Archivos Mensuales: marzo 2016

la memoria a cuestas

El olvido es más tenaz que la memoria

Farabeuf – Salvador Elizondo

¿Recuerdas?

Es una pregunta que tiene un sinnúmero de respuestas.

Cuando la respuesta es “no”  Algunas personas la pueden encontrar terrorífica quizá por sus implicaciones durante la época de exámenes, o como un alarmante signo de que el alzheimer nos llega. Pero también puede ser una respuesta que indica que el dolor pasado quedo ahí. Otras veces puede indicar una falta de interés al respecto.

Yo suelo recordar demasiado.

Los recuerdos suelen venir con sensaciones y sentimientos, algunas veces con olores y colores, siempre con imágenes muchas con sonido; es como empezar a sacer un hilo y jalar, vienen muchas más cosas, conectadas con otras en una maraña mucho mayor que cualquier telaraña que haya visto.

Muchas veces son recuerdos dolorosos, y el hecho de poder traerlos al presente y revivir las sensaciones puede resultar muy conveniente para la escritura pero no para el ánimo o la convivencia. Pero creo que estos recuerdos se pueden reinterpretar, o al menos verlos de una manera menos dañina. Otras veces los recuerdos son como un sonrisa del pasado, como bañarse de nuevo en esa luz que brilló intensamente. En general son experiencias que nos sirven como instrumentos de navegación.

Un día durante un juego de fútbol en el retorno, eran los primeros días y los piracantos aún no crecían lo suficiente para dividir el cemento del pasto, recibí una zancadilla que me catapultó lo suficiente para caer con la mitad superior de mi cuerpo en el pasto. La casualidad quiso que mi padre saliera en ese momento, justo para regañarme frente a mis compañeros de juego con un “ya te dije que no anduvieras jugando en el pasto”, seguramente el regaño injusto y las burlas de los demás ayudaron a que el incidente y los sentimientos alrededor de él quedaran fijados en mi memoria.

Durante una de muchas idas al cine a principios de los años 90s —julio de 1991— en la película “El misterio de Von Bülow” con Glenn Close y Jeremy Irons a media película recordé un reportaje que salió en la revista Vanidades —una lectura habitual de mi madre— de la demanda de los hijos en contra de su padre, luego de que éste hubiera sido absuelto por segunda vez de la acusación de haber matado a su esposa. Que estaba justo antes de un reportaje con fotos del la fiesta de 21 años de Brooke Shields que fue en un Chippendale cuando ella se encontraba estudiando en Princeton. Encontrar conexiones como esta me produce gran placer, es como encontrar esos hilos que conectan el universo.

Mi primer viaje a Los Angeles fue a la presentación del disco Parlour de Darling Violetta, mi plan original era usar el transporte público, pero en un impulso súbito me subí a uno de esos autobuses que te llevan a las agencias que alquilan coches y alquilé uno, salí del aeropuerto sin mucha noción de dónde estaba, luego de avanzar medio a la ciega pude ver el letrero de Sepúlveda Blvd lo que me recordó la película de Volcano con Tommy Lee Jones y Anne Heche. Y seguí el camino contrario a la lava por “Bayona Creek” hasta La Brea, ese fue mi instrumento de navegación.

Y estos ejemplos se repiten sin cesar.

 

 

 

 

Paisaje diario

Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad.

Goebbels

Los deseos de buenos días.

Las características maravillosas del celular nuevo.

Lo seguro que estaré al frimar su póliza.

El espectáculo divertido que será la próxima película.

El maravilloso país en el que viviré cuando los candidatos lleguen al poder.

Lo sabrosa que está esa hamburguesa de promoción.

El mejor camino que me sugiere la voz femenina del GPS.

El dinero que pronto me será pagado.

La dominación del ser humano sobre los elementos del planeta.

Las causas de la contingencia ambiental.

La brevedad que durará la interrupción del servicio.

La culpa es del sistema —cualquiera al que se refieran—

El pronóstico positivo de mi enfermedad.

Lo mucho que me amas.

declaración de intenciones

Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.

Henry Miller

Mucho tiempo ha pasado caminando por sendas que no llevan a mi destino, ahora tengo delante la pregunta: ¿qué quieres hacer?

