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Errores comunes

Ahí está el detalle.

Cantinflas

Muchas veces me pierdo en mis pensamientos, un objeto cotidiano puede desatar un torrente de imágenes, datos y sensaciones de origen impreciso. Algún momento de mi historia.

Justo hoy estoy lidiando con un problema tecnológico en el que no puedo meter las manos, entonces recuerdo las numerosas noches armando computadoras e instalando el software. En diversas ocasiones me enfrentaba a algún error, algo que me impedía continuar, quizá la madrugada me hacía pensar que era algo más difícil. Algunas veces me sentía confuso e inseguro, pensaba que no podría resolverlo, la mayoría de las veces la solución era muy simple, apenas un detalle olvidado, no era del grado de olvidar conectar el cable, pero algo muy cercano.

Lo único que necesitaba entonces era una señal de esperanza, una palabra amable, una palmada en la espalda, un voto de confianza. Y es lo único que sigo necesitando ahora.

Lo más difícil para mí es ver lo que tengo frente a mis ojos, es serenar la tormenta que cotidianamente se gesta en mi mente, pensando en una serie infinita de combinaciones posibles sin considerar lo más simple a la mano.

Cerrar los ojos y confiar en que lo puedo resolver, siempre he podido, pero algunas veces mi confianza desaparece.

 

 

 

 

impresión en 3d

¿no ha visto usted el zurrón que dejan la víboras cuando cambian de pellejo?, si tal parece la misma víbora, hasta ojito tiene, pero está hueco y no sirve pa’ nada.

Silvano Treviño

Con una impresora de 3d se pueden obtener objetos con contorno, son increíbles las aplicaciones biotecnológicas, educacionales, artísticas e incluso culinarias. Eso me recordó los debates surgidos en torno al arte cuando surgió la fotografía o las computadoras. Bueno incluso antes ya se hablaba de que si 6 monos escribían a máquina durante mucho tiempo eventualmente escribirían el Quijote —o para el caso todas las obras de Shakespeare— con el arribo de las computadoras sería posible generar todos los sonetos alejandrinos posibles —por tomar una forma— entonces ¿quién sería el autor? La computadora, el primero que lo lee, el primero que se identifica con él, ¿acaso tiene una existencia independiente del ser humano como el número pi?

En el caso más reciente, si se pusieran a imprimir todas las formas al azar —de una cardinalidad superior a los sonetos— y de repente sale un David o la Venus de Mole, digo de Milo, o una obra idéntica pero con una rebaba que la hace original, ¿sería otra obra de arte?

Pero lo que ronda mi mente es lo que se esconde detrás de las apariencias, ¿será posible que al ver una escultura parecida a un David, en realidad es una imitación de plástico. Esto me recuerda mucho a las personas que van por la vida poniendo fachadas, plásticos que no rompan el paisaje citadino, que sean armoniosos con el entorno —onda San Miguel de Allende pero a lo gacho— si al menos fuera un mundo que disfrutan, con el que están de acuerdo, del que están orgullosos, pero generalmente reniegan de él en otros ámbitos.

Si uno vive en un mundo con el que no combina ¿por qué buscar cambiar nuestras fachadas para encajar en él? No sería más satisfactorio migrar para encontrar un nicho adecuado, o incluso salir lanzando hachazos y destruir todo para que se repartan de nuevo las fichas.

Sí, soy un soñador.

 

páginas en blanco

Dejo atrás la estela del mar no termino de deambular me divierte andar despistarme jugar persiguiendo sombras.

Persiguiendo Sombras — Nacha Pop

La inspiración ha estado escasa los días pasados, quizá porque más que una página en blanco es todo un lienzo. Quizá se tenían que romper todas las cosas al mismo tiempo para poder construir algo completamente nuevo, o tal vez la parálisis se deba al miedo ante semejante vacío.

