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historias de tunantes

Aquí no es mesón, sigan adelante, yo no puedo abrir, no sea algún tunante.

canto popular para pedir posada

Poco antes de comenzar mi educación primaria, organicé una expedición al Sears de Plaza Universidad para extraer un juguete para cada miembro de la banda participante (éramos 6). Era un plan lo suficientemente elaborado como para no ser descubierto, cada miembro ejecutaría 3 diferentes roles uno por cada juguete sustraido. Tiempo después, en Gigante (ahora Soriana) fuimos sorprendidos debido a un plan más burdo.

Frente a mi escuela primaria había una farmacia que tenía una máquina de pinball a la que nos habíamos aficionado. Debido a un descuido de la persona que le daba mantenimiento conseguimos las llaves para abrirlo. Jamás tomábamos dinero únicamente nos poníamos créditos para jugar. Hacia el final de cursos del sexto año nos escapamos de la escuela para ir a jugar. Fuimos acusados de hacer llorar a nuestra maestra, debido a su preocupación ante nuestra desaparición.

Tuve una excursión con los dos compañeros más rudos de la secundaria (musicalmente hablando) para conseguir un disco de Iron Maiden (Piece of mind) en el Sanborns que está en la esquina de Acoxpa y Miramontes ─refugio sureño de los encuentros de ambiente─ después de la compra vi sus caras de regocijo, se sentían trasgresores, como dueños de un secreto importante, con un vínculo especial que los ayudaba a navegar la adolescencia tan desprovista de refugio. Yo únicamente los acompañaba.

Durante la preparatoria, mientras le daba lecciones de manejo a Atilio (Juan Manuel) en estacionamiento al lado del campo de fútbol americano de los Cherokees, al ver una patrulla a lo lejos Atilio aceleró como huyendo de la ley, a media calle nos cambiamos de lugar y los patrulleros nos alcanzaron. Nos obligaron a poner las manos sobre el toldo, nos revisaron buscando armas y vieron que tenía la cajuela llena de revistas de las revistas lágrimas risas y amor. Decepcionados por la falta de oportunidades de mordida nos despidieron con la frase “muchacho, no hagan cosas buenas que parezcan malas”.

El los 80s nos invitaron ─ éramos colados para ser sinceros─   a una posada en una calle escondida de San Ángel. Nos recibió un perro pastor alemán con el que congeniamos inmediatamente. Cuando llegó la anfitriona, al vernos jugar con su amada mascota nos tuvo buena fé, nos permitió estar en la cocina y nos encomendó la tarea de poner las piñatas y manejar el cordel que las mantenía a salvo. No tuvimos necesidad de arrojarnos por los premios de la piñata porque los sustrajimos antes de que comenzaran los cantos para romper la piñata.

Se me había hecho tarde para ir al concierto de Cecilia Toussaint en el Blanquita (principios de los 90’s) llegué apresurado a la taquilla sorprendido de tan poca gente formada y compré los boletos, cuando di media vuelta para dirigirme a la fila de la entrada me di cuenta que había ignorado olímpicamente la fila para los boletos. Para entrar al recito era una fila de ida y vuelta, casi pasando la entrada me encontré al primo de mi primo (Pepe) que era uno de mis pocos conocidos en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.  Total que, después de llegar tarde en menos de cinco minutos ya estaba dentro.

Una fiesta agendada en un edifico sobre Xola, apenas pasando Tlalpan, fue suspendida debido a las protestas vecinales. La sede fue cambiada para casa de Lenina, donde comencé como DJ, labor que dejé en manos de Agustín, me lancé a la pista de baile a robar un sombrero y luego salí a defender a un infeliz que estaba siendo vapuleado por mis amigos: Felipe, Cuquín, Vani, Chéster, Paquis (hasta con patadas voladoras). Terminé llevándolo a su casa.

 

 

 

 

Explosiones

La ira es una locura de corta duración.

Horacio

Teníamos una fiesta, fuimos invitados a los quince años de Carmen. En esta ocasión no éramos colados, —como había sucedido en la fiesta de Ingrid, donde Abigail nos regaló sus boletos porque no pudo asistir— ahora hasta la familia nos conocía, teníamos invitación, boletos y toda la cosa.

