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#NiUnaMenos o una nueva Lisístrata

El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos.

Simone de Beauvoir

Vivimos inmersos en la violencia que toma diferentes formas: la pobreza, la falta de educación y oportunidades, la discriminación, la opresión, la corrupción. Este día se reúnen en diferentes latitudes miles de personas bajo el grito de #NiUnaMenos.

El feminicidio es el último escalón de los actos cometidos en contra de las mujeres, la gama es amplia y abarca el abuso doméstico (sea psicológico o físico), el abuso sexual infantil (incestuoso o no), el acoso sexual, la mutilación genital, la esterilización forzada, la criminalización del aborto, la heterosexualidad forzada, la cirugía plástica involuntaria con fines de embellecimiento, la esclavitud sexual.

Todos estos actos buscan mantener una superioridad de un grupo —como todas las formas de violencia— hay personas que lo hacen conscientes y otras no, pero que preservan esa subordinación del grupo violentado.

Resulta iluso que el grupo en el poder cederá estas ventajas fácilmente, que por arte de magia un hashtag va a lograr crear conciencia en los demás. El cambio comienza por uno mismo, por la propia introspección, son los actos cotidianos los que van forjando y educando y ejemplifico:

Los hijos perciben el comportamiento, no podemos engañarlos respecto a lo que somos y las actitudes que tenemos, no importa el número de veces que se les repita que tienen que respetar a la mujer, si ven que su madre es servil, que acepta sin chistar insultos o malos tratos del padre, eso es lo que aprenden. Hasta el lenguaje es importante: cuando decimos que un hombre es bueno porque “ayuda” a su pareja en la limpieza de la casa o en el cuidado de los niños estamos estableciendo implícitamente que esa es tarea de la mujer y que la participación del hombre es de buena onda. Cuando, me parece, es una responsabilidad conjunta.

Otra cosa que he percibido es el silencio, creo que es uno de los peores cómplices. Conozco mujeres que han sufrido acoso en su propia casa, por parte de un amigo de su pareja —sí, manoseada como en el metro— y no ha dicho nada, se ha tragado todo con verguenza bajo el pretexto de “no quiero que haya problemas” ¿por qué sigue apareciendo esa pena como si la falta fuera de ella? creo que ha sido producto de las respuestas que ha recibido al hablar.  Ese verguenza de hablar es otro de las formas de perpetuar la violencia, es como decidir negarse el respeto y apoyar al otro.

También conocí a otra que era golpeada, que su pareja la castigaba dejándola sin celular y que solamente la dejaba salir sola acompañada de una chaperona (su prima), su dinero y posición no le quitaban lo patán. Pero dado que era un buen partido —bajo no sé que pinches estándares— ella justificaba sus insultos, golpes y violencia describiéndolo como un animal que necesitaba protección. Esa necesidad de mostrarse ante los demás como una pareja muy linda.

Y la falta de denuncia es otro síntoma, el proceso de denunciar un delito sexual es difícil y humillante para la mujer, esto es a propósito, las autoridades lo hacen de esa forma para que las mujeres no denuncien y ellos tengan menos trabajo. Creo que es mejor buscar apoyo de la familia y amigos, para poder pasar por este trance. Yo me he ofrecido a acompañarlas.

Yo quiero un mundo donde las personas que amo puedan vivir como les plazca, libres de miedo. Y en esas estoy.

 

 

 

 

 

la memoria a cuestas

El olvido es más tenaz que la memoria

Farabeuf – Salvador Elizondo

¿Recuerdas?

Es una pregunta que tiene un sinnúmero de respuestas.

Cuando la respuesta es “no”  Algunas personas la pueden encontrar terrorífica quizá por sus implicaciones durante la época de exámenes, o como un alarmante signo de que el alzheimer nos llega. Pero también puede ser una respuesta que indica que el dolor pasado quedo ahí. Otras veces puede indicar una falta de interés al respecto.

Yo suelo recordar demasiado.

Los recuerdos suelen venir con sensaciones y sentimientos, algunas veces con olores y colores, siempre con imágenes muchas con sonido; es como empezar a sacer un hilo y jalar, vienen muchas más cosas, conectadas con otras en una maraña mucho mayor que cualquier telaraña que haya visto.

