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uniformes uniformes

La tela buena, siempre que se lava, se estrena.

refrán

Como lo define la real academia el uniforme es un traje peculiar y distintivo que por establecimiento o concesión usan los militares y otros empleados o los individuos que pertenecen a un mismo cuerpo o colegio. Tiene la ventaja de ocultar las diferencias, pero la desventaja de no promover la originalidad. No es algo que me guste pero a lo largo de mi vida lo tuve que suar.

El primer encuentro con el uniforme lo tuve en la escuela, la preprimaria. Un pantalón azul marino, camisa blanca (¿a quién se le ocurre usar el color blanco en los niños?) y suéter azul marino, que en cuanto tenía la oportunidad me lo quitaba y lo anudaba a mi cintura o a la mochila o lo dejaba tirado. Y los días que había saludo a la bandera usábamos pantalón blanco y guantes. Los viernes nos tocaba deportes y podíamos llevar tenis.

Otro ámbito es el deportivo, mi papá jugaba fútbol con mis tíos, el nombre del equipo era el Santos, en honor al rey Pelé. Y como querían que sus vástagos tuvieran la mismas costumbres había un equipo juvenil llamada Cosmos y al final, el equipon infantil llamado Ultra. Nuestro uniforme era de color rosa mexicano:

Al entrar en la secundaria dejé atrás el uniforme escolar y únicamente en los deportes me veía obligado a usar o una playera roja o una azul. En paralelo fui a hacer pruebas a otro equipo donde jugaba el hijo de un amigo del trabajo de mi papá: el Necaxa. Nuestro primer uniforme era verde con un León dibujado al frente, entonces los árbitros solían decirnos los panzas verdes (el mote del equipo del León) en especial un árbitro de escada estatura al que todos llamábamos el ampayita. fue hasta la siguiente temporada donde conseguimos el uniforme de franjas rojas y blancas, entonces nos confundían con el Guadalajara. Con el equipo mis vecinos del retorno (el Zaragoza) el uniforme era como el de Holanda en el mundial del 74, naranja con negro.

En la universidad, en mis clases de alemán cantamos villancicos:

O lasset uns anbeten, o lasset uns anbeten,
o lasset uns anbeten den König, den Herrn

Además de aprendernos la letra tuvimos que ponernos de acuerdo en un vestuario más o menos uniforme para la presentación, la única solución fue una combinación de blanco y negro.

Casi podría decir que en el trabajo no necesité de uniforme, aunque existe un código de vestuarios y en ocasiones específicas la corbata y el saco son necesarios. Estando en Sao Paulo hubo un torneo de fútbol (deporte nacional) y me animé a participar, fue mi último uniforme futbolero que usé, como mi equipo logró el campeonato, aunque mi contribución fue mínima, marcó el momento del retiro.

 

el milenio de los milenials

No se puede olvidar el tiempo más que sirviéndose de él.

Charles Baudelaire

Durante el cambio del siglo me tocó experimentar un período que sabía que sería temporal, quizá sea eso lo que me permitió experimentarlo sin ninguna expectativa y únicamente abriendo los ojos.

La universidad se encontraba aún en huelga, yo seguía recibiendo un raquítico cheque que me permitía vivir despreocupado. Eso contrastaba con la sociedad informática que vivía aterrada del error del año dos mil (Y2K), como atestigua este blog las máquinas no se revelaron (bueno uno nunca sabe, quizá están preparando su ataque o nos tienen en la matrix) y el mundo no acabó.

Quizá el mundo no acabó pero algunas máquinas sí se rebelaron, al menos se negaban a facturar, un amigo y vecino llamado Andrés solicitó mi ayuda y pues me aventuré de nuevo en la economía informática.

Me tocaba asistir a la terminal intermodal Pantaco, llegaba al metro Popotla y caminaba hasta el Gigante Cuitláhuac (ahora Soriana), le encargada se llamaba Jennifer y siempre escuchaba el disco de pies descalzos de Shakira. En varias ocasiones no podía entrar porque había amenaza de bomba, y me tocó ver que se robaron un contenenedor de los que estaban apilados dejando un hueco en el centro. Por cuestiones de logística compré por primera vez un celular, un pegaso que venía en una caja naranja que era anunciado por Anna Kournikova

Aún vivían todos mis abuelos, ese año fue el último que fui al cine con mi abuelo paterno, vimos Gladiador y aún hubo intermedio en la película en unos multicinemas que estaban en avenida Ermita. Él me hizo unos zapatos verdes del mismo tono de mi chamarra, que usaba a pesar del calor.

