Archivos Mensuales: noviembre 2015

Duelos que duelen (segunda parte)

Si existe la otra vida, las almas de los muertos vivirán allí eternamente, y tal como estaban en el instante de morir, es decir, con todos sus recuerdos.

-Kenzaburo Oé

Mi tía Luisa —Luisita— tomó el papel de madre de mi madre, podríamos decir oficialmente, durante sus primeros seis años pero su amor la acompañó desde entonces, yo heredé su cariño y un regalo que es poco valorado por la gente pero que yo no tardé mucho en darme cuenta de su valor y poder: sus bendiciones.

Yo le contaba lo que iba a hacer, sin problema, sin censura, sin mentiras; lo mismo si iba a tirarme en avalancha por la calle de avena para evadir los carros en Ermita, si salía a jugar tacón, si me iba al cine, a beber a perderme, a pelear o a volarme la escuela, Siempre me encaminaba a las ánimas del purgatorio y jamás me recriminó ninguna acción, recibía la señal de la cruz en la frente y eso bastó para que las balas no me alcanzaran —literalmente—, para recibir susurros que me libraran de chocar o encontrar el camino de regreso de los pasajes más oscuros —física y metafísicamente— a la fecha me resulta sorprendente, debido a su pequeña figura, que hubiera conseguido cargarme, la casa se llenaba de paz cada que ella estaba. Mi corazón más de una vez necesitó su bendición.

Mi abuelo Pedro me hizo los mejores zapatos que tuve —unos zapatos de ante azul— que no sólamente eran muy cómodos sino chidísimos, que arruiné jugando fútbol en la unidad del hueso. Pasé mucho tiempo platicando con él en su taller, mientras él trabajaba armando los zapatos, golpeando la piel con su cuadrito de madera. Tuvo muchas formas de mostrarme que me amaba, yo intenté que él se sintiera correspondido, con algunos regalos e invitaciones a comer. Nos quedábamos a platicar afuera durante los rosarios, y sé que tengo varias cosas de él, al igual que mi papá, como descuidarse pero no descuidar a su familia. Sabía que podía confiar en él, siempre admiré su honestidad. Su último pendiente en la vida fue hacerme unos zapatos me los dió una navidad y murió a los pocos días. Parece que espero a no tener pendientes, para no quedarle mal a nadie. Cuando murió me aseguré que fuera cremado, tenía un pánico a ser enterrado vivo —supongo que originado por los episodios de Hitchcock y Joaquín Pardavé—. Quisiera tener la oportunidad de entrar a platicar en su taller.

A pesar de que mi padre cometió muchos errores siempre tuvo la valentía de aceptarlos y pedir disculpas. Nuestras pláticas durante la serie mundial era su forma de pedir disculpas por su intervención en mis participaciones deportivas. Sus opiniones siempre eran sensatas, aunque teníamos diferentes ideas siempre las debatíamos abiertamente. Consulté poco su experiencia laboral, la necesité varias veces —la sigo necesitando— me hacne falta sus rebates, sus frases con ideas tajantes. Me hubiera gustado verlo más feliz. Creo que pensaba que yo era débil, no quiso que lo viera morir.

Parece que no los he llorado lo suficiente.

 

 

 

Duelos que duelen (primera parte)

Los duelos sólo son a muerte cuando lo que hay en juego es una de estas dos cosas: poder o dinero.

Ellen Kushner

Hace algún tiempo, mientras platicaba con mi madre ella me señaló que no había vivido por completo mis duelos.

La primera idea  ques se me vino a la cabeza fue el desafiar a alguien con un golpe en la mejilla con un guante blanco, recordé la muerte de Galois, una mente brillante que termina por retar a un duelo de espadas al campeón de esgrima del ejército francés, o el presidente Jackson que mucho antes de ser presidente mató a un oponente que lo había acusado de bigamia, en otro tiempo y latitudes el pintor Manet, cuyo padrino de duelo era Zolá, le asestó una herida con su espada a Duranty por sus malas críticas, también el escritor Pushkin fue herido de bala. El mismísimo Salvador Allende cuando era senador se batió en un duelo en el que ambos fallaron su tiro.

El término duelo viene del latín duellum (guerra) contrario a lo que se piensa que es de duo. Incluso hubo alguna ley que regulaba estos enfrentamientos, la primera fue el code duello del renacimiento y en la época porfirista había un código mexicano del duelo.

Quizá los enfrentamientos que he tenido no han calificado estrictamente como duelos, acaso los que han tenido de por medio un juego o una botella, pero no las peleas insignes entre amigos que terminan estrechando la amistad. Tampoco las madrizas que le propiné a Jorge, esas sí fueron con odio. Tampoco la visita relámpago a mi enemigo en León, Guanajuato. Y eso no quiere decir que no haya sufrido ofensas contra mi honor como el  mortal que se atrevió llamarme pendejo frente a demasiadas personas y cortejar a mi alguna vez novia, lo único que  lo ha salvado es la distancia y su domicilio anónimo (pero la deuda será saldada cuando lo encuentre). Quizá el único enemigo digno para un duelo se encuentra en mi mente.

Pero creo que mi mamá no se refería a este tipo de duelos.

 

páginas en blanco

Dejo atrás la estela del mar no termino de deambular me divierte andar despistarme jugar persiguiendo sombras.

Persiguiendo Sombras — Nacha Pop

La inspiración ha estado escasa los días pasados, quizá porque más que una página en blanco es todo un lienzo. Quizá se tenían que romper todas las cosas al mismo tiempo para poder construir algo completamente nuevo, o tal vez la parálisis se deba al miedo ante semejante vacío.

Depués de recurrir a revisar unas fotografías del pasado, escuchar canciones llegadoras, mirar un par de capítulos de una serie significativa  lo único que me queda claro es el pasado, de alguna manera el escenario sigue en vacío, pero eso es en realidad una buena señal. Se puede llenar de muchas maneras ahora lo difícil es descubrir lo que quiero hacer.

Durante un momento de mi vida quise estudiar física, abandoné la idea tras recibir clases de ingeniería en lugar de física, decidí ir en una dirección diferente —algo entre Filosofía y Letras Clásicas— mi camino se extravió en el estacionamiento de Av. del Imán antes de pedir mi ficha para el examen de admisión. Terminé un par de años en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Durante una visita al CEDART Diego Rivera me solicitaron esclarecer unas dudas de: —¡oh sorpresa!— Física al estar explicando un par de conceptos básicos me llegó un viento nostálgico, me di cuenta lo mucho que extrañaba las ciencias. Quizá no sería tan mala idea volverme ermitaño hasta que comience a extrañar algo, quizá eso sea mi camino a seguir.

Al buscar interlocutores los descubro inmersos en diversos problemas, dejando que sus miedos los detengan de perseguir sus sueños, aferrados a situaciones aún cuando se encuentran hartos de ellas. Supongo que mi situación no es muy diferente, lo que cambia es el tema subyacente y las acciones particulares.

Me dentengo a ver el lugar en el que me encuentro, reviso mi dominó —aún se ven los mensajes—, mis cartas que claman por salir de nuevo, la multitud de ceros y unos que constituyen mi patrimonio digital. Principalmente veo mi familia, mis amigos y mi tierra. Yo creo que es esperanzador, aún si no tengo idea de la dirección que las cosas van a tomar.

Quizá deba conseguir una moneda para echar volados.