Archivo de la categoría: Familia

Todos tenemos un origen

para la piel sensible

Préndanme fuego, mi carne quemada, mi carne quemada,es menos frágil…

Mundo de quimeras – Soda Stereo

Durante mi infancia me di cuenta de que, a pesar de ser hermanos, teníamos la piel —en especial la sensibilidad de la misma— muy diferente, cuando mi hermana sufría un golpe, un rasguño o incluso una picadura de mosquito su piel se ponía morada y la apariencia de cualquier herida era escandalosa.

Por mi parte parecía como si mi piel fuera de bestia de carga, cicatrizaba rápidamente, mantenía su color y resistía los más fuertes embates. La herrería de reja de casa no era suficiente para vencer mis rodillas, apenas quedaban rastros de los juegos de fútbol en la lija, el pedazo de piel de casi un metro de largo volvió a salir al poco tiempo.

Quizá por eso existía la idea de que podía aguantar lo que fuera, que mi rudo exterior era una especie de coraza que me podía proteger de todo, no estaba a la vista que mi interior constrastaba mucho con el interior, mi corazón y alma eran sensibles, anhelaba ser protegido, valorado y amado; y temía al abandono.

Pasaron muchas cosas que me lastimaron, como las burlas de los demás por tener miedo, la indiferencia ante mis palabras, las mentiras y las traiciones. Parecía que mis amigos esperaban ansiosos mis fallos para hacer un chiste al respecto. Muchas veces esperé un apoyo que no llegaba.

En el ámbito amoroso esos eventos duelen más, ser tachado de puto por negarme a copular, de ser la novia de la relación por la sensibilidad o de poco hombre por la ausencia de algunas caracterísiticas machistas.

De todo eso los insultos subyacentes eran los menos importantes, el acto de que las personas de las que esperaba algo, a las que quería/repetaba/amaba respondieran con ese tipo de frases era lo que me dolía. Ahora entiendo que es fundamental la propia interpretación pero:

Eso pudo haber sido la causa por la que me esmeré en ser por completo autosuficiente, en aprender todo lo que pude y en prestar atención a lo circundante, además de convertirme en una especie de fortaleza andante. No solamente con una coraza indestructible en el exterior sino con un alma lejana que ponía distancia con todo, un centinela en la azotea que vigilaba todo lo circundante y un mente hiperanalítica que se la pasaba sobreanalizando lo que los demás decían.

No vale la pena, además ahora ni mi pies es muy resistente, nunca es tarde para bajar la guardia y dejar que todo lo bueno y malo pase, es parte de la vida y el aprendizaje.

 

mentores

No puedo pensar en ninguna necesidad en la infancia tan fuerte como la necesidad de la protección de un padre.

Freud

Todas mis figuras paternas han muerto.

El amor de mi padre era evidente, siempre quiso tener un hijo y mi nacimiento me convirtió en premio. No le importaba el esfuerzo hecho por sus por sus hijos, siempre estaba dispuesto a ayudar y daba sin reservas cuando se trataba de la salud o la escuela. Era severo, siempre buscaba mi bienestar a su manera. La disciplina era dura y nunca aceptaba réplicas o explicaciones —siempre que uno asume que nunca se equivoca, se equivoca— ne dolían mucho los castigos injustos, pero mucho más que eso me lastimaba su alcoholismo. Cuando llegaba haciendo escándalo y pidiendo hablar con sus hijos, era cariñoso y contaba anécdotas, cuando venía solo me tocaba hablar con él mientras mi madre preparaba café y luego ayudar a que subiera, cuando venía acompañado me tocaba ser el anfitrión mientras mi madre preparaba comida en la cocina. Lo más difícil era que todo lo ocurrido escapaba de su memoria. Durante un tiempo que juró, su carácter era áspero pero las conversaciones auténticas. Al final su hígado sucumbió y fue un largo descenso hasta el fin.

Creo que me percibía débil por eso se esforzó en hacerme rudo: por ejemplo cuando comencé a jugar fútbol en el Ultra (que era algo así como las fuerzas infatiles del equipo de mi papá y mis tíos: el Santos) en los campos que estaban atrás del cine Fausto Vega —cariñosamente les decían la lija— él me entrenaba pateando balonazos con mucha fuerza en mi dirección, yo tenía que detenerlos con el pie, pecho o cabeza, no siempre lo conseguía y en más de una ocasión recibí un golpe en los testículos que me hacía doblarme aunque nunca me tiraba al piso porque “tirarse únicamete se permite para barrerse al defender”. Incluso de sus últimos deseos antes de morir fue que no lo viera morir.