Muchas veces son recuerdos dolorosos, y el hecho de poder traerlos al presente y revivir las sensaciones puede resultar muy conveniente para la escritura pero no para el ánimo o la convivencia. Pero creo que estos recuerdos se pueden reinterpretar, o al menos verlos de una manera menos dañina. Otras veces los recuerdos son como un sonrisa del pasado, como bañarse de nuevo en esa luz que brilló intensamente. En general son experiencias que nos sirven como instrumentos de navegación.

Un día durante un juego de fútbol en el retorno, eran los primeros días y los piracantos aún no crecían lo suficiente para dividir el cemento del pasto, recibí una zancadilla que me catapultó lo suficiente para caer con la mitad superior de mi cuerpo en el pasto. La casualidad quiso que mi padre saliera en ese momento, justo para regañarme frente a mis compañeros de juego con un “ya te dije que no anduvieras jugando en el pasto”, seguramente el regaño injusto y las burlas de los demás ayudaron a que el incidente y los sentimientos alrededor de él quedaran fijados en mi memoria.

Durante una de muchas idas al cine a principios de los años 90s —julio de 1991— en la película “El misterio de Von Bülow” con Glenn Close y Jeremy Irons a media película recordé un reportaje que salió en la revista Vanidades —una lectura habitual de mi madre— de la demanda de los hijos en contra de su padre, luego de que éste hubiera sido absuelto por segunda vez de la acusación de haber matado a su esposa. Que estaba justo antes de un reportaje con fotos del la fiesta de 21 años de Brooke Shields que fue en un Chippendale cuando ella se encontraba estudiando en Princeton. Encontrar conexiones como esta me produce gran placer, es como encontrar esos hilos que conectan el universo.

Mi primer viaje a Los Angeles fue a la presentación del disco Parlour de Darling Violetta, mi plan original era usar el transporte público, pero en un impulso súbito me subí a uno de esos autobuses que te llevan a las agencias que alquilan coches y alquilé uno, salí del aeropuerto sin mucha noción de dónde estaba, luego de avanzar medio a la ciega pude ver el letrero de Sepúlveda Blvd lo que me recordó la película de Volcano con Tommy Lee Jones y Anne Heche. Y seguí el camino contrario a la lava por “Bayona Creek” hasta La Brea, ese fue mi instrumento de navegación.

Y estos ejemplos se repiten sin cesar.

 

 

 

 

Cazadores de talentos

Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.

Jacinto Benavente

Una de las monedas usadas en la antigüedad y famosa por su coincidencia con los tiempos de Jesucristo, además de haberse usado como moneda de cambio, era la cantidad de plata equivalente al peso del agua necesaria para llenar un ánfora: unos 34 kilos, eso sí que era una anforita.

Basta mirar alrededor para darse cuenta de los talentos de las demás personas, gracias a mi fortuna tengo personas muy cercanas con muchos talentos, comenzando por mi familia donde mi madre cuenta con un excepcional talento para bailar, relacionarse con la personas y encontrar formas de solucionar las cosas, a mi padre le encantaba innovar en cosas como carros, cámaras, sonido —lástima que dedicara tanto tiempo a un empleo que no lo llenaba—y mi hermana atrae la fortuna con gran facilidad —creo que ella no alcanza a darse cuenta de eso— además de la familia nuclear recuerdo mucho la habilidad de mi abuela en la costura o de mi abuelo al hacer los zapatos, mi sobrina Monse acaba de ser campeona nacional de Judo allá en Chiapas —cobijada con una excelente labor de sus padres— pero eso no se detiene en la familia.

Esto se extiende en muchas direcciones, tengo amigos que sobresalen en las artes plásticas, en la música (gracias Alan por el palomazo en mi cumpleaños), o en la decoración de sus casas, el acomodo estilo tetris de muebles y objetos, o en la corrección de textos, el armado de libros, los detalles de las manualidades, la facilidad para el baile la organización y la coreografía, la aguda percepción del otro, la soltura en el trabajo, la dedicación, las habilidades deportivas, el diseño, la publicidad, la locución. Ser una inspiración de los demás.

Pero la gente talentosa de la que estoy rodeado, algunas veces no perciben esos talentos en ellos mismos y se centran en sus defectos, en sus carencias, en lo que los otros esperan, quizá dejando de lado el desarrollo de los mismos. Algunos tienen metas completamente ajenas a sus talentos otros los tienen vinculados con cada aspecto de su vida.

