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De colores

De colores, de colores se visten los campos en la primavera.

Canción popular mexicana.

Mi capacidad para distinguir colores ha disminuido recientemente. Esta es una clara desventaja en la culinaria mexicana porque me asaltan muchas preguntas.

Comenzando con el desayuno: ¿Tamal verde o rojo? eso no es suficiente para saber cuál es más picoso, o más salado, o cuál tiene más carne, ni siquiera si alguno es más propenso a convertirse en guajolota. Si lo acompañara con café no tendría problema alguno pero si elijo el té entonces sí llega la decisión, si negro, verde, blanco o rojo; aquí incluso se trata de la misma planta en todos los casos. Mi corazón se divide entre el English Breakfast y el Prícipe de Gales (qué mamón).

Si se me ocurriera almorzar unos chilaquiles también tendría que elegir entre verdes o rojos, en enchiladas igual (las suizas no tienen que ver con los colores de la bandera). Incluso los podría acompañar de queso azul y tomar un jugo verde para que resbale.

La comida podría ser con arroz blanco, o rojo, o verde. Para acompañar el mole tendría que ser rojo, pero ahora sería mole negro, verde, amarillo; acompañado de tortillas que pudieran ser de maíz blanco o azul. De postre podría pedir zapote negro o blanco. O una gelatina roja, verde o amarilla. Los respados sí son de sabor sin importar si son más artificiales.

Para no dejar fuera mi estadía en el estado hay tacos de chorizo rojo o verde, con salsa verde o roja, y un mundet rojo (o blanco). Más tarde unas uvas rojas o verdes para botanear y de inmediato se desprende el vino tinto, blanco o rosado.

Mientras no digan tomates verdes todo está bien.

 

 

 

 

primero es lo primero

Desayunar como rey, comer como príncipe y cenar como mendigo

Refrán

Mi comida preferida es el desayuno. Aún si generalmente no se tiene suficiente tiempo para disfrutarlo.

Durante la infancia nos daban chocolate, un pan de dulce y generalmente una torta. Mis padres tomaban café con leche, mi papá una cucharada copeteada de café y 2 de azúcar; mi mamá pedía las cucharadas ralitas. Los fines de semana había algunas veces huevo, generalmente con jamón o con salchicha, (extraordinariamente con frijoles), algunas veces hot cakes. Ahí vi a mi padre haciendo malabares para hacer el desayuno completo con 1 huevo y una cucharada de frijoles. También fueron mis primeras incursiones en la cocina. Me aventuré a incluir el queso amarillo en el huevo, para hacerle el desayuno a mi hermana y decirle que eran unos huevos a la benedict (yo entonces ni idea tenía de lo que eran).

Algunas veces, especialmente durante el verano iba a desayunar con mi tía Luisita y ella me preparaba un chocolate de tablilla y después lo enfriaba amorosamente vacíandolo entre dos jarros para que lo pudiera tomar (nunca he podido tomar líquidos a altas temperaturas, a diferencia de mi padre que le gustaba que el recipiente estuviera a punto de derretirse), y lo acompañaba de un bolillo recién comprado en la panadería la Esperanza relleno de frijoles de la olla, era un desayuno de sabor celestial.

Durante mi infancia algunas veces mi mamá nos llevaba muy temprano a Chapultepec, y como consideraba que las tortas que solamente tenían la mitad con relleno que vendían ahí como un desayuno adecuado, esperábamos hasta regresar y pasábamos al Burguer Boy que estaba cerca de Taxqueña y Miramontes. A pesar de tener a mi disposición la unefante, la brontodoble y la dinotriple siempre pedía los hot cakes, jamás he pedido hamburguesas para el desayuno.

Cuando viajábamos a San Juan de los Lagos, donde teníamos dos opciones para desayunar, un restaurante donde el servicio era más lento que la burocracia, mi abuela Chuchita solía decir que pidiéramos de una vez para el día siguiente, en ese lugar me abstenía de pedir hot cakes porque demoraban una eternidad, simpre pedía huevos revueltos. La otra opción era ir al mercado donde todos pedían leche caliente (algunos para hacer café) pero yo me escabullía para beber leche bronca, generalmente acompañada de algún pan de dulce.