Su padre, mi abuelo, Tobol, como le decía, siempre estuvo para mí, podía ir a su taller, algunas veces únicamente para platicar con él mientras seguía haciendo zapatos, lo veía quitar el cemento de sus dedos e ir acumulándolo en una especie de pelota que luego me daba para jugar, o golpeando la piel con un cuadrito de madera, parece que de caoba. Durante las visitas cotidianas, mientras estábamos en la sala, solía llamarme desde la cocina para darme algún manjar que únicamente había preparado para mí —a cada nieto le preparaba cosas diferentes— o cuando había algún rosario él se quedaba conmigo afuera, porque ninguno de los dos los rezaba. Él me hizo numerosos pares de zapatos, entre ellos los más cómodos, queridos y chingones —es el adjetivo adecuado— unos auténticos zapatos de ante azul, que terminé arruinando usándolos para jugar fútbol en la calle. Le debo mucho la confianza que depositó en mi capacidad para los juegos de mesa, desde muy temprana edad; él le aseguró a su cuñado Vicente, que yo sabía jugar cartas, no defraudé a mi abuelo y derroté en la brisca a mi tío Vis. durante una Noche Buena, mi abuelo estaba muy enfermo, no bajó a cenar pero me llamó a su cuarto donde me entregó el último para de zapatos y me dijo que no tenía más pendientes. Murió antes del año nuevo.

Mi abuelo Luis era un sibarita, le gustaba la buena vida y ser bien atendido, en sus constantes viajes a Acapulco comía religiosamente en el restaurante “La Flor de Acapulco” en cada viaje una mesera se desvivía por atenderlo, le ofrecía el mejor platillo y buscaba que le sirvieran lo mejor en el caldo de pescado. Un día de esas visitas a la playa íbamos al centro de convenciones, él iba adelante con una vestimenta blanca impecable, nos dimos cuenta que era un evento privado cuando no nos dejaron pasar. A él no le negaban lel paso gracias a su porte y actitud. Alguna vez me llevó a comer a un restaurante en Salamanca, comimos opíparamente —pasta abundante y un filete de generosas proporciones— yo no alcancé a terminar el plato. Él siempre mostró la forma de ser bien atendido.

El hijo de mi tío Luis que compartía su nombre era el tercero de 6 hermanos, siempre fue carismático, ingenioso y le gustaba disfrutar el momento. Solía darme muchos consejos para triunfar con las chicas no tan chicas: desde cómo sacarlas a bailar o la forma de abordarlas, también tenía muchos planes para hacernos ricos, muchos de los cuales me incluían en una pelea por el campeonato mundial, se de box, lucha libre o alguna otra de forma de combate. En general buscaba compartirme su visión optimista de la vida, sus técnicas de combate y sus tácticas de conquista, como el paquete básico de supervivencia.

Fuera de la familia, Arturo, un amigo que vivía cerca de la preparatoria donde estudiaba. Tenía numerosos negocios, sus prácticas eran lucrativas pero no tan legales. Hasta su prima de 12 años le ayudaba en el negocio. Siempre que lo veía me regalaba al menos una caja de cigarros, de los que no se conseguían aquí, sean los Parliament con doble filtro —la última cajetilla en poner alguna advertencia con respecto a la salud—, Philip Morris dorados, rojos o verdes, los verdes tenían la advertencia de que contenían monóxido de carbono y cuando los fumábamos dentro del auto terminábamos con los ojos llorosos.  Siempre se preocupó porque regresara a salvo a su casa y mandaba a su novia a llevarme. Al final ambos murieron, fue su prima quien me avisó, ella murió durante un legrado y él cuando yo estudiaba mi último semestre de la carrera.

Al final lo único que me quedó de ellos fueron sus enseñanzas, vivencias, consejos y recuerdos. A veces quisiera volver a hablar con alguno de ellos pero ya no están.

 

todos saludan, hasta la porra

te agradezco tu cumplido y sin hacer tanta bulla, te suplico que también me saludes a la tuya.

