Archivos Mensuales: agosto 2016

para la piel sensible

Préndanme fuego, mi carne quemada, mi carne quemada,es menos frágil…

Mundo de quimeras – Soda Stereo

Durante mi infancia me di cuenta de que, a pesar de ser hermanos, teníamos la piel —en especial la sensibilidad de la misma— muy diferente, cuando mi hermana sufría un golpe, un rasguño o incluso una picadura de mosquito su piel se ponía morada y la apariencia de cualquier herida era escandalosa.

Por mi parte parecía como si mi piel fuera de bestia de carga, cicatrizaba rápidamente, mantenía su color y resistía los más fuertes embates. La herrería de reja de casa no era suficiente para vencer mis rodillas, apenas quedaban rastros de los juegos de fútbol en la lija, el pedazo de piel de casi un metro de largo volvió a salir al poco tiempo.

Quizá por eso existía la idea de que podía aguantar lo que fuera, que mi rudo exterior era una especie de coraza que me podía proteger de todo, no estaba a la vista que mi interior constrastaba mucho con el interior, mi corazón y alma eran sensibles, anhelaba ser protegido, valorado y amado; y temía al abandono.

Pasaron muchas cosas que me lastimaron, como las burlas de los demás por tener miedo, la indiferencia ante mis palabras, las mentiras y las traiciones. Parecía que mis amigos esperaban ansiosos mis fallos para hacer un chiste al respecto. Muchas veces esperé un apoyo que no llegaba.

En el ámbito amoroso esos eventos duelen más, ser tachado de puto por negarme a copular, de ser la novia de la relación por la sensibilidad o de poco hombre por la ausencia de algunas caracterísiticas machistas.

De todo eso los insultos subyacentes eran los menos importantes, el acto de que las personas de las que esperaba algo, a las que quería/repetaba/amaba respondieran con ese tipo de frases era lo que me dolía. Ahora entiendo que es fundamental la propia interpretación pero:

Eso pudo haber sido la causa por la que me esmeré en ser por completo autosuficiente, en aprender todo lo que pude y en prestar atención a lo circundante, además de convertirme en una especie de fortaleza andante. No solamente con una coraza indestructible en el exterior sino con un alma lejana que ponía distancia con todo, un centinela en la azotea que vigilaba todo lo circundante y un mente hiperanalítica que se la pasaba sobreanalizando lo que los demás decían.

No vale la pena, además ahora ni mi pies es muy resistente, nunca es tarde para bajar la guardia y dejar que todo lo bueno y malo pase, es parte de la vida y el aprendizaje.

 

muchachos a correr

El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.

Pablo Neruda

Uno de los juegos de la infancia era el Burro 16, que solía jugarse entre hombres, contiene elementos de burla, sádicos y hasta algunos tintes homosexuales.

El objetivo primordial del juego era que una persona (el burro) se ponía con las manos sobre la nuca, agachado y con las rodillas flexionadas, para que los demás lo brincaran y humillaran, la mecánica usada para elegir a la persona que iba a tomar la posición del burro era la definición misma del juego.

El burro inicial se solía escoger con un disparejo, un pin pon papas o un zapatito blanco zapatito azul. Entonces se formaba una fila y el primero era el encargado de comenzar. Ser el que iniciabal llevaba muchas ventajas pero había muchos elementos protocolarios: una serie de preguntas que si no eran formuladas el primero ocupaba el lugar del burro.

Comienzo.

El primero de la fila comenzaba preguntando ¿con cero o sin cero? esta primera pregunta era para sorprender distraído al primero de la fila.

Cero por chapucero: de alguna forma el hecho que los mayas lo hayan descubierto hace que esté presente en nuestra mexicanidad y se filtre a los juegos.

Uno por mulo: en cierta forma es la declaración de que el burro está ahí por su incapacidad intelectual y que será castigado.

Dos, patada y coz: antes de comenzar el primero le pregunta: ¿en el aire o en la tierra? La respuesta define la manera de proceder, en el caso de que sea en la tierra el que va a brincar se acerca, le da una patada en las nalgas, salta al burro y luego camina de regreso y le da un empujón con el trasero en las costillas del burro. En el caso que haya respondido en el aire entonces tanto la patada como la coz tendrían que ser durante el salto. Había un acuerdo tácito, cuando alguien decía en la tierra los golpes/humillaciones eran mucho más leves, porque el burro estaba renunciando a que alguien se pusiera en su lugar.

