Archivo de la categoría: Abuela

camposanto

Porque en el lento instante del quebranto,/ cuando los seres todos se repliegan / hacia el sopor primero/ y en la pira arrogante de la forma/ se abrasan, consumidos por su muerte.

Muerte sin fin – José Gorostiza

El altar de muertos que se levanta a manera de ofrenda, repleto de flores, comida y objetos preferidos de los difuntos en un espejo de lo que llevamos dentro, de las cosas y los recuerdos que nos dejaron. De alguna forma nuestro ser tomó forma gracias a su influencia.

Recurdo a mi tía Luisita desayunando café invariablemente, acompañado de cafiaspirinas y unas doraditas, mirando tranquilamente la tele mientras fumaba sus faros, ocasionalmente le llevaba unos cheetos. Su bendición me ha protegido en innumerables ocasiones, me encomendaba con las ánimas del purgatorio.

Mi abuelo Pedro (yo le decía Tobol) siempre te llevaba a la cocina para ofrecerte manjares perticulares, apenas me aceptó un par de invitaciones a comer. Cuando era su cumpleaños solía llevarle tartaletas en lugar de pastel, le gustaban los sabores dulces, también el huitlacoche y el chocolate.

Acompañé a mi padre muchas veces a comer, íbamos al mercado a comprar tacos de moronga y longaniza con papas, otras veces a alguna cocina económica cerca de su trabajo donde lo atendían a cuerpo de rey, le daban unas milanesas gigantes (oreja de elefante) pero lo que siempre recuerdo era su difrute con las tortas de cajeta, cada que las comía nos contaba de la vez que en la primaria le robaron su rebanada de bolillo con cajeta cuando estaba a punto de darle la primer mordida.

Mi abuela Chuchita siempre estaba sonriendo, la recuerdo en una mañána fría desayunando leche caliente con pan de dulce, o pidiendo bisquets o hot cakes. Me parece que era más de desayuno, porque las veces que se quedaba en la fiesta no la vi cenar.

Mi abuelo Luis siempre comía opíparamante, le gustaba la carne, el chicharrón en salsa verde y acompañarlo de un buen tequila. Una vez en Salamanca fui con él un restaurante y terminé completamente lleno.

Mi abuela Ester solía cenar en solitario, se limpiaba la crema nivea que tenía embadurnada por la cara y se disponía a cenar un café con pan.

Mi tío Luis también era de buen comer, acompañando la birria con una cerveza bien fría, lo acompañé algunas veces por el pan donde se desvivían por atenderlo

Nuestros muertos viven en nosotros.

 

 

 

Duelos que duelen (primera parte)

Los duelos sólo son a muerte cuando lo que hay en juego es una de estas dos cosas: poder o dinero.

Ellen Kushner

Hace algún tiempo, mientras platicaba con mi madre ella me señaló que no había vivido por completo mis duelos.

La primera idea  ques se me vino a la cabeza fue el desafiar a alguien con un golpe en la mejilla con un guante blanco, recordé la muerte de Galois, una mente brillante que termina por retar a un duelo de espadas al campeón de esgrima del ejército francés, o el presidente Jackson que mucho antes de ser presidente mató a un oponente que lo había acusado de bigamia, en otro tiempo y latitudes el pintor Manet, cuyo padrino de duelo era Zolá, le asestó una herida con su espada a Duranty por sus malas críticas, también el escritor Pushkin fue herido de bala. El mismísimo Salvador Allende cuando era senador se batió en un duelo en el que ambos fallaron su tiro.

El término duelo viene del latín duellum (guerra) contrario a lo que se piensa que es de duo. Incluso hubo alguna ley que regulaba estos enfrentamientos, la primera fue el code duello del renacimiento y en la época porfirista había un código mexicano del duelo.

