Archivos Mensuales: marzo 2015

Energía conservada

Porque aquí todo miro hacia abajo, porque a nadie le importa un carajo, porque a nadie le importa un carajo si lloro, si muero, si grito…

Viaducto Piedad – José Elorza

Luego de un par de conversaciones con amigos cercanos que comparten cierto comportamiento respecto a los demás, el compromiso familiar y con amigos. Sentimos una responsabilidad por su bienestar,haciendo muchas cosas al respecto, muchas veces resolviendo problemas ajenos, ayudando en cualquier pedido de ayuda o preocupándonos por los problemas de otros, muchas veces más que las personas con el problema, quizá quitándoles la responsabilidad de sus manos, creo que siempre existe la posibilidad de hacer alguna diferencia en la vida de alguien más con una ayuda en el momento adecuado. Pero una de las cosas que salió a colación es la cantidad de energía que ha sido gastado en otras personas es mucho más de la que he invertido en mí.

Ahora cuando se añade el componente respecto al ser amado las cosas suelen exagerarse, lo que hacemos por el otro puede resultar excesivo e incluso absurdo o, a los ojos de los demás un abuso o  que nos ven la cara, que merecemos un trato mejor, pero no lo sentimos así. Entonces nos ponemos a hacer muchas cosas yo he estado en situaciones diversas.

Me he encontrado haciendo algún trabajo sobre el barroco o Frida Kahlo, resuelto exámenes de estadística o lógica, elaborando reportes de comparación musical ! y evidentemente resolviendo los problemas de un libro, casi nunca tengo la persona interesada de lado, por lo general está en otro lugar con la confianza de recibir la ayuda apropiada, algunas veces en el cine, o en una fiesta con alguien más,  siendo tratado como un auténtico pagafantas —mucho peor tal vez porque ya hay una relación—, donde es evidente que el interés no estaba de su parte. Algunas veces ni las gracias recibía, incluso un reclamo por la fuente utilizada en la impresión o por haber llamado a la hora inadecuada —peor si yo era su excusa—.

Otra señal es que las enfermedades no pesan en absoluto, no interrumpirán un compromiso, una fiesta o una salida a los tacos sin importar la gravedad de me situación, no digamos de esperar cuidados, Siempre he pensado que aguanto más, por siempre termino haciendo el sacrificio —la aparición de esta palabra es una prueba fehaciente de que algo no está bien— o cediendo.

Siempre defienden sus derechos —hacen bien— es muy importante su espacio, su individualidad, su libertad de expresión y detestan cualquier actitud machista. No es de extrañar que no me incluyan en sus planes de viaje sea a Oaxaca, Acapulco o alguna isla paradisíaca. Incluso aunque su compañera de viaje vaya con pareja, mi presencia no es requerida. Uno espera que el orgullo que sientes por tu pareja sea recíproco.

Claro que este no es un problea que la otra persona tiene, es mío, esta certeza que uno debe pagar derecho de piso para estar con otra persona, que uno se debe brindarse al ser amado, que no hay cariño de gratis que el sufrimiento es el precio por ser amado. Y nos desbordamos, así como lo hacemos por la familia y los amigos, con la diferencia de que la contradictoria volatilidad del amor nos lleva a prometer que es para siempre. un juramento innecesario para los demás.

Pero además siempre cargo con las culpas, las acusaciones, porque las cosas buenas se olvidan y lo malo es lo que sobresale, lo que termina por explotar, lo que se critica. Lo bueno solamente emerge de nuevo a la memoria cuando la relación que existía se ha desvanecido. El lamento más común ha sido el que extrañan mis tratos, todos esos pequeños detalles que daban por sentado y que procuro brindar, muchas veces de manera silenciosa, sin tanto bombo y platillo, otras veces con mi acostumbrada exageración pero que se van convirtiendo en un ruido de fondo que la otra persona apenas percibe y rara vez agradece. Porque se acostumbran a la buena vida y que al que le den pan que llore. Parece que no requiere esfuerzo ese conocer a la otra persona, estar atento a sus reacciones, buscar el regalo adecuado, romper la ley para conseguir algo, desvelarse, adelantarse a los deseos, sacrificar la salud.

El problema soy yo, esa manía de estar abandonándome de nuevo. Nadie va a morir por mí, lo que debo hacer es tener esa dedicación devota para mí. Tengo el poder de la trasnformación, he tocado la vida de algunas personas, quisiera pensar que para mejorarla. No tengo problema con la responsabilidad asociada a este poder, el problema es usarlo en mi contra, o no sentirme digno de aplicar una transformación positiva en mi favor. Eso es lo que tiene que cambiar.

Ya

 

 

el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

El Ángel

Un ángel dentro de mí que no cree en la muerte ni en el fin su locura lo puede salvar.

El Ángel – Santa Sabina

Esto escribía cuatro años atrás un poco antes de iniciar con este blog, antes de conseguir morada por estos lares:

Se murió Rita Guerrero y esto me llenó de tristeza, y derramé algunas lágrimas y no fue porque mi pensamiento volara hacia alguien, fue porque me acordé de mí.

