Archivos Mensuales: febrero 2016

cuesta una lana

Asco le tengo a los pesos y más asco a los tostones, pero más asco le tengo a esa punta de …

El Charro Ponciano – Óscar Chávez

Desde los primeros años noté que el dinero era un tema de discusión vehemente por ejemplo en la época navideña al decidir lo que se gastará en ahorros. Intenté ayudar de diferentes formas pero la verdad es que el no pude contribuir monetariamente hasta que entré a la escuela.

Yo acompañaba a mi madre a muchos lugares, el banco inclusive donde había que llenar fichas de depósito que contenían un material muy apreciado por mis compañeros de la la primaria, ese era un gran negocio, sin ninguna inversión las cambiaba por algunos centavos.

Decía mi papá: “cuida los centavos que los pesos se cuidan solos” y juntando los centavos alcanzaba para comprar estampas enfrente del mercado de la colonia escuadrón 201. Cada una costaba $1.50 al revenderlas yo decía pues tengo de a dos pesos, bueno tengo de a uno cincuenta pero esas no te las garantizo, gracias a esa amenaza velada conseguía las ganancias suficientes para seguir con el negocio.

También di clases de regularización para los niños de primaria —yo tenía 14 años— y junté lo suficiente para comprarme un reloj de ajedrez, fui a dar mi adelanto para apartarlo a la casa del ajedrecista, un movimiento telúrico le dio en la madre a mi ciudad, a Tlaltelolco y a mi pago. No he comprado un reloj de ajedrez desde entonces y cuando no he evitado los adelantos  la suerte no ha sido favorable.

Pronto me vi involucrado en el negocio familiar, la fabricación y venta de ropa, fui conociendo todos los aspectos del negocio, donde en verdad brillaba era en el aprovechamiento de tela, la optimización era natural para mí aún antes de estudiar mi carrera. Era un buen negocio.

Pero ese buen negocio lo cambié para dar clases, el equivalente de sueldo en un mes con el negocio era más que todo el año dando clases, pero el dinero nunca ha sido determinante en mis elecciones en la vida. Al crecer las cosas que observaba en relación al dinero fueron gestando diferentes ideas.

Muchas veces mi padre iba a su cuarto, abría el cajón y sacaba varios billetes para hacer un préstamo que nunca regresaba, otras veces se lamentaba de oportunidades no tomadas, pero la confesión que tuvo más peso fue su deseo de ser hippie, pasarla escuchando a Creedence mientras hacía inventos o arreglaba coches.

Los ingresos han sido variables dependiendo de la actividad, como en un grupo de teatro donde no alcanzaba ni para la comida, manejando un taxi donde depende de la jornada, vendiendo en un tianguis en donde mis habilidades de vendedor son escasas. Algunas veces, al dar clases sale más caro que te descuenten una hora que tomar un taxi. Pero siempre alcanzó para comer e ir al billar, o para —como nos decíamos mi compadre Julio y yo— prestar una campanita.

Muchos de mis compañeros me recriminaron que haya roto mi promesa de nunca trabajar para la iniciativa privada, mi acercamiento me costó quedar preso de la secretaria de hacienda y condenado a presentar declaraciones al menos anuales, al comienzo tenía que hacer muchos malabares fiscales, después dejé que el outsourcing se llevara más del 60% de lo que generaba con tal de que ellos se ocuparan de las negociaciones y los cobros.

Finalmente tomé el camino más transitado.

cambio de ánimo

Algunas veces la nostalgia me embarga pero quién me quita a mí aquellos años y cómo los viví.

El Rey del Ring – La Unión

Todas las despedidas son tristes, al fin y al cabo son una especie de muerte, un acto que nos deja algo roto por dentro y los días subsecuentes se llenan de pesadumbre. Me pasa, la tristeza me envuelve y me cuesta trabajo regresar al ánimo acostumbrado, me cuesta trabajo concentrarme, por eso mi lectura mengua, apenas puedo avanzar algunas palabras, no tengo ánimo para ver las películas que me gustan —de manera contradictoria— y generalmente me enfrasco en actividades repetitivas para anestesiar el dolor.