Quizá los enfrentamientos que he tenido no han calificado estrictamente como duelos, acaso los que han tenido de por medio un juego o una botella, pero no las peleas insignes entre amigos que terminan estrechando la amistad. Tampoco las madrizas que le propiné a Jorge, esas sí fueron con odio. Tampoco la visita relámpago a mi enemigo en León, Guanajuato. Y eso no quiere decir que no haya sufrido ofensas contra mi honor como el  mortal que se atrevió llamarme pendejo frente a demasiadas personas y cortejar a mi alguna vez novia, lo único que  lo ha salvado es la distancia y su domicilio anónimo (pero la deuda será saldada cuando lo encuentre). Quizá el único enemigo digno para un duelo se encuentra en mi mente.

Pero creo que mi mamá no se refería a este tipo de duelos.

 

¿Qué le pasa a Lupita?

La Guadalupana bajo al Tepeyac

La Basílica de Guadalupe está edificada sobre el cerro donde se apareció por primera vez el 9 de diciembre de 1531 —se celebra el 12 porque ese día fueron milagros— el pueblo de México es guadalupano, no en balde es un día festivo religioso que es oficial en un estado laico —eso se notó cuando la estación del metro cambió de nombre de Basílica a 18 de Marzo—. La basílica recibe más de veinte millones  visitantes al año, un poco menos de la mitad son alrededor del 12 de diciembre —alrededor de 7 millones van ese día— las limosnas registradas son aproximadamente de 24 millones al año lo que nos deja un promedio de 1.2 pesos de limosna, es un reflejo de la economía de sus fieles son, en su mayoría, de escasos recursos que hacen un gran esfuerzo por ir ese día y el comercio alrededor no les hace la vida más fácil.

El lugar está lleno de historia, desde las capillas de los Indios y del Cerrito, el cementerio donde se encuentran los restos de Xavier Villaurrutia, Gabriel Mancera, Ernesto Elorduy y José María Velasco, pero también está ligada a la farándula porque la construcción de la nueva basílica recibió fondos del dinero recaudado de una telenovela —me parece que Ana del aire—, se han celebrado algunas bodas famos ahí —la última que recuerdo de Jaime Camil—. también bautizos —la hija de Angélica Vale— y desconozco dónde se encuentran las cenizas de Rocio Dúrcal o los restos de Tintán pero están dentro del complejo del Tepeyac.

A mis abuelos les gustaba ir a la Basílica a dar las gracias, cuando los acompañab me gustaba dar la vuelta, ver tanta gente y pasar a los caldos Zenón, porque a la Lupita se le celebra con comida mexicana. Mi abuela siempre sonreía, le encantaba estar entre la multitud, en las fiestas, a pesar de sus múltiples operaciones ‒entre el corazón, las arterias y los ojos, además de tratamientos experimentales y algunos otros remedios naturistas‒ y de que es más devota de la Virgen de San Juan de Los Lagos —decían que Lupita hacía los milagros de fiado pero a la de San Juan tenías que pagarle puntualmente— creo que se le daba muy bien los santuarios.

Yo fui a algunas peregrinaciones, unas de parte del trabajo de mi padre —saliendo de la glorieta de Peralvillo— y otra a la que se unió mi primo José Carlos saliendo de la Colonia del Valle, en cada ocasión recorriendo la calzada de los Misterios. Recuerdo que a medio camino había un edificio de aspecto tétrico con un letrero 666 en lo alto —el anuncio de una pomada diabólica— era un trayecto corto, lleno de personas.

Casi la mitad de sus fieles afirma haber recibido algún favor, pero parece que es más le cumple más a las mujeres, siempre me resulta interesante leer las peticiones y oraciones, algunas personas van a agradecer por lo recibido, otras a pedir por salud, otras tienen una petición especial, en algunas de nota la desesperación y la confusión, mi padre iba a jurar por un año, era su única manera de abstenerse del alcohol, bueno hasta Rosa Salvaje le pedía cada mañana.

Solía salir de vacaciones un día o dos antes de esta fecha generalmente hacia algún destino cercano todo el camino encontraba los peregrinos en dirección opuesta, hay numerosass peregrinaciones organizadas hacia la basílica de ciclistas, taxis pirata, sillas de ruedas. Es de los pocos compromisos a los que no se falta y que los mexicanos se agolpan en torno a una celebración e imagen. Que parece que los derechos de esta imagen fueron cedidos hace como 10 años a María Teresa Herrera Fedyk para su comercialización.