Y tal vez fue porque Santa Sabina apareció en mi vida a finales de los 80, cuando ya habían pasado esos sábados de conciertos en el deportivo casa de la chingada donde siempre aparecía una razzia que terminaba los conciertos. Ellos se presentaban en el LUCC en la calle de Perpetua casi esquina con Insurgentes los martes que no había cover, en ese lugar las columnas estaban acolchonadas que amortiguaban el rudo baile de slam que hacíamos cuando tocaban “Chicles” y con el final de “Yo te ando buscando”

O la imagen de un concierto masivo en CU, donde se juntaba dinero para mandarle petróleo a Cuba, fue en las islas, haciendo honores abrieron los Nakos, después tocó Santa Sabina, seguidos de Caifanes, La Maldita Vecindad y cerrando Euguenia León (!), todo eso lo ví con Felipe tras el escenario.

También influyó que en septiembre del 89 fuimos a un concierto en privada Lago, cerca del metro Nativitas, ya veníamos servidos y un LTD negro se paró a amenazarnos con una pistola, pero huyeron ante los desfiguros de Paco que terminó en el suelo. Pasamos frente a una reunión de AA blandiendo una botella de bacardí blanco ofreciéndoselos y burlándonos de su negativa, La misma botella la escondimos en la base de un poste de luz que no estaba cerrada. No teníamos para la entrada así que Chucho tuvo que dar su cadena, ya dentro escuchamos a Splash y a Santa Sabina conseguimos robar un par de cervezas y nos dirigimos a una fiesta, donde tocaron unos cuates, todavía recuerdo que la letra de “Killing an arab” fue “Standing on the beach with a gun in my manos”. Después de terminada la música la fiesta continuó, pero Octavio me pidió que lo acompañara a dejar a Liz y Dioné, tomamos un Volkswagen rojo prestado y nos enfilamos a Canal del Norte, pero una de las llantas no aguantó todo el trayecto y nos quedamos varados en la Doctores, la sorpresa fue que el gato no servía, algo que hubiéramos podido solucionar, pero lo peor era que la llanta de repuesto estaba desinflada así que nos arreglamos para empujarlo hasta una gasolinera y medio inflar la llanta, y así llegamos a la calle de mayas donde Liz llamó para que fueran por ella y nos quedamos escuchando las desventuras de Nina con Aarón me parece. Llegaron por ellas y se las llevaron sin ofrecernos ayuda así que emprendimos el regreso como pudimos, todavía alcanzamos algo de la fiesta antes de que el sol la terminara.

Me resulta emotivo que todavía alcanzaran a traslaparse con algo de mi psicodelia, y llegaran justo antes de mi primera mutación, en la que el amor me abarcara y comenzara a pasar casi todo mi tiempo alrededor de mi amada universidad donde los carteles de sus conciertos abundaban, Rockotitlán, el LUCC, el Bar 9. Y por mi asidua asistencia al cine los vi aparecer en la película Ciudad de Ciegos.

Y cómo no recordar el concierto lleno de tantas bandas en el espacio escultórico que empezó cerca de las 10 de la mañana y acabó a las 4 de la mañana, donde vestía de blanco, llevaba flores y me acompañaba Natalia.  Después hubo una marcha por Reforma para acaba frente a la embajada estadounidense, caminar rodeado de personas que de alguna manera comulgan por una causa o al menos se ofenden por el el comportamiento del presidente Bush sr. Y después los zapatistas y tantos conciertos pagados con bolsas de arroz.

Y las cosas cambian, fue una mezcla de sentimientos no tener para pagar la entrada a verlos, al menos eso significaba que les iba mejor, había más gente queriéndolos ver, paralelamente me iba desmoronándome poco a poco, en tantas partes que ni tres terapias –personal, grupal y de pareja– alcanzaban a juntar el rompecabezas. Y su período sin disquera coincidió con un pasaje oscuro que algunos me vieron transitar, que me dejó una piel acerada y un corazón a prueba de balas.

Las lágrimas pueden provenir de ese mar adentro de la sangre que estuvo dormido, y que solamente mediante un punto de quiebra, como la huelga, despertó y que terminó por alejarme de la universidad principalmente pero de muchos otros lugares y me lanzó por caminos diferentes, algunos virtuales, gracias a los cuales encontré a tantas personas.

Pudiera ser una repetición porque hubo un concierto en el zócalo, contra la guerra de Irak donde todos lanzaban incordios contra Bush, ahora jr. En esa ocasión esperé al final y me firmaron mi disco Espiral y hablé un poco con ellos. Los tiempos cambian pero siempre hay causas alrededor.

Me parece que lo que me hizo llorar fue pensar que ya no era joven, que llevo algunas cosas irreversibles a cuestas, que “No me alcanza el tiempo”, que ese Ángel que ahora nos abandona se está terminando de llevar algo precioso; que ya no recorreré las calles de mi amada ciudad en las noches, que estoy lejos de mi alcoholescencia prodigiosa y sin aquel abanico de caminos que se bifurcaban.