¿Cómo encontrar el camino de regreso?

Creo que un paso a la vez, ir a una presentación del libro, hablar con los amigos, ir al cine, jugar un poco, escuchar música, ir al taller de escritura me ha ayudado a darme cuenta de las cosas que pasan por mi interior, en las letras se desbordan los sentimientos que me habitan, quizá sea la hora de transformar todo eso en un libro. Tal vez sea una forma de regresar.

Nunca somos los mismos que fuimos.

 

 

el amor y la amistad hasta en google

Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos

Aristófanes

Durante mi alcoholescencia tuve un enemigo, Luis, teníamos visiones completamente diferentes del mundo pero nos respetábamos, interactúabamos del manera más civilizada posible, todos los enfrentamientos fueron a manera de diálogo o por medio de un tablero. Algunas veces solicitábamos el auxilio del otro en temas cotidianos, quizá tuvo un historial perfecto pero llegó a recurrir a mi entendimiento, él recogió mis premio de algún concurso. Su enorme interés por el orden hacía que no hubiera nunca un abuso de parte de ninguna parte cuando salíamos a comer, es decir fueron unas condiciones justas, invariablemente. Eso me puso a reflexionar.

Esto contrastaba mucho con los primeros años de mi vida estuve rodeado de amigos particulares, cuando uno cae, algunos  se rien y otros te  ayudan a levantar, podría decir que mis amigos eran de los que te metían el pie para que te cayeras y luego burlarse. Fue mucho tiempo después que entendí esa necesidad de sobajar y reirse de la desgracia ajena, de tomar ventaja e ignorar el sufrimiento del otro. Así me vi rodeado de burlas en las situaciones más penosas, escuché frases crueles disfrazadas de humor, de personas que no llegaban a tiempo a las citas o no llegaban, de gente que buscaba tomar ventaja, gandallas en general.

Entonces pensé que todas ese tiempo fue una enseñanza de lo que me lastima, de lo que no quiero en mi vida, que así podría apreciar mejor los gestos de los amigos verdaderos, además ya sería imposible que un amigo me lastime, que puedo tomar las cosas con calma, que puedo determe a pensar la razón de sus actos. Creo que eso me hizo más libre, como si ahora todas mis relaciones de amistad fueran claras, sin sobresaltos ni dobleces.

Lo que no me había dado cuenta, hasta ahora, que en el amor ha sido lo mismo.

mujer que sale de noche y en negro mantón se enluta

No hay carga más pesada que una mujer liviana

Cervantes

Hay palabras que resuenan en el aire luego de ser mencionadas, que incomodan u ofenden. Puta es una de esas palabras. Esa es una palabra que no utilizo, pero algunas veces me ha tocado interactuar con personas que la han esgrimido de alguna manera en mi contra.

El origen de la palabra es incierto —al parecer del latín putus (niño)— y entre las definiciones más relevantes se encuentran:  adjetivo malsonante usado como calificación denigratoria, que ejerce la prostutución o sodomita. A pesar de que la definición en el diccionario es igual para el masculino y el femenino su uso social no lo es.

En el caso del término masculino se usa para calificar a un hombre de homosexual —basta recordar el clásico chiste “no es gay es putísimo”—, también para describirlo como un cobarde —¡no le saque, no sea puto!— o como arquero del equipo rival que va a realizar un despeje aunque la FIFA lo vea con malos ojos —putitos—. No hay pliegues, dudas, reinterpretaciones en este caso. Han usado este adjetivo en mi contra una mujer cuando me negué a tener relaciones sexuales con ella, y algunos compañeros al verme usar donitas pastel para detenerme el cabello o usar prendas de color lila, rosa o morado.