Durante la alcoholescencia aparecieron diferentes necesidades nutricionales, además de antioxidantes necesitábamos alimentos con elementos anticruda. El primer lugar fue el mercado de la 201 donde íbamos por barbacoa y pancita. Algunas veces íbamos a las gorditas que estaban justo afuera, aunque generalmente pedía un huarache con huevo. Ya en el retorno comprábamos quesadillas de sesos en las carnitas de la esquina (era lo más barato) y cuando había abundancia íbamos por unos tlacoyos de masa azul y unos esquimos.

En la oficina, antes de que la palabra godín fuera asignada y sobreutilizada, los viernes solían ser los días en los que pedíamos el desayuno, yo solía elegir el “cotorro” que eran tacos de huevo cubiertos de salsa de frijol, algo así como las enfrijoladas veracruzanas de algunos restaurantes. Otro platillo obligado eran los chilaquiles, regularmente después de un jueves social. Mucho tiempo mi desayuno fue un vaso de papaya picada (sin albur) y un jugo de zanahoria, ya incluso tenía mi marchante. En un viaje de trabajo probé en el desayuno un huevo con fresas salteadas, fue una grata sorpresa que no he repetido hasta entonces.

Cuando vivía cerca del metro Portales, algunas veces iba al mercado a desayunar barbacoa, sentado justo enfrente de una pintura de ovejas con un letrero que dice que el señor es nuestro pastor, o la comer una torta de pierna horneada acompañada de un jugo mitad zanahoria mitad naranja del puesto de frutas de enfrente.

Cuando comencé mi mudanza a Brasil viví casi seis meses en hoteles donde había desayuno buffete de desayuno, y cuando me establecí comencé a buscar lugares que tenían esta modalidad. O incluso una combinación de desayuno y lunch (brunch por la contracción de breakfas lunch), de los viajes a Londres me quedé con una afición por el té English Breakfast, la ventaja de que el té también combina con la tarde.

Ojalá hubiera más tiempo para desayunar.

 

 

 

 

 

 

cocinas tecnológicas

Una cocina de sueño. Habrá muchas, muchas. En mi corazón. O en la realidad. O en el destino de un viaje. O sola, o con muchos otros, o dos a solas, en todos los lugares de mi vida habrá seguramente muchas cocinas.

Banana Yoshimoto

Hace poco me señalaron que a mi cocina le falta un horno de microondas, eso fue el detonante para recordar la evolución de muchos artilugios y aparatos. Quizá desde los más básicos, mi tía Luisita hacía la mejor salsa preperada en molcajete con su tejolote, mi mamá siempre hizo la salsa en licuadora, y desde entonces las Oster han sido las elegidas por su durabilidad y desempeño. Es uno de los electrodomésticos que más veces he comprado en las diferentes mudanzas.

Las estufas solían ser de petróleo, todavía en los 80s así tenía su estufa mi tía Lolita allá en Salamanca, su cocina era tan pequeña que comía a través de la ventana sentado afuera, los accidentes eran comunes y cuando se derramaba el petróleo la estufa se incendiaba, pero en casa de Chuchita (en la colonia escuadrón 201) ya habían cambiado a la estufa de gas y se regresaron a la de petróleo luego de una explosión de un tanque de gas en una colonia vecina (La Sector Popular). No en balde el negocio más próspero fue el de Don Panchito, una petrolería que además vendía artículos de papelería y tlapalería, que estaba en la calle de Fausto Vega (antes sur 113) y que visitaba con frecuencia para comprar plumas, pilas y cartulinas.