Éramos más de los que caben en un automóvil, aunque en mi coche ya había llevado hasta veintitrés personas, ahora íbamos vestidos demasiado formales como para viajar en la cajuela o el toldo. Nos fuimos a la base de las peseros Peni-San Lázaro a La Virgen y le ofrecimos a una combi quinientos pesos por persona —los camiones ruta 100 costaban 300 pesos y el viaje más corto en pesero 350— era más de lo que ganaría en un viaje, pero menos que nos cobraría un taxi por llevarnos a todos.

Llegamos relativamente temprano al salón que estaba en prolongación División del Norte —jamás íbamos a misa— nos sentamos con Mónica, Abi y su hermana Nadia, era un poco extraño verlas emperifolladas para la ocasión, La primera con su vestido de color brillante y esponjado. Nadia llevaba un vestido corto con los hombros al descubierto, ella que apenas el año anterior iba en la primaria pero que sus catorce años eran suficientes para llenar con creces el vestido, Aby usaba unos pupilentes de color verde. Todas se esmeraron en su arreglo, incluso Carmen, la quinceañera, tenía nuevo peinado y maquillaje que ocultaba que aún usaba sus frenos. También sus hermanas lucían festivas, era como si fueran otras personas, diferentes de las que convivíamos cotidianamente.

Entonces todavía se podía fumar, iba armado con un par de cajetillas, una para compatir con mis amigos que pecaban de gorrones y otra que guardaba exclusivamente para mí. Acaparamos la botella de la mesa y cuando podíamos nos servíamos en otro lado. Como iba sin pareja me dediqué a beber y reflexionar. Generalmente lo único que compartía con mis amigos, eran estas búsquedas frenéticas en busca de fiestas y alcohol gratis, discusiones bizantinas sobre hazañas y retos adolescentes. El más grande bebedor, la mayor velocidad, las peleas. En mi mente circulaba la idea de que no quería estar ahí.

Al terminar el festejo nos unimos sigilosamente al cortejo familiar y terminamos en casa de la quinceañera departiendo con el padrino de la festejada, la plática giraba en torno a las defensivas en el fútbol americano, con opiniones polarizadas por el ron. Todo esto comenzaba a desesperarme, me sentía completamente sumergido en una trampa a la que caminé voluntariamente. La discusión subió de tono y los ademanes comenzaron a aparecer para darle fuerza a los argumentos porque las palabras arrastradas y balbuceantes eran insuficientes. Uno de esos manoteos terminó por golpear un vaso y derramar su contenido sobre mi pantalón, justo en la entrepierna.

Quizá fue mi forma intempestiva de ponerme en pie o la furia que brotaba de mis ojos, tal vez el canto de los pájaros que se escuchaba o la luz que comenzaba a colarse entre las ventanas, lo cierto es que fuimos invitados amablemente a abandonar la casa con la frase “muchachos, ya pasan peseros”.

Salimos, cada quien a su rumbo, algunos fueron a buscar pesero a la calzada de Tlalpan, Chucho y yo nos regresamos caminando. Sobre la calzada de las Bombas había unos arbolitos recién plantados, fui quebrando todos a mi paso, descargando una explosión de ira que a la distancia entiendo que llevaba acumulada mucho tiempo. Solamente uno de esos árboles se resistió a mi fuerza, quedó apenas doblado. Aún existe, está cerca del la entrada del hospital de traumatología y fue testigo de una de mis explosiones.

Posteriormente me encargué de mitigar mi ecocidio plantano el doble de árboles, y dejé mi enojos encerrados de nuevo, hasta que encontraron otro momento para salir.

para la piel sensible

Préndanme fuego, mi carne quemada, mi carne quemada,es menos frágil…

Mundo de quimeras – Soda Stereo

Durante mi infancia me di cuenta de que, a pesar de ser hermanos, teníamos la piel —en especial la sensibilidad de la misma— muy diferente, cuando mi hermana sufría un golpe, un rasguño o incluso una picadura de mosquito su piel se ponía morada y la apariencia de cualquier herida era escandalosa.

Por mi parte parecía como si mi piel fuera de bestia de carga, cicatrizaba rápidamente, mantenía su color y resistía los más fuertes embates. La herrería de reja de casa no era suficiente para vencer mis rodillas, apenas quedaban rastros de los juegos de fútbol en la lija, el pedazo de piel de casi un metro de largo volvió a salir al poco tiempo.