Depués de recurrir a revisar unas fotografías del pasado, escuchar canciones llegadoras, mirar un par de capítulos de una serie significativa  lo único que me queda claro es el pasado, de alguna manera el escenario sigue en vacío, pero eso es en realidad una buena señal. Se puede llenar de muchas maneras ahora lo difícil es descubrir lo que quiero hacer.

Durante un momento de mi vida quise estudiar física, abandoné la idea tras recibir clases de ingeniería en lugar de física, decidí ir en una dirección diferente —algo entre Filosofía y Letras Clásicas— mi camino se extravió en el estacionamiento de Av. del Imán antes de pedir mi ficha para el examen de admisión. Terminé un par de años en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Durante una visita al CEDART Diego Rivera me solicitaron esclarecer unas dudas de: —¡oh sorpresa!— Física al estar explicando un par de conceptos básicos me llegó un viento nostálgico, me di cuenta lo mucho que extrañaba las ciencias. Quizá no sería tan mala idea volverme ermitaño hasta que comience a extrañar algo, quizá eso sea mi camino a seguir.

Al buscar interlocutores los descubro inmersos en diversos problemas, dejando que sus miedos los detengan de perseguir sus sueños, aferrados a situaciones aún cuando se encuentran hartos de ellas. Supongo que mi situación no es muy diferente, lo que cambia es el tema subyacente y las acciones particulares.

Me dentengo a ver el lugar en el que me encuentro, reviso mi dominó —aún se ven los mensajes—, mis cartas que claman por salir de nuevo, la multitud de ceros y unos que constituyen mi patrimonio digital. Principalmente veo mi familia, mis amigos y mi tierra. Yo creo que es esperanzador, aún si no tengo idea de la dirección que las cosas van a tomar.

Quizá deba conseguir una moneda para echar volados.

 

visión periférica

El todo es más que la suma de sus partes

Aristóteles

Durante el tiempo previo a la confirmación de necesidad de anteojos mi vision del mundo era desenfocada, puntillista, caótica; algo parecido a lo que se ve a través de un vidrio en una tarde lluviosa, mi trabajo siempre fue armar esa especie de rompecabezas en la mente para saber lo que estaba frente a mí. Eso me dejó algunos vicios y virtudes que han influído en la vida cotidiana.

No asistí al kinder —jardín de niños— entonces aprendí a leer de corridor con los cuentos de los chicos malos contra rico mac pato, me fijaba en el número 176 que debía ser el número de preso de alguno de ellos, fue como empezar con la lectura rápida desde el comienzo, lo que facilitó la lectura —con excepción de las ediciones de Sepan Cuántos o alguna otra en 2 columnas— desde entonces ha sido fácil escudriñar un texto en busca de la información relevante.

Al esperar en la parada del camion era necesario escudriñar con más detalle el horizonte, los gestos de los automovilistas, su forma de manejar, el tiempo necesario para hacer parada y que se detuviera, y bueno en la espera hasta si venía lleno o no, eso era muy últil cuando los peseros eran coches regulares y tenías que compartir el asiento trasero con 3 personas más.

Cuando visitaba la calle de Donceles, donde había muchísimos libros sin orden alguno me servía mucho para detectar libros de mi interés con un golpe de vista, claro que sirve para cualquier tipo de compras, claro que es mucho más fácil buscar detergente en los pasillos que libros en el piso. Me fue particularmente útil en el mercado de San Telmo, del que rescaté una joya.

Quizá mi fortuna respecto a los incidentes “me libré por un pelito” sean gracias a esta habilidad, la vista puesta en todos lados me permite reaccionar expeditamente —en todos los estados— a las sorpresas. Quzá como la pantalla se circunscriba a un plano no recciono de la misma manera en los videojuegos. —ja—

Es útil a la hora de depurar código, hacer búsquedas, encontrar errores. Se ve afectada con los errores ortográficos y las “ingeniosas” formas nuevas de escribir en las redes sociales.

En la esquina de Vértiz con Concepción Beistegui hay un OXXO. La primera vez que pasé por ahí luego de mi regreso me di cuenta inmediatamente, hay cosas que salta en mi campo periférico, como la falta de chocoroles en un seven eleven sobre tlalpan.