Una de las primeras evoluciones que noté fue la batidora, que comenzó siendo un tenedor, después había un artilugio específico de metal como con tiras formando un óval al final, incluso uno que tenía un par y usaba una manivela para moverlas, en la casa compraron un philips de color crema que tenía que sostenerse con la mano, algunas veces lo movía descuidadamente y lo presionaba contra el recipiente y las aspas se detenían. Siempre me costó trabajo lavar las aspas removibles, mi mamá la usaba mucho porque le gusta hacer pasteles, yo creo que la usé un par de veces para hacer hotcakes. No he usado una en más de un cuarto de siglo.

Los primeros abrelatas que conocí eran una pieza plana de metal que tenía un destapador de un lado y una cuña trianguilar para hacer un orificio triangular en las latas, este lo usábamos para abrir las latas de leche clavel, que entonces era la única leche que se podía conservar fuera del refrigerador (antes del tetra pak). Cuando era un infante de menos de un año la leche clavel que vendían en las tiendas CONASUPO estaba racionada, solamente le venían una cierta cantidad por persona, así que mi mamá le pedía ayuda a su familia para que fueran a comprar más. Pero el abrelatas clásico era el que tenía una especie de tijera donde un estremo era una pieza casi rectangular que estaba doblada y tenía en un extremo un destapador y otra pieza era un cilindro delgado, ambas se unían y había una manivela para abrir las latas, era una tarea que casi siempre me tocaba a mí en casa, ya tenía much práctica para abrirlas rápidamente aún cuando el abrelatas estuviera oxidado. Solía ir a tomar café a casa de Claudia, siempre tenía café de Coatepec, y una vez también me invitó a comer, claro que para ella eso significaba abrir unas latas, yo me ofrecí a abrir las latas pero ella tenía un abrelatas eléctrico, creo que una parte de mí se sientió cuando los obreros eran reemplazados por máquinas. No me esperaba que tiempo después al estar viviendo en Sao Paulo regresaría a la tecnología más básica para abrir las latas.

Fue mucho tiempo sin siquiera tener un horno de microondas, aún con el auge de las palomitas de maíz. después al mudarme comencé a usarlo más, básicamente palomitas, calentar agua para té y recalentar comida o tortillas, también para hacer sincronizadas o cualquier platillo que necesitara queso derretido, cuando me mudé a Brasil el horno estaba incluído pero ahora que regresé a Mëxico ya tengo casi un año y no he comprado ninguno aún.

También recuero cuando en casa compraron una freídora, así las croquetas de atún fueron más frecuentes, o la pica lica que fue una moda de un tiempo, el extractor de jugos Turmix que era de uso rudo, a pesar de que se tenía que limpiar constantemente era de uso rudo, fue una de las pocas cosas que decidí llevarme a Brasil. Para ilustrar basta contar que durante mucho tiempo desayuné papaya picada y jugo de zanahoria, mi marchante ya los tenía preparados y tenía un extractor enorme que terminó descompuesto y que reemplazó por el mencionado, y hasta la fecha lo usa. Pero hay muchas cosas que fueron o que aún me son desconocidas que van siendo como descubrimientos, como los sartenes de teflón, o los trastes para dejar descansadas las cucharas que se usan para cocinar.

Me parece que la cocina siempre estará presente de alguna forma en nuestras vidas.

 

 

cuestan un ojo de la cara, y la yema del otro

Huevos, el mundo es tan atroz. / Huevos, en la cocina hacen falta huevos. Yo sé que a pesar de todo la lucha es desigual.

En la cocina huevos – Miguel Mateos

Desde la temprana infancia tengo la idea que es el huevo es el alimento del desayuno por antonomasia. Mi madre solía servirlo en el desayuno, la mayoría de las veces sin menor acompañamiento que el pan y el chocolate. La aparición ocasional de jamón o salchicha era una sorpresa y festín. Recuerdo mucho la vez que mi padre hizo el desayuno pero en la cocina solamente había un huevo se las arregló para hacerlo rendir, me parece agregándole algo de leche y batiéndolo durante mucho tiempo. Tres de mis dientes de leche se cayeron mientras desayunaba huevo mientras estábamos de vacaciones: 1 vez en Acapulco y las demás en Salamanca. También por eso de niño solía comer mucho el huevo tibio, que no representaba ninguna amenaza para los dientes.

