Archivos Mensuales: mayo 2020

Logros y reconocimientos

Necesitas límites mentales. Necesitas no esperar. Necesitas no esperar nada de los demás Necesitas no traficar con tu dolor. Necesitas orgullo y soledad. Necesitas orden. Necesitas poesía.

Alejandra Pizarnik

Hay muchas enseñanzas que adquirimos sin pensar, sin reflexionar. Y vivimos con ellas sin darnos cuenta del impacto que tienen en nuestra persona. A mi alrededor veía como el señalamiento de defectos era la forma de corregir, de buscar el buen comportamiento. Y así lo comencé a vivir, a que las fallas y los defectos ocuparan un espacio fundamental.

Me acostumbré a dar por descontados los logros, a no considerarlos dignos de un reconocimiento o felicitación, así no solamente no me los proporcionaba pero me negaba a recibirlos de otras personas. Y hubo muchas cosas que hice que me parecen dignas de felicitación, nunca es tarde para ver por uno mismo.

La primera vez que fui a la tienda fue a los dos años, a comprar crema. Para poder salir de casa tuve que aprenderme la dirección y el teléfono de casa por si pasaba algo. Yo me sentía feliz aún si no recuerdo ninguna felicitación por eso, hubiera sido bienvenida una palmada en la espalda.

A los tres años aprendí a jugar brisca, incluyendo contar los puntos mientra pasaba las cartas rápidamente (como lo hacía mi abuelo), quizá el premio recibido fue que pude jugar con los mayores, en particular con mi tío Vicente. La confianza de mi abuelo en respaldarme y afirmar que yo sabía jugar, aún ante la incredulidad de mi tío, fue mi recompensa.

A los cuatro años ansiaba jugar dominó, mi familia lo jugaba cada semana y yo me la pasaba observando ansioso de jugarlo. Mi padre me compró un dominó de plástico azul y tuve que demostrarle que sabía jugar, Demostré mi conocimiento desde el primer juego, mi premio fue el permiso de jugar con los adultos, aún, me hubiera gustado una palabra de aprobación de parte de mi padre.

Al cumplir los seis años, durante el primer año de escuela, me aprendí las capitales de los estados de mi país. En casa de mis abuelos me la pasaba detrás de mis tíos Ricardo y Miguel preguntándoles las capitales, lo que obtuve fue una evasión constante. En ese año en la escuela también aprendí a ganar dinero, vendía las fichas de depósito del banco a mis compañeros, que las codiciaban por el papel calca.

En cuarto de primaria, con la maestra Maricarmen (4 de mis maestras de primaria se llamaban así) fui elegido para un bailable azteca, una representaciòn de una pelea seguida de un baile y un sacrificio. Me aprendí el baile primitivo y por única vez fui el centro de algo relacionado al baile, creo que el hecho de que mi vestuario fuera un taparrabos me ganó más burlas que elogios.

En quinto de primaria mi maestra se llamaba Blanca, los alumnos la conocíamos por su apodo “Amanda Miguel” debido a su cabello rizado, era común encontrarla sobre el eje tres oriente, casi esquina con avenida Taxqueña, solíamos darle un aventón a la primaria. Ese año estuve en la escolta que recibió la bandera, claro que el único comentario al respecto fue ¿por qué no fuiste el abanderado?

Ya entonces ayudaba al negocio familiar (la confección de ropa) a tender, acomodar, llevar la mercancía. También iba a pagar la tarjeta de Liverpool de mi madre a la tienda del centro. Al año siguiente mi madre, por motivos de salud, tuvo que quedarse en casa de mi abuela. Yo me encargué de las compras y medio la administración y limpieza de la casa. Tomaba el camión 97 en Santana para ir al entonces Gigante de la viga. Regresaban con montones de bolsas, afortunadamente en ese entonces eran resistentes. En ese tiempo pasé con creces el primer examen de ingreso a la secundaria.

El segundo año de secundaria, después de actualizarme en inglés, de educar mi oído y gracias a que era dibujo técnico pude completar una boleta de puros dieces. Entonces se extinguía la infancia y entraba tempestuosa la adolescencia quisiera felicitar mi yo de entonces, darle una palmada en la espalda y decirle que me siento orgulloso.