Paquita la del Barrio

De niño la recomendación invariable de mis padres era que saludara a todo mundo, muchas veces eso representaba que me llamaran por el apodo que detestaba —y en diminutivo— o me pellizcaran el cachete, me hicieran preguntas incómodas, hacer caravanas a personas que me consideraban niño maleducado. Creo que esto se debía en gran parte a mi carácter autodidacta.

Al llegar a las fiestas o salir de ellas era la misma canción, la diferencia es que al llegar todos estaban ocupados aún o era un mar de llegadas simultáneas, y al final todos andaban bien servidos, bailando o en su mundo. Eso no importaba había que anunciar la retirada, de lo contrario la calificación de maleducado era inmediata.

En la escuela el buenos días maestra era bastante más fácil, y con los compañeros no existía mayor ceremonia, las llegadas y salidas eran sin compromiso, además el horario definía perfectamente la hora de llegada y salida.

Al crecer la decisión de saludar o no deja de depender de la educación recibida en casa, me tocó ser sorprendido con los primeros saludos de beso, algo que hasta entonces solamente era visto con familiares. Creo que a partir de este momento las diferencias entre los saludos de acuerdo a las personas se hizo abismal, comencé a saludar con intención a todas las personas cercanas, pero hacia los demás las cosas resultaron variadas.

Como por ejemplo llegar al baño y encontrarte con alguien en el mingitorio, no creo que sea lo mejor estirar la mano para saludar. .En ambientes abiertos solamente saludo si las personas me ven, de lo contrario paso de largo.

Durante mi 5 minutos de fama en el taller de matemáticas, los demás me saludaban —era una celebridad— y en algunas ocasiones no conocía a la persona que me saludaba, como la vez que estaba cerca del metro CU se acercaron a saludarme y pregutar si había examen o no. Esto dificultaba tener diálogos íntimos en la facultad, porque si las paredes oyen cuando están llenas de alumnos más.

En el ambiente laboral corporativo mi actitud depende de lo ocupado que esté mi compañero de trabajo solamente saludo si no los veo ocupados, lo mismo ocurre con cuando hablan por teléfono, cuando hay juntas con personas externas además del saludo se intercambian tarjetas de presentación —tampoco mi estilo—

Al mudarme de país me di cuenta que los protocolos cambian un poco, las fórmulas siguen imperando en el entorno social. Ese actuar por fórmula siempre me ha costado trabajo, jamás podría ser recepcionista.

Donde nos veamos así nos saludamos

 

 

Duelos que duelen (segunda parte)

Si existe la otra vida, las almas de los muertos vivirán allí eternamente, y tal como estaban en el instante de morir, es decir, con todos sus recuerdos.

-Kenzaburo Oé

Mi tía Luisa —Luisita— tomó el papel de madre de mi madre, podríamos decir oficialmente, durante sus primeros seis años pero su amor la acompañó desde entonces, yo heredé su cariño y un regalo que es poco valorado por la gente pero que yo no tardé mucho en darme cuenta de su valor y poder: sus bendiciones.

Yo le contaba lo que iba a hacer, sin problema, sin censura, sin mentiras; lo mismo si iba a tirarme en avalancha por la calle de avena para evadir los carros en Ermita, si salía a jugar tacón, si me iba al cine, a beber a perderme, a pelear o a volarme la escuela, Siempre me encaminaba a las ánimas del purgatorio y jamás me recriminó ninguna acción, recibía la señal de la cruz en la frente y eso bastó para que las balas no me alcanzaran —literalmente—, para recibir susurros que me libraran de chocar o encontrar el camino de regreso de los pasajes más oscuros —física y metafísicamente— a la fecha me resulta sorprendente, debido a su pequeña figura, que hubiera conseguido cargarme, la casa se llenaba de paz cada que ella estaba. Mi corazón más de una vez necesitó su bendición.

Mi abuelo Pedro me hizo los mejores zapatos que tuve —unos zapatos de ante azul— que no sólamente eran muy cómodos sino chidísimos, que arruiné jugando fútbol en la unidad del hueso. Pasé mucho tiempo platicando con él en su taller, mientras él trabajaba armando los zapatos, golpeando la piel con su cuadrito de madera. Tuvo muchas formas de mostrarme que me amaba, yo intenté que él se sintiera correspondido, con algunos regalos e invitaciones a comer. Nos quedábamos a platicar afuera durante los rosarios, y sé que tengo varias cosas de él, al igual que mi papá, como descuidarse pero no descuidar a su familia. Sabía que podía confiar en él, siempre admiré su honestidad. Su último pendiente en la vida fue hacerme unos zapatos me los dió una navidad y murió a los pocos días. Parece que espero a no tener pendientes, para no quedarle mal a nadie. Cuando murió me aseguré que fuera cremado, tenía un pánico a ser enterrado vivo —supongo que originado por los episodios de Hitchcock y Joaquín Pardavé—. Quisiera tener la oportunidad de entrar a platicar en su taller.