Yo me postulé como voluntario para hacer el desayuno desde los siete años de edad, como quería hacer algo especial para mi hermana se me ocurrió agregar queso amarillo —entonces no era muy común, y cuando se pedía rebanado en las tiendas los pedacitos de queso terminaban pegados— y le dije que eran unos huevos a la benedict, eso porque lo había leído en una de las tiras cómicas de Charly Brown.

Durante mi primera docena de años era común que cada final de enero viajara a San Juan de los Lagos, mi familia hacía la peregrinación desde Salamanca —yo la hice en un par de ocasiones— nos hospedábamos en el hotel Rivera a un costado de la catedral pero solíamos desayudar en un restaurante de otro hotel frente a la plaza que tenía un servicio en extremo demorado, mi abuela bromeaba con que mejor pedíamos el desayuno del día siguiente para que llegara a tiempo, por eso invariablemente solicitábamos huevos, porque los hotcakes se tardaban al menos una hora más.

Mis amigos se burlaban de que yo pedía torta de huevo con queso blanco —un gusto heredado de mi padre y mi tío mundo— creo más por el queso que por el huevo, cuando comíamos tacos de guisado fuera frente al edificio Rafael en la Narvarte, en Félix Cuevas cerca de Insurgentes y al lado del Banamex o en el paseo de las facultades en CU nunca pedíamos arroz con huevo cocido, pero cuando mi madre los preparaba para alguna fiesta familiar ese era el platillo que invariablemente se acababa.

En el año 1991 sobre la avenida Ermita Iztapalapa a la altura de lo que ahora es un Sipirily se encontraba un deshuesadero donde compré todo un calabazo —es el nombre chusco de una gran invención de la ingenieria automotriz— como lo que necesitaba en realidad era el piñón y un buje. Mientras desmontaban la pieza decidí desayunar en un local que se encontraba al lado, apenas un jacal apuntalado con basura y techado con tejas de asbesto. Pero a partir de ese día comencé a pedir huevos a la mexicana en el desayuno.

Los años subsecuentes iba alternado el pedir huevos motuleños, divorciados, algún omelette, o las enfrijoladas rellenas de huevos a la mexicana, sin que ninguno de ellos tuviera una ventaja preferente sobre el otro, hasta que en mi primer viaje de trabajo a Puerto Vallarta—para instalar un sistema de servicio a clientes en una cadena de hoteles— me trajo un descubrimiento, los huevos salteados con fresa, esa combinación de dulce y salado que no a todos gusta pero que me gusta experimentar.

Dentro del ambiente laboral los viernes solían aparacer los chilaquiles con huevo estrellado, este suele no satisfacer tan fácilmente a los comensales debido a la consistencia de la yema, como siempre en gustos se rompen géneros, y cuando se rompen los huevos algunas veces se rompen las yemas. Nada como reventar la yema de un huevo estrellado con un pedacito de pan o un totopo.

Durante mis estancias en el extranjero fui sorprendido por algunas cosas, en los dinners —merenderos para los fanáticos de la televisión—de los vecinos del norte, el sabor de los huevos que sirven en el desayuno es decepcionante, se pasan de tueste con las hormonas que les inyectan. En los lanchonetes de São Paulo, Brasil hay un letrero con la advertencia de que está prohibido servir huevos con la yema aún cruda, de hecho si se revisa a detalle  la ley se establece que en los omelettes deben alcanzar la una temperatura de al menos 74° C el centro geométrico. En Londres, además de su porridge es costumbre servir en el desayuno huevo con salchicas y acompañarlos de frijoles dulces.

Y jamás llegué al grado teporocho de desayunar una polla (jerez con un par de yemas de huevo) pero sí lo hice tanto con licuados como con jugos, como dato curioso comer huevo crudo antes de beber sirve para aumentar la resistencia a la ingesta de alcohol.