Pero eso no es cierto, si algo he aprendido recientemente es que uno decide el camino, y que voy a seguir buscando, que ahora estoy en un lugar nuevo a punto de alcanzar los 40 y hay muchas cosas que quiero hacer, que sigo descubriendo música que me alimenta, y libros y películas y sobretodo personas. Jamás voy a cansarme de aprender, de descubrir lo hermoso de este universo, de interpretar los signos que se me presenta a cada día, lo que he vivido me formó y por eso lo escribo, que estoy construyendo mi vida de nuevo, que hay otra infinidad de posibilidades futuras, que tengo una ciudad por conquistar y que voy a empezar ahora.

de compras por el tiempo

El que tiene tienda que la atienda, si no que la venda

Refrán popular

Desde pequeño acompañaba regularmente a mi mamá a hacer las compras, la mayoría era en el mercado de la 201 pero algunas veces íbamos a una tienda del Departamento del Distrito Federal allá por av. Del Taller, no había tanta variedad como hay ahora, no existían envases de tetrapak, los únicos jugos que vendían eran del valle, en recipientes de vidrio de casi 800 ml. Solamente había de uva y de manzana, había leche Carnation Clavel que requería agua pero era la única que duraba mucho tiempo, comprábamos frijoles al minuto, que eran deshidratados y venían en caja, recién hechos no eran tan malos pero no había manera de recalentar el sobrante quedaba una especie de plasta que se deshacía con un poco de fuerza. Solamente aquí vendían carnes frías , porque en las tiendas solamente vendían jamón, queso blanco y queso de puerco, bueno algunas tenían queso supremo. El pan para hamburguesas no tenía ajonjolí y le llamaban va-llenas, desde entonces había medias noches, latas de choco-milk, harina de trigo, solamente había aceite de cártamo.

Otra tienda un frecuentada era el Gigante, mucho antes de que fuera Soriana, que está en Calzada de la Viga, muy cerca del eje 8, en esa tienda había un local de videojuegos —Chispas, sin albur—, ahí vendían jugo de caña, estaba enfrente de una gasolinera y tenía una entrada por Ermita casi frente a la clínica 15 del IMSS. por ahí era difícil atravesar por causa del trolebús. Cuando mi madre estuvo delicada y viviendo en casa de Chuchita, seguía haciendo las compras en ese lugar, tenía que tomar un camión de la ruta 100 de la ruta 37 (sic) que iba de Santa Ana a la Viga y regresar cargando bolsas de plástico no tan frágiles como las de Soriana. Otras tiendas Gigante frecuentadas eran la de miramontes donde había un zapamundi y también había juegos a los que llevé algunas veces a mis primos Juan de Dios y Mariana, fui ahí donde hice mis compras la primera vez que cociné la cena de navidad, mi mamá estaba triste por la muerte de su mascota y yo me lancé a las dos de la tarde a ver qué encontraba para la cena; cuando esaba en la fila de la carnicería la mujer que estaba adelante le reclamaba al carnicer con aires de superioridad el tamaño de la pieza — ella pensaba que su estatus le bastaría para resolver el problema de las existencias durante esta temporada— al irse a reclamar al gerente el carnicero me ofreció la pierna de cerdo desdeñada por la señora: esa fue la base para la cena. La otra tienda también en Miramontes, pero es la esquina con Acoxpa, donde en estaba el Sanborns donde hay mucho movimiento de ambiente, ahí acompañaba a Raúl en sus encuentros y alguna vez el conductor de un Grand Marquis intentó contratar “mis servicios”.

En las contraesquinas de esa tienda había un Sardinero —que cambió a una bodega aurrerá—al lado del Barón Rojo y del otro lado estaba un Aurrerá —convertido después en Walmart— el que más frecuenté fue el que se construyó sobre un antiguo tianguis de automóviles en donde Miramontes se bifurca en el eje 1 OTE y el eje 2 OTE. Frente a ese walmart se encontraba la tienda del ISSSTE que tenía un estacionamiento subterráneo donde me robaron los limpiaparabrisas de Napoleón el día que fui de madrugada —habrían las 24 horas— a comprar un jugo de naranja y una botella de Terenka. Duré más de una año sin limpiaparabrisas.

En avenida Universidad, entre Miguel Ángel de Quevedo y Copilco existía otra tienda que se ufanaba de tener de todo —de Todo tiene de todo— a la que llegué a ir de niño un par de veces, tenía los pasillos muy estrechos y mucho más productos de baño que las otras tiendas.  Había un Sumesa sobre avenida centenario al lado de Río Churubusco en la entrada de Coyoacán, menos surtido que la vinata de enfrente. De casa de Azul solíamos ir al Superama, de avenida Politécnico, cuando me cambié a la Quemada podía ir a pie al Superama de Luz Saviñón. Tenía pocas cosas, algunas distintas pero más caras.

Ahora por estos lares hay Pão de Açúcar, Emporium, Extra, Sonda. Pero voy al más cercano.