Quizá por eso existía la idea de que podía aguantar lo que fuera, que mi rudo exterior era una especie de coraza que me podía proteger de todo, no estaba a la vista que mi interior constrastaba mucho con el interior, mi corazón y alma eran sensibles, anhelaba ser protegido, valorado y amado; y temía al abandono.

Pasaron muchas cosas que me lastimaron, como las burlas de los demás por tener miedo, la indiferencia ante mis palabras, las mentiras y las traiciones. Parecía que mis amigos esperaban ansiosos mis fallos para hacer un chiste al respecto. Muchas veces esperé un apoyo que no llegaba.

En el ámbito amoroso esos eventos duelen más, ser tachado de puto por negarme a copular, de ser la novia de la relación por la sensibilidad o de poco hombre por la ausencia de algunas caracterísiticas machistas.

De todo eso los insultos subyacentes eran los menos importantes, el acto de que las personas de las que esperaba algo, a las que quería/repetaba/amaba respondieran con ese tipo de frases era lo que me dolía. Ahora entiendo que es fundamental la propia interpretación pero:

Eso pudo haber sido la causa por la que me esmeré en ser por completo autosuficiente, en aprender todo lo que pude y en prestar atención a lo circundante, además de convertirme en una especie de fortaleza andante. No solamente con una coraza indestructible en el exterior sino con un alma lejana que ponía distancia con todo, un centinela en la azotea que vigilaba todo lo circundante y un mente hiperanalítica que se la pasaba sobreanalizando lo que los demás decían.

No vale la pena, además ahora ni mi pies es muy resistente, nunca es tarde para bajar la guardia y dejar que todo lo bueno y malo pase, es parte de la vida y el aprendizaje.

 

muchachos a correr

El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta.

Pablo Neruda

Uno de los juegos de la infancia era el Burro 16, que solía jugarse entre hombres, contiene elementos de burla, sádicos y hasta algunos tintes homosexuales.

El objetivo primordial del juego era que una persona (el burro) se ponía con las manos sobre la nuca, agachado y con las rodillas flexionadas, para que los demás lo brincaran y humillaran, la mecánica usada para elegir a la persona que iba a tomar la posición del burro era la definición misma del juego.

El burro inicial se solía escoger con un disparejo, un pin pon papas o un zapatito blanco zapatito azul. Entonces se formaba una fila y el primero era el encargado de comenzar. Ser el que iniciabal llevaba muchas ventajas pero había muchos elementos protocolarios: una serie de preguntas que si no eran formuladas el primero ocupaba el lugar del burro.

Comienzo.

El primero de la fila comenzaba preguntando ¿con cero o sin cero? esta primera pregunta era para sorprender distraído al primero de la fila.

Cero por chapucero: de alguna forma el hecho que los mayas lo hayan descubierto hace que esté presente en nuestra mexicanidad y se filtre a los juegos.

Uno por mulo: en cierta forma es la declaración de que el burro está ahí por su incapacidad intelectual y que será castigado.

Dos, patada y coz: antes de comenzar el primero le pregunta: ¿en el aire o en la tierra? La respuesta define la manera de proceder, en el caso de que sea en la tierra el que va a brincar se acerca, le da una patada en las nalgas, salta al burro y luego camina de regreso y le da un empujón con el trasero en las costillas del burro. En el caso que haya respondido en el aire entonces tanto la patada como la coz tendrían que ser durante el salto. Había un acuerdo tácito, cuando alguien decía en la tierra los golpes/humillaciones eran mucho más leves, porque el burro estaba renunciando a que alguien se pusiera en su lugar.

Tres litro y litro: el número de jugadores se multiplicaba por tres, ese total era el final de la cuenta del burro, al saltar el primer jugador el burro contaba en voz alta hasta y se levantaba luego de decir el número final, el jugador en turno se ponía de burro.

Cuatro jamón te saco y te lo embarro en el sobaco: al igual que el dos se preguntaba si en el cielo o en la tierra, ahora las acciones eran pasar la mano entre las nalgas del burro (jamón te saco) y luego darle una palmada en la axila (te lo embarro en el sobaco).

Cinco, desde aquí te brinco: La clásica pregunta del aire o la tierra determinaba ahora la mecánica del salto, en el caso de ser en el aire el burro se ponía en posición y era sostenida su cabeza, él intentaba escupir lo más lejos posible, el escupitajo era la marca, al saltar se intentaba sobrepasar esa marca. En caso de que fuera en la tierra el escupitajo era sin sostener la cabeza y el burro se ponía de rodillas y la cabeza tocano el piso. En ese caso era más riesgoso porque se convertía en salto de distancia.