No voy a considerar otros significados en frases como “me los chupas y los dejas nuevos”, “a huevo”, “te pasas de huevos”. Pero nunca está de más hacer caso al consejo:  échenle huevos, por lo menos al licuado.

 

que siga la tradición

No existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague …

Pedro Páramo – Juan Rulfo

Hoy vine únicamente a celebrar, a dar gracias por la bestia salvaje que nace y muere cada día en mí. A regocijarme con la visión de la que fue dotado mi corazón, con el motor inagotable que llena el tinaco sin fondo de mi azotea. La magia que fluye de mis manos cuando los dorsos no están impedidos con cruces negras y rojas. A reconocer lo poco frecuente que resultan nacimientos como el mío. La música y los colores han sido fenomenales, la familia y los amigos han creado un círculo de luz a mi alrededor y hasta he sido amado.

Jamás he estado solo, siempre cargo todos mis recuerdos, también siempre he tenido más noches que días. Algunos números corren por mis venas y la energía que emano podría secar cualquier oceáno. Todavía me faltan innumerables regalos para darme.

Me felicito.

Quesadilla de huitlacoche

Quesadilla:  Méx. Tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente.

Real Academia Española

Parece que el origen etimológico de la quesadilla sí tiene que ver con queso, algo que no me hace mucha gracia pero que tampoco tiene tanto impacto, no es la primera vez que la etimología no corresponde con el concepto: como el murciélago que es ratón cieguito o trabajo que son tres palos.

Pero recientemente ha circulado la idea de que el huitlacoche es de uso reciente o al menos solamente es reconocido en la cocina a hace muy pocos años. Patrañas, el hecho de que no sea un elemento gourmet o documentado no quiere decir que no se haya usado.

Los pueblos prehispánicos no iban a desperdiciar el maíz tan fácilmente así que seguramente las primeras quesadillas que existieron fueron de huitlacoche, los dos elementos están juntos piden ser preparados juntos, cuando solía ir a la central de abastos, los domingos en medio del pasillo solían poner la mercancía para rematar, un día me encontré con una señora que vendía huitlacoche y le pregunté ¿cuánto por todo? y tomé la oferta, es la única vez que he hecho algo así, tuve que repartir todo entre mi familia pero me sentí muy feliz de hacerlo, y disfruté de muchas quesadillas y tacos después.

Las quesadillas son un alimento popular, cuando uno se acerca a la marchanta para hacer el pedido, generalmente hay fila y mucha gente esperando, entonces ella pregunta ¿de qué va a querer? y pues uno suelta la lista, siempre hay alguien que pide de chicharrón —creo que es de las más populares—, están las de solamente queso para los melindrosos, unas de tinga de pollo, yo siempre pido de huitlacoche o flor de calabaza, que es uno de los pocos platillos típicos de la Ciudad de México.

Algunos domingos con mis amigos comprábamos quesadillas de sesos en el puesto de carnitas, de esas que salían bañadas en aceite del cazo y que eran muy baratas. Otras veces íbamos al mercado que se pone frente a Bachilleres 4 para comer las de masa azul. O en casa de Azul incluso pedíamos la entrega a domicilio. Tampoco es poco frecuente encontrar quesadillas enormes a precios populares. Las quecas son un platillo recurrente que resulta accesible a bolsillo de casi cualquier consumidor.

Pero también se pueden hacer quesadilla de otros ingredientes no tan caros pero que requieren más preparación, como en un cumpleaños en el que mi mamá se dedicó a limpiar jaibas para tener solamente la carne y poder hacer quesadillas de pescado camarón y jaiba.

Cuando alguien alegue que las quesadillas solamente son de queso, como ya ocurrió en algún mercado dominical de la perla de occidente, dejaré que viva en su error, si no aprecian las quesadillas de huitlacoche, mejor que no las coman.

Huitlacoche

 

remedios caseros

El doctor que a mi me ve,de este mal que aquí me inflama recetome tomar te y ahora te tomo en la cama.