De alguna manera me parece que lo que pasa en la plaza mariana estos días es un reflejo del pueblo mexicano.

 

el teatro de la vida

 La vida es como el teatro, unos pocos son actores y la mayoría son espectadores que juzgan y critican a los que viven.

Hector Tassinari

Primer acto:

Durante uno de los días del amanecer de los funestos noventas, estaba dormido en la biblioteca del Colegio de México, cuando amablemente el cuidador me fue a decir que estaba prohibido dormir, así que me despabilé y fui a buscar otro lugar más alejado para dormir, fui donde había libros por acomodar, donde hay trabajo la gente no se acerca demasiado, y encontré una foto de la alfabetización de adultos. Y por primera vez tuve presente el tema, y casi inmediatamente se volvió a presentar.
Caminando por la calle de República de Argentina, entre vendedores de elotes asados, hot-dogs baratos y discos piratas vi a una señora, vendiendo chicles y haciendo su tarea (unas planas de las vocales), por un momento sospeché que le estaba haciendo la tarea a su hija, así que le pregunté. Orgullosa me contestó que algunas veces su nieta le ayuda con su tarea.
Tiempo después mi abuela se dedicó a terminar su primaria, ayudada por mi abuelo que se quedó en el segundo grado, admiro su determinación pero no la forma en que empezó a tratar a mi abuelo después obtener su diploma.
Y se siguió con la secundaria.

Segundo acto:

Asistí un par de veces a una peregrinación de Salamanca a San Juan de los Lagos, son aproximadamente 240 kilómetros, que mi familia recorre en 6 días, mi familia materna le guarda particular devoción a esta virgen que, según dicen, no fía. Son muy malos pagadores, pero al parecer en la fe es en lo único que sí cumplen, el único problema es que a veces prometen por alguien más, ofrecen llevarte si te salvas, y tienes que cumplir o te castiga.
El camino comienza caminando al lado de la carretera, luego sobre las vías, y de nuevo sobre carretera hasta llegar a la mitad. Después se atraviesa el Cerro de las Cruces y se rodea el Cerro de la Mesa, todo de acuerdo al terreno, en algunos lugares (sobre todo al principio) te venden agua adicionada con minerales (tierra) y no tienes más remedio que comprarla o té de Cuachalalate, muy bueno para la gastritis pero sabe horrible, en especial cuando es tu único desayuno. Pero ya cerca de San Juan te regalan comida, agua, naranjas, té de canela; todo esto lo hacen personas que están agradecidas de los milagros recibidos.
El trayecto de Irapuato a León, específicamente cuando se camina al lado de la autopista, la resistencia mental se pone a prueba, es la parte más pesada de todo el trayecto, porque es un camino recto, de subida, y bajo los rayos del sol, además, cuando se llega al aeropuerto, contrariamente al pensamiento natural, todavía faltan por lo menos tres horas de camino, la primer vez que lo recorrí me desesperé y me detuve, ya no quería seguir caminando, no le encontraba sentido (qué sentido tiene para un peregrinación para un apóstata), y no era tanto el cansancio físico como el mental. Y me senté con la desesperación rodeándome, cuando se acercó un viejo de bastón a pedirme agua. Al ver los pasos minúsculos que daba, y el gran esfuerzo que hacía para caminar y todo el trayecto que le faltaba, me sentí avergonzado, le di agua, me callé y seguí caminando.
Ya en la iglesia,  fui a ver con respeto los ex-votos.

Tercer acto:

Acompañé a mi padre a comprar la base de una máquina de coser, la base era de doña Jose, que era la única costurera que conocí capaz de igualar las velocidades de over de mi abuela.
Ella trabajó 30 años en la zaga, y cuando pudo compró una máquina para trabajar además desde casa, siempre terminaba los trabajos a tiempo, esa era una cualidad sumamente apreciada en el medio, con todo lo que ahorraba y con el infonávit de su empleo pudo comprarse una casa en la colonia Valle del Sur.
Después me enteré de la razón por la que estaba vendiendo la base de la máquina, ella estuvo enferma unos meses, hospitalizada en la clínica de los venados, estando hospitalizada su hija aprovechó para obligarla a darle su herencia con anticipación, además de empeñar su máquina de coser, y olvidar el refrendo. Así que, cuando la fui a ver, ella estaba vendiendo lo que le quedaba de sus cosas, iba a rentar un cuarto en algún punto del cerro de la estrella e iba a volver a trabajar en algún lugar de Vallejo, iba a comenzar de nuevo, casi desde cero.
Yo me sentía como el malo de la película aprovechando la situación desafortunada, aunque no tan manchado como su  hija, o mejor dicho la hija de la chingada que tiene como hija. No hice nada por ella pero sí aproveché doblemente la situación.

Desenlace

Hay una lección escondida detrás de este teatro, y no es dejar de meterme en lugares extraños sino que en nunca es tarde para empezar, ya sea hacer un cambio, iniciar un viaje, realizar un plan, que la dificultad de la empresa no nos detenga, eso es miedo.

Escuadrón 201

¡Qué bonito es recordar el barrio en que vivimos!

Mi Barrio – Sonora Santanera

Aunque haya nacido en Anillo de Circunvalación y los primeros años haya  vivido la Minerva y en la CTM gran parte de mi tiempo la pasé en la colonia Escuadrón 201. Esta colonia limita al norte con Río Churubusco (o Circuito Interior) al sur con la legendaria y milenaria Ermita Iztapalapa (eje 8 sur), al oriente con la Avenida 5 (Eje 3 Oriente) y al oeste con la calle Antonio Cárdenas Rodríguez (antes sur 113-B).

Durante toda la primaria al salir pasaba a casa de mi abuela materna (Chuchita) donde me quedaba toda la tarde. Durante el camino de regreso pasaba al lado de un billar que ya desapareció donde solía encontrarse mi padrino en la primera mesa.

Hay tantos recuerdos ligados a esa colonia como siempre estaba aquí durante el período escolar recuerdo que casi todas las compras escolares cuadernos, plumas, cartulinas, las realizaba en la calle de al lado en la petrolería que atendía “Don Panchito” quien no parecía envejecer creo que usando la misma fórmula que la madrina de mi mamá que vivía en la acera de enfrente de la casa de mi abuela: el cónyuge. En caso de requerir algo más especializado había dos papelerías pasando el mercado, que siempre estaban llenas el fin de semana fue en los primeros lugares que vi el sistema de pedir la mercancía y pagar en la caja.

Cuando llegaba a no ir a la escuela o regresando de alguna actividad veraniega mi tía me consentía con un chocolate de tablilla —que luego enfriaba— y un bolillo rellenado con frijoles de la olla —flor de mayo generalmente— el pan siempre era recién comprado de la panificadora la Esperanza que aún está en Radamés Gaxiola, la siguiente calle que era conocida como “la cuadra ancha”.

Jugábamos fútbol en la calle con un par de ladrillos como porterías, no éramos muy buenos porque la pelota se volaba seguido provocando el malestar de los vecinos. También jugamos béisbol en la calle, pero luego de ser casi atropellado por un camión de mudanzas intentando impedir una carrera nos pasamos al camellón donde los árboles servían para señalar las bases, esto duró hasta que arreglaron el camellón y pusieron la imagen de la virgen que es celebrada cada 10 de mayo con sorteos y algunas veces hasta palo encebado. Otras veces jugábamos fútbol americano al principio tacleado sobre el pavimento mi lesión en la clavícula no cambió la modalidad del juego, fue hasta el golpe en la cabeza de Poncho que comenzamos a jugar tocado, creo que el espíritu aventurero se extendía porque algunas veces la zona de anotación era la esquina donde los coches pasaban con mayor frecuencia obligándonos a voltear no solamente al balón sino a la calle.Este espíritu se mantenía cuando usábamos una avalancha para deslizarnos al lado de la Johnson y Johnson —ahora UNITEC Campus Sur— y detenernos violentamente al llegar a Ermita para evitar ser arrollados.