Yo creo que mi talento es darme cuenta de las cosas. Así como hay gente que caza talentos para usarlos en su beneficio espero que yo pueda ayudarlos a usarlos en su beneficio.

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Hoy no circulo

Las ciudades son el abismo de la especie humana.

Jean-Jacques Rousseau

Hace unos días leía la noticia acerca de los planes de Finlandia para eliminar el transporte privado con el uso de una aplicación integral de ruta. Mientras en México se discute la aplicación del hoy no circula los sábados, viviendo ahora en una ciudad con problemas de tráfico y con un costo vehicular muy elevado recuerdo muchas cosas.

El origen del hoy no circula fue la contaminación, durante un tiempo hubo un programa de hoy no circulo voluntario —yo elegí el miércoles— donde te regalaban una calcomanía, y la idea era mejorar la calidad tan deteriorada del aire en la ciudad. No hubo muchos voluntarios por eso cuando los IMECAS se acercaron al número de 500 y fue necesaria la suspensión de actividades, durante mucho tiempo, mientras el sol apenas alcanzaba a verse y sentirse alrededor del medio día y vario pajaritos amanecían muertos en el piso.

Entonces en 1989 se instauró un programa temporal: “Hoy no circula” que incluía la verificación obligatoria de los vehículos, que promovía la instalación de un catalizador y la mejora de la gasolina utilizada en la ciudad. Lo que tuvo un impacto inmediato fue lo que hicieron con respecto a la refinería de Azcapotzalco —ahora parque bicentenario— sin embargo la conciencia del impacto ambiental duró poco, la corrupción en los verificentros fue minando la confianza del automovilistas y creo que los intereses comerciales del gobierno terminó con ella. Me tocó el viernes —mis placas parecían tener frío 600 BRR— y cada viernes tenía que esperar a que dieran la diez de la noche para salir.

Hay tantos intereses como perjudicados con la nueva medida. Pero creo que se está perdiendo de vista el objetivo final: el bien común. No ha habido ninguna inversión en el transporte público, al contrario ha disminuido el parque de camiones y la población utiliza primordialmente una combinación de peseros y metro. Aumentar los días sin circular sin ofrecer una alternativa es una medida violenta contra la población, lo mismo olvidar que el comercio informal representa una gran parte de la economía y que dependen del auto para subsistir es un error. Pero la contraparte tampoco ha ayudado, porque el automóvil les representa más que un medio de transporte, es una comodidad, o un símbolo de estatus, o una refugio. Cada vez es menos frecuente el compartir el transporte, cuando salió la medida me acuerdo que nos poníamos de acuerdo para compartir los viajes.

Creo que el automóvil de la manera en que es concebida es un transporte del pasado, pero que la única manera de dejar de usarlo es con una alternativa que deje obsoleto el automóvil. Para el caso específico de la ciudad de México siempre he pensado que para el centro histórico se podrían usar exclusivamente los camioncitos eléctricos que usan para repartir refrescos, además de los bicitaxis. Se podrían promover el uso de la bicicleta aumentando los lugares para alquilarlas o con estacionamientos cerca de las estaciones del metro, el metro es la mejor alternativa en caso de transporte masivo, siempre que se sobrepase el umbral de 40000 pasajeros, es evidente que aplica a la ciudad de México. También existen proyectos interesantes como LINT que busca innovar en transporte sustentable enfocado a latinoamérica.

HoyNoCircula

 

 

tipo de cambio

Un banquero es un señor que nos presta un paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.

Mark Twain

La primera vez que supe que el dólar se había disparado, luego de la perruna defensa del peso a cargo de López Portillo —agarren a López, por pillo—, no tuve un impacto directo, aunque sí me di cuenta de los estragos de la inflación, basta imaginar que el dólar fue de 12.50 hasta 2289.58 en los periodos de Luis Echeverría hasta Miguel de la Madrid, en ese tiempo los fayuqueros fueron los que sintieron el impacto.

El famoso error de diciembre me impactó en el precio de los artículos informáticos, porque mi único contacto con alguna moneda extranjera se limitaba a las monedas que había en la colección familiar, ahora entendía mucho mejor lo que sucedía pero hasta entonces y por lo menos por un lustro más no había tenido necesidad de usar alguna moneda extranjera.