Cuando pones un punto negro sobre una servilleta blanca y miras el punto, llegas a olvidarte no solamente desde la servilleta sino del mundo, quizá esa constante búsqueda del exterior para que fijemos la atención nos esté privando de un universo más rico.

La habilidad apenas me alcanzó para sacar 61 en este test.

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Houston, tenemos un chingo de problemas

Los problemas son oportunidades para demostrar lo que se sabe.

Duke Ellington

Durante mi educación primaria me además del libro de matemáticas proporcionado por la SEP usábamos el libro de matemáticas alfa que tenía más problemas, la idea pedagógica era intentar resolver más problemas para practicar, desde entonces me gusta resolver problemas, por eso ayudé a mis compañeros con la guía para la secundaria. En la secundaria no fue diferente, solamente que ahí se añadía la computación. En la prepa fue más enfocado a física y química que matemáticas. Cuando estaba en Ciencias Políticas también ayudaba a resolver los problemas de otros física, matemáticas y lógica, y muchos de computación. Cuando cambié de carrera y entré a la Facultad Ciencias durante muchos semestres fue solamente los compañeros cercanos pero cuando comencé con el servicio social la audiencia se disparó y recibí problemas de muchas otras facultades, incluyendo personas que hacían la maestría en el IIMAS o que estudiaban en Acatlán. Exalumnos que que ya estaban trabajando o incluso conocidos que llevaban su computadora —desktop nada de laps— para reparar algo.

Pero los problemas más interantes eran los que describían una situación cotidiana o verosímil. Algún dilema al que me pudiera enfrentar, un obstáculo para llegar a una meta algo así. Pero lo que me pareció más interesante es la forma en que los demás abordan el problema, incluso cómo lo preguntan.

El primer obstáculo evidente era que muchos no leían adecuadamente, leían pero no comprendían lo que estaban leyendo. No entendían lo que se estaba preguntando lo siquiera lo que estaba pasando.

El Segundo era no sabían preguntar adecuadamente, esto junto con la falta de información extra hacía mucho más difícil encontrar alguna solución. Pero encontrarla siempre es un divertimento. He oído tantas cosas como las siguientes:

Mi computadora no me hace caso —por eso siempre recomiendo hablarles bonito.

Los números no me cuadran —cualquier acotación a la cantidad específica o referencia a contra qué lo están comparando.

¿Cómo le hago para que mi programa corra como el tuyo? — La solución más fácil es cambiar de asientos.

Me puedes poner un password que no se me olvide —yo pensaría que esta petición hace evidente que la mnemotecnia no es su fuerte.

El trabajo tiene que estar listo para mañana ¿cómo le podemos hacer? — Generalmente es una pregunta retórica.

Yo no hice nada pero ya no funciona ¿lo puedes arreglar? — generalmente encuentro una definición diferente de nada.

Difícilmente escucho un no sé, la regué, no estudié, no lo hice. Lo que he aprendido es que entre más responsabilidad se asuma la solución de los problemas es más rápida.

Es entretenido hacer problemas pero la energía gastada se puede enfocar a otras cosas, en especial cuando no tienen ningún impacto positivo.

CuadernoAlfa

 

 

ve al doctor

La enfermedad es el tirano más terrible.

Albert Camus

Estoy enfermo, ya son dos semanas, la primera fui de inmediato al medico. Primero hay que tomar un turno, hay un monitor donde llaman para triage, de acuerdo a la gravedad será la prioridad, después hay que registrarse y al final aparece en el monitor el número de consultorio.

Me aplicaron medicina vía intravenosa y estuve un rato en el hospital para esperar a que hicera efecto y recibir la receta: antibióticos azitromicina, lo que me trajo recuerdos de la infancia cuando enfermaba cada dos o tres semanas de las anginas. Seguí el tratamiento al pie de la letra, incluso tome unos días de descanso.