Todavía tenía deambular por la ciudad, para recorrer la recién inaugurada lína B del metro, de recorrer la calle de Tacuba periódicamente, de ir a la plaza de la computación y comer en el huarache azteca mientras revisaba las propagandas.  Fue la época en la que pasé más tiempo en la calle de mi amada ciudad.

Fue una época libre, sin dirección definida, con muchas posibilidades. Quizá por eso no me di cuenta que estaba pasando la estafeta. Que los tiempos estaban dejando de ser míos.

 

 

 

 

Errores comunes

Ahí está el detalle.

Cantinflas

Muchas veces me pierdo en mis pensamientos, un objeto cotidiano puede desatar un torrente de imágenes, datos y sensaciones de origen impreciso. Algún momento de mi historia.

Justo hoy estoy lidiando con un problema tecnológico en el que no puedo meter las manos, entonces recuerdo las numerosas noches armando computadoras e instalando el software. En diversas ocasiones me enfrentaba a algún error, algo que me impedía continuar, quizá la madrugada me hacía pensar que era algo más difícil. Algunas veces me sentía confuso e inseguro, pensaba que no podría resolverlo, la mayoría de las veces la solución era muy simple, apenas un detalle olvidado, no era del grado de olvidar conectar el cable, pero algo muy cercano.

Lo único que necesitaba entonces era una señal de esperanza, una palabra amable, una palmada en la espalda, un voto de confianza. Y es lo único que sigo necesitando ahora.

Lo más difícil para mí es ver lo que tengo frente a mis ojos, es serenar la tormenta que cotidianamente se gesta en mi mente, pensando en una serie infinita de combinaciones posibles sin considerar lo más simple a la mano.

Cerrar los ojos y confiar en que lo puedo resolver, siempre he podido, pero algunas veces mi confianza desaparece.

 

 

 

 

impresión en 3d

¿no ha visto usted el zurrón que dejan la víboras cuando cambian de pellejo?, si tal parece la misma víbora, hasta ojito tiene, pero está hueco y no sirve pa’ nada.

Silvano Treviño

Con una impresora de 3d se pueden obtener objetos con contorno, son increíbles las aplicaciones biotecnológicas, educacionales, artísticas e incluso culinarias. Eso me recordó los debates surgidos en torno al arte cuando surgió la fotografía o las computadoras. Bueno incluso antes ya se hablaba de que si 6 monos escribían a máquina durante mucho tiempo eventualmente escribirían el Quijote —o para el caso todas las obras de Shakespeare— con el arribo de las computadoras sería posible generar todos los sonetos alejandrinos posibles —por tomar una forma— entonces ¿quién sería el autor? La computadora, el primero que lo lee, el primero que se identifica con él, ¿acaso tiene una existencia independiente del ser humano como el número pi?

En el caso más reciente, si se pusieran a imprimir todas las formas al azar —de una cardinalidad superior a los sonetos— y de repente sale un David o la Venus de Mole, digo de Milo, o una obra idéntica pero con una rebaba que la hace original, ¿sería otra obra de arte?

Pero lo que ronda mi mente es lo que se esconde detrás de las apariencias, ¿será posible que al ver una escultura parecida a un David, en realidad es una imitación de plástico. Esto me recuerda mucho a las personas que van por la vida poniendo fachadas, plásticos que no rompan el paisaje citadino, que sean armoniosos con el entorno —onda San Miguel de Allende pero a lo gacho— si al menos fuera un mundo que disfrutan, con el que están de acuerdo, del que están orgullosos, pero generalmente reniegan de él en otros ámbitos.

Si uno vive en un mundo con el que no combina ¿por qué buscar cambiar nuestras fachadas para encajar en él? No sería más satisfactorio migrar para encontrar un nicho adecuado, o incluso salir lanzando hachazos y destruir todo para que se repartan de nuevo las fichas.

Sí, soy un soñador.

 

páginas en blanco

Dejo atrás la estela del mar no termino de deambular me divierte andar despistarme jugar persiguiendo sombras.

Persiguiendo Sombras — Nacha Pop

La inspiración ha estado escasa los días pasados, quizá porque más que una página en blanco es todo un lienzo. Quizá se tenían que romper todas las cosas al mismo tiempo para poder construir algo completamente nuevo, o tal vez la parálisis se deba al miedo ante semejante vacío.

Depués de recurrir a revisar unas fotografías del pasado, escuchar canciones llegadoras, mirar un par de capítulos de una serie significativa  lo único que me queda claro es el pasado, de alguna manera el escenario sigue en vacío, pero eso es en realidad una buena señal. Se puede llenar de muchas maneras ahora lo difícil es descubrir lo que quiero hacer.