Pero llegó un concierto que no quería perder y tuve que conseguir dólares, fui al bancomer que está en Insurgentes esquina con Vito Alessio Robles, justo estaba entrando cuando vi que una señora iba a cambiar sus dólares, le propuse que lo hiciéramos por fuera del banco al promedio entre el tipo de compra y el de venta, aceptó y los dos nos fuimos felices —la cantidad que iba a cambiar era justo lo que tenía pensado comprar— en esa ocasión ya tenía el dinero y el boleto mucho antes del viaje. Lo que hizo más fácil conseguir buenas ofertas.

Durante un viaje a Toronto y luego a New York, mi amigo Felipe me encargó un XBOX —pagando por adelantado—, cuando salí el dólar canadiense estaba incluso por encima del estadounidense —alrededor del .92— entonces cuando estaba en el Toy R Us del Dufferin Mall estuve a punto de comprarlo pero como había ya visto otra oferta en la misma tienda pero de Nueva York con más juegos decidí esperar.  Ya tuve que pagar la diferencia del equipaje en el regreso de Toronto —encontré una tienda de libros usados qeu tenía ordenados los libros, fue un paraíso— luego ya en la gran manzana justo al comprar la consola, me di cuetna qu el tipo de cambio había cambiado mucho, no solamente el USD era mayor que el CAD, el tipo de cambio con el peso estaba arriba de 14 todas las compras me salieron mucho más caras de lo esperado. Para colmo cuando iba rumbo a la estación Grand Central se rompió la maleta que llevaba obligándome a comprar otra en una de esas tiendas cercanas a Broadway, que uso a la fecha.

Durante el período que estaba tramitando la visa de trabajo para Brasil, me la pasé viajando, además de clásico México-Brasil fui varias veces a Londres y para diciembre —todas los sellos de Argentina en mi pasaporte son de diciembre— e hice un viaje a Colonia, Uruguay —por barco— ahí los comerciantes manejaban peso argentino, real brasileño y la moneda local, es decir te cobraban en esa moneda, bueno casi todos, pero al final terminé cargando una mayor diversidad de divisas en la cartera (ARS, BRL, GBP, MXN, USD, UYU)

Cuando comencé a recibir mi sueldo en reales el tipo de cambio era de aproximadamente 1.5 ahora está en niveles de 2.35 esto de la devaluación es extraño para las naciones del primer mundo, cuando una moneda es estable y llevan su balance en esa moneda encuentran extraño tener que preocuparse por un cambio drástico en el tipo de cambio de su moneda. No entienden completamente el concepto de revaluación mucho menos si se hace diariamente.

Como mando regularmente dinero para México —principalmente a mi madre— tengo que mandar en dólares, por lo que me atoran con el tipo de cambio dos veces, primero al cambiar a dólares y luego al regresarlos a pesos, uno que ya está tan acostumbrado perder en el tipo de cambio que no repara uno en la cantidad que eso representa o se olvida que siempre hay otras opciones

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tengo que ir al banco

De Levante a Poniente, el dinero es un señor omnipresente.

Refrán poco conocido

La primera vez que tuve contacto con el banco fue para acompañar a mi mamá a hacer unos pagos, aunque muy cerca de casa de mi abuela Chuchita había un banco que era un oceáno de posibilidades nosotros íbamos a otro que tenía una sucursal en Calzada de la Viga, donde aprovechaba para tomar fichas de depósito que luego vendía en la primaria, porque tenían papel calca, todo un lujo en aquellos tiempos.

Cuando ya tenía edad suficiente para ir a pagar me mandaban, ahora a una sucursal en Miguel Ángel de Quevedo a pagar algunas tarjetas, en una ocasión mientras llenaba la ficha de depósito en las mesas que ponían para ese efecto con una pluma colgante que jamás tenía tinta. Puse la tarjeta junto a la base de la pluma y copié el número en la ficha, di un par de pasos cuando me di cuenta que no llevaba la tarjeta, cuando giré para tomarla ya se la habían llevado, afortunadamente ahí tenía el número y conseguí cancelarla sin que hubiera una pérdida.

Mi primer tarjeta de crédito fue tenía el logo de la desaparecida tienda Gigante, ahora convertido en Soriana, y me los puntos de consumo me los devolvían en vales de la misma tienda, y algunas veces ofrecían meses sin intereses -una trampa mortal-obtener una se fue tornando cada vez más fácil, pero cancelarla es una tarea complicada, digna de los trabajos encomendados a Hércules, solamente en una ocasión  no tuve que recibir pretextos, pudieron poner gran oposición porque la razón para cancelar era contundente, además de estar acompañada de un acta de defunción de mi padre.

