Archivos Mensuales: marzo 2018

el milenio de los milenials

No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.

Charles Baudelaire

Durante el cambio del siglo me tocó experimentar un período que sabía que sería temporal, quizá sea eso lo que me permitió experimentarlo sin ninguna expectativa y únicamente abriendo los ojos.

La universidad se encontraba aún en huelga, yo seguía recibiendo un raquítico cheque que me permitía vivir despreocupado. Eso contrastaba con la sociedad informática que vivía aterrada del error del año dos mil (Y2K), como atestigua este blog las máquinas no se revelaron (bueno uno nunca sabe, quizá están preparando su ataque o nos tienen en la matrix) y el mundo no acabó.

Quizá el mundo no acabó pero algunas máquinas sí se rebelaron, al menos se negaban a facturar, un amigo y vecino llamado Andrés solicitó mi ayuda y pues me aventuré de nuevo en la economía informática.

Me tocaba asistir a la terminal intermodal Pantaco, llegaba al metro Popotla y caminaba hasta el Gigante Cuitláhuac (ahora Soriana), le encargada se llamaba Jennifer y siempre escuchaba el disco de pies descalzos de Shakira. En varias ocasiones no podía entrar porque había amenaza de bomba, y me tocó ver que se robaron un contenenedor de los que estaban apilados dejando un hueco en el centro. Por cuestiones de logística compré por primera vez un celular, un pegaso que venía en una caja naranja que era anunciado por Anna Kournikova

Aún vivían todos mis abuelos, ese año fue el último que fui al cine con mi abuelo paterno, vimos Gladiador y aún hubo intermedio en la película en unos multicinemas que estaban en avenida Ermita. Él me hizo unos zapatos verdes del mismo tono de mi chamarra, que usaba a pesar del calor.

Todavía tenía deambular por la ciudad, para recorrer la recién inaugurada lína B del metro, de recorrer la calle de Tacuba periódicamente, de ir a la plaza de la computación y comer en el huarache azteca mientras revisaba las propagandas.  Fue la época en la que pasé más tiempo en la calle de mi amada ciudad.

Fue una época libre, sin dirección definida, con muchas posibilidades. Quizá por eso no me di cuenta que estaba pasando la estafeta. Que los tiempos estaban dejando de ser míos.