Durante un momento de mi vida quise estudiar física, abandoné la idea tras recibir clases de ingeniería en lugar de física, decidí ir en una dirección diferente —algo entre Filosofía y Letras Clásicas— mi camino se extravió en el estacionamiento de Av. del Imán antes de pedir mi ficha para el examen de admisión. Terminé un par de años en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Durante una visita al CEDART Diego Rivera me solicitaron esclarecer unas dudas de: —¡oh sorpresa!— Física al estar explicando un par de conceptos básicos me llegó un viento nostálgico, me di cuenta lo mucho que extrañaba las ciencias. Quizá no sería tan mala idea volverme ermitaño hasta que comience a extrañar algo, quizá eso sea mi camino a seguir.

Al buscar interlocutores los descubro inmersos en diversos problemas, dejando que sus miedos los detengan de perseguir sus sueños, aferrados a situaciones aún cuando se encuentran hartos de ellas. Supongo que mi situación no es muy diferente, lo que cambia es el tema subyacente y las acciones particulares.

Me dentengo a ver el lugar en el que me encuentro, reviso mi dominó —aún se ven los mensajes—, mis cartas que claman por salir de nuevo, la multitud de ceros y unos que constituyen mi patrimonio digital. Principalmente veo mi familia, mis amigos y mi tierra. Yo creo que es esperanzador, aún si no tengo idea de la dirección que las cosas van a tomar.

Quizá deba conseguir una moneda para echar volados.

 

visión periférica

El todo es más que la suma de sus partes

Aristóteles

Durante el tiempo previo a la confirmación de necesidad de anteojos mi vision del mundo era desenfocada, puntillista, caótica; algo parecido a lo que se ve a través de un vidrio en una tarde lluviosa, mi trabajo siempre fue armar esa especie de rompecabezas en la mente para saber lo que estaba frente a mí. Eso me dejó algunos vicios y virtudes que han influído en la vida cotidiana.

No asistí al kinder —jardín de niños— entonces aprendí a leer de corridor con los cuentos de los chicos malos contra rico mac pato, me fijaba en el número 176 que debía ser el número de preso de alguno de ellos, fue como empezar con la lectura rápida desde el comienzo, lo que facilitó la lectura —con excepción de las ediciones de Sepan Cuántos o alguna otra en 2 columnas— desde entonces ha sido fácil escudriñar un texto en busca de la información relevante.

Al esperar en la parada del camion era necesario escudriñar con más detalle el horizonte, los gestos de los automovilistas, su forma de manejar, el tiempo necesario para hacer parada y que se detuviera, y bueno en la espera hasta si venía lleno o no, eso era muy últil cuando los peseros eran coches regulares y tenías que compartir el asiento trasero con 3 personas más.

Cuando visitaba la calle de Donceles, donde había muchísimos libros sin orden alguno me servía mucho para detectar libros de mi interés con un golpe de vista, claro que sirve para cualquier tipo de compras, claro que es mucho más fácil buscar detergente en los pasillos que libros en el piso. Me fue particularmente útil en el mercado de San Telmo, del que rescaté una joya.

Quizá mi fortuna respecto a los incidentes “me libré por un pelito” sean gracias a esta habilidad, la vista puesta en todos lados me permite reaccionar expeditamente —en todos los estados— a las sorpresas. Quzá como la pantalla se circunscriba a un plano no recciono de la misma manera en los videojuegos. —ja—

Es útil a la hora de depurar código, hacer búsquedas, encontrar errores. Se ve afectada con los errores ortográficos y las “ingeniosas” formas nuevas de escribir en las redes sociales.

En la esquina de Vértiz con Concepción Beistegui hay un OXXO. La primera vez que pasé por ahí luego de mi regreso me di cuenta inmediatamente, hay cosas que salta en mi campo periférico, como la falta de chocoroles en un seven eleven sobre tlalpan.

Cuando pones un punto negro sobre una servilleta blanca y miras el punto, llegas a olvidarte no solamente desde la servilleta sino del mundo, quizá esa constante búsqueda del exterior para que fijemos la atención nos esté privando de un universo más rico.

La habilidad apenas me alcanzó para sacar 61 en este test.

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Houston, tenemos un chingo de problemas

Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe.

