Archivos Mensuales: octubre 2015

el paracetamol y el cáncer

La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno.

George Bernard Shaw

En los últimos días, además de las ofrendas, el pan de muerto y los espectáculos aterradores; he notado un par de cosas pululando en la red, los memes de los estudiantes de medicina que nunca se quitan la bata y los del informe de OMS sobre la clasificación de la carne procesada.

Recuerdo vívidamente mis épocas de estudiante, la hermana de mi amiga Norma entró a estudiar medicina, ella y al parecer su familia estaban muy preocupados porque los vecinos se iban a dar cuenta nunca me pudo explicar las terribles consecuencias de que los vecinos se enteraran, teníamos un amigo común que estudiaba medicina, nada diferente que los demás estudiantes de las demás carreras, quizá con la excepción de que le tiraba la onda a mi amiga, a su mejor amiga y a otra compañera más al mismo tiempo, eso no es diferente de los estudiantes de las demás carreras, lo que sí puedo confirmar es que bailaba con bata.

Quizá no tenga mucha experiencia en el laboratorio pero sí tengo bastante analizando datos y conclusiones, incluso oficialmente la estadística forma parte de mi carrera. Los recientes artículos de parte de la OMS respecto a las características cancerígenas de la carne procesada. En primer lugar es la IARC (International Agency for Research on Cancer) y no fueron estudios sino las conclusiones de 22 expertos que se juntaron para examinar los diferentes estudios existentes. Y lo que dicen son los agentes cancerígenos, que significa que estar expuesto a estos agentes lleva un riesgo de estar ligado con el padecimiento del cáncer. Parece poco viable hacer estudios que puedan aislar los factores que pueden producir cáncer, encontrar personas que no hayan sido expuestos a la contaminación ambiental. Cuando los resultados de un estudio no son claros se tiene que hacer uso de la estadística para justificar los resultados.

Los efectos de esta noticia supongo que no pasarán de una serie de chistes que durarán lo mismo que la preocupación del huracán Patricia, dudo mucho que alguien tome medidas tan drásticas como las de Angelina Jolie —extirpar los senos y los ovarios— si los fumadores han resistido la marginación de su espacio, las imágenes de las cajetillas y los impuestos estoy seguro que los que tienen un gusto por la carne procesada no pedirán sus hamburguesas de soya y sin tocino,  las pizzas sin carnes frías y dudo que le hagan el feo cuando les les ofrezcan en una fiesta salchichas cocktail —sin referencias ni albur— parece que nos encanta el arguende, el alboroto y en especial los chistes, pero generalmente no hay ninguna acción:

Si bien la mayoría no se protege de los rayos gamma —que también son agentes cancerígenos— probablemente con la ilusión de adquirir la fuerza de Hulk, dos tercios de la población tienen la bacteria Helicobacter Pylori muchos de ellos sin siquiera darse cuenta, en los 80s al Dr. Emmett Brown le valiá madre que el plutonio era un agente cancerígeno —el amor a la ciencia— y lo manipulaba alegremente para arrancar al DeLorean, si las personas no usan condones para no contagiarse del SIDA menos los usan para evitar el contagio del virus del papiloma humano, además tanto el pescado al estilo cantonés, el alcohol y la radiación solar son agentes cancerígenos. Todos los mencionados anteriormente están en una categoría mayor que la carne procesada.

De alguna forma me parce que estos temas están relacionados, mientras unos se burlan, otros se ofenden, muchos repiten la noticia de la OMS, pocos se toman la molestia de reflexionar un poco al respecto, de despojarse un poco de los prejuicios.

Bata

 

visión periférica

El todo es más que la suma de sus partes

Aristóteles

Durante el tiempo previo a la confirmación de necesidad de anteojos mi vision del mundo era desenfocada, puntillista, caótica; algo parecido a lo que se ve a través de un vidrio en una tarde lluviosa, mi trabajo siempre fue armar esa especie de rompecabezas en la mente para saber lo que estaba frente a mí. Eso me dejó algunos vicios y virtudes que han influído en la vida cotidiana.

