momentos

Nada de lo que fue vuelve a ser, y las cosas y los hombres y los niños no son lo que fueron un día.

Ernesto Sábato

Le di una mordida a mi sope, y un sabor nuevo me sorprendió. Nunca había probado ese tipo de frijol, al menos no en un sope. Mi primer pensamiento fue ya era otra época, que el mundo había cambiado, que quizá no volvería a probar los sopes que conocí. Pero casi inmediatamente me di cuenta de la trampa. El universo siempre está cambiando.

Ya he tenido que hacer varias actualizaciones en mi mente para adoptar estos cambios. Por ejemplo, hace tiempo me costó mucho trabajo conseguir el libro de “Mira los Arlequines” de Vladimir Nabokov. Durante mucho tiempo llevaba esa traba internamente hasta que hace poco hice una visita a la libería Gandhi, donde si bien no lo encontré me dio la pauta para pedirlo por Amazon y ya lo tengo en mis manos. La película los 120 días de Sodoma estaba prohibida y era prácticamente imposible conseguirla; se podía ver en algunas funciones de Ciudad Universitaria o en el Juglar en el ciclo de cine gay. Ahora el Blu-ray cuesta 100 pesos y lo entregan al día siguiente.

El tiempo de las estufas de petróleo era otro, tiene muchísmos años que no es usado el petróleo para desinfectar una herida en mi piel. Ya no veo a mi abuela agitando el frasco del combustible para mejorar su funcionamiento, algunas tan fuerte que causaba un pequeño incendio en la cocina. También recuerdo la cocina de mi tía Lolita allá en Salamanca, una habitación triangular, tan pequeña que tenía que comer sentado afuera de la cocina y tomando los alimentos a través de la ventana.

También en este mundo está ausente mi tía Luisita, el sabor de sus guisos, aún a la fecha me sorprende lo bien que me sabía su ensalada, como cortaba la lechuga en tiras finitas y la condimentaba apenas con vinagre o limón y sal (quizá aceite), pero todo en las justa medida. Siempre me encomendaba a las ánimas del purgatorio, su protección aún me sigue acompañando.

En este mundo los nuevos pesos ya están tan gastados que no alcanzan para nada, ya no se utilizan aquellas monedas heptagonales de diez pesos con la cara de Hidalgo. Servían para todos los juegos de calle, taparraya, tacón, cuartas. En el tiempo en que los billetes de Juárez eran de cincuenta y los de Morelos de veinte. Y en época de posadas el canto era “mide la distancia que hay en el camino” en lugar de “ya le diste uno, ya le diste dos…”

Ya no hay del valle de toronja, el mejor refresco para combinar con vodka. Las relledonas, con su empaque individual, el chocolate krish krash, el refresco team, tantos sabores que quedaron en el pasado.

Pero todos esos cambios son sutiles y están en movimiento, cada instante son movimientos apenas perceptibles. Siempre ha sido así, siempre será de esa forma. Algunas veces no son tan sutiles, puede que un meteorito extinga una especie, una erupción destruya un poblado. También los temblores nos siguen moviendo después de que ocurren.

Quizá por eso es importale prestarle atención a lo que ocurre en este momento. En cada respiro, en cada imagen, cada sonido. Porque se van

Acerca de Brujo Postergado

Soy un brujo postergado, que se divierte interviniendo el universo.

Publicado el diciembre 17, 2018 en Biografía y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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