Archivos Mensuales: enero 2021

Recuerdos emergentes

Cuando uno extraña un lugar, lo que realmente extraña es la época que corresponde a ese lugar; que no se extrañan los sitios, sino los tiempos.

Marcel Proust

Alrededor de este tiempo pandémico, donde la pregunta que salta ante la muerte fue ¿de COVID? un par de muertes recientes, cuya causa no fue el virus, pero que no dejan de tener el impacto de una pérdida. Una vida que se extingue siempre cambia el mundo.

Mi tío Martín era hermano de mi abuela materna, fue padrino de mi padrino de primera comunión (mi tío Mundo) durante toda la infancia visitábamos su casa frecuentemente (vivía en la misma casa que mi bisabuela), su hijo menor era apenas un año mayor que yo (también se llamaba Martín). Un día, mientras jugábamos a la lucha libre, intentó hacer una llave media nelson, lo jalé del brazo tan fuerte que salió volando, pensé que mi tío me iba a regañar por haber lastimado a su hijo. Pero se mostró muy comprensivo.

Hay un sinnúmero de anécdotas que recuerdo de él, como que los Dandys ensayaban al lado de la peluquería donde iba a que le cortaran el cabello, fue de los primeros que escuchò la canción de Gema. También tenía fama de adivino, porque se acercaba a los chavos del barrio, se les quedaba mirando y les decía: “te bañaste” (lo que era evidente, en especial entre los albañiles), “fuiste a las tortillas” (todos los días iban a la misma hora).

Pero de la que más me acuerdo es de una vez que fue a la pulquería, y había un parroquiano impertinente, que lo estaba molestando, él tenía mucha paciencia pero terminó por colmársela y le lanzó un puñetazo, pero para su gran sorpresa salió volando, no se había dado cuenta que no tenía piernas, por eso salió volando y supongo que por eso estaba acostumbrado a que le pasaran por alto su comportamiento.

Ivone era la hermana menor de Roberto y Alejandro, que fueron compañeros míos en la secundaria, siempre que llegaba ellos ya estaban en la escuela, cerca de las canchas, esperando que comenzaran las clases. La amistad creció a tal grado que me abrazaron como si fuera uno de la familia. Los visitaba y algunas veces pernoctaba en su casa que entonces estaba al lado de los sopes de la 9, los originales.

Siempre tenía una sonrisa amable, y aunque solía hacerme señalamientos con un cierto tono burlón, siempre me sentí aceptado, como si no censurara mi comportamiento. Recuerdo su mudanza previa a su viaje a Venezuela, las reuniones al regresar, la gente atrapada en un auto con seguros eléctricos.

También recuerdo los juegos de frontenis en Ciudad Universitaria, me invitaban a jugar sin importar lo chafa que fuera en el juego. Cuando se mudaron a Observatorio tomaba el camión expreso por periférico y me bajaba en Constituyentes, algunas veces la encontraba haciendo la limpieza, pero siempre me recibía y ofrecía algún refregerio y plática.

Recuerdo mucho su boda, al momento de la firma frente al juez, su hermano me dejó la cámara y la responsabilidad de tomar las fotos, ese día olvidé mis lentes y todas las fotos de la firma salieron borrosas. También recuerdo las visitas posteriores, los juegos de billar en su casa: hasta aquellos viajes familiares (sí, me incluían en la familia) a Tecolutla, con la playa plagada de cangrejos durante la noche.

Apenas tenía un par de años menos que yo.

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