Seis al revés: en este caso no se preguntaba, se tomaban las opciones del número anterior, el salto ahora tienen que ser antes de la marca, aquí es donde el riesgo de un impacto doloroso es mayor.

Siete te pongo mi chulo bonete: primero la pregunta de rigor ¿en el aire o en el tierra? ahora cada jugador se quitaba una prenda y la dejaba sobre el lomo del burro, antes de saltar si era en la tierra o durante el salto si era en el aire. Si alguna de las prendas tocaba el piso, el que sal´to se ponía de burro.

Ocho te lo remocho: Ahora el orden de la fila se invertía, la opción de aire o tierra era la misma que la anterior, al saltar cada uno iba quitando la prenda que había puesto, igual si no se podía quitar o alguna otra prenda tocaba el piso, burro.

Haciendo un paréntesis, cuando alguno se ponía del burro, entonces el primero de la fila debía preguntar siguen, pasan o comienzan, para repetir el número, pasar al siguiente o comenzar todo de nuevo, como esta última opción habría la puerta a un ciclo infinito, quedó fuera del menu.

Nueve tres copitas de nieve: en este caso no hay preguntas, todo se basaba en un voto de confianza, al saltar cada jugador hablaba en secreto con el burro para decirle 3 sabores de nieve, si alguno coincidía con un sabor que hubiera dicho uno de los jugadores anteriores sustituía al burro, como no se escribía ni nada se tenía que confiar.

Diez elevado lo es: de nuevo en la pregunta de rigor ahora en la tierra significa que el burro pone las rodillas y la cabeza al suelo, al igual que en el 5, y los participantes saltan alegremente, en el caso del aire, ahora el salto era con el burro completamente de pie, ligeramente inclinado y con las manos en la nuca. Cuando yo estaba de burro en ese número jamás lograron saltarme.

Once caballito de bronce: ese era el número que representaba el mayor castigo, porque el caballo, siendo de bronce, era inmutable, podía aceptar lo que sea sin quejarse, la verdad es que luego de desfortunados incidentes quedó prohibido.

Doce la vieja tose: este únicamente era un inofensivo despliegue de estilos de toser, cada jugador lo único que tenía era toser de forma difernte tres veces, no recuerdo a nadie fallando este número.

Trece el rabo te crece en la boca de ese: el jugador en turno, luego de saltar se volteaba hacia los demás jugadores señalando a alguno, si uno de ellos tenía la boca abiera perdía y tenía que ponerse de burro. Aquí las risas solían traicionar a algunos.

Catorce la vieja cose: otro de esos números llenos de humillación y castigo, el jugador elegía alguna cosa relacionada con la maquina de coser para lastimar al burro, por ejemplo pisarlo diciendo que era pisando el pedal, le picabal lguna parte de la espalda diciendo que era con un dedal, un golpe en la las costillas diciendo que se cerraba el cajón, o daban rienda suelta a los instintos arrimando la pelvis por detrás para medirle el aceite y ni hablar de ensartar la aguja.

Quince el diablo te trinche: en este número además de de la pregunta consuetudinaria se preguntaba si con plancha o con trinche, entonces al saltar (en el aire) o antes de saltar (en la tierra) se le daba un golpe con la palma de la mano (planca) o con los dedos en forma de garra (trinche).

Dieciséis muchachos a correr: era el final y todos corrían hasta una base determinada huyendo del burro que hacía su último esfuerzo por salvarse del castigo final, Que consistía en una especie de fusilamiento con pelotas de esponja.

 

mi otro yo

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Cicerón

A veces pienso que existe un universo paralelo donde mi otro yo tiene la fortuna de escuchar la verdad a su alrededor.

Crecer en un hogar donde existe un miembro alcohólico me expuso a la evasión desde pequeño, las cosas no se nombraban, donde la verdad avergonzaba y la discusión abierta de los problemas era prácticamente inexistente. Pero esa aversión por la verdad no estaba circunscrita a mi familia, al paso del tiempo de mi cuenta de que las alas de la mentira revoloteaban por todos lados.

