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los asuntos del corazón

obediencia ciega

Obedeced más a los que enseñan que a los que mandan.

San Agustín

Recientemente me fue observado mi renuencia a obedecer ciegamente un mandato, así sin cuestionar, uno podría pensar que es como en el ejército pero esa forma de actuar escapa al mero ámbito castrense, en la familia y escuela sucede demasiado. Como si la autoridad concediera siempre la razón.

Todo comienza por la casa, con la familia. Al principio obedecía ciegamente, pensando en los padres como tutores infalibles con la razón de su parte. Entonces me ponía suéter, me fijaba antes de cruzar la calle, cuidaba a mi hermana, me comía lo que me daban. La primer orden que cuestioné fue el saludo: “saluda a todos los presentes” según porque era de buena educación. El origen era mostrar que no se iba armado. Desde entonces comencé a prestar más atención en las órdenes recibidas y reflexionar antes de acatar.

Porque no entrar a cocinar bajo el pretexto de “los hombres en la cocina huelen a caca de gallina” sería perpetuar las enseñanzas de disparidad de género. Del mismo tenor sería no usar el color rosa en el vestuario, no llorar (o para el caso mostrar algún sentimiento) o no tener el cabello largo. Durante la preparatoria tenía el cabello largo, los maestros me trataban de vagabundo y mis compañeros de drogadicto. Ni siquiera mi adscripción al servicio militar logró que me cortara el cabello, fue un año en la que fui retado varias veces por diversos mandos y escapé corriendo de ser arrestado en el campo militar número 1.

Muchas de las órdenes que recibimos no tienen un fundamento, son costumbres, preferencia o forma de pensar particulares del que dicta la orden. Siempre que alguien dice que así tienen que ser las cosas mi mente salta y encuentra otra forma de hacerlas.

Así soy, no voy a obedecer a lo pendejo, digo ciegamente una orden si no tiene sentido. Digo si alguien me dice que construya un muro seguro no lo voy a hacer.

 

 

 

 

Septiembre, mes de la patria

Ninguno ama a su patria porque es grande, sino porque es suya.

Séneca

Mis padres se casaron en septiembre, lo que me convierte oficialmente en un sietemesino de proporciones colosales, su luna de miel fue desviada de la playa debido a un huracán, tan comunes en este mes.

El 18 de septiembre de 1985 pinté la fachada de la casa porque mi madre había organizado una fiesta para su cumpleaños (ella es del 19 de septiembre) esa noche cayó granizo perjudicando un poco la pintura, pero los movimientos telúricos de los días siguientes se encargaron de cancelar la fiesta. Tan desafortuados han sido los intentos de celebración que sus 50 años los celebró en febrero.

El año siguiente de esa funesta manifestación de la naturaleza probé el sabor amargo de la inmortalidad que venía acompañado de una maldición, los siguientes años recibí una huevazo de harina o confeti que solamente conseguí romper encerrándome en mi cuarto.

En el año 1997 fue un nuevo comienzo tras un desquebrajamiento amoroso, un abandonar los lugares frecuentados, comencé los trámites para mi titulación, me llevó mucho tiempo juntar todos los pedazos para estar completo de nuevo.

En el 2008 en el cumpleaños de mi madre firmé los papeles de divorcio, frente a la alameda, al salir del juzgado caminé sobre el eje central reflexionando sobre todo lo que había pasado, ya entonces había cambiado de departamento que se convirtió un lugar de fiesta, completamente personal.

Hace dos años, en este mes, decidí regresar, retomar a mi familia, mi patria y el amor. Tenía la ilusión de recomenzar, lanzarme al vacío y contruir algo nuevo. quizá hasta engendrar a la depositaria de esta herencia. Las cosas no salieron como pensaba, entre las circunstancias y los silencios tomé una difícil decisión luego de un viaje difícil. Hoy es su día y jamás tuve acceso a él.

Hoy mi ciudad se viste de colores y hay miles de luces tratando de alegrar mi luto silencioso. Aún si este mes ha sido ingrato, hay que celebrar.

 

mi otro yo

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.