No asistí al kinder —jardín de niños— entonces aprendí a leer de corridor con los cuentos de los chicos malos contra rico mac pato, me fijaba en el número 176 que debía ser el número de preso de alguno de ellos, fue como empezar con la lectura rápida desde el comienzo, lo que facilitó la lectura —con excepción de las ediciones de Sepan Cuántos o alguna otra en 2 columnas— desde entonces ha sido fácil escudriñar un texto en busca de la información relevante.

Al esperar en la parada del camion era necesario escudriñar con más detalle el horizonte, los gestos de los automovilistas, su forma de manejar, el tiempo necesario para hacer parada y que se detuviera, y bueno en la espera hasta si venía lleno o no, eso era muy últil cuando los peseros eran coches regulares y tenías que compartir el asiento trasero con 3 personas más.

Cuando visitaba la calle de Donceles, donde había muchísimos libros sin orden alguno me servía mucho para detectar libros de mi interés con un golpe de vista, claro que sirve para cualquier tipo de compras, claro que es mucho más fácil buscar detergente en los pasillos que libros en el piso. Me fue particularmente útil en el mercado de San Telmo, del que rescaté una joya.

Quizá mi fortuna respecto a los incidentes “me libré por un pelito” sean gracias a esta habilidad, la vista puesta en todos lados me permite reaccionar expeditamente —en todos los estados— a las sorpresas. Quzá como la pantalla se circunscriba a un plano no recciono de la misma manera en los videojuegos. —ja—

Es útil a la hora de depurar código, hacer búsquedas, encontrar errores. Se ve afectada con los errores ortográficos y las “ingeniosas” formas nuevas de escribir en las redes sociales.

En la esquina de Vértiz con Concepción Beistegui hay un OXXO. La primera vez que pasé por ahí luego de mi regreso me di cuenta inmediatamente, hay cosas que salta en mi campo periférico, como la falta de chocoroles en un seven eleven sobre tlalpan.

Cuando pones un punto negro sobre una servilleta blanca y miras el punto, llegas a olvidarte no solamente desde la servilleta sino del mundo, quizá esa constante búsqueda del exterior para que fijemos la atención nos esté privando de un universo más rico.

La habilidad apenas me alcanzó para sacar 61 en este test.

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imágenes retro

Los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda.

Gustave Flaubert

Las casas de mis abuelos —maternos y paternos— estaban muy cerca el camino comenzaba caminando por sur 117 —ahora Héctor Espinoza— hasta la esquina que estaba custodiada por una mueblería y una vidriería, atravesábamos Ermita apenas a unos pasos de los baños Escorial, caminábamos hasta la cervecería Moctezuma —donde solía pedir los calendarios del torneo del fútbol mexicano— recorríamos la calle de Cereales hasta llegar a calle de Leñadores, donde siempre reinaba un silencio sepulcral, para después cruzar por campesinos entonces no había ejes viales, no estaba la Coca —le decíamos la barda y algunos iban a cazar tuzas ahí—, aún estaba el toboggan y en los camellones había canchas de fútbol llanero.

El primer recreo que pasé mi primer día de escuela, caminé largamente hasta la orilla del segundo patio —había dos patios, según para la seguridad de los niños menores— tenía una plataforma de concreto con algunas escaleras apenas a unos metros de una pared de ladrillos rojos con dibujos de círculos blancos, para botar la pelota contra la pared en una especie de ejercicio. Yo me quedé parado junto a una puerta de metal —como para autos que daba hasta la salida de la escuela— ahí pasé mi primer recreo.

Mi maestra de segundo año se apellidaba Luna, entonces no se usaba el código postal sino la Zona Postal (vivía en la 13) que era la delegación de Ixtapalapa —con X como México, mejor escribirlo de esa manera o recibirán un saludo de la porra— había 4 salones por grado A, B, C y Ch, los dos primeros eran de niños y los 2 siguientes de niñas. Todo eso cambió al siguiente año.

Los primeros videojuegos que pusieron en las farmacias costaban 2 pesos y tenían un duración determinada, no dependía de tu habilidad ni del tiempo. Nadie en la calle te quería cambiar por monedas de pesos, los dueños de los establecimientos odiaban a los niños que iban a gastar su dinero en las máquinas. Apenas llegaron para sellar mi niñez.

Después de eso he necesitado palabras muchas veces, pero son bits son lo único que recibo. Ya casi nadie da algo que necesite.