También recuerdo las una farmacia en la calle de Zapata, un poco antes de la Iglesia de San Nicolás de Tolentino que tenía el videojuego de kaboom, durante el camino de ida íbamos consiguiendo pesos —el costo del juego era dos pesos de figura de Morelos—pidiendo a la gente que nos cambiara porque en la farmacia nunca lo hacían de hecho parecía molestarles que estuviéramos ahí. Había otra farmacia enfrente de la primaria que tenía un pinball, ese costaba cinco pesos, pero conseguimos hacernos de una llave que lo abría, nunca la usamos para robar, solamente para tener más juegos.

El mercado es punto de referencia obligado, durante un tiempo no entendía la razón para que mi madre regresara a comprar ahí aún viviendo ya lejos. Cuando iba a cumplir sus pedidos como comprar la carne con el “barbas de chivo” la primera vez que fui no iba a estar preguntando por alguien con ese apodo —ya había cometido ese error con anterioridad— afortunadamente es tan descriptivo que atiné. Mi bisabuela —la mamá de mi abuela paterna— vendía justo afuera del mercado servilletas para las tortillas así que la saludaba cada que pasaba por ahí, ahora mi primo Luis tiene un puesto ahí.

Era común ir a comer barbacoa, las carnitas se compraban en el mercado de la Sector Popular —colonia hermana— había otros puestos pero éste era con mucho el más popular. Justo afuera había un puesto de huaraches que era muy socorrido el fin de semana y sobre la misma cuadra había una juguería que vendía tacos de suadero y longaniza, en la acera de enfrente vendían birria y siempre había un chivo amarrado en el árbol de afuera atestiguando el origen de la carne, claro que el chivo que estaba afuera siempre era el mismo. A un par de locales estaba una pollería/tortería que se convertiría en un lugar de celebración: ¡tortas de pollo para celebrar!

Hay tantos lugares que recuerdo como los Baños La Escorial, donde me llevaban a cortar el cabello, probé el jugo de zanahoria por primera vez e iba a bañarme cuando fallaba el suministro de agua, justo al lado se encontraba el banco del Atlántico que era todo un océano de posibilidades, que luego fue Bital y terminó en HSBC. O el deportivo donde estaba el cine Fausto Vega donde vi la película de Bernardo y Bianca en una matiné con mi primo Carlos, ahí jugaba de niño en el Ultra en el campo conocido cariñosamente como la Lija. Había una refaccionaria en la calle del mercado, pero si no era suficiente teníamos que ir a Ermita, a unos pasos de la eterna vidriería que estaba enfrente de la tienda que fueran un K2 y posteriormente Hermanos Vázquez.

El paisaje ha cambiado desde entonces, primero con la línea 8 del metro y después con los puentes de Ermita y el eje 3 Oriente y finalmente con la línea 12, todo evoluciona y nada permanece; la mayoría de lo que he mencionado son lugares, pero en cada uno existen historias, algunas ya han aparecido, otras aparecerán pero de esa época este es un escenario principal.

 

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¿a poco muy muy?

Más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.

Francisco de Quevedo

Apenas unos días atrás un amigo apuntaba que él consideraba que mis mayores pecados —capitales— eran la gula y la soberbia.  La primera es más que evidente, pero me quedé reflexionando acerca de la segunda. No es la primera vez que me señalan algo semejante, así que merece una reflexión.

Si nos centramos en la definición primaria de soberbia: altivez y apetito desordenado  de ser preferido por otros. Parece que contiene 2 partes, una de ellas es la posición por encima de los demás y el deseo de ser preferido por aquellos sobre los que se eleva, por lo que hay una paradoja embutida en ese concepto.

Mis primeros recuerdos están llenos de contradicciones, porque si bien recibí mucha atención y cariño, soy el primer nieto de mi familia paterna y el mi madre es la única mujer entre sus hermanos. También había diferentes expectativas en cuanto a mi persona por parte de todos.  Desde muy temprana edad comencé a sentirme inadecuado, creo que principalmente por no poder entender a los demás, muchas no encontraba relación entres sus actos y sus palabras.