Tomando té – Chava Flores

La casa de mis abuelos maternos está en la colonia Escuadrón 201, cuando comenzaron a usar estufas de gas hubo un accidente en unos departamentos en la colonia vecina: Sector Popular, un tanque de gas explotó, lo que ocasionó que muchas personas regresaran a usar sus estufas de petróleo —mi abuela entre aquellas personas— creo que por eso solían desinfectarnos las heridas con petróleo, así como en las películas muchos se curan las heridas con algún licor —quizá lo mismo hubiera sido si las heridas me las hubieran curado cualquiera de los integrantes masculinos de mi familia. Pero fueron las mujeres con muchos ingredientes de los que se usan en la cocina.

Cuando tenía alguna herida que necesitara cicatrización generalmente la cubrían con la piel de la cebolla me resultó altamente efectivo el remedio, por supuesto están los numerosos tés, infusiones o tisanas, la manzanilla entre las más recurridas, además del té de buganvilia para la tos, el de doradilla para los riñones, mi papá tomaba regularmente té de ajenjo —el verdadero nombre de la absenta— , alguna vez vi uno en la mesa, le pregunté a mi mamá lo que era y ella me dijo tranquilamente: “tómatelo si quieres”, después de probarlo me quedó la boca amarga por mucho tiempo. También el té de cuachalalate que es buen remedio para la gastritis —tan bueno que ya está en peligro de extinción—, durante las peregrinaciones hacia San Juan de los Lagos vendían té de cuachalalate —se hace con el tronco del árbol— en lugar del té de canela. También de la corteza —el jugo del tronco específicamente— se utiliza para la elaboración del bálsamo negro muy efectivo para cicatrizar las heridas de arma blanca.

Otra de las presentaciones es dejar remojando la planta en alcohol para después consumirla, algunas veces tomándola como la prodigiosa que mi abuela siempre tenía a la mano, cuando alguien regresaba enojado o con gran frustración le daban un traguito a esa bebida, cuando se experimentan esas emociones su sabor amargo no se percibe. Mi tía Luisa padecía de reumas que trataba frotándose el alcohol en el que se remojaba una planta de marihuana, en una ocasión me tocó buscar una planta en el rancho de mi tío Lauro, fue una labor tardada que concluyó exitosamente con apenas unas picaduras de mosquito que pueden ser tratadas con aceite de lavanda.

Como padecí de las amígdalas probé un sinfín de remedios, alopáticos, homeopáticos y naturistas —al final para el caso ninguno surgió efecto— pero también muchos otros para los síntomas, como la  hoja de ruda en el oído o la gárgaras de vinagre.

Además de las recetas curativas existen un sinfín de usos prácticos como la elaboración de engrudo —igual con ingredientes de cocina— que de nuevo mi tía preparaba para la ayudarme en mis labores escolares, o las monedas o clips a manera de fusibles, la elaboración de queso con la leche cortada, o la multitud de arreglos con masking tape.

Los remedios eran los que se tenían a la mano, es como usar el ambiente a favor propio mucho antes de que este DIY estuviera de moda, además de que muchos remedios vienen de una tradición ancestral de la herbolaria en México, Es una forma de entender nuestra relación con la naturaleza, el funcionamiento de nuestro cuerpo.

Pero para algunos males no hay remedio.

 

pásele joven

Oh Denny’s, no la hagas de Toks en Wings, to Vips or not to Vips, that’s the Woolworth

– Botellita de Jerez

En algún momento de la vida tenemos la opción de elegir en dónde comer, bueno tal vez existan personas cuyas comidas hayan sido siempre caseras pero en mi caso me he enfrentado a esa decisión en muchas ocasiones y los factores que tomo en cuenta para esa elección son diversos.

Yo creo firmemente en la premisa de que el cliente es la parte más importante de un negocio —aunque no siempre tenga la razón— pero además estoy interesado en recibir un buen servicio y un buen producto, cuando lo consigo me convierto en un cliente asiduo, y como soy fácilmente reconocido por mi fisonomía todo lo que haga será recordado seguramente y habrá un impacto en la próxima visita.