El primer banco que tuvo un cajero automático en México es el mismo al que acudí en una ocasión que no disponía de efectivo, fui a un cajero que está en  Galerías Coapa, cuando todavía se la tragaban completa -la tarjeta- mientras esperaba la cuenta del dinero se fue la luz y la pantalla se apagó, tuve que esperar pacientemente a que se restableciera la energía y se reiniciara el cajero, para mi fortuna mi tarjeta fue expulsada, pero no el dinero, negligentemente intenté sacar dinero nuevamente pero el incidente se volvió a repetir, pero la segunda ocasión no apareció mi tarjeta. Tuve que llenar una solicitud para que los fondos me fueran depositados. desde entonces preferí los cajeros en los que la tarjeta quedaba a la vista como en la ex-glorieta de Etiopía ahora Plaza de la Solidaridad.

Cuando saqué mi cuenta maestra fue en la misma sucursal donde cobraban los de Secretaría de Marina, también del primer banco que puso sillas y dio turnos, siempre tomaba 2 turnos y me sentaba a leer, cuando ya se acercaba el número buscaba a alguna persona que necesitara pasar rápido y le daba el turno extra, porque era una oportunidad que te brindaba esa espera. En una empresa me pagaban con cheques del mismo banco, pero no lograba que sus cheques pasaran en firme porque había un problema con las firmas, estoy casi seguro que era a propósito para jinetear el dinero al menos un día más, la única solución era ir directo a la sucursal de San Jerónimo, que siempre estaba llena aunque tenía la ventaja de que abrían los sábados. Por eso cuando comencé con la banca electrónica mis visitas a las sucursales se minimizaron, todo lo que pudiera hacer en línea lo hacía.

Y en este mismo banco he hecho las primeras transferencias internacionales ahora que ando viviendo en Brasil, donde además de la comisión me la dejan caer doblemente en el tipo de cambio, primero de reales a dólares y luego a pesos. Por estos lares el uso del dinero electrónico es mucho más difundido, casi todo se paga con tarjeta, pero esos sí si pensaba que se manchaban allá con los intereses aquí está peor.

Pero ya sabíamos que los bancos no son precisamente las hijas de la caridad.

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se te va el tren

Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas.

Ramón Gómez de la Serna

Los ferrocarriles en México comenzaron a construirse durante el período de Anastasio Bustamente pero no fue hasta Don Porfirio que los trayectos crecieron en verdad, —casi 40 veces los existentes— situándolo como uno de los principales transportes masivos.

Crecí escuchando historias al respecto como mi tía Luisa que de niña su mayor diversión consistía en ir a mirar el tren, de joven se entretenía rompiendo corazones incluso me tocó presenciar como rechazaba ofertas de matrimonio —cuando yo nací ella ya tenía más de 60 años—, en su juventud uno de sus pretendientes al enterarse de que ella se iba corrió a alcanzarla e intentó saltar al tren en el que partía, con tan mala fortuna que perdió una mano. Mi abuelo materno emigró de su natal Salamanca colgado debajo de un vagón del tren, contaba que muchos accidentes eran cuando se quedaban dormidos. De niño, cuando iba a Salamanca a visitar a mi familia —que vivía frente a las vías del tren— cuando íbamos a la fiesta de San Gonzalo me ponía a contar el número de vagones de los trenes de carga mientras comía lechugas. Si a eso le sumamos la cantidad de historias que transcurren en un tren el resultado era una ilusión por viajar en él.

La oportunidad vino tiempo después, un amigo estuvo un tiempo en un seminario en Querétaro —con el estadio corregidora nuevecito todavía— decidí visitarlo usando una ruta de tren dominical —también llamado corregidora— eran 3 horas. Salí temprano casi directo de la fiesta de mi primo Carlos, me fui disfrutando el camino y no acepté ir al carro comedor porque no tenía hambre, me arrepentí porque me hubiera gustado conocerlo, lo dejé para el regreso. Luego de pasar el día con él durante el regreso apenas transcurrieron algunos durmientes me contagiaron el sueño —la verdad no había dormido nada desde el viernes— me despertaron al llegar a la estación Buenavista, Buenavista, Buenavista; me perdí conocer el vagón comedor.