Recuerdo que cuando intentaba hablar de algo con mi abuela paterna ella solamente se quedaba mirándome y me decía que seguramente era un marcianito —sin contestarme otra cosa— o mi tío Mundo que a pesar de su evidente cariño la mayoría de sus palabras eran para corregirme —después me di cuenta de que eso ha hecho con todos sus sobrinos pero entonces dejó una marca que sigo cargando— y me parece que mucho se debe a la manera de expresar el cariño. Entre el machismo de uno de mis abuelos y la orfandad del otro sus demostraciones de afecto eran muy parcas. Pero creo es evidente que la persona que más influencia ha tenido en mi vida ha sido mi madre a quien quiero muchísimo pero algunas veces no consigo comunicárselo y otras fallan los canales de comunicación.

Cuando yo nací ella tenía apenas 18 años y tenía un temperamento volátil muchas de sus regaños o apapachos no dependían de mi conducta sino de humor, pero no sabía que eso pasaba entonces adquirí una compulsión por actuar en busca de su aprobación. Yo veía que ella se la pasaba ayudando a los demás —quizá su forma de ejercer su carrera de trabajo social— acompañaba a las personas al hospital y se quedaba si era necesario, iba a rezar rosarios o ayudaba a preparar comida para las fiestas, ayudaba con los trámites a las demás personas, iba a inyectar o hacía reparaciones de ropa, Quizá esas conductas sean originadas por querer llamar su atención.

Llevo en mi interior una sensación de que si hay algo que no puedo hacer es un fallo en mi persona. me cuesta muchísimo trabajo pedir ayuda, me parece que es porque es por un miedo a ser rechazado justo en ese momento de vulnerabilidad, es mi manera de protegerme contra ese dolor; y aquí es evidente esa contradicción, al no buscar ayuda en esos momentos de necesidad también me he privado de recibir apoyo de las personas que quiero. Aquí quisiera mencionar a mi tía Hortencia, a quien quiero mucho aunque apenas hable con ella, pero siempre que la saludo le doy un abrazo en el que puedo sentir ese cariño así directo y sin escalas, quizá si me expongo más recibiría más de esas demostraciones.

La palabra también tiene otras acepciones como alto, fuerte o excesivo en las cosas inanimadas. Y con seguridad puedo entrar en la categoría de excesivo, además de las otras 2. Tampoco quiero pecar de falsa modestia, una de las veces que fui acusado de soberbio fue cuando le dije a una dama que ella que le estaba otorganod el privilegio de mi presencia, alguna otra persona me reclamaba mi forma de hablar como pontificando, pero nunca ha sido con un aire de superioridad, siempre he intentado tratar de iguales a las personas —también esto ha sido criticado— sin tener ningún prejuicio al respecto.

Y como dijera Mauricio Garcés: Ahí les dejo mi reputación para que la hagan pedazos.

Refrescos para chabacanitos

a unos ponche y a los tristes coca cola

La Tertulia – Chava Flores

El pasado domingo cumplió un año mi sobrino y ahijado Santiago, y recordé los refrescos de la infancia. Poco después de cumplir los dos años comencé a visitar la tienda que estaba en la misma acera donde vivía, la señora que atendía sonreía al ver a un niño llegar gritando “Doña Vitorita, mi chaparrita”, fue el primer  refresco que probé, coincidentemente fue el primer refresco sin gas en México, los sabores eran mandarina, piña y uva; los sabores estaban alejados del sabor de la fruta representada, quizá el de uva parecía un poco a los jugos de uva que vendían en botellas de cristal opaco de color verde y muchos se negaban a tomar el de piña por las burlas -de piña para la niña- pero era muy común encontrarlas en las fiestas infantiles. La siguiente bebida fue el sidral mundet que era común que te lo dieran si estabas enfermo, sirviéndolo además al tiempo, tenía de competencia a la manzanita sol que tenía más gas, el sidral aga —y haga de cuenta que es sidra—, también había peñafiel y fanta de manzana pero tenían una calidad inferior.