A pesar de que mi padre cometió muchos errores siempre tuvo la valentía de aceptarlos y pedir disculpas. Nuestras pláticas durante la serie mundial era su forma de pedir disculpas por su intervención en mis participaciones deportivas. Sus opiniones siempre eran sensatas, aunque teníamos diferentes ideas siempre las debatíamos abiertamente. Consulté poco su experiencia laboral, la necesité varias veces —la sigo necesitando— me hacne falta sus rebates, sus frases con ideas tajantes. Me hubiera gustado verlo más feliz. Creo que pensaba que yo era débil, no quiso que lo viera morir.

Parece que no los he llorado lo suficiente.

 

 

 

Duelos que duelen (primera parte)

Los duelos sólo son a muerte cuando lo que hay en juego es una de estas dos cosas: poder o dinero.

Ellen Kushner

Hace algún tiempo, mientras platicaba con mi madre ella me señaló que no había vivido por completo mis duelos.

La primera idea  ques se me vino a la cabeza fue el desafiar a alguien con un golpe en la mejilla con un guante blanco, recordé la muerte de Galois, una mente brillante que termina por retar a un duelo de espadas al campeón de esgrima del ejército francés, o el presidente Jackson que mucho antes de ser presidente mató a un oponente que lo había acusado de bigamia, en otro tiempo y latitudes el pintor Manet, cuyo padrino de duelo era Zolá, le asestó una herida con su espada a Duranty por sus malas críticas, también el escritor Pushkin fue herido de bala. El mismísimo Salvador Allende cuando era senador se batió en un duelo en el que ambos fallaron su tiro.

El término duelo viene del latín duellum (guerra) contrario a lo que se piensa que es de duo. Incluso hubo alguna ley que regulaba estos enfrentamientos, la primera fue el code duello del renacimiento y en la época porfirista había un código mexicano del duelo.

Quizá los enfrentamientos que he tenido no han calificado estrictamente como duelos, acaso los que han tenido de por medio un juego o una botella, pero no las peleas insignes entre amigos que terminan estrechando la amistad. Tampoco las madrizas que le propiné a Jorge, esas sí fueron con odio. Tampoco la visita relámpago a mi enemigo en León, Guanajuato. Y eso no quiere decir que no haya sufrido ofensas contra mi honor como el  mortal que se atrevió llamarme pendejo frente a demasiadas personas y cortejar a mi alguna vez novia, lo único que  lo ha salvado es la distancia y su domicilio anónimo (pero la deuda será saldada cuando lo encuentre). Quizá el único enemigo digno para un duelo se encuentra en mi mente.

Pero creo que mi mamá no se refería a este tipo de duelos.

 

acumulación

Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas

Henry Miller

Estoy a una semana de mudarme de país, regreso a vivir en México, por circunstancias el viernes de la semana pasada me enteré que no iba tener mudanza, es decir, lo único que me iba a llevar es lo que cupiera en mis maletas.

La cantidad de cosas que uno puede acumular a lo largo de apenas cuatro años puede llegar a ser exagerada, pero las cosas indispensables no son tantas. Esta semana tuve la tarea de decidir lo que me llevo y lo que no, además de acomodarlo en las maletas, gracias a la visita de mi madre serán 5 maletas y mucho mejor acomodadas.

Además de cancelar servicios, tarjetas, cerrar los pendientes —no es que sea muy fácil darse una vuelta para hacer las cosas— ya me tocará declarar impuestos remotamente (nada de gracia) y espero que no se me pase nada. Por lo pronto también tendré que desmembrar mi computadora y trasladar apenas su cerebro y corazón para ser transplantadas en otro cuerpo al llegar al destino.

Aún me falta establecerme, aún no sé si tengo electricidad, los demás servicios menos, claro que conociéndome no tardaré en tener lo básico: una computadora, un refrigerador y una cama —en ese orden— finalmente es otro comienzo.