No sé si fue la asistencia al cine el domingo —La era de Ultrón en IMAX— o el regreso al trabajo donde el aire acondicionado no ayuda pero el caso es que me sentí mucho peor, el lune todavía alcancé a dar un entrenamiento con todo y lo molesto que resultaba hablar. Me sentí mucho peor, dolor de cabeza, garganta y malestar general, syndrome de Luis XVI —el cuerpo cortado y la cabeza vacilante— pero fui de nuevo al mismo hospital para aprovechar que ya tenían mi historia, pero duante el triage me paree que la enfermera no quizo atenderme, al principio le dió prefencia a una persona que iba en silla de ruedas lo que me pareció natural —por estos lares el atendimiento a las personas de edad o con algún impedimento motriz es ágil y respetado— pero después hizo lo mismo con otro par e incluso mandando a otra persona a triage. y después se fue y cuando iba a regresar al verme se metió a platicar con alguien a alguna sala. No estaba muy de humor per fui a la recepción a quejarme, escribir una queja y ponerla, lo mismo por internet y hare lo mismo por correo. Fui a otro hospital, cuya especialidad es la otorrinoraringología, y luego de un plazo de espera rezonable me revisaron y pues antibióticos más fuertes. Creo que si un agente infeccionso me logra tumbar seguro necesita armas poderosas para vencerlo. La única desventaja del hospital es su localización, es cerca pero necesitaba taxi para llegar pero es difícil conseguir uno de regreso, como tenía que pasar a la farmacia decidí caminar de regreso.

Quizá hubiera sido más fácil hacer la caminata más sano, con el detalle que al llegar a la farmacia no quisieron surtirme la receta porque mi nombre no estaba en la receta, tuve que recorrer diferentes drograrias —nombre más adecuado por estas latitudes— pero al final encontré la forma de no regresar a pedir el cambio de la receta.

Me sigo sintiendo mal, yo tengo que encargarme de mi bienestar porque al final la enfermedad del otro nunca es prioridad para nadie, así sea del sector salud.

 

 

 

 

el “¿qué dirán?”

Pronto se arrepiente el que juzga apresuradamente

Publio Siro

Siempre he tenido dificultad de entender a las personas, sus pensamientos y entender sus acciones. Algunas específicamente, porque me las arreglaba muy bien para saber cuando un chofer de microbús se iba a atravesar, cuando había ladrones chineros en la calle de Corregidora y en especial en el trabajo, los pasos que ejecutaron. Pero muchas cosas más sencillas escapan a mi entendimiento.

De niño mis padres me insistían que tenía que saludar a todo mundo cuando llegaba a algún lugar. jamás pudieron explicarme porque, pero tampoco nunca los obedecí del todo, mucho tiempo supe que el saludo de manos era un símbolo de no tener ánimos de pelea, la espada se quedaba guardada. Pero algo que nunca entendí fue el qué dirán.

Cuando me reclamaban que no había saludado a mi tía pensaba que pues si quiere que la salude que no me pellizque mis cachetes, o que dejaran de llamarme picorito. Recuerdo a mi primo Jaime preguntándome si no me importaba que supieran que no obedezco siempre a mi mamá, o hasta el deporte que me gustaba no compaginaba con la familia. Y no entendía la razón de saludar a alguien no conocía o tener que pensar en los comentarios de la familia que se supone que sea un nicho nutricio. Así que nunca quise preocuparme por lo que pensaba mi familia.

Pero por eso tengo presentes muchísimos comentarios de lo que escuché de lo que a otras personas les preocupaba, no solamente dentro mi familia sino de todas las personas cercanas.