La segunda vez fue durante una práctica de campo se juntaron grupos de demografía, muestreo y hasta unos colados de pensiones convencí a mis amigos de irnos en tren —nos íbamos a hospedar en Guanajuato y la práctica iba a ser en Silao— compramos boletos en segunda clase que eran muy baratos, cuando me encontré con mis compañeros en la estación (Mónica, Chela, Verónica y Raúl) ¡todos traían al menos 2 piezas de equipaje! Viajar en segunda es mucho más divertido, a Mónica le dio tiempo de ligar un par de veces en ese tiempo tan corto porque, a pesar de la fama de impuntal que tenía los trenes, debo reconocer que en ninguna ocasión salió del horario publicado y en ese viaje eso nos jugó en contra porque llegamos demasiado temprano a Irapuato, tuvimos que tomar un camión. El viaje fue por lo demás divertido. El viaje fue justo a tiempo porque el servicio de pasajeros se suspendió poco después.

El error del año 2000 Y2K amenazaba con destruir a la humanidad pero una de las pocas consecuencias que tuvo fue que el sistema facturación de una empresa cuya sede era la terminal de Pantaco así que durante un tiempo mi ruta pasaba por el metro Cuitláhuac y la avenida del mismo nombre para llegar al Gigante —ahora Soriana— ahí fue cuando tuve contacto con los transportes de carga y su logística tan eficiente que la llevaron a terminar en el olvido, me sorprendió particularmente el hurto de un contenedor que se encontraba en medio de varios contenedores apilados, también me tocaron un par de amenazas de bomba.

A fechas más recientes me tocó ir de Buenos Aires a la ciudad de Tigre en el tren de la costa en un viaje muy pintoresco y con un grupo heterogéneo, muy diferente de lo que había pasado.

Quizá sea un transporte anticuado —por eso Charly García no va en tren, sino en avión— y los trenes ya no son aquellos animales mitológicos de los que hablaba Sabina, y no existe más el expreso de Oriente de Agatha Christie; pero aún se le llama último tren a esa oportunidad que no regresará, hablamos del tren de vida y las solterona son a las que ya se les fue el tren. Quizá me hubiera gustado tener una tren de juguete tan grande como el que había en el Liverpool del centro, quizá haya desaparecido aquella mirada mestiza entre el barullo de las estaciones, tal vez jamás podré recuperar el artwork del  cd que contenía la siguiente canción —y contenía fotos en un tren abandonado— pero seguiré asociando a los trenes con las despedidas.

Algo De Un Tren

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hacer las maletas

El que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país.
René Descartes

Odio empacar, bueno quizá no es tanto el odio como la incapacidad de hacerlo apropiadamente, durante mi infancia, alcoholescencia y jumentud no fui más lejos que unas horas a la redonda el Distrito Federal.

Uno de los primeros viajes fue hacia Chihuahua, muy pocos días así que el equipaje no fue un problema, ni siquiera necesitaba que la ropa llegara en estado adecuado. Conviene señalar que el planchado —de ropa— es la única actividad doméstica que no consigo ejecutar con control de calidad mínimo.

Los primeros viajes relativos al trabajo fueron a Puerto Vallarta, Acapulco e Ixtapa Zihuatanejo respectivamente. Tampoco es que tuviera que cuidar especialmente el vestuario —una de las ventajas de mi línea de trabajo— creo que el primer reto verdadero fue cuando fui por primera vez a New York.

Ya estaba casado entonces, mi entonces esposa me ayudó a empacar, la verdad ella hizo todo, ahora sí necesitaba llevar camisas planchadas. Y esto se repitió todos los viajes subsecuentes, hasta el divorcio.

Mi primer viaje con este nuevo estado civil fue a Toronto y Nueva York, justo cuando los valores de ambas monedas se intercambiaban, mi amigo Felipe me había encargado un XBOX, y además encontré una librería de usado que tenía los libros ordenados, de regreso tuve que pagar exceso de equipaje, y en Nueva York, justo antes de salir para el JFK se rompió mi maleta, afortunadamente había una tienda justo cruzando la calle, compré una y regresé a guardar mis cosas que estaban en la calle.

