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6 de enero

Donde hay niños existe la Edad de Oro

Novalis

Además de cumplir 6 años en WordPress este día 6, el día que se celebra el día de Reyes, al menos en México y en mi época los Reyes rifaban mucho más que Santoclós, Es la fiesta de epifanía donde Jesús recibió los tres regalos oro, incienso y mirra; que simbolizaban que era un Rey (porque el oro era un regalo que se da a los Reyes), era Dios (el incienso es usado para venerar la divinidad) y era hombre entre los hombres (la mirra se usaba para ungir a los elegidos).

Estos dones también aplican para todos los niños, en su nacimiento llegan a regir nuestra vida, se manifiesta la divinidad en ellos y se convierten en nuestras personas favoritas. Los familiares viajan para ir a conocerlos, saludarlos, cargarlos, apapacharlos. Es una verdadera fiesta su llegada.

Este día se suele comer la rosca, generalmente acompañada de chocolate —agüelita soy tu nieto— y se esconde la figura de un niño —antes solía ser un haba— la persona que lo encuentra solía regocijarse y actuar como el padrino del niño, comprar vestuario, presentarlo en la iglesia el 2 de febrero y hacer una fiesta —la tamaliza— pero la crisis ha disminuido el  entusiasmo por recibir esta alegría y la ha disfrazado de obligación. Las personas piensan más en los inconvenientes que en el disfrute, o incluso en los demás.

Parece que lo mismo que pasa con la paternidad, pareciera que las obligaciones y las preocupaciones ganan terreno sobre la felicidad y las bendiciones, esto sin decir que está exento de trabajos y dificultades, muchas veces desvelos y preocupaciones, pero no hay que dejar que el miedo a lo desconocido a los retos nos impida intentarlo.

Por lo pronto, mi ahijado debe estar jugando el día de hoy.

abrazos

¿Qué hago afuera del Edén? ¿Quién armó este inmenso palomar?

El Ángel – Real de Catorce

Ayer hubiera sido el cumpleaños de mi padre, me hubiera gustado abrazarlo y mucho más recibir su abrazo. Luego de un tiempo y mucha distancia hay algunas cosas que entiendo mejor, otras que quisiera preguntar y muchas otras que solamente quisiera escuchar, él disfrutaba las charlas luego de una fiesta mientras el amanecer se asomaba afuera, las historias solían ser las mismas pero algunas veces en los matices se colaba información que me decía cómo estaba y algunas veces era yo quien le contaba alguna novedad, y entonces sentía que las madrugadas era el tiempo propicio para dejar circular el cariño por medio de las palabras.

Y también hubiera querido ser abrazado por su padre, mi abuelo, tobol —como yo le decía de niño— sentir su infinita paciencia al ayudarme a hacer algo, sentir su cariño desparramado cuando me contaba historias de años pasados y adivinar entre líneas lo que sentía actualmente. Esperar pequeños milagros como cuando me compartió un poema que había escrito, cuando me aceptó las invitaciones al cine o a comer; mirar sus ojos iluminados al hablar de cine.

Mi tía Luisita quería mucho a mi padre, él decía que siempre que estaba en casa se respiraba paz y tranquilidad, añoro las veces que me acercaba a ella y me inclinaba para que me persignara y su señal de la cruz me protegiera. Extraño la magia y amor que le ponía a la comida, no importa que mi mal entendimiento de ese amor a través de la comida me haya conducido a la obesidad, era una de sus formas más puras de mostrar amor.

No escucho más los consejos de mi tío Luis, aún me acaricia el corazón su fe en convertirme en un campeón de boxeo o lucha y retirarme tras la lucha de campeonato, hubiera querido recibir más sus enseñanzas respecto a la vida, a cómo la afrontaba como una lucha, a cómo defenderse y cómo atacar, o como tratar a la vida como una dama para que ella nos trate igual.

Al recordarlos a la distancia puedo ver más claramente que aquel cariño que prodigaban también les hacía falta. Que ese amor indirecto que se les escapaba era una seña inequívoca de que necesitaban el mismo amor de vuelta, Lo sé porque me siento igual, porque creo que cuando aquí escribo plasmo un poco del cariño que necesito recibir.

Lo bueno es que aún quedan personas para abrazar.

 

Infancia revisitada

Sólo los niños saben los que buscan

El Principito – Saint Exupery

No recordaba la extraordinaria experiencia que es convivir con un niño, la última vez que vi a mi ahijado Santiago fue hace casi un año y medio, justo el día de su bautizo. Ahora comienza a expresarse, pidiéndolo que que quiere e identificando a las personas que lo rodean.

Los niños no mienten, siempre sabes si algo les divierte, molesta, gusta o es indiferente, el cariño que profesan es genuino, despojado de intereses, directo y sin dobleces. Es tan satisfactorio reir junto a un niño, observar sus gestos e intentar saciar su mirada curiosa. Algunas personas piensan que requiere demasiada atención pero me parece que nosotros podríamos tener la misma energía, vivacidad y hambre de entrar al mundo pero hemos perdido el impulso. Yo creo que podríamos dar la misma atención pero hay muchas partes de nosotros que se fugan en convenciones sociales, neurosis o detalles supérfluos.

Yo no espero nada de mi ahijado, y no lo digo en el sentido negativo, me gustaría que él pudiera ir eligiendo con libertad las cosas que le gusta hacer, me gustaría librarlo de escuchar juicios relativos a la preferencia de una u otra actividad. Es tan difícil alejar la tentación de inculcarle gustos particulares, como podrían ser la música o el fútbol -como nota mi ahijado ya corea un poco el goya universitario- claro que uno transmite los actos cotidianos, los detalles del día a día.

Me dio mucho gusto que no me fuera huraño, en realidad no lo es con nadie. Me da mucho gusto que me pida que lo ayude a alcanzar los tendederos para colgarse, o que me diga salud con su vaso entrenador, o que me identifique con voz estridentes, que no llore cuando grito.

Creo que quería compartir un poco de la alegría que me tocó en mi visita.

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