Una queja constante es el vestuario y maquillaje de las mujeres, he escuchado muchas veces que se sienten/ven/están gordas claro que la traducción hacia el interlocutor, es decir yo merengues, de estos calificativos no les importa mucho, las veces que les he pedido explicación al respecto lo que responden es que se refieren a ellas. Pero la energía que se gasta para lucir bien ante unos demás que, al parecer, critican de igual manera. Tuve muchas discusiones con mi padre al respecto de que el look no importaba, bueno al menos a mí no, él alegaba que las demás personas como te ven te tratan. Es algo con lo que no concuerdo y que he actuado para no sea de esa manera. Pero he visto como se arreglan esmeradamente para lucir bien, se empeñan en las pestañas, usan base correctora —como si hubiera algo que corregir— labial, el peinado es fundamental —con tinte para las canas— además es el que mayor impacto tiene en la hora de cambiar de look. Los zapatos que dicen que demuestran la clase, y la variedad en la ropa les resulta un problema. Ahora acá en Brasil he visto muchos hombres dándose su manita de gato frente al espejo. Durante la preparatoria tenía camisas iguales —la ventaja de estar dentro del mundo de la costura— entonces muchas personas pensaban que usaba la misma ropa, que no me cambiaba y que jamás me bañaba, de ahí también dedujeron que me las tronaba todos los días, que era muy tonto y que mi cerebro resultaba muy lento.

Quizá lo que les preocupe del juicio de los demás sea el mismo que hacen.

Escuché quejarse de que su hermana tenía que usar zapatos blancos durante su residencia médica, y que los vecinos seguro iban a enterarse de que estudió medicina. O que no querían que los demás pensaran que eran unos arrimados, que no querían que su sobrino supiera que era un jodido (!! ) les preocupaba que supieran que tenían dinero pero también que no pensaran que no tenían, no fue raro. Algunas no querían que su ex pensara que ellas lo habían olvidado muy rápido. Me daba mucha risa ver a mi amigo decir que su coche estaba en el taller para no admitir que era peatón. No vaya a pensar que me cae mal esa persona que tanto odio. No quiero que piensen que me  gusta o que no me gusta. Van a pensar que soy muy apretada o muy fácil. No quiero que se imaginen que

Es como lo que se tardó un amigo en salir del clóset y del miedo que tenía a las reacciones de sus amigos, el otro que se casó sin previo aviso y no quiso decir sus razones, o los que olvidan el barrio donde nacieron y desprecian sus orígenes.

Siempre que una frase comienza con “no quiero que vayas a pensar”, espero algo que lo siguiente es algo que le preocupa a mi interlocutor pero a mí no. Bienvenidas todas las opiniones, actos. Yo aprendo mucho de los demás de esa manera, eso que los avergüenza también los define.

 

 

 

 

 

 

teoría y práctica

Se sugiere que cuando la energía vital de un hombre se encuentra obstruida en su interior, la suavidad sirve para despertarla y traerla a luz.

I Ching Hexagrama 59 Huan (la disolución)

Cuando íbamos a jugar carambola a la academia de billar Gabriel Fernández —ruega por nosotros— me sorprendía mucho la habilidad de ejecución de nuestro fallecido amigo “El Chore”, cuando le decías lo que tenía que hacer era el que mejor lo ejecutaba, sin embargo era incapaz de encontrar la jugada adecuada según la ocasión, era totalmente dependiente de la ayuda de los demás. Yo era el mejor en la teoría y en la práctica me iba bien pero no tanto como lo hubiera esperado. También por esa disparidad entre la teoría y la práctica desistí de estudiar física.

Parece que siempre he sabido que tengo problemas y también la solución posible, a diferencia del Chore no he podido ponerlos en practica, muchas veces me recrimine por eso, ante la simple instrucción de “tienes que amarte a ti mismo” me descubrí perplejo, incapaz de llevarlo a la práctica, aún sabiendo que era algo en extremo necesario, vital incluso. Pero ese tiempo ha quedado atrás, estoy en un proceso de cambio, de profunda transformación en el que estoy aprendiendo a domar mi mayor fuerza: mi mente. Estoy dispuesto a cambiar, al hacer esta afirmación mi cuerpo tiembla un poco y la garganta se cierra, como si todo mi cuerpo se resistiera al cambio. El cambio no es fácil.

