Archivos Mensuales: julio 2015

Tesoros perdidos

Nunca se desprende uno de lo que le pertenece, aunque lo tire o lo regale.

Goethe

Las cosas no son eternas, aunque la ley de la conservación de la materia pueda interpretarse de muchas maneras, pero hay objetos que llevan imbuidas cualidades que nos hacen darle un valor mayor,

Durante mi primera mudanza se perdió mi juguete favorito —era de un extraño color amarillo— después de la segunda necesité algún tipo de transporte para ir a la escuela o visitar la familia.

Otra ocasión terminaron en la basura numerosas pertennecias de papel, como revistas “Tiempo Libre”, o las carteleras de la UNAM,  todos los exámenes/tareas que califiqué y que nadie recogió, el periódico informativo del club de ajedrez de la delegación Benito Juárez, mis cuadernos de “apuntes” que en realidad contenían garabatos —sería demasiado pretencioso llamarlos dibujos—, ideas, frases y laberintos, también los exámenes que había hecho, las copias de libros y artículos,solamente me quedé con 4 libros en copias —la era antes del PDF—

  • La mano en la trampa, Beatriz Guido
  • Les fleurs du mal, Charles Baudelaire
  • Ergodic Theory and Information, Patrick Billingsley
  • Foundations of Probabiliy, Alfred Rényi

También quedó en el camino mi colección de latas de pepsi, 2 de mis tres computadoras, los pósters que me regalaron mis alumnos de Cinemex, de películas como Women on Top o Taxi 2, y un sinnúmero de chácharas´.

Una de ellas ocurrió en solamente un día, gracias a la ayuda de mis amigos y de mi decisión de tirar indiscriminadamante casi todo lo existente, en una especie de renovación y limpieza. La parte difícil fueron las cajas de libros, desde entonces aprendí la lección que las cajas grandes llenas de libros, pesan muchísimo.

Mi cambio de país necesitó un detallado inventario para sortear un par de aduanas burocráticas pero con una empresa de por medio casi todo con ayuda de maestro del tetris mientras yo ya me encontraba en Brasil

Ahora hay mudanza en puerta.

El último de la fila

¿Acaso existe un modo ordenado de describir el caos?

Félix J. Palma

Mi apellido comienza con la última letra del abecedario, en prácticamente toda mi historia escolar era el último de la lista con la excepción de dos personas: Zurita y Zepeda —una persona real y otra imaginaria pero eso es parte de otra historia—, si a ese hecho le sumamos mi estatura el resultado fue que siempre me tocó estar en los últimos lugares, porque los criterios de localización de lugar siempre fueron o apellido o estaturas. Estar al final trajo diversas consecuencias:

Al pasar lista siempre que llegaba el momento de contestar presente ya nadie estaba poniendo atención, en especial si la lista se toma al final de la clase tenía que esperar para más tiempo para salir, mientras que Aburto ya estaba fuera mucho tiempo antes que yo. Como estaba al final del salón, cerca de la pared o una columna pude hacer figuras —desfiguros— de cera de campeche que se quedaban pegadas por mucho tiempo. También se organizaba la hora feliz —generalmente en clase de matemáticas— donde había intercambios culinarios —compartir una mitad de torta y un dar un trago de boing de triángulo— algunas veces me ganaba el sueño —clases de literatura donde se leía el libro de texto en lugar de los originales—, también estar cerca de la pared me permitió azotar la cabeza de un compañero en extremo molesto. Creo lo más interesante fue que me permitió entrenarme en decifrar textos a lo lejos —después supe que necesitaba lentes y mucho después comencé a usarlos de verdad— entonces eso me sirvió porque cuando veía un camión que venía a lo lejos y había lluvia sábía lo que decían a pesar de ver todo borroso, y ese era mi secreto para manejar bajo la lluvia sin limpiaparabrisas —con una combinación de la fuerza y a veces de detergente roma—

Rara vez alcanzaba repartición o premio, generalmente en orden; de la misma forma que no le pegaba a la piñata o en la víbora de la mar iba atrás —la verdad generalmente deteniendo al novio—, pero lo mismo pasa con las revisiones de la tarea, o la entrega de la cartilla, o cualquier trámite por apellido; a mi estancia en Brasil se le sumó un componente extra en su extrañeza respecto a los apellidos que comienzan con Z.