Estuve a punto de ir a Moscú pero el viaje se cebó, demoró un poco de tiempo que volviera a viajar, pero luego del viaje a la inauguración del estadio omnilife comenzó mi peregrinar. Venía a Brasil por 3 semanas y regresaba el fin de semana a México, además entre esas idas y venidas se intercalaban visitas a Londres y Buenos Aires. Viví en hoteles cerca de 10 meses, tenía que usar las tintorerías de los hoteles pidiéndoles que doblaran las camisas par poderlas empacar. Afortunadamente tengo amigos, Gustavo es uno de ellos, que no solamente me ayudaba con la decoración de mi departamento sino con el equipaje, después recibí ayuda de Pepe quien resultó aún más eficiente, ya lo había visto acomodar las cosas en un refrigerador como si fuera tetris, solamente que no le hizo mucha gracia sobrepasar a Gus en esas habilidades.

En esta ocasión llevo una maleta extra, para los encargos.

La Ciudad de la Furia revisitada

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

Jorge Luis Borges

Todos los sellos de migración de Argentina en mi pasaporte tienen el mes de diciembre, pero esta fue una visita diferente a las otras, al principio no me di cuenta,  todo comenzó desde que hice la maleta, odio empacar sobre todo cuando tengo que llevar ropa para le trabajo, nunca he podido doblar apropiadamente las camisas, de hecho creo que nunca he conseguido acomodar nada.

Cuando finalmente terminé de guardar todo decidí que no iba a llevar laptop, eso implicaba que no iba a trabajar desde el hotel, o comunicarme con alguien, tenía acceso limitado a twitter y facebook. Quizá porque ahora nadie estaba esperando mi llamada, porque sin lazos personales no tenía urgencia de regresar. Quizá porque no hay lugar para regresar.

Buenos Aires tiene un ambiente que mezcla lo aristocrático con lo porteño, hay en sus calles señales de que los tiempos pasados fueron mejores. Caminé por sus calles referenciadas miles de veces en la literatura y transitada por muchos escritores; ahora era el escenario de mi pensamiento. Las calles estaban repletas, con más comercio informal que la última vez, Corrientes sigue llena de vida, el obelisco sigue siendo una referencia obligada, pero en esta ocasión me sentía un poco fuera de contexto, a pesar del nombre de la calle yo necesitaba algo más arrabalero,  afortunadamente una banda se cruzó en el camino:

Banda Callejera

Tuve un par de inconvenientes, primero con la tarjeta de crédito, no solamente tuve que avisar por adelantado de mi viaje, también tuve que hablar por teléfono para confirmarles que esos gastos eran correctos, es la desventaja de tener que quedarse en un hotel sin chinches -espero que el reembolso llegue a tiempo para mi viaje a México- después ocurrió algo parecido con el roaming del teléfono, tampoco me preocupaba demasiado quedar incomunicado, en Brasil se preocupan especialmente del dinero que se gasta en el extranjero, incluso hay impuestos para desanimarlo. No va a funcionar conmigo.

Visité el pueblo de Tigre para continuar con el ambiente porteño, tenía mucho tiempo sin usar un tren, sin visitar palafitos y sin vagar sin rumbo, debo hacerlo más seguido, los descubrimientos que nos regala el azar siempre son afortunados.

El domingo fui a San Telmo, ahora no tenía ningún regalo especial pendiente, el encargo de Tris -unas estampas de Gaturro- lo despaché en un puesto de periódicos y para mi compañera ocasional bastarían unos artículos del duty free para negociar algunas variaciones en la alcoba; las compras serían solamente para mí, fue momento de consentirme. Empecé de la plaza Dorrego y recorrí toda la calle de Defensa hasta llegar a la Plaza de Mayo sin prisa, aleatoriamente dejándome sorprender por las mercancías. El paseo estuvo lleno de encuentros felices, encontré una primera edición de un libro, algo para mi pared pero el verdadero tesoro fue un libro de Alejandra Pizarnik:

Alejandra Pizarnik

Durante una salida a tomar unas cervezas tuve una plática con un amigo y platicamos de nuestros últimos diez años – llevamos casi el mismo tiempo de colegas- y me señaló en un tono de broma que llevaba razón: “te aburguesaste”, no tuve argumentos para rebatirlo, si bien mi vida a sufrido diversos cambios la parte laboral ha estado demasiado estable, algo que quizá hacía un propósito antes, no estoy seguro que siga vigente. Parece que el libro será más que útil.