Cicerón

A veces pienso que existe un universo paralelo donde mi otro yo tiene la fortuna de escuchar la verdad a su alrededor.

Crecer en un hogar donde existe un miembro alcohólico me expuso a la evasión desde pequeño, las cosas no se nombraban, donde la verdad avergonzaba y la discusión abierta de los problemas era prácticamente inexistente. Pero esa aversión por la verdad no estaba circunscrita a mi familia, al paso del tiempo de mi cuenta de que las alas de la mentira revoloteaban por todos lados.

En quinto de primaria, un resultado del cuaderno Alfa —el libro de matemáticas que usábamos como complemento del libro gratuito proporcionado por la Secretaría de Educación Pública— del libro para el maestro estaba equivocado, podría parecer una verdad simple que no debería levantar mucha controversia. Pero cuando eso se une a que no solamente una maestra sostenían que mi resultado estaba equivocado, puede resultar una verdad incómoda. Ni siquiera el equipo de dos maestras afirmando que Pero no iban a disuadir de abandonar la misión de que la verdad saliera a flote. Tuve que llegar hasta la máxima instancia: la dirección. Pero valió la pena, las maestras aceptaron el error y los libros fueron corregidos.

Que los padres, maestros y figuras de autoridad mientan “por tu bien” puede ser incluso entendido y aceptado, como si su posición les confiriera esa prerrogativa, que su juicio es suficiente para saber cuándo es necesario mostrar la verdad u ocultarla. No estoy de acuerdo pero son las circunstancias en las que crecí, además desde muy niño dejé de creer ciegamente en lo que decían los adultos.

Los amigos te mienten por otras razones: para hacer alguna broma, evitar reconocer un error. Otras veces por miedo a decir la verdad, como si al decirla expusieran su vena cava y quedaran a merced de los demás. Esta sensación tiene un reflejo parcial de la realidad.

Si bien la decir la verdad pudiera parecer que revelamos nuestras cartas en el juego, y eso sería una desventaja. Por el otro lado todo lo que se construye a partir de entonces tiene una base sólida. Y puedes usar tu memoria para otra cosa que no sea recordar tus mentiras.

Parece que es muy difícil decir “me equivoqué”, pero es el primer paso para poder reparar la falta. Algunas veces el trabajo para sostener que uno no se equivocó es mayor que lo necesario para reparar el daño de la equivocación.

Otra cosa que más que mentir al respecto se suele omitir son los sentimientos al respecto de otra persona, he tenido la fortuna de haberle dicho a mis queridos difuntos los sentimientos que tenía por ellos. Pero creo que se calla por igual el cariño y la animadversión, como que existe un deseo de que todo permanezca homogéneo porque la verdad es lo que da los matices a las cosas.

Quizá lo peor es que te mientan a la cara.

 

 

 

 

 

el amor y la amistad hasta en google

Los hombres sabios aprenden mucho de sus enemigos

Aristófanes

Durante mi alcoholescencia tuve un enemigo, Luis, teníamos visiones completamente diferentes del mundo pero nos respetábamos, interactúabamos del manera más civilizada posible, todos los enfrentamientos fueron a manera de diálogo o por medio de un tablero. Algunas veces solicitábamos el auxilio del otro en temas cotidianos, quizá tuvo un historial perfecto pero llegó a recurrir a mi entendimiento, él recogió mis premio de algún concurso. Su enorme interés por el orden hacía que no hubiera nunca un abuso de parte de ninguna parte cuando salíamos a comer, es decir fueron unas condiciones justas, invariablemente. Eso me puso a reflexionar.

Esto contrastaba mucho con los primeros años de mi vida estuve rodeado de amigos particulares, cuando uno cae, algunos  se rien y otros te  ayudan a levantar, podría decir que mis amigos eran de los que te metían el pie para que te cayeras y luego burlarse. Fue mucho tiempo después que entendí esa necesidad de sobajar y reirse de la desgracia ajena, de tomar ventaja e ignorar el sufrimiento del otro. Así me vi rodeado de burlas en las situaciones más penosas, escuché frases crueles disfrazadas de humor, de personas que no llegaban a tiempo a las citas o no llegaban, de gente que buscaba tomar ventaja, gandallas en general.