También tiene sus ventajas, buscar en una lista es sumamente fácil, vas al final y subes, ni siquiera hay que saltar el encabezado, también generalmente se tiene más tiempo para reflexionar la respuesta, se tiene un mejor panorama del salón, de todo lo que pasa. quizá adquirir un poco de paciencia y saber cómo se juega en una viuda cuando te toca el último turno. Quizá lo mejor sea que cuando se está en esa situación cualquier alteración en el orden resulta ventajosa.

Retorno y despedidas

No pocas veces ya he dicho adiós; conozco las horas desgarradoras de la despedida.

Friedrich Nietzsche

César y René  eran vecinos míos, uno vivía en una esquina, el otro tenía una tienda. El primero era víctima de burlas constantes de mis amigos, le apodabaen el wrote por su color serio, y al segundo, que triunfaba particularmente con la damas le decían el Vani.

César era, por mucho, lo más cercano a un hijo modelo, era estudioso,  bien portado y hacía ejercicio. Se esforzaba demasiado en complacer a la banda en busca de aceptación, lo que le ganó muchas bromas pesadas. Con él platicaba mucho más que con todos los demás, de sus vicisitudes en la vocacional, sus problemas amorosos —el clásico triángulo una amiga enamorada de él y él de otra— y de sus planes de carrera, la razón por la que le gustaba el método politécnico de estudio.

Vani compartía mi gusto por Depeche Mode, esto incluyó en un ocasión buscamos tener un corte parecido a los del grupo, así que fuimos a la estética de Agustín, que tenía poco de haber regresado de Japón, así que venía con ideas nuevas. Él fue el que me recomendó beber pepsi la primera vez —como remedio para los males amorosos— acostumbraba pasar a platicar con él cuando regresaba de la universidad, me tomba una pepsi que no estaba del todo fría y compartíamos cassettes, algunas veces llegaba algún niño a pedirme que jugara con él en el máquina que estaba en la tienda (era el cabal que era para dos personas).

Cabal

Un día que me estaban esperando para ir a una fiesta tuve un altercado verbal con Paco luego de desesperarme por su insistencia, entonces salí y solté algunos exabruptos que desembocaron en una cierta tensión en nuestra amistad que duró algunos días pero que terminó fortaleciéndola. Pero César y Vani dejaron de hablarme, Vani lo volvió a hacer algunas veces que se le pasaban las copas y se le caía su minicopete sobre la frente.

Son raras las formas en las que las personas entran y salen de nuestra vida.

 

Escenas operísticas

Eran unos amigos excelentes. Esa clase de amigos con que todo el mundo sueña pero que nadie merece. Y yo menos que nadie.

Patrick Rothfuss

Muchos de los recuerdos que se agolpan no siempre tienen un hilo conductor claro pero al agruparlas forman una especie de música de fondo que da color a un estado actual. No exactamente una banda sonora sino la música que suena en el consultorio del doctor, el elevador o la línea de teléfono, mientras esperas que llegue otra cosa.

Un domingo cercano a un cambio de década hace algunos ayeres iba conduciendo Napoleón sobre calzada de Tlalpan, iba con Felipe, Abi y Nadia. Felipe iba molesto porque teníamos que pasar su domingo buscando una guía de la secundaria para su cuñada, y no era la estándar, Abi iba enojada con su hermana porque por su culpa su novio se había enojado y Nadia tenía cara compungida, eso hubiera sido divertido entonces si no me hubiera estado doliendo la cabeza,  ellos decidieron buscar en las papelerías de Santa Úrsula en lugar de hacer caso a mi recomendación de ir la la 201, entonces todavía se podía atravesar Tlalpan por Xotepingo y no existían tantas precauciones con el tren ligero, ahí el ambiente del carro estaba denso y mi paciencia a punto de agotarse, frente a donde ahora está el hotel Boston ahí di una vuelta intempestiva entré sobre las vías del tren ligero para dar media vuelta escapando apenas de una colisión espectacular pasó el tren tren ligero a unos centímetro y al cambiar la luz del semáforo seguí por la calle Tlalmanalco; el movimiento los dejó sin tiempo de reaccionar, cambió los ánimos y yo compré una pepsi retornable en botella de vidrio y una caja de prodolinas que consiguieron aliviar mi dolor de cabeza.

