Archivos Mensuales: septiembre 2016

Septiembre, mes de la patria

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

Séneca

Mis padres se casaron en septiembre, lo que me convierte oficialmente en un sietemesino de proporciones colosales, su luna de miel fue desviada de la playa debido a un huracán, tan comunes en este mes.

El 18 de septiembre de 1985 pinté la fachada de la casa porque mi madre había organizado una fiesta para su cumpleaños (ella es del 19 de septiembre) esa noche cayó granizo perjudicando un poco la pintura, pero los movimientos telúricos de los días siguientes se encargaron de cancelar la fiesta. Tan desafortuados han sido los intentos de celebración que sus 50 años los celebró en febrero.

El año siguiente de esa funesta manifestación de la naturaleza probé el sabor amargo de la inmortalidad que venía acompañado de una maldición, los siguientes años recibí una huevazo de harina o confeti que solamente conseguí romper encerrándome en mi cuarto.

En el año 1997 fue un nuevo comienzo tras un desquebrajamiento amoroso, un abandonar los lugares frecuentados, comencé los trámites para mi titulación, me llevó mucho tiempo juntar todos los pedazos para estar completo de nuevo.

En el 2008 en el cumpleaños de mi madre firmé los papeles de divorcio, frente a la alameda, al salir del juzgado caminé sobre el eje central reflexionando sobre todo lo que había pasado, ya entonces había cambiado de departamento que se convirtió un lugar de fiesta, completamente personal.

Hace dos años, en este mes, decidí regresar, retomar a mi familia, mi patria y el amor. Tenía la ilusión de recomenzar, lanzarme al vacío y contruir algo nuevo. quizá hasta engendrar a la depositaria de esta herencia. Las cosas no salieron como pensaba, entre las circunstancias y los silencios tomé una difícil decisión luego de un viaje difícil. Hoy es su día y jamás tuve acceso a él.

Hoy mi ciudad se viste de colores y hay miles de luces tratando de alegrar mi luto silencioso. Aún si este mes ha sido ingrato, hay que celebrar.

 

cocinas tecnológicas

Una cocina de sueño. Habrá muchas, muchas. En mi corazón. O en la realidad. O en el destino de un viaje. O sola, o con muchos otros, o dos a solas, en todos los lugares de mi vida habrá seguramente muchas cocinas.

Banana Yoshimoto

Hace poco me señalaron que a mi cocina le falta un horno de microondas, eso fue el detonante para recordar la evolución de muchos artilugios y aparatos. Quizá desde los más básicos, mi tía Luisita hacía la mejor salsa preperada en molcajete con su tejolote, mi mamá siempre hizo la salsa en licuadora, y desde entonces las Oster han sido las elegidas por su durabilidad y desempeño. Es uno de los electrodomésticos que más veces he comprado en las diferentes mudanzas.

Las estufas solían ser de petróleo, todavía en los 80s así tenía su estufa mi tía Lolita allá en Salamanca, su cocina era tan pequeña que comía a través de la ventana sentado afuera, los accidentes eran comunes y cuando se derramaba el petróleo la estufa se incendiaba, pero en casa de Chuchita (en la colonia escuadrón 201) ya habían cambiado a la estufa de gas y se regresaron a la de petróleo luego de una explosión de un tanque de gas en una colonia vecina (La Sector Popular). No en balde el negocio más próspero fue el de Don Panchito, una petrolería que además vendía artículos de papelería y tlapalería, que estaba en la calle de Fausto Vega (antes sur 113) y que visitaba con frecuencia para comprar plumas, pilas y cartulinas.

Una de las primeras evoluciones que noté fue la batidora, que comenzó siendo un tenedor, después había un artilugio específico de metal como con tiras formando un óval al final, incluso uno que tenía un par y usaba una manivela para moverlas, en la casa compraron un philips de color crema que tenía que sostenerse con la mano, algunas veces lo movía descuidadamente y lo presionaba contra el recipiente y las aspas se detenían. Siempre me costó trabajo lavar las aspas removibles, mi mamá la usaba mucho porque le gusta hacer pasteles, yo creo que la usé un par de veces para hacer hotcakes. No he usado una en más de un cuarto de siglo.

Los primeros abrelatas que conocí eran una pieza plana de metal que tenía un destapador de un lado y una cuña trianguilar para hacer un orificio triangular en las latas, este lo usábamos para abrir las latas de leche clavel, que entonces era la única leche que se podía conservar fuera del refrigerador (antes del tetra pak). Cuando era un infante de menos de un año la leche clavel que vendían en las tiendas CONASUPO estaba racionada, solamente le venían una cierta cantidad por persona, así que mi mamá le pedía ayuda a su familia para que fueran a comprar más. Pero el abrelatas clásico era el que tenía una especie de tijera donde un estremo era una pieza casi rectangular que estaba doblada y tenía en un extremo un destapador y otra pieza era un cilindro delgado, ambas se unían y había una manivela para abrir las latas, era una tarea que casi siempre me tocaba a mí en casa, ya tenía much práctica para abrirlas rápidamente aún cuando el abrelatas estuviera oxidado. Solía ir a tomar café a casa de Claudia, siempre tenía café de Coatepec, y una vez también me invitó a comer, claro que para ella eso significaba abrir unas latas, yo me ofrecí a abrir las latas pero ella tenía un abrelatas eléctrico, creo que una parte de mí se sientió cuando los obreros eran reemplazados por máquinas. No me esperaba que tiempo después al estar viviendo en Sao Paulo regresaría a la tecnología más básica para abrir las latas.

Fue mucho tiempo sin siquiera tener un horno de microondas, aún con el auge de las palomitas de maíz. después al mudarme comencé a usarlo más, básicamente palomitas, calentar agua para té y recalentar comida o tortillas, también para hacer sincronizadas o cualquier platillo que necesitara queso derretido, cuando me mudé a Brasil el horno estaba incluído pero ahora que regresé a Mëxico ya tengo casi un año y no he comprado ninguno aún.

También recuero cuando en casa compraron una freídora, así las croquetas de atún fueron más frecuentes, o la pica lica que fue una moda de un tiempo, el extractor de jugos Turmix que era de uso rudo, a pesar de que se tenía que limpiar constantemente era de uso rudo, fue una de las pocas cosas que decidí llevarme a Brasil. Para ilustrar basta contar que durante mucho tiempo desayuné papaya picada y jugo de zanahoria, mi marchante ya los tenía preparados y tenía un extractor enorme que terminó descompuesto y que reemplazó por el mencionado, y hasta la fecha lo usa. Pero hay muchas cosas que fueron o que aún me son desconocidas que van siendo como descubrimientos, como los sartenes de teflón, o los trastes para dejar descansadas las cucharas que se usan para cocinar.

Me parece que la cocina siempre estará presente de alguna forma en nuestras vidas.