tenía algunas ediciones impresionantes, algunos libros en húngaro y bastantes en alemán. Siempre que hablábamos acerca de la situación del país me acusaba de que dejaba deprimido. Pero yo creo que eso se debía a la forma de percibir el mundo, él pensaba que no todos deberían tener acceso a los libros, que eran objetos que solamente los elegidos podían tener, una idea contraria a tener esperanza en las personas, en su capacidad de cambio.

Las bibliotecas, incluida la megabliblioteca, no son recintos frecuentados, no entiendo por qué los que no alcanzan el lugar buscado en los recintos educativos no abarrotan las bibliotecas en busca de una educación por su cuenta, creo que no están convencidos del poder de transformación que tiene el conocimiento, también creo que la educación es, en su mayor parte, responsabilidad de los interesados que yo esperaría que fuéramos nosotros mismos los que lucháramos por obtenerla por cualquier medio.

Incluso ahora, mi frecuencia de lectura ha menguado tanto que debería estar leyendo en lugar de rezongar al respecto.

libro

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el noviembre 13, 2014 en Biografía, Educación y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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