Archivos Mensuales: enero 2017

obediencia ciega

Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.

San Agustín

Recientemente me fue observado mi renuencia a obedecer ciegamente un mandato, así sin cuestionar, uno podría pensar que es como en el ejército pero esa forma de actuar escapa al mero ámbito castrense, en la familia y escuela sucede demasiado. Como si la autoridad concediera siempre la razón.

Todo comienza por la casa, con la familia. Al principio obedecía ciegamente, pensando en los padres como tutores infalibles con la razón de su parte. Entonces me ponía suéter, me fijaba antes de cruzar la calle, cuidaba a mi hermana, me comía lo que me daban. La primer orden que cuestioné fue el saludo: “saluda a todos los presentes” según porque era de buena educación. El origen era mostrar que no se iba armado. Desde entonces comencé a prestar más atención en las órdenes recibidas y reflexionar antes de acatar.

Porque no entrar a cocinar bajo el pretexto de “los hombres en la cocina huelen a caca de gallina” sería perpetuar las enseñanzas de disparidad de género. Del mismo tenor sería no usar el color rosa en el vestuario, no llorar (o para el caso mostrar algún sentimiento) o no tener el cabello largo. Durante la preparatoria tenía el cabello largo, los maestros me trataban de vagabundo y mis compañeros de drogadicto. Ni siquiera mi adscripción al servicio militar logró que me cortara el cabello, fue un año en la que fui retado varias veces por diversos mandos y escapé corriendo de ser arrestado en el campo militar número 1.

Muchas de las órdenes que recibimos no tienen un fundamento, son costumbres, preferencia o forma de pensar particulares del que dicta la orden. Siempre que alguien dice que así tienen que ser las cosas mi mente salta y encuentra otra forma de hacerlas.

Así soy, no voy a obedecer a lo pendejo, digo ciegamente una orden si no tiene sentido. Digo si alguien me dice que construya un muro seguro no lo voy a hacer.