Tres litro y litro: el número de jugadores se multiplicaba por tres, ese total era el final de la cuenta del burro, al saltar el primer jugador el burro contaba en voz alta hasta y se levantaba luego de decir el número final, el jugador en turno se ponía de burro.

Cuatro jamón te saco y te lo embarro en el sobaco: al igual que el dos se preguntaba si en el cielo o en la tierra, ahora las acciones eran pasar la mano entre las nalgas del burro (jamón te saco) y luego darle una palmada en la axila (te lo embarro en el sobaco).

Cinco, desde aquí te brinco: La clásica pregunta del aire o la tierra determinaba ahora la mecánica del salto, en el caso de ser en el aire el burro se ponía en posición y era sostenida su cabeza, él intentaba escupir lo más lejos posible, el escupitajo era la marca, al saltar se intentaba sobrepasar esa marca. En caso de que fuera en la tierra el escupitajo era sin sostener la cabeza y el burro se ponía de rodillas y la cabeza tocano el piso. En ese caso era más riesgoso porque se convertía en salto de distancia.

Seis al revés: en este caso no se preguntaba, se tomaban las opciones del número anterior, el salto ahora tienen que ser antes de la marca, aquí es donde el riesgo de un impacto doloroso es mayor.

Siete te pongo mi chulo bonete: primero la pregunta de rigor ¿en el aire o en el tierra? ahora cada jugador se quitaba una prenda y la dejaba sobre el lomo del burro, antes de saltar si era en la tierra o durante el salto si era en el aire. Si alguna de las prendas tocaba el piso, el que sal´to se ponía de burro.

Ocho te lo remocho: Ahora el orden de la fila se invertía, la opción de aire o tierra era la misma que la anterior, al saltar cada uno iba quitando la prenda que había puesto, igual si no se podía quitar o alguna otra prenda tocaba el piso, burro.

Haciendo un paréntesis, cuando alguno se ponía del burro, entonces el primero de la fila debía preguntar siguen, pasan o comienzan, para repetir el número, pasar al siguiente o comenzar todo de nuevo, como esta última opción habría la puerta a un ciclo infinito, quedó fuera del menu.

Nueve tres copitas de nieve: en este caso no hay preguntas, todo se basaba en un voto de confianza, al saltar cada jugador hablaba en secreto con el burro para decirle 3 sabores de nieve, si alguno coincidía con un sabor que hubiera dicho uno de los jugadores anteriores sustituía al burro, como no se escribía ni nada se tenía que confiar.

Diez elevado lo es: de nuevo en la pregunta de rigor ahora en la tierra significa que el burro pone las rodillas y la cabeza al suelo, al igual que en el 5, y los participantes saltan alegremente, en el caso del aire, ahora el salto era con el burro completamente de pie, ligeramente inclinado y con las manos en la nuca. Cuando yo estaba de burro en ese número jamás lograron saltarme.

Once caballito de bronce: ese era el número que representaba el mayor castigo, porque el caballo, siendo de bronce, era inmutable, podía aceptar lo que sea sin quejarse, la verdad es que luego de desfortunados incidentes quedó prohibido.

Doce la vieja tose: este únicamente era un inofensivo despliegue de estilos de toser, cada jugador lo único que tenía era toser de forma difernte tres veces, no recuerdo a nadie fallando este número.

Trece el rabo te crece en la boca de ese: el jugador en turno, luego de saltar se volteaba hacia los demás jugadores señalando a alguno, si uno de ellos tenía la boca abiera perdía y tenía que ponerse de burro. Aquí las risas solían traicionar a algunos.

Catorce la vieja cose: otro de esos números llenos de humillación y castigo, el jugador elegía alguna cosa relacionada con la maquina de coser para lastimar al burro, por ejemplo pisarlo diciendo que era pisando el pedal, le picabal lguna parte de la espalda diciendo que era con un dedal, un golpe en la las costillas diciendo que se cerraba el cajón, o daban rienda suelta a los instintos arrimando la pelvis por detrás para medirle el aceite y ni hablar de ensartar la aguja.

Quince el diablo te trinche: en este número además de de la pregunta consuetudinaria se preguntaba si con plancha o con trinche, entonces al saltar (en el aire) o antes de saltar (en la tierra) se le daba un golpe con la palma de la mano (planca) o con los dedos en forma de garra (trinche).

Dieciséis muchachos a correr: era el final y todos corrían hasta una base determinada huyendo del burro que hacía su último esfuerzo por salvarse del castigo final, Que consistía en una especie de fusilamiento con pelotas de esponja.