Nunca he sido el comensal melindroso que pide un plato sin algo en particular, como mi madre que no le gusta la cebolla cruda y que con frecuencia pedía enchiladas pero sin cebolla o mi amigo ahora llamado DiceKiller que siempre que pedíamos tortas él pedía que no le incluyeran diferentes ingredientes. Jamás pido un cambio, y acepto gustosamente las alternativas que me ofrecen cuando algo del menú se terminó, todo esto porque quiero ayudarlos a que me atiendan mejor, algunas veces detalles como esos pueden hacer una gran diferencia.

En algunas vacaciones a Acapulco con mis abuelos maternos me di cuenta como la mesera atandía a mi abuelo Luis, le ofrecía un plato de sopa generosamente servido, y le ofrecía el platillo que más le gustaba, lo atendía como rey y eso lo hacía sentirse ufano. Creo que observándola aprendí no solamente una forma de ser buen mesero sino también de ser buen cliente.

Por ejemplo en el caso de los puestos de tortas cuando empezaron a ser supertortas, aprovechando mis gustos que algunos llaman bizarros, cuando pedía de huevo con queso blanco, o de puro queso o algún otro ingrediente menos caro —al contrario de los que piden milanesa— el pedido era bienvenido y atendido con gusto. Solía desayunar jugo de zanahoria y un vaso de papaya —que no era tapatía— y establecí una relación de confianza con mi marchante, cuando tenía mucha gente le decía que no importaba si lo completaba con jugo de naranja, le conseguí empleo a su sobrina y comerciábamos con artículos de segunda mano, a cambia ya tenía listo mi pedido si llegaba tarde y, si había muchas personas, me lo entregaba sin decir palagra y yo le daba el cambio exacto así no perdía tiempo, también me avisaba cuando había mandarinas o ciruelas especialmente buenas, me preparaba antigripales cuando lo necesitaba y alguna vez rescató una credencial que se escapó del portacredenciales con yoyo.

Muchas veces elijo algún local que está vacío, invariablemente aparecen clientes después, esa la magia la sigo portando, aún por estos lares. La última vez hace 2 semanas en un restaurante chino en una calle escondida, un domingo por la noche, cuando esa magia es percibida por el dueño del establecimiento sin falta recibo un trato especial. Un par de ellos me lo ha dicho directamente, uno incluso me sorprendió eximirme del pago de mi cuenta.

Había una taquería en cafetales, entre Calzada de ls Bombas y Calzada del Hueso, muy cerca de unas hamburguesas muy famosas pero con un atendimiento deficiente, la primera vez que fuimos había apenas otro grupo cenando, el dueño nos pidió que nos quedáramos más tiempo porque sospechaba que los otros querían asaltarlo, esperamos a que los otros se fueran, desde entonces recibimos un trato preferencial.

También he frecuentado otra clase de establecimientos donde el trato es bueno pero se puede extinguir si la propina no es suficiente, siempre que voy a esos lugares procuro apartar hasta un 15% más en caso de que el servicio sea especial, en los casos que sucede también se establece es vínculo aunque sin esa camaradería y confianza del marchante.

Merece un apartado especial el trato en los bares o cantinas, donde lo que más importa es el servicio o la botana, porque la bebida es igual en todos lados, algunas veces los meseros te hacen quedar bien cuando vas en plan de negocios o en plan romántico, puedes recibir un trato regio en esos lugares.

Me parece que en general el servicio ha decaído, o al menos los que tienen vocación de servicio han sido desplazados por personas que necesitan el empleo. Durante mis viajes alrededor de la República —en lugares en los que no me podía convertir en cliente regular— he recibido diversos tratos, desde tener que esperar más de una hora por servicio, recibir escarnio por mi chilanguez, o un trato casi de familia, quisiera hacer una mención especial al trato recibido en el restaurante Balcones del Ángel donde he recibido el mejor trato de mis viajes.