Pepsi

Mis amigos de la universidad y yo solíamos reunirnos a convivir,  ellos a veces estudiaban y yo algunas veces les ayudaba pero generalmente eran reuniones de desahogo, donde hablábamos, escuchábamos música, cantábamos, bebíamos, reíamos y ocasionalmente llorábamos, recuerdo como se cantaba con el mismo sentimiento la de Boys Don’t Cry de The Cure como la de Un Indio Quiere Llorar de la banda Machos, todos estábamos en camino de una transformación y esos momentos eran únicos e irrepetibles, me tocó visitar las casas de todo mundo, quizá el lugar más frecuente de reunión haya sido la casa de Raúl, pero fuimos hasta la casa de Belén -creo que aún hay un video que lo prueba-, fuimos agasajados en casa de Mónica, donde generalmente terminábamos las opíparas comidas con una copita de Jerez, y fue ahí donde me respondieron mi chiste de que tocaba el triángulo sacando un triángulo de verdad, desde entonces lo tuve que cambiar por el clavicémbalo, a la casa de Vero en la boda de su hermana y en de Chela en una excursión para sorprenderla en su cumpleaños, la casa de Martha en circunstancias trágicas o en la de Norma en petit comite, yo fui anfitrión algunas veces. El último día que estuvimos todos juntos les dije que sería el último día todos juntos. Es difícil que grupos numerosos se mantengan demasiado tiempo juntos, no en balde tantas bandas se deshacen y ellos ganan lana por estar juntos.

Durante la huelga de la Universidad me tocó ver de cerca la conversaciones, debates, peleas, discusiones y confesiones. La mayoría de los estudiantes tenían una agenda propia, prácticamente todos se sentían de alguna manera aislados, como parias, ajenos a su hogar, a su barrio e incluso a la misma causa que defendían, no es de sorprender que terminara deshaciéndose en bandos en paristas y no paristas, después en moderados y ultras, bastaba ser de un bando para descalificar sus ideas. Pero en las noches de guardia, cansados de marchas y asambleas se asomaban rasgos auténticos que escondían detrás de sus máscaras de revolución, la estudiante de Economía que soñaba con tener un novio arquitierno,  o el que estudiaba historia y que su padre trabajaba en la suprema corte, y no toleraba, o cuando se escuchó la canción del Tri, las piedras rodantes, TODOS cantaron con sentimiento el coro la estrofa de yo siempre fui una lacra y tú eras del cuadro de honor, cuando les pregunté si ellos eran lacras o del cuadro de honor recibí la misma respuesta. Supongo que es evidente cuál.

Dejé mucho tiempo de ver a mi amiga Yess, que fue mi alumna pero me la encontré unos años después, fue una fortuna encontrarnos de nuevo, entonces hemos seguido en contacto, ella trabajaba a unos pasos del metro Coyoacán, así que cuando le notificaron que iba a mudarse a otras oficinas en Montes Urales, estaba emocionada porque íbamos a poder comer juntos y vernos más seguido, Como siempre sucede con los movimientos de esa naturaleza se retrasó, para la fecha que ella se mudó faltaba una semana para que yo me mudara a São Paulo, quizá algo parecido vuelva a pasar.

Tal vez esta sea una especie de saludo para esos amigos.

 

 

la tecnología y el reto a lo retro

¿Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida mas fácil, nos aporta tan poca felicidad? La repuesta es está, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino.

Albert Einstein

Después de ver Mad Max, Terminator y que vienen los cazafantasmas, pareciera que es obligado echar un vistazo al pasado; ahora que todo está en mi teléfono, me doy cuenta cómo los recursos disponibles en mi aparato —el teléfono– han pueso a la mano de todos muchas facilidades, algo que en el pasado nos costó mucho tiempo.

GPS

Ahora a los taxistas les basta poner una dirección y recibe la ruta y hasta el reporte de tráfico. Antes es eran los que respondían todas las preguntas respecto a las rutas. También mi madre solía responder las clásicas preguntas: ¿cómo llegas a tal lado?