En quinto de primaria, un resultado del cuaderno Alfa —el libro de matemáticas que usábamos como complemento del libro gratuito proporcionado por la Secretaría de Educación Pública— del libro para el maestro estaba equivocado, podría parecer una verdad simple que no debería levantar mucha controversia. Pero cuando eso se une a que no solamente una maestra sostenían que mi resultado estaba equivocado, puede resultar una verdad incómoda. Ni siquiera el equipo de dos maestras afirmando que Pero no iban a disuadir de abandonar la misión de que la verdad saliera a flote. Tuve que llegar hasta la máxima instancia: la dirección. Pero valió la pena, las maestras aceptaron el error y los libros fueron corregidos.

Que los padres, maestros y figuras de autoridad mientan “por tu bien” puede ser incluso entendido y aceptado, como si su posición les confiriera esa prerrogativa, que su juicio es suficiente para saber cuándo es necesario mostrar la verdad u ocultarla. No estoy de acuerdo pero son las circunstancias en las que crecí, además desde muy niño dejé de creer ciegamente en lo que decían los adultos.

Los amigos te mienten por otras razones: para hacer alguna broma, evitar reconocer un error. Otras veces por miedo a decir la verdad, como si al decirla expusieran su vena cava y quedaran a merced de los demás. Esta sensación tiene un reflejo parcial de la realidad.

Si bien la decir la verdad pudiera parecer que revelamos nuestras cartas en el juego, y eso sería una desventaja. Por el otro lado todo lo que se construye a partir de entonces tiene una base sólida. Y puedes usar tu memoria para otra cosa que no sea recordar tus mentiras.

Parece que es muy difícil decir “me equivoqué”, pero es el primer paso para poder reparar la falta. Algunas veces el trabajo para sostener que uno no se equivocó es mayor que lo necesario para reparar el daño de la equivocación.

Otra cosa que más que mentir al respecto se suele omitir son los sentimientos al respecto de otra persona, he tenido la fortuna de haberle dicho a mis queridos difuntos los sentimientos que tenía por ellos. Pero creo que se calla por igual el cariño y la animadversión, como que existe un deseo de que todo permanezca homogéneo porque la verdad es lo que da los matices a las cosas.

Quizá lo peor es que te mientan a la cara.

 

 

 

 

 

Del vinil al cd en una noche

La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

Leonard Bernstein

El CD es una invención ochentera pero fue hasta casi finalizar la década cuando consideré por primera vez comprar un CD. Entonces el costo era 4 veces mayor, un disco de vinil de larga duración costaba 15000 viejos pesos, mientras que el mismo disco en CD era de 60000. El disco era el Music for the Masses the Depeche Mode.

Luego de años sin comprar, o siquiera considerar su compra el siguiente acercamiento fue en el años 90, justo después de que Paco y Felipe fueran de vacaciones a Los Angeles —Paco fue el único en regresar— y uno de los souvenirs que trajo fue un disco de The Eagles —justo el que pensaron el Hotel California— además de contarnos la popularidad de Los Simpsons que estaba a punto de invadir México también relató lo baratos que resultaban los discos compactos, ese lo encontró en la basura. Pero nadie tenía aparato para tocarlo.

Las cosas cambiarían después de una fiesta conjunta de Santiago —el Pachuco— y Jesús Fabián —el Cuquín— ambos nacidos un 21 de julio, la fiesta se organizó en una casa de madera que se encontraba en un terreno sobre Popocatépetl a unas cuadras del metro Ermita.

Como nostros organizábamos llegamos temprano, en esa ocasión no tuve que llevar mis aparatos de sonido, pero a última hora me pidieron el toca-cassettes, y tuve que regresar a casa por el él en el taxi de Chucho manejado por el Chore de hecho él vivía en el mismo terreno donde estaba la casa de la fiesta. No conseguí que mi novia me acompañara porque casi todas las mujeres que llegaron temprano se encerraron en un cuarto al fondo de la casa. Supongo para terminar de maquillarse.

Los ánimos se alegraron gracias a los tragos de ron Cabeza Negra con coca-cola, y la música proporcionada por los discos que juntamos entre todos. La fiesta podía dividirse en dos grupos: los invitados del Pachuo y los de Cuquín, que interactuábamos cordialmente.

Un poco entrada la noche, la novia de Paco —Carmen— alió para llegar tiempo después acompañada de personas desconocidas en un auto. Chucho y Paco estaban afuera cuando llegó, Paco estaba molesta y se llevó a Carmen a la fiesta jalándola del brazo, y Chucho le armó bronca, sin dejar que se bajaran del auto. Ellos se fueron, pero amenzaron con regresar con su banda, según de la Portales.