También en la infancia era clásico tomar Sangría Señorial, única en sabor, siempre en envase de 355 mililitros,  había otras alternativas como la sangría de peñafiel pero no eran difíciles de conseguir porque antes tenías que llevar el envase del refresco que querías comprar, algunas tiendas lo cambiaban pero en general tenías que tener tus envases o pagar importe, el importe siempre lo pagabas en las fiestas, generalmente compraban en proporción 4 a 1 refresco de cola y tehuacán porque era evidente que tomaban cuba libre, algunas veces compraban una caja para los niños  o los que no tomaban alcohol o refresco de cola.

Pascual boing hacía dos tipos de refrescos, con gas y sin gas; los primeros tenían la figura de un pariente del pato Donald con un sabor artificial típico, pero los que no tenían gas rifaban, era un envase transparente que tenía letras verdes si el refresco tenía pulpa como los de guayaba o mango y azul si no tenía como el de uva o naranja. El que más me gustaba era el de guayaba, algunas generalmente en los tacos de canasta o los de bistec con papas. Además de su sabor se le debe un reconocimiento por la huelga que siguió a la crisis causada por López Portillo, que empezó porque la compañía se negó a darles aumento o pagarles utilidades, fue una huelga sufrida que sufrió ataques de granaderos e invasión de esquiroles, que terminó en el 84 cuando les otorgaron la posesión de las instalaciones pero negándoles cualquier crédito hasta que el STUNAM le prestó una lana y la compañía terminó como una cooperativa.

En los puestos modestos de tortas se podía encontrar el refresco trébol, mi favorito era el de sabor mandarina. que a pesar de ser artificial tenía un sabor agradable, porque otros no fueron tan afortunados, como cuando probé la primera mirinda —la clásica de naranja— tenía un gusto viscoso que dejaba la saliva amarilla. Uno de los refrescos emblemáticos de naranja era el orange crush en su botella apropiada para usarla de güiro que me parece que le ganaba la competencia al orange mundet que tenía más gas y su botella tenía círculos más opacos en la parte inferior de la botella. Pero mundet también tenía el refresco rojo, favorito de mi tío Mundo cuando íbamos a una tepachería. Y como nunca fui fan de la fanta no tengo opinión al respecto.

El 7up tiene el primer lugar en su lista de bebidas lima limón, principalmente porque patrocinaba los close captions de mi serie favorita, la competencia era el teem de pepsi que tenía esos comerciales donde un vaquero pedía papas fritas y un náufrago pedía galletas saladas, y del sprite de coca cola que tenía un sabor decente. Pero mi bebida favorita de sabor cítrico fue el mountain dew, que duró muy poco tiempo a la venta. En el caso del squirt era utilizado primordialmente para acompañar alguna bebida alcohólica como el tequila, lo mismo que la bebidas de cola o el tehuacán, antes de que sacaran los pepsilindros tomábamos pedíamos refrescos en bolsa y les agregábamos richardson. Pero la mejor combinación era el vodka con del valle de toronja.

Quisiera hacer una mención especial al algunos refrescos no tan famosos como el trisoda de jamaica, el jarrito de tamarindo, el titán de piña y la lulú de grosella. Las Yoli, los barrilitos, también el ginger ale que había en Seagrams o Canada Dry. Por cierto ya México es el mayor consumidor de refrescos.

Un día no muy venturoso  me detuve en la tienda de mi amigo Vani le pregunté como si él fuera un cantinero que me recomendara una bebida para el momento, y el destapó una pepsi, que desde entonces se convirtió en mi bebida preferida, hasta que salió el famoso reto de distinguir la coca de la pepsi —pan comido— y luego cambiaron el sabor ahí cambié a la coca. No está demás recordar otros refrescos de cola como Big Cola, RC Cola, Fiesta Cola, el spur cola —que era de la Canada Dry— o la famosa Mexi-Cola que tuvo una promoción en la que las corcholatas —bajo el corcho— tenían la frase  “El Ratón invita” y valían un refresco gratis.

Es mucho más fácil que un sabor te traiga un recuerdo que buscar el sabor enterrado en recuerdos.

mi abuela materna

No me salgas con que a Chuchita la bolsearon

Dicho popular.

