Archivos Mensuales: abril 2020

Paseo por la memoria

La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a este artificio logramos sobrellevar el pasado.

Gabriel García Márquez

Hay numerosos detalles en el día que detonan imágenes lejanas en el tiempo pero cercanas al corazón. Mi devenir cotidiano se llena de ellos.

Al cambiar las pilas de un control remoto, recordé cómo ha cambiado la vida en ese aspecto. Antes únicamente había pilas Eveready, Rayovac y Águila Negra, se usaban para los radios y las grabadoras, las pilas AA no eran tan abundantes, muchas grabadoras usaban las pilas C, y cuando un aparato requería mayor poder se usaban las de 9V, que eran cuadradas y las usábamos par darnos toques en la lengua. Varios estudiantes de secundaria que llevaban el taller de electricidad compraban aquellas pilas grandes y cuadradas para sus tareas. Mucho tiempo después, cuando necesitaba levantarme temprano usaba 6 despertadores y compraba pilas similares a la imitación de las de casco de cobre.

La última vez que fui a las luchas, al mirar los anuncios de Bardahl que portaban las anunciadoras de los rounds recordé los anuncios del carrazo que daba el sabio consejo de “no sólo de gasolina y aceite vive el coche” y sacaban diferentes autos que como el bautizo de un auto bebé que se llamaba Renolio, del que el carrazo era el padrino; depués un bautizo pero ahora era Voshito al que le acaba de salir su primera bujía; la Sorburban que era una religiosa de convento que se quejaba de estar cansada de cargar con tanta madrecita; un mercedo clásico que tenía reuma hasta en los pistones; Mustanguia que andaba cansada y Taxilio que le decía Carnalazo en lugar de Carrazo.

Los juegos han cambiado mucho, ya no hay fulminantes de papel que usábamos para ponerlos en las clásicas pistolas de vaquero para simular el disparo o en los cohetes con punta metálica que lanzábamos y que explotaban al tocar tierra. Los soldaditos de plástico verde llenos de rebaba lo suficientemente baratos como para formar un ejército, donde todos se perdían en el anonimato. Había cuchillos de plástico y espadas de madera para jugar a gerras medioevales o algo más moderno jugando a combate. Trompo, yoyo, canicas, balero, tacón, todos juegos clásicos, o incluso los deportes.

En el recreo, comprábamos paletas de hielo de 50 centavos, en la tienda una relledona de un peso, o ya con dinero una bonafina de 3.50 porque había tres tamaños de bonafina, todas con el mismo sabor ácido. Podíamos comprar catsupapas, o un chocolate postre, o un krish krash, tal vez un pipucho, Bebíamos orange crush o en los puestos de comida orange mundet, y en los puestos de tortas el infaltable trébol de mandariana. Algo más lácteo podría ser un chamito (saludos compadre). Íbamos a la tienda y pedíamos un chiquitín en lugar de pedir un danonino (sí, el doble sentido). Además de las pastisetas la Suandy tenía un pastel que venía con azúcar para espolvorearlo.

Todo cambia y sigue cambiando, hay que aprovechar porque algunas cosas no regresan.

Contingencia

Si buscamos el bien de nuestros semejantes encontraremos el nuestro.

Platón

Parte de mi vida académica me dediqué a estudiar las contingencias, el riesgo, los imprevistos y en especial el valor monetario que pueden representar esos posibles escenarios. Una actividad interesante matemáticamente pero algo deshumanizada.

Principalmente cuando se trataba de los seguros de vida, el cálculo de las posibilidades de morir, que aplicaban a uno mismo. También los tantos hechos curiosos como que es más probable morir en el baño de la casa que en un avión. o que si manejas el número de accidentes severos en los que estarás es uno. Algunas cosas son útiles y otras no tanto, pero siempre es bueno poder ver las cosas con perspectiva.

Recuerdo los días de la influenza, con una siglas difíciles de recordar incluso para nuestra flamante maestra, presidente del SNTE, estuve trabajando desde casa varios día, se pospuso el estreno de la película Wolverine, tiempo después hizo su entrada triunfal en el auditorio nacional, pero Ben Stiller se negó a venir por miedo al contagio.

Ahora ante este brote virulento lo que he visto predominar entre las personas, en especial en las redes, es una reacción poco reflexiva, en el puente de febrero me enteré de que no dejaban regresar a una directora a la escula a menos que pasara por cuarentena, ahora que amenzan con quemar un hospital si acepta infectados.

En facebook me regañaron porque puse una foto de una celebración de cumpleños de hace 7 años. Las personas, además de no prestar atención y entender antes que reaccionar expresan categóricamente su sentir. Hay muchas frases enfáticas de quedarse en casa, pero creo que es lo mismo que ponerle fotos desagradables en las cajetillas de cigarros, si mucha gente no cambia en beneficio de su salud ni de él ni de los demás. ¿Qué es lo que esperamos ahora?

También está la otra parte, muchas personas viven al día (de milagro como la lotería como decía López Velarde), y se las están viendo negras (sin albur) es ahí donde la verdadera enfermedad ataca. Lo único que he podio hacer es comprar alrededor, hasta a un jardinero le encargué que hiciera un mini jardín. Los que me conocen más saben lo raro que es esto.

Y es que es el prójimo el que me preocupa, siempre he estado en una posición privilegiada y creo que justo el estar en esa posición me permite ayudar a los demás.