Duke Ellington

Durante mi educación primaria me además del libro de matemáticas proporcionado por la SEP usábamos el libro de matemáticas alfa que tenía más problemas, la idea pedagógica era intentar resolver más problemas para practicar, desde entonces me gusta resolver problemas, por eso ayudé a mis compañeros con la guía para la secundaria. En la secundaria no fue diferente, solamente que ahí se añadía la computación. En la prepa fue más enfocado a física y química que matemáticas. Cuando estaba en Ciencias Políticas también ayudaba a resolver los problemas de otros física, matemáticas y lógica, y muchos de computación. Cuando cambié de carrera y entré a la Facultad Ciencias durante muchos semestres fue solamente los compañeros cercanos pero cuando comencé con el servicio social la audiencia se disparó y recibí problemas de muchas otras facultades, incluyendo personas que hacían la maestría en el IIMAS o que estudiaban en Acatlán. Exalumnos que que ya estaban trabajando o incluso conocidos que llevaban su computadora —desktop nada de laps— para reparar algo.

Pero los problemas más interantes eran los que describían una situación cotidiana o verosímil. Algún dilema al que me pudiera enfrentar, un obstáculo para llegar a una meta algo así. Pero lo que me pareció más interesante es la forma en que los demás abordan el problema, incluso cómo lo preguntan.

El primer obstáculo evidente era que muchos no leían adecuadamente, leían pero no comprendían lo que estaban leyendo. No entendían lo que se estaba preguntando lo siquiera lo que estaba pasando.

El Segundo era no sabían preguntar adecuadamente, esto junto con la falta de información extra hacía mucho más difícil encontrar alguna solución. Pero encontrarla siempre es un divertimento. He oído tantas cosas como las siguientes:

Mi computadora no me hace caso —por eso siempre recomiendo hablarles bonito.

Los números no me cuadran —cualquier acotación a la cantidad específica o referencia a contra qué lo están comparando.

¿Cómo le hago para que mi programa corra como el tuyo? — La solución más fácil es cambiar de asientos.

Me puedes poner un password que no se me olvide —yo pensaría que esta petición hace evidente que la mnemotecnia no es su fuerte.

El trabajo tiene que estar listo para mañana ¿cómo le podemos hacer? — Generalmente es una pregunta retórica.

Yo no hice nada pero ya no funciona ¿lo puedes arreglar? — generalmente encuentro una definición diferente de nada.

Difícilmente escucho un no sé, la regué, no estudié, no lo hice. Lo que he aprendido es que entre más responsabilidad se asuma la solución de los problemas es más rápida.

Es entretenido hacer problemas pero la energía gastada se puede enfocar a otras cosas, en especial cuando no tienen ningún impacto positivo.

CuadernoAlfa

 

 

ve al doctor

La enfermedad es el tirano más terrible.

Albert Camus

Estoy enfermo, ya son dos semanas, la primera fui de inmediato al medico. Primero hay que tomar un turno, hay un monitor donde llaman para triage, de acuerdo a la gravedad será la prioridad, después hay que registrarse y al final aparece en el monitor el número de consultorio.

Me aplicaron medicina vía intravenosa y estuve un rato en el hospital para esperar a que hicera efecto y recibir la receta: antibióticos azitromicina, lo que me trajo recuerdos de la infancia cuando enfermaba cada dos o tres semanas de las anginas. Seguí el tratamiento al pie de la letra, incluso tome unos días de descanso.

No sé si fue la asistencia al cine el domingo —La era de Ultrón en IMAX— o el regreso al trabajo donde el aire acondicionado no ayuda pero el caso es que me sentí mucho peor, el lune todavía alcancé a dar un entrenamiento con todo y lo molesto que resultaba hablar. Me sentí mucho peor, dolor de cabeza, garganta y malestar general, syndrome de Luis XVI —el cuerpo cortado y la cabeza vacilante— pero fui de nuevo al mismo hospital para aprovechar que ya tenían mi historia, pero duante el triage me paree que la enfermera no quizo atenderme, al principio le dió prefencia a una persona que iba en silla de ruedas lo que me pareció natural —por estos lares el atendimiento a las personas de edad o con algún impedimento motriz es ágil y respetado— pero después hizo lo mismo con otro par e incluso mandando a otra persona a triage. y después se fue y cuando iba a regresar al verme se metió a platicar con alguien a alguna sala. No estaba muy de humor per fui a la recepción a quejarme, escribir una queja y ponerla, lo mismo por internet y hare lo mismo por correo. Fui a otro hospital, cuya especialidad es la otorrinoraringología, y luego de un plazo de espera rezonable me revisaron y pues antibióticos más fuertes. Creo que si un agente infeccionso me logra tumbar seguro necesita armas poderosas para vencerlo. La única desventaja del hospital es su localización, es cerca pero necesitaba taxi para llegar pero es difícil conseguir uno de regreso, como tenía que pasar a la farmacia decidí caminar de regreso.