Durante toda mi infancia el sobrenombre de mi abuela estuvo omnipresente: Chuchita, todos pensaban y muchos aún piensan que su nombre era María de Jesús.  Pero su verdadero nombre era María Epifanía Eustorgia, cuando lo descubrió se dio cuenta de el problema que tenía, porque los demás papeles los tenía a nombre de María de Jesús, lo que indicaba que no iba a poder recibir la herencia de mi abuelo en caso de que falleciera, así que se dirigió al registro civil de Salto del Agua, de ahí la mandaron a donde se registró originalmente: Salamanca, y el encargado del registro civil era un conocido pero esto no ayudó mucho porque seguía al pie de la letra la ley, y como ahí decía que tenían que ir sus padres —era la hija de dos viudos con hijos—, ella bromeaba ¿a poco quiere que les lleve los esqueletos? No importaba que el funcionario hubiera conocido a mis bisabuelos, tampoco que el presidente municipal fuera un pariente, tuvo que esperar a que se retirara y usar un plan alternativo: conseguir que le agregaran el nombre de Jesús a su acta de bautizo.

Mi abuela estuvo adelantada a su época ella no dejó de trabajar al casarse, lo que le aseguró a su familia tener desayuno en tiempos de crisis, mientras las familias vecinas se tenían que contentar con té y tortillas frías, la familia de mi madre desayunaba avena. Ella consiguió asegurar un bienestar para su familia a base de su trabajo. Además siempre está sonriendo, buscándole el mejor ángulo a las cosas, invariablemente la encontrabas de buen humor.

Le gustaba mucho la bohemia, las fiestas, el baile y el alcohol; como era amiga de Amalia Mendoza frecuentemente estaban en las mismas fiestas y cantaban juntas  —yo la he escuchado cantar un par de veces y lo hace bastante bien aunque ya no tiene el aire suficiente— en las fiestas que se organizaban en la familia siempre estaba hasta el final. Me la encontré una vez en unas vacaciones en Acapulco —iba con varios amigos y con otros de sus nietos— y nos invitó una botella en la playa. Se ha ido con mi madre de vacaciones varias veces y los demás se sorprenden de su vitalidad.

Se dedicaba a la costura, una decisión muy acertada de su parte, jamás he visto a nadie tan veloz en la over —nombre de cariño para la máquina over-lock— así que armada de su Pfaff era capaz de terminar cientos de prendas en un santiamén. Y nunca fallaba, una vez se atravesó un dedo con una aguja y solamente se vendó para no manchar las prendas y terminó a tiempo. También podía copiar un modelo de memoria, i.e., iba a las tiendas a ver los modelos, y cuando regresaba podía hacer los moldes para el vestido onda oído absoluto de la costura. De hecho en el 64 fue nombrada en los periódicos como la costurerita que fue apuñalada.

Este incidente ocurrido en las calles de Soledad marcó su salud para los siguientes años, su primer infarto fue apenas 3 años después, seguido de diferentes condiciones que se tornaban delicadas algunas veces, iba tanto al Instituto de Cardiología que hizo amistad con otra paciente regular, tanto que terminó casándose con un amigo de mis tíos —hijos de mi abuela— han sido múltiples las veces que ha entrado al hospital, ha recibido tratamientos experimentales, sus niveles de azúcar, presión, o pulso han estado en niveles exorbitantes. En esos exámenes médicos cuando te preguntan si un familiar ha tenido x enfermedad, la respuesta es siempre sí, y ¿quién la ha tenido? mi abuela. Luego del interrogatorio los médicos se sorprenden que aún siga con vida.

Pero creo que ahora las cosas son diferentes, como quería festejarse su cumpleaños, para conseguir dinero dejó de tomar su medicina para el corazón, lo que provocó otro infarto que la dejó delicada y hace unos días se cayó, lo que causó una fractura en la cadera. Cuando llegó al hospital —ahora el de ortopedia que está por la estación Xomali del tren ligero— se dieron cuenta que tenía una insuficiencia pulmonar, necesita un clavo y como está delicada de los pulmones y el corazón es difícil que la puedan operar, como la perspectiva de tener que estar postrada en silla de ruedas aparece por primera vez su ánimo no es tan optimista.

Mi última foto con ella.

Chuchita