Por ahí dicen que sólo se es poseedor de aquello de lo cual uno puede desprenderse; de lo contrario no se es poseedor, sino poseído.

Tesoros perdidos

Nunca se desprende uno de lo que le pertenece, aunque lo tire o lo regale.

Goethe

Las cosas no son eternas, aunque la ley de la conservación de la materia pueda interpretarse de muchas maneras, pero hay objetos que llevan imbuidas cualidades que nos hacen darle un valor mayor,

Durante mi primera mudanza se perdió mi juguete favorito —era de un extraño color amarillo— después de la segunda necesité algún tipo de transporte para ir a la escuela o visitar la familia.

Otra ocasión terminaron en la basura numerosas pertennecias de papel, como revistas “Tiempo Libre”, o las carteleras de la UNAM,  todos los exámenes/tareas que califiqué y que nadie recogió, el periódico informativo del club de ajedrez de la delegación Benito Juárez, mis cuadernos de “apuntes” que en realidad contenían garabatos —sería demasiado pretencioso llamarlos dibujos—, ideas, frases y laberintos, también los exámenes que había hecho, las copias de libros y artículos,solamente me quedé con 4 libros en copias —la era antes del PDF—

  • La mano en la trampa, Beatriz Guido
  • Les fleurs du mal, Charles Baudelaire
  • Ergodic Theory and Information, Patrick Billingsley
  • Foundations of Probabiliy, Alfred Rényi

También quedó en el camino mi colección de latas de pepsi, 2 de mis tres computadoras, los pósters que me regalaron mis alumnos de Cinemex, de películas como Women on Top o Taxi 2, y un sinnúmero de chácharas´.

Una de ellas ocurrió en solamente un día, gracias a la ayuda de mis amigos y de mi decisión de tirar indiscriminadamante casi todo lo existente, en una especie de renovación y limpieza. La parte difícil fueron las cajas de libros, desde entonces aprendí la lección que las cajas grandes llenas de libros, pesan muchísimo.

Mi cambio de país necesitó un detallado inventario para sortear un par de aduanas burocráticas pero con una empresa de por medio casi todo con ayuda de maestro del tetris mientras yo ya me encontraba en Brasil

Ahora hay mudanza en puerta.

Se fue la luz

¿De qué privilegios goza esta pinche escuela pa’ que no haiga luz?

Cuquín

Durante mi infancia la dependencia de la energía eléctrica era muy limitada, apenas cuando llegaba la noche, si había reunión no se podía jugar dominó, no me dejaban leer porque se lastimaban los ojos pero la merienda siempre estaba lista porque las estufa no necesitaba luz. Cuando se iba recién comenzada la noche la plática era cerca de la ventana, algunas veces intentaba atinar la hora en que regresaría, generalmente había al menos una vela, de lo contrario había que correr a la tienda a comprar o en su caso veladoras, casi siempre encendidas con los cerillos que traían horóscopo incluído. En raras ocasiones, cuando había que buscar algo se sacaba una lámpara, que siempre me gustó. También había alguna Ray-O-Vac más moderna, o la del gato.

aguilanegra

Cuando me cambié a la CTM las cosas cambiaron un poco, porque la distribución del agua era a través de las bombas, entonces cuando se iba la luz se iba el agua, eso si afectaba, hasta la cocina porque entonces no usábamos electropura, eso fue hasta depués del temblor, además ya tenía algunos juguetes que necesitaban energía y para no gastar pilas, luego de algunos experimentos -uno de los cuales me dio una descarga que me tiró- usaba un eliminador de batería que había adaptado para que los juegos como este, que recibí de reyes, funcionaran:

Mattel

Aunque no tuvimos teléfono por al menos ocho años, cuando tuvimos aún no necesitaba energía eléctrica para funcionar, incluso aún era de pulso, nos tocó el cambio digital, lo que sí afectaba era el trolebús del eje tres, cuando ibas a la tienda no podían rebanar jamón, la cascarita de la calle terminaba con la luz del día, acaso algún partido que transmitían en la tele se tenía que buscar un familiar para verlo, pero ninguna preocupación por pasar más tiempo a oscuras, nada más el clásico chiste, me da un licuado de fresa, pero no hay luz, no le hace me lo tomo a oscuras. Nada que un molcajete no pudiera resolver.