Escribir un libro, transformar esta herencia en algo físico, que pueda ser regalado, ver en tinta las anécdotas, los paisajes en la azotea y lo que le escurre al corazón. No dejar que esos pasajes de mi vida se pierdan —y de la vida de los que me rodean— o esas minucias sociales queden enterradas.

Recorrer el laberinto de Hampton Court Palace, dejar que mi laberíntico inconsciente se libere y camine al igual que en mi única pesadilla, he vivido fascinado toda la vida por estas construcciones, es hora de enfrentarlas.

Añoro dar clases, o más específico mi labor en el taller de matemáticas, decir ¿en que te puedo ayudar? y, sin importar la respuesta encontrar una acción, una respuesta, una solución.

El hambre de películas, música, libros es insaciable; sin mucha discriminación, por lo pronto ya tengo mi boleto para Batman versus Superman, y estoy tratando de convocara a una función para ver películas en un comité menor y que se puedan discutir. También estoy reconfigurando mi biblioteca —quedó muy mermada en la mudanza de país.

Y otro tipo de hambre puede ser saciado con unos mejillones a la crema en Bruselas, una pasta con espárragos y almejas en Verona o un huachingano a la Moctezuma en Puebla. Los antojos no admiten sustitutos.

Quiero aprender, hay tantas cosas que desconozco y que están a la mano para seguir armando el rompecabezas cósmico, hay que darse tiempo para armarlo, desarmarlo y formar otra figura.

Tengo espíritu guerrero, voy a seguir batallando enemigos, socorriendo al indefenso, matando dragones para tomar las torres por asalto aunque no hay ninguna princesa en ellas.

 

 

 

de seguro tiene seguro

Seguro, s. Ingenioso juego de azar que permite al jugador la confortable convicción de que está derrotando al que tiene la banca.

El diccionario del diablo – Ambrose Bierce

Nadie tiene la certeza de que puede afrontar todos los acontecimientos que la vida le va a plantear. Primero porque son demasiadas las cosas que pueden ocurrir, en segundo lugar porque la definición de afrontar es subjetiva.

Unas personas tienen miedo de que la muerte les impida hacerse cargo de su descendencia, otros que un ladrón los despoje de su medio de transporte —eso casi no pasa en México— pero hay de todo, de destrucción de casa, recuerdo que Angie Dickinson (la mujer policía) aseguró sus piernas por un millón de dólares —¡en 1966!—, incluso Holly Madison (conejita preferida de Hugh Hefner) aseguró hace unos cinco años su busto también por un millón con todo y que su forma fue gracias a una cirugía plástica. Pero también hay seguros que te protegen en contra de que te caiga un coco, haya una invasión alienígena, sean víctimas de un hechizo o haya un apocalipsis zombie.

Las personas gastan más en asegurar su carro que su salud, algunos confiados en que de su salud se encargará el estado, yo creo que el manejo que hace de los impuestos los ha convencido de que harán un papel estelar administrando los rescursos de la seguridad social. Ya han mostrado un gran ingenio en el manejo como cuando eran dueños del equipo de fútbol Oaxtepec —sí jugaba en la primera división y tenía de portero a La Volpe— o centros recreativos.

En caso de tener seguro y necesitar utilizarlo, el via crucis de hacer las reclamaciones, llamar al ajustador o recibir el reembolso. La tardanza en recibir ese dinero seguramente es debido a la diligencia de las instituciones y nada tiene que ver con jinetear el dinero.

Luego de mi relativamente reciente paso por el hospital, donde afortunadamente el seguro sí cubrió los gastos hospitalarios —salvo las excepciones descritas con claridad en las letras pequeñas del contrato además del deducible y el coaseguro— sin embargo tuve que pagar a los médicos directamente, es decir al cirujano, anestesista, instrumentista, bueno todos los médicos involucrados. A la fecha aún no he podido recibir esa devolución —por diferentes circunstancias— creo que los los tiempos que toma la aseguradora son un poco más tardados de lo normal. Como tardar más de una semana para mandar un correo de contacto —sin información basta un puede envier el correo aquí— y nada de eso me sorprende porque mi carrera surgió por las necesidades de los seguros.

Quizá nunca me dediqué a los seguros porque prefiero dormir tranquilo, aunque suene a contradicción.