Quizá hubiera sido más fácil hacer la caminata más sano, con el detalle que al llegar a la farmacia no quisieron surtirme la receta porque mi nombre no estaba en la receta, tuve que recorrer diferentes drograrias —nombre más adecuado por estas latitudes— pero al final encontré la forma de no regresar a pedir el cambio de la receta.

Me sigo sintiendo mal, yo tengo que encargarme de mi bienestar porque al final la enfermedad del otro nunca es prioridad para nadie, así sea del sector salud.

 

 

 

 

el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

teoría y práctica

Se sugiere que cuando la energía vital de un hombre se encuentra obstruida en su interior, la suavidad sirve para despertarla y traerla a luz.

I Ching Hexagrama 59 Huan (la disolución)

Cuando íbamos a jugar carambola a la academia de billar Gabriel Fernández —ruega por nosotros— me sorprendía mucho la habilidad de ejecución de nuestro fallecido amigo “El Chore”, cuando le decías lo que tenía que hacer era el que mejor lo ejecutaba, sin embargo era incapaz de encontrar la jugada adecuada según la ocasión, era totalmente dependiente de la ayuda de los demás. Yo era el mejor en la teoría y en la práctica me iba bien pero no tanto como lo hubiera esperado. También por esa disparidad entre la teoría y la práctica desistí de estudiar física.

Parece que siempre he sabido que tengo problemas y también la solución posible, a diferencia del Chore no he podido ponerlos en practica, muchas veces me recrimine por eso, ante la simple instrucción de “tienes que amarte a ti mismo” me descubrí perplejo, incapaz de llevarlo a la práctica, aún sabiendo que era algo en extremo necesario, vital incluso. Pero ese tiempo ha quedado atrás, estoy en un proceso de cambio, de profunda transformación en el que estoy aprendiendo a domar mi mayor fuerza: mi mente. Estoy dispuesto a cambiar, al hacer esta afirmación mi cuerpo tiembla un poco y la garganta se cierra, como si todo mi cuerpo se resistiera al cambio. El cambio no es fácil.

Mi mente suele  imaginar un sin fin de posibilidades  y generar una fuerza poderosa. Cuando estas características son bien utilizadas suelen producir portentos en diferentes ámbitos incluídos el académico, laboral, recreativo. Pero la moneda puede caer del otro lado y causar un cantidad innumerable de pensamientos que me lastiman, pierden y sofocan. Hasta ahora había dejado que se apoderaran de mí demasiadas veces, es como intentar domar una bestia poderosa con infinidad de cabezas, es de esas veces que no se puede matar al enemigo sino se tiene que convencer, con amor.

Mi poder es el de la transformación, entonces puedo convertir algo cotidiano en mágico, encontrar el lado luminoso en la desgracia, usar la fuerza de un golpe como impulso, pero también puedo desviar los halagos o peor aún reinterpretar comentarios inocuos como ideas lacerantes.

Por ejemplo si alguien hacia un comentario ofensivo a una persona obesa, yo sentía que los comentarios eran dirigidos a mí, recientemente hablaba con una amiga que describió a otro hombre como “perfecto” y repentinamente me sentí inadecuado, estas pensamientos llegaron a ser mucho peores en las relaciones de pareja.

Creo que siempre me he situado al final de la fila, esperando ser merecedor de algo que nunca llega —sin pedir ni expresar los deseos eso nunca iba a llegar— me sentía abandonado y muchas veces yo provocaba esta situación, como si al entrar en esa situación conocida tuviera algo de control. Muchas veces durante este aislamiento recurría a la comida o bebida para calmar esa ansia de amor, terminaba sintiéndome culpable al final. No me daba cuenta que era yo quien me estaba abandonando, que lo que veía en los demás era solamente un reflejo de lo que pasaba en mi interior. Quizá no me horroriza la dureza de mis pensamientos porque me he dado cuenta sino el tiempo sin hacer nada al respecto, la incapacidad de pasar de la teoría a la práctica.

Lo que comienzo a hacer son cosas que hago por primera vez, me siento desconfiado y perdido, como caminando en un terreno pantanoso, sin apoyo, como aprendiendo a caminar de nuevo, con muchas sensaciones nuevas. Estoy tomando este camino porque ya no me queda otro remedio. Yo quiero estar bien.