Ellos no comentaron esto hasta después de acabada la fiesta, así que cuando llegó un grupo a comenzar una lucha campal a la fiesta nos tomó por sorpresa. Llegaron golpeando y destruyendo todo, lanzando piedras y botellas. Casi todos los invitados se fueron a encerrar al cuarto donde estaban las mujeres al principio de la fiesta, yo me quedé afuera sirviendo como escudo humano —las ventajas de mi entonces inmortalidad— solamente uno de los amigos de Santiago sufrió daño al asomarse a ver cómo seguían las cosas y recibir un botellazo de una caguama. No tardaron en aparecer los disparos.

El cuarto tenía una ventana por la que todos salieron, incluso Abby pudo sortear el obstáculo a pesar de su falda entallada. Yo no hubiera cabido por ese espacio. Los demás aprovecharon para armarse y sorprender a los atacantes por la espalda, el Chore tenía un maneral de acero que de un golpe le arrancó un pedazo de oreja a un desafortunado. Además su cuñado no tuvo empacho en sacar su arma —las costumbres judiciales de México—, el desorden se expandió y las sirenas comenzaron a sonar.

Justo en ese momento llegaron por las invitadas que alegaron ignorancia respecto al sonido de la sirena. Apenas se fueron llegaron 2 ambulancias y varias patrullas, nosotros tuvimos que salir huyendo para evitar ser arrestados. Al día siguiente en el periódico salió una breve nota y al parece había alguna orden de aprehensión.

Al ir la día siguiente al recuento de los daños todas las cosas sobrantes habían desaparecido, desde las botellas del finísimo ron hasta los aparatos, entre esas cosas todos nuestros discos.

Desde entonces comencé a comprar discos compactos.

 

todos saludan, hasta la porra

te agradezco tu cumplido y sin hacer tanta bulla, te suplico que también me saludes a la tuya.

Paquita la del Barrio

De niño la recomendación invariable de mis padres era que saludara a todo mundo, muchas veces eso representaba que me llamaran por el apodo que detestaba —y en diminutivo— o me pellizcaran el cachete, me hicieran preguntas incómodas, hacer caravanas a personas que me consideraban niño maleducado. Creo que esto se debía en gran parte a mi carácter autodidacta.

Al llegar a las fiestas o salir de ellas era la misma canción, la diferencia es que al llegar todos estaban ocupados aún o era un mar de llegadas simultáneas, y al final todos andaban bien servidos, bailando o en su mundo. Eso no importaba había que anunciar la retirada, de lo contrario la calificación de maleducado era inmediata.

En la escuela el buenos días maestra era bastante más fácil, y con los compañeros no existía mayor ceremonia, las llegadas y salidas eran sin compromiso, además el horario definía perfectamente la hora de llegada y salida.

Al crecer la decisión de saludar o no deja de depender de la educación recibida en casa, me tocó ser sorprendido con los primeros saludos de beso, algo que hasta entonces solamente era visto con familiares. Creo que a partir de este momento las diferencias entre los saludos de acuerdo a las personas se hizo abismal, comencé a saludar con intención a todas las personas cercanas, pero hacia los demás las cosas resultaron variadas.

Como por ejemplo llegar al baño y encontrarte con alguien en el mingitorio, no creo que sea lo mejor estirar la mano para saludar. .En ambientes abiertos solamente saludo si las personas me ven, de lo contrario paso de largo.

Durante mi 5 minutos de fama en el taller de matemáticas, los demás me saludaban —era una celebridad— y en algunas ocasiones no conocía a la persona que me saludaba, como la vez que estaba cerca del metro CU se acercaron a saludarme y pregutar si había examen o no. Esto dificultaba tener diálogos íntimos en la facultad, porque si las paredes oyen cuando están llenas de alumnos más.

En el ambiente laboral corporativo mi actitud depende de lo ocupado que esté mi compañero de trabajo solamente saludo si no los veo ocupados, lo mismo ocurre con cuando hablan por teléfono, cuando hay juntas con personas externas además del saludo se intercambian tarjetas de presentación —tampoco mi estilo—

Al mudarme de país me di cuenta que los protocolos cambian un poco, las fórmulas siguen imperando en el entorno social. Ese actuar por fórmula siempre me ha costado trabajo, jamás podría ser recepcionista.