Entonces pensé que todas ese tiempo fue una enseñanza de lo que me lastima, de lo que no quiero en mi vida, que así podría apreciar mejor los gestos de los amigos verdaderos, además ya sería imposible que un amigo me lastime, que puedo tomar las cosas con calma, que puedo determe a pensar la razón de sus actos. Creo que eso me hizo más libre, como si ahora todas mis relaciones de amistad fueran claras, sin sobresaltos ni dobleces.

Lo que no me había dado cuenta, hasta ahora, que en el amor ha sido lo mismo.

mujer que sale de noche y en negro mantón se enluta

No hay carga más pesada que una mujer liviana

Cervantes

Hay palabras que resuenan en el aire luego de ser mencionadas, que incomodan u ofenden. Puta es una de esas palabras. Esa es una palabra que no utilizo, pero algunas veces me ha tocado interactuar con personas que la han esgrimido de alguna manera en mi contra.

El origen de la palabra es incierto —al parecer del latín putus (niño)— y entre las definiciones más relevantes se encuentran:  adjetivo malsonante usado como calificación denigratoria, que ejerce la prostutución o sodomita. A pesar de que la definición en el diccionario es igual para el masculino y el femenino su uso social no lo es.

En el caso del término masculino se usa para calificar a un hombre de homosexual —basta recordar el clásico chiste “no es gay es putísimo”—, también para describirlo como un cobarde —¡no le saque, no sea puto!— o como arquero del equipo rival que va a realizar un despeje aunque la FIFA lo vea con malos ojos —putitos—. No hay pliegues, dudas, reinterpretaciones en este caso. Han usado este adjetivo en mi contra una mujer cuando me negué a tener relaciones sexuales con ella, y algunos compañeros al verme usar donitas pastel para detenerme el cabello o usar prendas de color lila, rosa o morado.

En el caso del uso para la forma femenina de la palabra es usada de diferente forma según el hombre o la mujer —según lo que he observado— en general el hombre se refiere de esa manera a una mujer que es su pareja y que lo ha engañado o a una mujer a la que le ha propuesto algo y ha sido rechazado, es decir lo dice a una mujer que conoce y por la que siente, al menos, atracción física. La mujer la utiliza para referirse a una mujer que tiene una relación con un hombre que tiene un compromiso, sea novio, esposo, pareja. Es decir una mujer que no conoce o conoce poco, y curiosamente al culparla se exime al hombre. En este sentido he escuchado a más mujeres usar la palabra que a hombres.

Recuerdo una visita a un antro en la frontera norte con el estado de México donde Felipe iba herido de amor y nos presentaba como su chofer y guardaespaldas —a Chucho y a mí respectivamente— y contaba su tragedia amorosa —le hizo caso por una noche pero tenía novio—, todos los interlocutores, al calor de las copas calificaban con la misma palabra las acciones de su interés amoroso.

Alguna vez recibí una llamada donde una voz llorosa me suplicaba que le dijera a su novio —al parecer estaba en altavoz— que ella no era una mujer de esas. No solamente le contesté que yo no usaba esa palabra, sino que no lo conocía y me parecía indecente que tratara así a la que llamaba su novia, a ella le dije que no debería aceptar esa clase de tratos. Aceptaba malos tratos, encierro, ser controlada y vigilada y hasta golpes. Supongo que bastaba tener dinero y ser guapo, quizá el alma podrida no sea un obstáculo.

Si bien las demás personas son libres de tomar tomar decisiones y comportarse como mejor les parezca, también uno puede decidir alejarse de esa persona cuando sus acciones no son compatibles con nuestra idea de vida, no porque esas acciones sean malas, nada más porque no he querido estar vinculado a alguien que las realice cotidianamente. Fui acusado de tener ese mal concepto de ella y retado a decirle así en su cara. No lo hice, no uso la palabra y ese reto nada más era una muestra de que no me conocía.