Mi mente suele  imaginar un sin fin de posibilidades  y generar una fuerza poderosa. Cuando estas características son bien utilizadas suelen producir portentos en diferentes ámbitos incluídos el académico, laboral, recreativo. Pero la moneda puede caer del otro lado y causar un cantidad innumerable de pensamientos que me lastiman, pierden y sofocan. Hasta ahora había dejado que se apoderaran de mí demasiadas veces, es como intentar domar una bestia poderosa con infinidad de cabezas, es de esas veces que no se puede matar al enemigo sino se tiene que convencer, con amor.

Mi poder es el de la transformación, entonces puedo convertir algo cotidiano en mágico, encontrar el lado luminoso en la desgracia, usar la fuerza de un golpe como impulso, pero también puedo desviar los halagos o peor aún reinterpretar comentarios inocuos como ideas lacerantes.

Por ejemplo si alguien hacia un comentario ofensivo a una persona obesa, yo sentía que los comentarios eran dirigidos a mí, recientemente hablaba con una amiga que describió a otro hombre como “perfecto” y repentinamente me sentí inadecuado, estas pensamientos llegaron a ser mucho peores en las relaciones de pareja.

Creo que siempre me he situado al final de la fila, esperando ser merecedor de algo que nunca llega —sin pedir ni expresar los deseos eso nunca iba a llegar— me sentía abandonado y muchas veces yo provocaba esta situación, como si al entrar en esa situación conocida tuviera algo de control. Muchas veces durante este aislamiento recurría a la comida o bebida para calmar esa ansia de amor, terminaba sintiéndome culpable al final. No me daba cuenta que era yo quien me estaba abandonando, que lo que veía en los demás era solamente un reflejo de lo que pasaba en mi interior. Quizá no me horroriza la dureza de mis pensamientos porque me he dado cuenta sino el tiempo sin hacer nada al respecto, la incapacidad de pasar de la teoría a la práctica.

Lo que comienzo a hacer son cosas que hago por primera vez, me siento desconfiado y perdido, como caminando en un terreno pantanoso, sin apoyo, como aprendiendo a caminar de nuevo, con muchas sensaciones nuevas. Estoy tomando este camino porque ya no me queda otro remedio. Yo quiero estar bien.

 

 

el gis y la teoría de la información en el día del maestro

El mayor problema en la comunicación es la ilusión de que se ha logrado

George Bernard Shaw

La teoría de la información surgió principalmente debido a la segunda guerra mundial, donde las comunicaciones por medios tecnológicos, en términos básicos, existe un emisor, un canal de comunicación y un receptor; lo que se estudia es la forma más económica y eficiente para mandar el mensaje. Esto podría parecer trivial pero era de vital importancia en las trasnmisiones con códigos secretos en la guerra, en el caso de las comunicaciones con alguna estación espacial la mayoría del mensaje se pierde en el camino, así que hay que repetirlo, no es muy diferente que cuando se está hablando con alguien que apenas oye. Tampoco es difícil que algún ruido no nos permita escuchar o que alguna interrupción interrumpa el canal, por eso las famosas “cambio” y “cambio y fuera” para avisar que se terminó con la comunicación. O el cambio de señal analógica a digital donde lo que hablamos por el celular es convertido a 0’s y 1’s que serán transmitidos y luego convertidos de vuelta en un tiempo a veces imperceptible, también en Skype y en los hangouts de G+.

Pero lo más importante de todo es el mensaje, ¿cómo asegurarse que lo que uno quiso transmitir, no solamente llegó sino que fue interpretado correctamente esta es una pregunta que borda en los límites de Wittgentein y no tiene respuesta definitiva.

Quizá mi mayor experiencia se centra en la docencia donde pensaba que entendía el ruido que se filtraba entre el maestro y el alumno, que escribí aquí mismo. Quizá entonces tenía más claro la comunicación, o estaba más en contacto con diferentes personas, o que era un ámbito más académico, tal vez haya perdido mis capacidades pero siento que ahora mucho de la comunicación se me escapa.