Yo me enfrenté a retos a los cuales no estoy seguro cómo hubiera reaccionado un GPS, Por ejemplo cuando nos dieron como direcciones equivocadas para algunas fiestas como la que estaba en la calle Sebastián Ligarde —dudo que su trabajo en quinceañera le hubiera bastado para tener una calle— o en la calle de Tallorango —será que la inteligencia artificial sabría que se trata de Mayorazgo— o la vez que el Pandita nada más nos dió las direcciones a parir del  metro San Pedro de los Pinos claro que una izquierda la cambió por derecha. Y dudo que Siri consiga dar la ruta para llegar a la calle con el árbol en medio allá por Tlalpan. Así como mi primo José Carlos puedo describir el camino de un lugar a otro con los detalles pintorescos alrededor. O como la primera vez que fuimos a casa de Chela, nadie había ido pero mi sentido arácnido me ayudó a saber dónde bajar del pesero.

wpid-screenshot_2015-07-02-12-07-13-1.png
Cámara

Las cámaras existen desde hace mucho, las ventajas ahora son evidentes, es instantáneo el resultado, la restricción del número de fotos que puede ser tomadas —ya no hay rollo— prácticamente ha sido eliminada, y pues los cubitos de flash están en el pasado. Como ahora no se necesita llevar a revelar no se pasan verguenzas y por eso las selfies con poca ropa proliferan, es curioso como antes ocasionaba más pudor saber que una persona iba a ver las fotos que tomaste que ahora que las fotos publicadas tienen una audiencia mundial. El hecho de saber cómo revelar fotos —cuarto oscuro y toda la cosa ya perdió mucho valor— si bien las fotos son más baratas y eso causa que medio mundo publique en instagram, rara vez es una mejoría para el arte pero los documentos fotográficos para el periodismo se han incrementado exponencialmente.

wpid-1255965175837_f.jpg

 

Google y Wikipedia

Me gustaba jugar maratón, trivial pursuit y recordar datos al parecer inútiles, cifras, fechas, árboles genealógicos de la realeza. Siempre fui un curioso de muchas cosas, y solía ser consultado por la familia, los amigos y algunos extraños respecto a diversos temas. Incluso dentro del trabajo ya más recientemente algunos comenzaron a decirme Pedropedia, tuve otros motes parecidos en el pasado. Ahora basta hacer una pregunta, buscar en google, hacer preguntas en yahoo, u hojear wikipedia, me da gusto que el conocimiento se haya democratizado, quizá ahora haya que trabajar en alguna aplicación que genere opiniones con un mínimo de congruencia.

Whatsapp, Telegram, Line, Skype, Google Hangouts, SMS y de pilón teléfono

Esto no tiene comparación, la comunicación me ha permitido hablar, ver y hasta jugar con mis seres queridos, los mensajes inmediatos para preguntar si todos están bien luego de un temblor, las buenas noticias cuando alguien nace, ahora el costo de esas comunicaciones ha bajado. Esto es un cambio respecto al pasado, cuando no teníamos celular como en el 14 de febrero que fuimos a celebrar en 2 coches (el fairmont de Chucho y mi querido Napoleón) que nos separamos, pudimos encontrarnos luego de una hora gracias a ciertas habilidades lógicas; también podía encontrar personas en las calles del centro en temporada navideña. Y me tocó muchas veces estar en la fila de un teléfono público, donde las conversaciones tenían que acortarse y la privacidad era nula. También existía una regla de cortesía de que las llamadas debían ser entre las 9:00 y 21:00 —algo ignorado por las llamadas automáticas de cobradores ahora— porque no sabías si alguien de la familia estaba ya durmiendo. También obtener entonces un teléfono de una chava era significativo porque la familia se daba cuenta cuando le llamabas, ahora dan el número a diestra y siniestra porque nada más ellas saben cuando y quién les manda mensajes, pueden estar con muchos al mismo tiempo y coleccionar fotos de penes que vienen con propuestas indecorosas.

Juegos

Quedaron muy atrás los tiempos de depositar dos pesos para poder jugar un videojuego, la idea entonces era que ese dinero fuera bien invertido y durara el mayor tiempo posible, ahora es al contrario los creadores del juego son los que quieren con un solo juego que estemos dando monedas, sea para tener más vidas en Candy Crush, tener el objeto especial en la granjita o que el ejército sea más fuerte con un mercenario pagado con dinero real. La definición es mucho mejor que el atari de entonces y hasta de volante improvisado sirve el teléfono. Y ya no necesito tener una LAN en casa para jugar con otra personas.

Música y tele

Tiene incluído radio, tornamesas, acceso a toda la tu colección de música y a la colección de Spotify, incluso te ahorra la pena de preguntar el nombre de la canción usando Shazam. También puedo ver mis series favoritas o los programas usando Netflix. Y pues puedo ponerme a ver Adventure Time mientra pido una pizza por el celular.