Algunas veces basta el asomo del vocablo para generar una puta discusión.

 

 

 

 

Duelos que duelen (última parte)

Y es la frase que dejas caer, interrumpida. Y la pregunta mía que no oyes, que no comprendes o que no respondes.
Xavier Villaurrutia.

Escribo esto todavía postrado en la cama, después de estar diez días en el hospital y haber visitado un par de veces el quirófano, aún imposibilitado de caminar sin bastón, y aún con esa ayuda apenas alcanzo a trasladarme unos metros. Estas circunstancias únicamente retrasaron un poco esta entrega pero me dieron la oportunidad de reflexionar un poco más al respecto.

Algunas veces tenemos que pasar el duelo por personas que aún viven pero que salieron de nuestra vida. A veces ellas mismas tomaron esa decisión lo que le da un carácter voluntario a esa ausencia, que se siente como abandono.

Uno se pregunta ¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué prefiere estar en otro lado? ¿Acaso su vida es mejor sin mí? Y una serie interminable de preguntas sin respuesta. Y como fantasma rondando queda la duda si algo pude haber hecho de diferente manera. Y un aire de insuficiencia se asoma. Si después de brindarme por completo el resultado es que se van algo debo tener muy defectuoso.

Pero la búsqueda de otros horizontes no tiene que ver conmigo. Los caminos se separan, los senderos se bifurcan, la entropía es implacable.

Suelen irse sin darse cuenta por completo de la situación. En diversas ocasiones confiesan que extrañan algo, generalmente algo que daban por sentado, pensando que esos detalles estarán presentes en otro lado. No suele ser así.

Ahora que mi estado me puso en una situación en la que no podía solo, que necesitas ayuda, eso me permitió experimentar el amor y apoyo de los demás, me hizo aceptar con humildad mi fragilidad y me abrió los ojos a las formas de demostrar cariño. Sí también compraré los tratos de todas las que se fueron.

Los duelos rondan alrededor de la muerte, pero el seguir librándolos es un indicio que seguimos vivos y que cada paso por ellos es una transformación.

llevar al baile

Ritmo. Signos que siempre son clave. Imágenes fugaces. Titubeante como una música de sombras redimidas.

Halfdan Rasmussen

Nací lleno de muchas contradicciones, pero una de ellas ha sido el baile, la actitud de mis familias materna y paterna es completamente diferente, mientras que mi familia paterna, llevo parte de ambas.

Mi madre ganó un concurso de baile junto con su hermano Juan, en Acapuco durante su juventud, cada que llegaba a casa de mi abuela veía a mi tío Juan estaba trabajando mientras escuchaba y bailaba música de la Sonora Matancera, mis abuelos Chuchita y Luis eran afectos a bailar danzón, y durante mi niñez vi muchas fiestas transcurrir al ritmo de la internacional Sonora Santanera, con mucho baile y varios gritos de “voy polla” para motivar el baile. Mi tío Luis siempre me decía que esa era la clave para conquistar a las muchachas, quisiera aclarar que el significado de muchachas podría ser muy variado, en algún viaje a Acapulco nos prometió “vamos con unas muchachas” me parece que solían ser muchachas en su juventud.

Durante mi juventud en las fiestas de mi primo Carlos con las que comenzábamos las fiestas de diciembre, participé algunas veces en las líneas de baile con mis primos y amigos, solamente lo pude hacer muy al principio, luego ellos se convirtieron en unas lumbreras para el baile, la distancia creció mucha, no es mi mayor virtud, siempre he sentido que de alguna manera eso fue una decepción para mi madre, que algunas veces me pedía bailar con ella pero como nunca le faltó con quien bailar no fui necesario, tampoco bailé con mi hermana. Aunque fui chambelán de mi prima Ale, pero mi aprendizaje formal comenzó un poco antes, en los XV años de Sandra Sheila, donde Marcela (QEDP) me enseñó lo básico y siempre estuvo dispuesta a bailar conmigo.