Donde nos veamos así nos saludamos

 

 

cuesta una lana

Asco le tengo a los pesos y más asco a los tostones, pero más asco le tengo a esa punta de …

El Charro Ponciano – Óscar Chávez

Desde los primeros años noté que el dinero era un tema de discusión vehemente por ejemplo en la época navideña al decidir lo que se gastará en ahorros. Intenté ayudar de diferentes formas pero la verdad es que el no pude contribuir monetariamente hasta que entré a la escuela.

Yo acompañaba a mi madre a muchos lugares, el banco inclusive donde había que llenar fichas de depósito que contenían un material muy apreciado por mis compañeros de la la primaria, ese era un gran negocio, sin ninguna inversión las cambiaba por algunos centavos.

Decía mi papá: “cuida los centavos que los pesos se cuidan solos” y juntando los centavos alcanzaba para comprar estampas enfrente del mercado de la colonia escuadrón 201. Cada una costaba $1.50 al revenderlas yo decía pues tengo de a dos pesos, bueno tengo de a uno cincuenta pero esas no te las garantizo, gracias a esa amenaza velada conseguía las ganancias suficientes para seguir con el negocio.

También di clases de regularización para los niños de primaria —yo tenía 14 años— y junté lo suficiente para comprarme un reloj de ajedrez, fui a dar mi adelanto para apartarlo a la casa del ajedrecista, un movimiento telúrico le dio en la madre a mi ciudad, a Tlaltelolco y a mi pago. No he comprado un reloj de ajedrez desde entonces y cuando no he evitado los adelantos  la suerte no ha sido favorable.

Pronto me vi involucrado en el negocio familiar, la fabricación y venta de ropa, fui conociendo todos los aspectos del negocio, donde en verdad brillaba era en el aprovechamiento de tela, la optimización era natural para mí aún antes de estudiar mi carrera. Era un buen negocio.

Pero ese buen negocio lo cambié para dar clases, el equivalente de sueldo en un mes con el negocio era más que todo el año dando clases, pero el dinero nunca ha sido determinante en mis elecciones en la vida. Al crecer las cosas que observaba en relación al dinero fueron gestando diferentes ideas.

Muchas veces mi padre iba a su cuarto, abría el cajón y sacaba varios billetes para hacer un préstamo que nunca regresaba, otras veces se lamentaba de oportunidades no tomadas, pero la confesión que tuvo más peso fue su deseo de ser hippie, pasarla escuchando a Creedence mientras hacía inventos o arreglaba coches.

Los ingresos han sido variables dependiendo de la actividad, como en un grupo de teatro donde no alcanzaba ni para la comida, manejando un taxi donde depende de la jornada, vendiendo en un tianguis en donde mis habilidades de vendedor son escasas. Algunas veces, al dar clases sale más caro que te descuenten una hora que tomar un taxi. Pero siempre alcanzó para comer e ir al billar, o para —como nos decíamos mi compadre Julio y yo— prestar una campanita.

Muchos de mis compañeros me recriminaron que haya roto mi promesa de nunca trabajar para la iniciativa privada, mi acercamiento me costó quedar preso de la secretaria de hacienda y condenado a presentar declaraciones al menos anuales, al comienzo tenía que hacer muchos malabares fiscales, después dejé que el outsourcing se llevara más del 60% de lo que generaba con tal de que ellos se ocuparan de las negociaciones y los cobros.

Finalmente tomé el camino más transitado.

el amor y la amistad hasta en google

Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos

Aristófanes

Durante mi alcoholescencia tuve un enemigo, Luis, teníamos visiones completamente diferentes del mundo pero nos respetábamos, interactúabamos del manera más civilizada posible, todos los enfrentamientos fueron a manera de diálogo o por medio de un tablero. Algunas veces solicitábamos el auxilio del otro en temas cotidianos, quizá tuvo un historial perfecto pero llegó a recurrir a mi entendimiento, él recogió mis premio de algún concurso. Su enorme interés por el orden hacía que no hubiera nunca un abuso de parte de ninguna parte cuando salíamos a comer, es decir fueron unas condiciones justas, invariablemente. Eso me puso a reflexionar.