Poco después fue el arribo de los videojuegos y las computadoras, el atari y la commodore 64 pero además de los deportes, había muchas opciones de entretenimiento que no requerían energía eléctrica, desde el cubo de rubik, el burro 16 y tamalado, bolillo, cuchillo, o crucificar a un amigo (el Chore) en un carrete de madera usado para cable.

Commodore-64-Computer 50-ToyHallofFame-atari-2600-game-system

Referente a la escuela cambié de escribir en una Olivetti a usar un processador de palabras, primero vizawrite en la c64, después WordStar, WordPerfect y terminar en Word, ahí cuando se iba la luz y aún no habías grabado era un accidente fatal, como el 7 de noviembre de 1987 cuando juré que no me iba a volver a pasar.

Después con el uso del módem para conectarse a internet,  el comienzo de las redes en los BBS o IRC el uso fue incremental y los lamentos cuando la energía fallaba llevaban cada vez más improperios.

Cuando comencé a usar la PC para el trabajo, la interrupción de la energía tomó un carácter importante, yo tenía una computadora principal, una de repuesto bastante cercana en desempeño y una extra pero nada servía sin energía y los UPS apenas duraban lo suficiente para guardar y prevenir algún daño, entonces cuando no había luz no solamente significaba que tendríamos que suspender el torneo de Age of Mythology —con mi compadre, el Chacal y Lalits que llevaba su lap— también podía significar que no se pudiera entregar algún trabajo.

En mi trabajo actual es vital la tecnología así que no solamente hay plantas de luz y UPS para que el servicio no sea interrumpido sino que existe un sitio alterno para trabajar en caso de alguna contingencia. La evolución de los teléfonos añadió una dimensión extra a la energía, es necesario tener un cargador a la mano, en mi caso uso una pila de repuesto —que el día de hoy olvidé— para dejar el cargador conectado y poder andar con un teléfono inalámbrico

wpid-img-20150506-wa0010.jpeg
El año pasado que estuve casi un mes en México quedándome por primera vez en casa y en algunas ocasiones me enfrenté a la fata de energía. Me tuve que quedar un rato en el coche, escuchando el radio mientras se cargaba el teléfono, y me acordé de esta canción y programa de radio:

 

El ascenso y el descenso

Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.

Albert Camus

Ahora que el final de semana pasado ascendieron los Loros de la Universidad de Colima recordé muchos episodios de mi vida, pero la imagen que llegó primero fue la de mi abuelo Luis, mis dos abuelas son de Salamanca, él fue registrado en Salamanca pero en realidad nació en una hacienda, quizá por eso no sentía tanto amor por el equipo local, eso unido a que tenía el oficio de zapatero es la razón por la que su equipo fue el Unión de Curtidores, que tiene sede en la ciudad de León Guanajuato, durante mucho tiempo pasó en segunda división sin pena ni gloria, pero a mediados de los años 70s en su mejor temporada en segunda, quedaron en tercer lugar, tuvo una oportunidad, la primera división crecía a veinte equipos, el otro invitado fueron los Pumas, ah pero los Pumas de San Luis, que tuvieron que cambiar su nombre a Atlético Potosino. Nunca antes vi a mi abuelo emocionado por el fútbol, comenzó echando tiros, llegó a la liguilla -como dato la liguilla la inventó el Atlante para evitar un descenso- el caso es que perdió con el Toluca pero alcanzó el tercer lugar. La siguiente temporada llega de nuevo a las semifinales para perder con el América. Estas derrotas no le importaban mucho a mi abuelo, se notaba en la felicidad de ver a su equipo en los titulares. Pero las siguientes temporadas fueron en picada, algunas comenzó a disputar el descenso en lugar del campeonato, primero mandando al Atlas as segunda, después al Jalisco, y en la temporada 80/81 a pesar de ganar su último partido al Atletas Campesinos termina en venganza del Atlas para mandarlo a la segunda. Mi abuelo se enojó pero no mostró tristeza. Para el fin de milenio, llega una nueva oportunidad y su equipo logra ascender de nuevo, para tomar el lugar del Toros Neza, apenas comenzaba a frotarse las manos cuando salió la noticia de que el equipo sería vendido al Puebla, entonces no solamente no se queda en primera, el equipo desaparece. Eso puede romperle el corazón a cualquiera.