Porque sí disfruto el baile, a pesar de no ser lo más rítmico que pudiera, porque además de las fiestas de XV años cuando tenía alrededor de esa edad, también estaban los bailes que se organizaban en la Carmen Serdán, donde Paquis ya tenía el estilo, después fueron todas las fiestas fresonas donde predominaba el pop, yo solía bailar solo, algunas veces subiéndome a las sillas y saltando, y durante la época del slam usaba mis botas con casquillo metálico y mi chamarra desgarrada. También durante mi tiempo en la facultad, como éramos solamente dos hombres en el grupo de amigos pues nos tocaba bailar más como cuando había grupos de merengue en el auditorio. A tiempos más recientes, bailes de año nuevo en la calle, lances en el día del maestro al ritmo de youtube, lecciones de forrô o samba carnavalesca.

Pero parece que las el amor no viene junto con una pareja de baile, por alguna razón no han querido bailar conmigo, confieso que eso me ha lastimado particularmente, como si un aspecto mío fuera rechazado. Como si mi ritmo no fuera suficiente —demasiado asincrónico— quizá esta falta de empatía sea un signo.

Será que no le hice caso a mi tío y nunca lo usé como medio de conquista, bueno algunas veces pero en ninguna relación significativa, apenas de cercanía vecinal, coincidencias de moda o de dimensión. Total nunca es tarde.

 

 

 

 

In

 

 

Energía conservada

Porque aquí todo miro hacia abajo, porque a nadie le importa un carajo, porque a nadie le importa un carajo si lloro, si muero, si grito…

Viaducto Piedad – José Elorza

Luego de un par de conversaciones con amigos cercanos que comparten cierto comportamiento respecto a los demás, el compromiso familiar y con amigos. Sentimos una responsabilidad por su bienestar,haciendo muchas cosas al respecto, muchas veces resolviendo problemas ajenos, ayudando en cualquier pedido de ayuda o preocupándonos por los problemas de otros, muchas veces más que las personas con el problema, quizá quitándoles la responsabilidad de sus manos, creo que siempre existe la posibilidad de hacer alguna diferencia en la vida de alguien más con una ayuda en el momento adecuado. Pero una de las cosas que salió a colación es la cantidad de energía que ha sido gastado en otras personas es mucho más de la que he invertido en mí.

Ahora cuando se añade el componente respecto al ser amado las cosas suelen exagerarse, lo que hacemos por el otro puede resultar excesivo e incluso absurdo o, a los ojos de los demás un abuso o  que nos ven la cara, que merecemos un trato mejor, pero no lo sentimos así. Entonces nos ponemos a hacer muchas cosas yo he estado en situaciones diversas.

Me he encontrado haciendo algún trabajo sobre el barroco o Frida Kahlo, resuelto exámenes de estadística o lógica, elaborando reportes de comparación musical ! y evidentemente resolviendo los problemas de un libro, casi nunca tengo la persona interesada de lado, por lo general está en otro lugar con la confianza de recibir la ayuda apropiada, algunas veces en el cine, o en una fiesta con alguien más,  siendo tratado como un auténtico pagafantas —mucho peor tal vez porque ya hay una relación—, donde es evidente que el interés no estaba de su parte. Algunas veces ni las gracias recibía, incluso un reclamo por la fuente utilizada en la impresión o por haber llamado a la hora inadecuada —peor si yo era su excusa—.

Otra señal es que las enfermedades no pesan en absoluto, no interrumpirán un compromiso, una fiesta o una salida a los tacos sin importar la gravedad de me situación, no digamos de esperar cuidados, Siempre he pensado que aguanto más, por siempre termino haciendo el sacrificio —la aparición de esta palabra es una prueba fehaciente de que algo no está bien— o cediendo.

Siempre defienden sus derechos —hacen bien— es muy importante su espacio, su individualidad, su libertad de expresión y detestan cualquier actitud machista. No es de extrañar que no me incluyan en sus planes de viaje sea a Oaxaca, Acapulco o alguna isla paradisíaca. Incluso aunque su compañera de viaje vaya con pareja, mi presencia no es requerida. Uno espera que el orgullo que sientes por tu pareja sea recíproco.