Esto contrastaba mucho con los primeros años de mi vida estuve rodeado de amigos particulares, cuando uno cae, algunos  se rien y otros te  ayudan a levantar, podría decir que mis amigos eran de los que te metían el pie para que te cayeras y luego burlarse. Fue mucho tiempo después que entendí esa necesidad de sobajar y reirse de la desgracia ajena, de tomar ventaja e ignorar el sufrimiento del otro. Así me vi rodeado de burlas en las situaciones más penosas, escuché frases crueles disfrazadas de humor, de personas que no llegaban a tiempo a las citas o no llegaban, de gente que buscaba tomar ventaja, gandallas en general.

Entonces pensé que todas ese tiempo fue una enseñanza de lo que me lastima, de lo que no quiero en mi vida, que así podría apreciar mejor los gestos de los amigos verdaderos, además ya sería imposible que un amigo me lastime, que puedo tomar las cosas con calma, que puedo determe a pensar la razón de sus actos. Creo que eso me hizo más libre, como si ahora todas mis relaciones de amistad fueran claras, sin sobresaltos ni dobleces.

Lo que no me había dado cuenta, hasta ahora, que en el amor ha sido lo mismo.

mujer que sale de noche y en negro mantón se enluta

No hay carga más pesada que una mujer liviana

Cervantes

Hay palabras que resuenan en el aire luego de ser mencionadas, que incomodan u ofenden. Puta es una de esas palabras. Esa es una palabra que no utilizo, pero algunas veces me ha tocado interactuar con personas que la han esgrimido de alguna manera en mi contra.

El origen de la palabra es incierto —al parecer del latín putus (niño)— y entre las definiciones más relevantes se encuentran:  adjetivo malsonante usado como calificación denigratoria, que ejerce la prostutución o sodomita. A pesar de que la definición en el diccionario es igual para el masculino y el femenino su uso social no lo es.

En el caso del término masculino se usa para calificar a un hombre de homosexual —basta recordar el clásico chiste “no es gay es putísimo”—, también para describirlo como un cobarde —¡no le saque, no sea puto!— o como arquero del equipo rival que va a realizar un despeje aunque la FIFA lo vea con malos ojos —putitos—. No hay pliegues, dudas, reinterpretaciones en este caso. Han usado este adjetivo en mi contra una mujer cuando me negué a tener relaciones sexuales con ella, y algunos compañeros al verme usar donitas pastel para detenerme el cabello o usar prendas de color lila, rosa o morado.

En el caso del uso para la forma femenina de la palabra es usada de diferente forma según el hombre o la mujer —según lo que he observado— en general el hombre se refiere de esa manera a una mujer que es su pareja y que lo ha engañado o a una mujer a la que le ha propuesto algo y ha sido rechazado, es decir lo dice a una mujer que conoce y por la que siente, al menos, atracción física. La mujer la utiliza para referirse a una mujer que tiene una relación con un hombre que tiene un compromiso, sea novio, esposo, pareja. Es decir una mujer que no conoce o conoce poco, y curiosamente al culparla se exime al hombre. En este sentido he escuchado a más mujeres usar la palabra que a hombres.

Recuerdo una visita a un antro en la frontera norte con el estado de México donde Felipe iba herido de amor y nos presentaba como su chofer y guardaespaldas —a Chucho y a mí respectivamente— y contaba su tragedia amorosa —le hizo caso por una noche pero tenía novio—, todos los interlocutores, al calor de las copas calificaban con la misma palabra las acciones de su interés amoroso.

Alguna vez recibí una llamada donde una voz llorosa me suplicaba que le dijera a su novio —al parecer estaba en altavoz— que ella no era una mujer de esas. No solamente le contesté que yo no usaba esa palabra, sino que no lo conocía y me parecía indecente que tratara así a la que llamaba su novia, a ella le dije que no debería aceptar esa clase de tratos. Aceptaba malos tratos, encierro, ser controlada y vigilada y hasta golpes. Supongo que bastaba tener dinero y ser guapo, quizá el alma podrida no sea un obstáculo.

Si bien las demás personas son libres de tomar tomar decisiones y comportarse como mejor les parezca, también uno puede decidir alejarse de esa persona cuando sus acciones no son compatibles con nuestra idea de vida, no porque esas acciones sean malas, nada más porque no he querido estar vinculado a alguien que las realice cotidianamente. Fui acusado de tener ese mal concepto de ella y retado a decirle así en su cara. No lo hice, no uso la palabra y ese reto nada más era una muestra de que no me conocía.

Algunas veces basta el asomo del vocablo para generar una puta discusión.

 

 

 

 

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