Archivos Mensuales: agosto 2019

Una monedita por favor

Moneda espiritual en que se fragua todo lo que sufriste: la piragua prisionera , al azoro de tus crías, el sollozar de tus mitologíasS

SuavePatria – Ramón López Velarde

Antes de cumplir los tres años comenzaron mis viajes a la tienda y con ello el uso del dinero: monedas y billetes que han marcado diferentes etapas en mi vida, que han llenado de imágenes mi memoria. Llevaba monedas de cinco pesos, aquellas monedas grandes que tenían a Vicente Guerreo. Desde entonces me quedó la idea de que eran muy valiosas por eso las guardaba en mi alcancía. Las atesoré tanto tiempo que cuando las abandonaron la alcancía, no solamente fueron sustituidas por la moneda de Quetzalcóatl al peso ya le habían quitado tres ceros.

Poco tiempo después de mi primer mudanza, que fue apenas a un par de cuadras de la casa de mis abuelos. Durante ese tiempo era común encontrar en las calles monedas de cobre de 20 centavos con el sol saliendo sobre la pirámide y con la llamada águila gorda (que estaba en las monedas de 50 centavos con la cara de Cuauhtémoc que eran anteriores a 1970). Y yo era feliz con cada descubrimiento. Pero el mayor hallazgo fue un centavo de espiga del año de mi nacimiento. Fue mi mayor tesoro durante mucho tiempo, terminó escapando de mí. Los objetos cercanos a mi corazón terminan lejos.

Cuando entré a la primaria comencé a ganar dinero. Aprovechaba que acompañaba a mi mamá al banco para tomar fichas de depósito que luego vendía a mis compañeros, eran codiciadas porque tenían papel calca (de esas tecnologías que quedaron en el pasado), eso lo usaba para comprar y vender estampas con los logos de los equipos de la NFL, por extrañas coincidencias ese era el deporte preferido en mi salón (a diferencia de todos los demás salones que jugaban fútbol). Junté el dinero que pude y al final pude cooperar con las compras navideñas, estaba muy orgulloso de sacar mi billete azul de 50 pesos (el que tenía a Benito Juárez no el famoso ojo de gringa que tenía a Allende)

También las monedas se usaban para jugar en la calle: taparraya, tacón o cuartas. La moneda que usaba para jugar era la heptagonal de diez pesos con la imagen de Hidalgo; tenía mejor agarre y era el tamaño ideal para lanzarla con precisión. Después llegaron los videojuegos y entonces la monedas buscadas eran los pesos de Morelos. El costo de cada juego era de dos pesos, iba jugar kaboom a una farmacia enfrente de la parroquia de San Agustín de Tolentino en la Colonia Héroes de Churubusco, pero el dependiente jamás nos quería cambiar, le molestaba que su local estuviera lleno de niños, por eso teníamos que pedir cambio durante todo el trayecto de casa de mi abuela hasta la farmacia. Frente a mi escuela había otra farmacia que tenía un pinball, que costaba 5 pesos (las monedas de Quetzalcoátl) pero conseguimos robar la llave para no tener que pagar, aún con la llave jamás tomamos una moneda.

Procuro tener siempre cambio, para solventar cualquier eventualidad, quizá en parte porque siempre batallé demasiado para cambiar cuando lo necesitaba. Quizá por eso guardaba un billete de 100 de broma (era 4 veces más grande que el billete normal) y siempre preguntaba ¿tienen cambio de un billete grande? y lo sacaba. Sin importar la calidad de la broma siempre me divertía. Ese billete lo terminé perdiendo en una apuesta jugando al pókar en la azotea de un kinder con mi amigo Lalito Baruch.

Es muy común que en la revisión de los aeropuertos tenga que sacar un puñado de monedas para ponerlas en la bandeja. Ya he recibido un par de comentarios de los vigilantes (son demasiadas monedas), otros viajeros (¿es dinero mexicano?) o de algunos niños (¿es para dar bolo?).

Ahora siempre tengo monedas regadas por mi cuarto