Claro que este no es un problea que la otra persona tiene, es mío, esta certeza que uno debe pagar derecho de piso para estar con otra persona, que uno se debe brindarse al ser amado, que no hay cariño de gratis que el sufrimiento es el precio por ser amado. Y nos desbordamos, así como lo hacemos por la familia y los amigos, con la diferencia de que la contradictoria volatilidad del amor nos lleva a prometer que es para siempre. un juramento innecesario para los demás.

Pero además siempre cargo con las culpas, las acusaciones, porque las cosas buenas se olvidan y lo malo es lo que sobresale, lo que termina por explotar, lo que se critica. Lo bueno solamente emerge de nuevo a la memoria cuando la relación que existía se ha desvanecido. El lamento más común ha sido el que extrañan mis tratos, todos esos pequeños detalles que daban por sentado y que procuro brindar, muchas veces de manera silenciosa, sin tanto bombo y platillo, otras veces con mi acostumbrada exageración pero que se van convirtiendo en un ruido de fondo que la otra persona apenas percibe y rara vez agradece. Porque se acostumbran a la buena vida y que al que le den pan que llore. Parece que no requiere esfuerzo ese conocer a la otra persona, estar atento a sus reacciones, buscar el regalo adecuado, romper la ley para conseguir algo, desvelarse, adelantarse a los deseos, sacrificar la salud.

El problema soy yo, esa manía de estar abandonándome de nuevo. Nadie va a morir por mí, lo que debo hacer es tener esa dedicación devota para mí. Tengo el poder de la trasnformación, he tocado la vida de algunas personas, quisiera pensar que para mejorarla. No tengo problema con la responsabilidad asociada a este poder, el problema es usarlo en mi contra, o no sentirme digno de aplicar una transformación positiva en mi favor. Eso es lo que tiene que cambiar.

Ya

 

 

tres bandas

Durmiendo en permanencia voluntaria, vendiendo en un billar filosofía, si ofrecen recompensa por mi vida ahí estaré.

Con el alma borracha – Real de Catorce

La carambola se juega con 3 bolas una roja y 2 blancas, cada bola blanca una de las cuales está marcada con un punto negro, el objetivo del juego es que tu bola toque las otras 2, claro que se puede complicar y exigir que se toquen 3 bandas antes de que el segundo toque ocurra. Después de ver un torneo que se organizó allá por inicios de los 70’s se hizo muy popular en mi corazón y yo inmediatamente supe que quería jugarlo. Durante mucho tiempo usaba la tapa de una caja de zapatos y 3 canicas, algo rudimentario pero era bastante divertido, no tenía tacos a escala pero me las apañaba con lo que se pudiera.

Poco después mi tío Luis me llevó a visitarlo, era uno que estaba en la calle Jorge Enciso, era de camino de la primaria a la casa de mi abuela, mi padrino siempre estaba jugando en su mesa, que daba a la calle, llegó a ser muy bueno, pero jugaba mucho carambola libre en lugar de ponerse retos. La primera vez que lo jugué fue en Oaxtepec, mi tío Pedro nos llevó a jugarlo, y como diría el gran Nabokov fue un doble arlequín, porque en ese viaje también fue la primera vez que me enamoré,  fue toda una experiencia de aprendizaje porque desconocía ese sentimiento, fue mi primo el chino el que me dijo, y yo me sentí avergonzado, como si hubieran descubierto un gran secreto. La potencia del sentimiento desató una tormenta (jamás he visto otra igual) que nos mantuvo varados en la terminal de autobuses como 5 horas. Este sentimiento puede ser difícil de controlar pero el impulso te puede llevar tan lejos como quieras, ya lo verás, os lo aseguro.

Pero el amor por el billar no decreció, a partir de esa edad (13) empecé a frecuentar asiduamente los billares alrededor del cruce de Ermita con el eje 3 Oriente, al principio tuve que jugar pool, y mis tíos junto con mi papá se turnaban para acompañarme, hasta que tuve edad suficiente para ir solo (15), solamente en una ocasión me han pedido identificación para entrar en algún lugar, bueno me pidieron porque ahora se ve difícil.

