Archivos Mensuales: febrero 2019

a los trece

..porque esa riqueza que es juventud se pierde día con día, y por tanto habría que gozarla día con día, alegre, frenéticamente, para sólo dejarle a la muerte un cuerpo enteramente gastado, vacío, sin una gota de vida por vivir….
José de la Colina

Fueron unas vacaciones familiares, era un viaje corto, tomamos el autobús en la terminal de Taxqueña. En total nueve primos, desde los seis hasta los quince años. Yo estaba emocionado por la oportunidad de estar en una alberca, de tener montón de espacio para jugar con mi primo Carlos que era apenas un año y medio mayor.

Frente a nuestra cabaña, donde nos acomodábamos lo mejor posible se hospedaba una familia con una sola hija: Laura. Tenía el cabello rojo y crespo, que parecía que nunca se deformaba; la piel lechosa y con pecas, los ojos claros e inquietos.

Mientras jugaba tenis de mesa con Carlos ella pidió unirse con una amiga, yo acepté sin pensar. Depués de un par de juegos su amiga se retiró y continuamos jugando nosotros dos contra ella, mi primo se fue luego de 3 partidos, no muy contento.

Los siguientes días los pasé junto a ella, entre la alberca, el jardín y los juegos. Tan enfrascado en ella que no sabía lo que pasaba alrededor, algunas veces me sorprendía viendo sus incipientes singularidades enfundadas en un traje de baño completo y oscuro. Entonces me preguntó por qué usaba calzones abajo del traje de baño, me pusé rojo y sentí la cara caliente, no sabía qué responder ¿Por qué nunca me dijeron eso antes? Bajé la mirada como aceptando una derrota pero ella acarició mi cabello que aún escurría agua clorada. Levanté la mirada feliz y alcancé a ver a Carlos a lo lejos.

Al regresar a la cabaña mi primo se burló de mi gritando “¡Estás enamorado!” me tomó por sorpresa, mi cachetes se encendieron aún más que con la pregunta de Laura y sentí mucha vergüenza, como si estuviera desnudo, como si hubieran descubierto mi secreto más íntimo o como si hubiera hecho algo malo. Ni siquiera podía contestar porque no podía descifrar mis sentimientos, era como un nudo de fuerzas desconocidas que tiraban para todos lados. Pero si alguien más se había dado cuenta seguramente sería cierto. La única referencia que tenía eran las películas, así decidí hacer algo al respecto.

Conseguí una pluma, arranqué un lado del cartón de una caja cereal, le escribí una carta de amor y la deslicé bajo la puerta. La mañana siguiente lo único que obtuve fue una mirada de reprobación de sus padres. Fue justo el día de nuestra partida, el autobús de regreso salía a la una de la tarde.

Se desató una tormenta tropical (¡En Morelos!) que retrasó nuestra salida por varias horas. Estoy convencido que eran mis emociones desatando las fuerzas de la naturaleza como un último intento que nos obligara a quedarnos otro día. Anhelaba tanto esa oportunidad pero escampó poco antes de caer la noche. Regresé sentado en el asiento junto a la ventana con la cara pegada al cristal frío embargado de tristeza y confusión. Mi adolescencia llegó a esa edad, de golpe.

agradecimientos

Gracias quiero dar al divino
Laberinto de los efectos y de las causas
Por la diversidad de las criaturas
Que forman este singular universo.

Borges

s

Nací en una nación oscura, forjada desde el cielo. En una ciudad imposible donde las pirámides flotaban sobre el lago, donde las montañas resguardaban la imagen de tu escudo. Era un refugio para esa tribu nómada que carecía de hogar. Y llegó a ser un imperio.

Crecí amando los sabores de las flores y las plantas. Todo cubierto por maíz dorado y bañado en salsas de frutos picantes. De platillos donde la parte estelar jamás es la carne, o la proteína como dicen los sacrílegos. Cada fiesta tiene un platillo a su lado y algunas veces el año es una espera.

Doy gracias por la cultura que he abrevado gratis. Por la tinta negra y la roja, por el cero, por la astronomía y la astrología del país, por la magia y lo surrealista. Por el barroco exuberante, los escorzos virreinales, el sonido trece, la danza regional. Por la fiesta de la muerte.

Por clima en el asfalto, los sismos recurrentes como recordatorios, el tráfico desafiante, la calle de Tacuba. Por tener la Catedral, el Sagrario, el Templo Mayor y el Palacio Nacional posando para una foto, La Ciudad Universitaria que llevo en el corazón.

Me enamoré de una piel de tierra, con los ojos llenos de resplandecientes leyendas mazahuas y otomís. con las manos llenas de barro. Siempre efìmero. Mi corazón ha resistido los vendavales más cruentos y sigue sediento.

Y estuve lejos, no dejé de añorar el alma que dejé al partir. Crecí paralelamente con apenas una visión lejana de las semillas que germinaban en mi ausencia. Hasta que regresé.