Tengo una inflamación en los oídos que me dificulta conciliar el sueño, esto es producto de que una gripa se complicó y se extendió a los oídos, eso me pasa porque mi tolerancia a los síntomas es alta y no me cuido lo suficiente, ahora la primera vez que recibí el diagnóstico me recomendaron que no usara más gis. Y recordé un regalo de mi época, un portagises que de alguna forma me hacía sentirme orgulloso de dar clases, y recuerdo lo triste de la noticia, como si no fuera mi camino.

Pero mucho más que volver a dar clase quisiera poder comunicarme.

 

 

Chupas, coges y piensas, ¡arriba, arriba la Facultad de Ciencias!

Las ciencias tienen las raíces amargas, pero muy dulces los frutos.

Aristóteles

Luego de un año en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales tomé la decisión de dar un giro a mi vida académica y cambiarme a la Facultad de Ciencias, mi estancia ahí estuvo llena de muchos momentos felices no solamente dentro de la vida académica.

Lo primero que noté en la facultad fue el silencio sepulcral tras cualquier pregunta del maestro a diferencia de, por ejemplo, mi clase de sociología donde toooooodos tenían alguna opinión, algunas en no tenían nada que ver con el tema pero a todos les encantaba echar rollo, en Geometría nadie opinaba y mucho menos hacían preguntas. Para mí fue un alivio saber que algunas de preguntas podían tener solamente una respuesta.

Solamente revisé mi tira de materias y los horarios el primer día, —para esos entonces no anotaba mucho— cometí un error y tomé la clase de geometría en un grupo que no me correspondía, las materias actuariales eran las 2 primeras horas y las siguientes (geometría, cálculo y álgebra) las compartía con matemáticos y físicos en otros salones, no percibí que mi grupo de geometría hasta medio semestre, al hablar con el maestro que me correspondía él aceptó sin muchos aspavientos ponerme la calificación que me pusiera el otro maestro, esa flexibilidad y poca solemnidad fue algo que me hizo sentir aún más identificado. La flexibilidad para armar tus horarios fue algo que agradecí durante toda la carrera.

Ya de por sí nunca he pasado inadvertido, entonces usaba vestimentas rasgadas con orificios en lugares limítrofes, una cabellera abundante sostenida con donitas pastel y usualmente unos converse de color distinto —lila y turquesa— además era que más participaba en clase si no es que el único, llegaba tarde a los exámenes y salía antes que todos —con 10 de calificación— incluso en un par de grupos yo tuve 10 y todos los demás reprobaron. Sí había llegado a o de los pocos lugares a los que he sentido pertenecer.

La gestación de mi grupo de amigos fue en la clase de álgebra, el maestro —José Alfredo Amor Montaño q.e.d.p.— tenía que ausentarse por lo que nos dejó una tarea que incluía la demostración de la conjetura de Goldbach y el primer mes fue de clases con su ayudante que nos confesó haber reprobado 5 veces la materia yo me dediqué ese mes a jugar timbiriche con la novia de un compañero que llamaban el exótico. Al regreso del maestro tuvimos que formar equipos para las tareas, cada alumno debía hacer su tarea pero él elegiría a alguien del equipo al azar para revisar esa tarea. La que formó el equipo era Belén, que tenía un buen humor escandaloso, si bien no tenía problema alguno con la parte teórica mi letra era un desastre monumental, así que nos pasábamos haciendo pruebas con los transeúntes para ver cuál de las tareas era la escogida: siempre era la mía.

Siempre que llegaba encontraba a Martha y Norma estudiando con sus cuadernos —el detalle de sus apuntes rayaba en lo obsesivo— y algunas veces se los pedía para revisar alguna duda y entonces procuraba distraerlas diciéndoles que o sabían o no, que no tenía caso estudiar así justo antes, pero siempre estaban angustiadas antes de la prueba, les trataba de decir que eso no era importante que en la vida real eso no sería tan importante, no me hicieron mucho caso pero estoy seguro que después lo entendieron, nadie escarmienta en cabeza ajena.