Luego iba con mis amigos Paco (de América yo soy), Chucho (pero si juego mejor que el king), Felipe (te hace escuadra), Héctor (vamos a la playa), Santiago (pitralfa humana), todos estos chistes locales son dedicados al Kaluris, quer era cliente habitual del billar donde asistíamos consuetudinariamente: la Academia de Billar Gabriel Fernández, situada estratégicamente en Xola y Xochicalco, como nota extra yo la placa quer tenía con el nombre de la calle de Xola era de esa esquina.

Asistíamos religiosamente, los viernes esperábamos hasta que el auto circulara e nos íbamos tendidos como bandidos para alcanzar a entrar antes de que lo cerraran, era un ritual en jugábamos y luego veíamos enfrentamientos épicos y muy divertidos, al salir pasábamos al Seven Eleven que está en la glorieta de Vertiz y Universidad para comprar unas papas y llenarlas del queso gratis quer era para los nachos —no alcanzaba para más— y acaso un refresco. Ese fue nuestro refugio por mucho tiempo.

El billar estaba atendido por don Hilario que nos echaba un ojo de vez en cuando y el coime Igor. después de algún tiempo ya éramos considerados de la casa, y nos dejaban permanecer en el local después de cerrar, y nos invitaron a la cena de fin de año y a la exhibición que dieron Don Gaby y Juan Navarra, justo donde tenían una foto de ellos en los campeonatos de antaño. Era como ver la historia de nuevo.

GFyJN

La cúspide de mi carrera billarística fueron 8 carambolas seguidas de 3 bandas seguidas y en una en particular los de la mesa de al lado aplaudieron.

Gabriel Fernández, ruega por nosotros

 

Mensajes cifrados

Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo.

Enrique Molina

Luego de lidiar con la escasez de perros en el aeropuerto y un semáforo rojo me dirigí a la ciudad vecina con la intención de llegar antes de la hora acordada para conseguir un token de buena voluntad con sabor cajeta. Luego de pasar la marquesa una luz roja parpadeante anunció un problema con el aceite, apenas conseguí cambiar al carril de la derecha cuando otras luces lo acompañaron dejando la dirección y los frenos apenas funcionales, como apenas un par de kilómetros atrás había dejado el DF no sabía si aún contaba con protección especial del viajero para el hijo predilecto de la ciudad de México, así que puse toda mi atención para no tener ningún accidente fatal. Misión cumplida.

Luego de conseguir un mecánico que diera un diagnóstico funesto para el motor del coche de mi madre hubo que conseguir una grúa que me dejara en mi morada apenas a tiempo para correr, conseguir un token más pequeño pero del mismo sabor y acudir a la hora señalada.

Nunca es fácil afrontar el momento en el que los caminos se bifurcan, descubrir que los deseos que albergas en tu corazón no se realizarán. La tentación de abrazar con fuerza la tristeza y abandonarme se apoderó de mí. Creo que aún tengo marcadas cicatrices de abandono,

Pero el universo intervino mandándome una serie de mensajes cifrados que contenían instrucciones precisas.

  • La biela izquierda
  • Una noche de abrazos y arrullos que no sucedió.
  • Una fiesta a la que no fui invitado
  • La fiesta a la sí fui invitado.
  • El cambio de zapatos
  • Ser excluido a la hora del baile.
  • Hijo que intenta suicidarse
  • Parejas maltratadas
  • Canciones de jazz que viajan
  • Un escapulario
  • Cambios de perfil y estatus en momentos clave
  • La lluvia que inunda reforma.
  • La pregunta añorada: ¿rajas o chipotle?
  • Anillo faltante
  • Baile de graduación
  • Chiles en nogada
  • Plática sobre una posible hija fruto de una paternidad compartida
  • La nata
  • La línea 12 del metro
  • Amigos que van como de rayoPareciera que el decifrarlos es simple, no lo es tanto; las instrucciones son las siguientes:

    No te abandones más, presta atención a lo que sientes, reconoce lo que necesitas, pídelo, búscalo. Sigue el camino que te haga feliz

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