En el caso del uso para la forma femenina de la palabra es usada de diferente forma según el hombre o la mujer —según lo que he observado— en general el hombre se refiere de esa manera a una mujer que es su pareja y que lo ha engañado o a una mujer a la que le ha propuesto algo y ha sido rechazado, es decir lo dice a una mujer que conoce y por la que siente, al menos, atracción física. La mujer la utiliza para referirse a una mujer que tiene una relación con un hombre que tiene un compromiso, sea novio, esposo, pareja. Es decir una mujer que no conoce o conoce poco, y curiosamente al culparla se exime al hombre. En este sentido he escuchado a más mujeres usar la palabra que a hombres.

Recuerdo una visita a un antro en la frontera norte con el estado de México donde Felipe iba herido de amor y nos presentaba como su chofer y guardaespaldas —a Chucho y a mí respectivamente— y contaba su tragedia amorosa —le hizo caso por una noche pero tenía novio—, todos los interlocutores, al calor de las copas calificaban con la misma palabra las acciones de su interés amoroso.

Alguna vez recibí una llamada donde una voz llorosa me suplicaba que le dijera a su novio —al parecer estaba en altavoz— que ella no era una mujer de esas. No solamente le contesté que yo no usaba esa palabra, sino que no lo conocía y me parecía indecente que tratara así a la que llamaba su novia, a ella le dije que no debería aceptar esa clase de tratos. Aceptaba malos tratos, encierro, ser controlada y vigilada y hasta golpes. Supongo que bastaba tener dinero y ser guapo, quizá el alma podrida no sea un obstáculo.

Si bien las demás personas son libres de tomar tomar decisiones y comportarse como mejor les parezca, también uno puede decidir alejarse de esa persona cuando sus acciones no son compatibles con nuestra idea de vida, no porque esas acciones sean malas, nada más porque no he querido estar vinculado a alguien que las realice cotidianamente. Fui acusado de tener ese mal concepto de ella y retado a decirle así en su cara. No lo hice, no uso la palabra y ese reto nada más era una muestra de que no me conocía.

Algunas veces basta el asomo del vocablo para generar una puta discusión.

 

 

 

 

impresión en 3d

¿no ha visto usted el zurrón que dejan la víboras cuando cambian de pellejo?, si tal parece la misma víbora, hasta ojito tiene, pero está hueco y no sirve pa’ nada.

Silvano Treviño

Con una impresora de 3d se pueden obtener objetos con contorno, son increíbles las aplicaciones biotecnológicas, educacionales, artísticas e incluso culinarias. Eso me recordó los debates surgidos en torno al arte cuando surgió la fotografía o las computadoras. Bueno incluso antes ya se hablaba de que si 6 monos escribían a máquina durante mucho tiempo eventualmente escribirían el Quijote —o para el caso todas las obras de Shakespeare— con el arribo de las computadoras sería posible generar todos los sonetos alejandrinos posibles —por tomar una forma— entonces ¿quién sería el autor? La computadora, el primero que lo lee, el primero que se identifica con él, ¿acaso tiene una existencia independiente del ser humano como el número pi?

En el caso más reciente, si se pusieran a imprimir todas las formas al azar —de una cardinalidad superior a los sonetos— y de repente sale un David o la Venus de Mole, digo de Milo, o una obra idéntica pero con una rebaba que la hace original, ¿sería otra obra de arte?

Pero lo que ronda mi mente es lo que se esconde detrás de las apariencias, ¿será posible que al ver una escultura parecida a un David, en realidad es una imitación de plástico. Esto me recuerda mucho a las personas que van por la vida poniendo fachadas, plásticos que no rompan el paisaje citadino, que sean armoniosos con el entorno —onda San Miguel de Allende pero a lo gacho— si al menos fuera un mundo que disfrutan, con el que están de acuerdo, del que están orgullosos, pero generalmente reniegan de él en otros ámbitos.

Si uno vive en un mundo con el que no combina ¿por qué buscar cambiar nuestras fachadas para encajar en él? No sería más satisfactorio migrar para encontrar un nicho adecuado, o incluso salir lanzando hachazos y destruir todo para que se repartan de nuevo las fichas.

Sí, soy un soñador.