Siempre me interesó más el descenso que el campeonato, parecía un drama más auténtico, prefiero mil veces al Morelia luchando por quedarse en primera, la dirección de la Tota Carbajal viajando en Camión por su fobia a los aviones y saliendo del vestidor a tirar penalties para ser eliminados por el América que a los Monarcas después del campeonato.

Quisiera hacer una pausa para mandar un cariñoso saludo a mis amigos que formaron al Unión de Curtidones que iba a ver jugar cerca de casa por el tiempo que iba a portales. iba por Emilio Carranza hasta Andrés Molina Enríquez, no importaba el resultado, lo importante era verlos. Dejo una foto de la época.

Banda

Creo que también en la vida hay situaciones, lugares, objetos y hasta personas que entran y salen de nuestra primera división, hay primera A, segunda y hasta tercera, en algunos casos han tenido siempre una permanencia como el Guadalajara o el América, siempre han estado ahí, otros entran fugazmente para dejar algún recuerdo de gloria, tragedia o comedia, como el Oaxtepec, Zamora, Marte. Unas veces estamos con la esperanza que regresen y otras que se vayan.

 

 

 

 

llevar al baile

Ritmo. Signos que siempre son clave. Imágenes fugaces. Titubeante como una música de sombras redimidas.

Halfdan Rasmussen

Nací lleno de muchas contradicciones, pero una de ellas ha sido el baile, la actitud de mis familias materna y paterna es completamente diferente, mientras que mi familia paterna, llevo parte de ambas.

Mi madre ganó un concurso de baile junto con su hermano Juan, en Acapuco durante su juventud, cada que llegaba a casa de mi abuela veía a mi tío Juan estaba trabajando mientras escuchaba y bailaba música de la Sonora Matancera, mis abuelos Chuchita y Luis eran afectos a bailar danzón, y durante mi niñez vi muchas fiestas transcurrir al ritmo de la internacional Sonora Santanera, con mucho baile y varios gritos de “voy polla” para motivar el baile. Mi tío Luis siempre me decía que esa era la clave para conquistar a las muchachas, quisiera aclarar que el significado de muchachas podría ser muy variado, en algún viaje a Acapulco nos prometió “vamos con unas muchachas” me parece que solían ser muchachas en su juventud.

Durante mi juventud en las fiestas de mi primo Carlos con las que comenzábamos las fiestas de diciembre, participé algunas veces en las líneas de baile con mis primos y amigos, solamente lo pude hacer muy al principio, luego ellos se convirtieron en unas lumbreras para el baile, la distancia creció mucha, no es mi mayor virtud, siempre he sentido que de alguna manera eso fue una decepción para mi madre, que algunas veces me pedía bailar con ella pero como nunca le faltó con quien bailar no fui necesario, tampoco bailé con mi hermana. Aunque fui chambelán de mi prima Ale, pero mi aprendizaje formal comenzó un poco antes, en los XV años de Sandra Sheila, donde Marcela (QEDP) me enseñó lo básico y siempre estuvo dispuesta a bailar conmigo.

Porque sí disfruto el baile, a pesar de no ser lo más rítmico que pudiera, porque además de las fiestas de XV años cuando tenía alrededor de esa edad, también estaban los bailes que se organizaban en la Carmen Serdán, donde Paquis ya tenía el estilo, después fueron todas las fiestas fresonas donde predominaba el pop, yo solía bailar solo, algunas veces subiéndome a las sillas y saltando, y durante la época del slam usaba mis botas con casquillo metálico y mi chamarra desgarrada. También durante mi tiempo en la facultad, como éramos solamente dos hombres en el grupo de amigos pues nos tocaba bailar más como cuando había grupos de merengue en el auditorio. A tiempos más recientes, bailes de año nuevo en la calle, lances en el día del maestro al ritmo de youtube, lecciones de forrô o samba carnavalesca.

Pero parece que las el amor no viene junto con una pareja de baile, por alguna razón no han querido bailar conmigo, confieso que eso me ha lastimado particularmente, como si un aspecto mío fuera rechazado. Como si mi ritmo no fuera suficiente —demasiado asincrónico— quizá esta falta de empatía sea un signo.

Será que no le hice caso a mi tío y nunca lo usé como medio de conquista, bueno algunas veces pero en ninguna relación significativa, apenas de cercanía vecinal, coincidencias de moda o de dimensión. Total nunca es tarde.

 

 

 

 

In