Como la mayoría del grupo eran mujeres me tocó ver varias vicisitudes amorosas, como Chela se ilusionaba por algunos compañeros mayores aunque no tan relevantes, o Mónica que siempre pegaba con todo, hasta con los muertos —el apodo de alguno— siempre bromeábamos que la fuente del prometeo sacaba humo cuando Mónica pasaba por ahí, Verónica tenía 2 esclavos en la facultad —tal cual— y también era asediada por el retrato de Dorian —no era Gray—, a Martha le tocó ir a perseguir a su amor hasta Bath en UK infructuosamente, y luego de que Raúl salió del clóset también me tocó acompañar más de cerca sus desventuras. Yo tenía novia y tenía que portarme bien, basta poner de ejemplo una vez que la maestra campanita —Cálculo— llego tarde como era costumbre yo estaba sentado en el escritorio y llegó Carolina a sentarse junto a mí —nuestros brazos apenas se tocaban— cuando llegó mi novia y no me la acabé, tuve que seguirla hasta el metro CU intentando calmar su enojo.

Pero siempre por más que les insistía en hacer otras actividades además de las clases no me escucharon mucho, apenas los convencí de ir a ver a Nina Galindo y a Son de Merengue al auditorio de la facultad —donde Mónica y Raúl se animaron a bailar—, en una ocasión fui con Belén y Norma al CCU a ver Les nuits fauves (1992) que aunque Norma la escogió la dejó con los ojos abiertos. Solamente una vez nos lanzamos al palacio chino a ver Entrevista con el vampiro, un miércoles del 2 por uno, como éramos un número impar me tuve que conseguir una pareja a la entrada del cine.

Había un compañero —Robotín— que les daba recomendaciones de maestros, generalmente si hacía lo opuesto a lo que él dijera, en especial cuando decía no que nos metiéramos con determinado maestro porque sus clases eran muy avanzadas. Gracias a eso entré con Arturo Nieva, que después se convertiría en mi asesor de tesis y de maestría. Pero reconozco que me equivoqué rotundamente al recomendar tomar una clase los viernes en la noche y el sábado en la mañana alegando que el maestro no iba a aguantar, la verdad yo no aguanté y pido una disculpa pública por eso. Pero a raíz de eso se fueron separando nuestras clases.

Y los demás compañeros no les hacían mucha gracia, por ejemplo uno de ellos que se parecía a Emilio Aragón (el del juego de la oca) —parte es la razón del video— y que llevaba su laptop a las clases —algo inusual en aquellos entonces— recibía a manera de burla desde los lugares de atrás un “animal” cada que se equivocaba. Cuando había examen de cálculo no dejaban que la “J ” —así le llamaban se sentara junto a mí para no copiarme— era común que usara faldas cortas y pegadas —parecía que obtenía muchos favores con poco esfuerzo. Tampoco les hacía gracia el compañero Coca por sus intentos constantes de ser sociable, me parece que Griselda era mucho más sociable —estrenaba novio cada semana— también Raúl se quejó de tomar clase con Natalia, una compañera que había tomado un curso de modelaje y que era ayudante de IPC.

Recuerdo cuando cantamos villancicos en frente a rectoría o la posada que organizamos en casa de Belén—de la que existe un video— y también de las veces que me hicieron pasar la vergüenza de decir en mi casa que iba a estudiar para un examen —Teoría de redes— que fue en el semestre que tomé clase en la tarde para pasar todas las materias pendientes —aquellas que eran a las 7 de la mañana y que la asistencia contaba. También el viaje a Guanajuato para las clases de demografía y muestreo.

Mi servicio social en el taller de matemáticas creo que merece una entrada aparte.

Me gustó tanto la Facultad que después de terminar la carrera me la pasé viviendo ahí, estudiando la maestría, dando clases y trabajando como técnico académico. Cada que escucho esta canción recuerdo tantas cosas.