Y por acá ya también tengo mis lugares favoritos.

tránsito lunar

Un loco enamorado sería capaz de hacer fuegos artificiales con el sol, la luna y las estrellas, para recuperar a su amada.

Goethe

Regresé a mi amada ciudad luego de más de un año sin ser cobijado por su inmensidad, encontré algunos espacios que aún no tienen historias impregnadas en mi memoria como la línea 12 del metro en la que estos días será mi transporte hacia el trabajo desde el cual veo una cantidad caminos nuevos rodeando a la torre de petróleos.

Fui recibido con mucho amor —con un par de excepciones— me he sentido un poco abrumado y con falta de tiempo para hacer todas las demostraciones afectivas que quisiera. Incluso la ínfima convivencia que he tenido con mi ahijado porque casi todo el tiempo de sus escasos meses de edad he estado a muchos kilómetros no ocasionó que me rehuyera. También recibí con gran alegría y sorpresa el cariño de Tania —hija de mi nucleomante amigo— así como con las demostraciones de mis primos y tíos.

Este cambio momentáneo de hemisferio ha desatado una proceso de Las constelaciones son un diferencia sutil, en el hemisferio sur veo a sirius, que representa al estado de Minas Gerais en la bandera de Brasil —aún tengo que averiguar la razón de esta correspondencia— de este lado está el cinturón de orión  aunque la luna sea la misma.

Tengo que aceptar que no tendré tiempo para hacer todo lo que quisiera o probar los platillos añorados, hablar con los amigos, visitar a la familia. La frugalidad del tiempo es harto conocida. Si bien ya comí escamoles, nopales, flor de calabaza, tuétano y tacos pero seguro hay cosas que no probaré.  El tiempo nunca es suficiente para satisfacer todos mis deseos o saciar todas mis curiosidades. Afortunadamente me acordé de mi tiempo en la academia —no hablo de programas dominicales sino de sistemas dinámicos— y aquello que aprendí me tranquiliza:

Todos los estados son transitorios.

FuenteDePetróleos

de fresa por favor

La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa

Rubén Darío

La fresa no es una fruta sino un racimo deforme que expone múltiples frutos, como no es una fruta no me debería sorprender que no estuviera presente cuando íbamos a comprar fruta al mercado, era mucho más común encontrar sandía, melón papaya (la amarilla antes de que fuera más común la maradol), plátanos o manzanas, claro que no tuve que esperar a cumplir 22 años para probarlas -a diferencia de las peras- ocasionalmente había fresas con crema a las que generalmente se les añadía azúcar o leche condensada para disminuir su acidez.

Recuerdo en mi infancia, luego de una excursión a Chapultepec, fuimos a comprar hamburguesas y por primera vez la acompañé con una malteada de fresa, también al salir de una consulta médica probé por primera vez un helado flotante, no exactamente el sabor más clásico: helado de fresa con peñafiel de limón, pero resultó una gran elección, hasta como para repetirlo. Durante una peregrinación, en una fría madrugada se me ocurrió pedir un esquimo de fresa, que resultó muy difícil de consumir, podía incluso voltear el vaso sin derramar el líquido, no es la mejor bebida en tiempos de frío.

Durante mi estancia en la Facultad de Ciencias fuimos a Guanajuato —el estado— y nos hospedamos en la ciudad del mismo nombre para hacer una práctica de campo en Silao —ciudad que conocía bastante— convencí a 4 de mis compañeros de ir en tren y regresar en camión, pasando por Irapuato, la capital fresera, de ida calculé mal y llegamos demasiado temprano —yo contaba con que el tren se iba a retrasar— así que tuvimos que esperar a la vuelta para conseguir las fresas con crema pero como estaban reparando el centro tuvimos que dar una gran vuelta para encontrar un puesto abierto. También fue una parada obligada de regreso de mi luna de miel, ahora fue para comprar una canasta a la orilla de la carretera. La misma parada fue en el último viaje con mi papá, un par de meses antes de que muriera.

#YoConfieso que lo mejor de mi viaje a Puerto Vallarta fue el desayuo de fresas salteadas con huevo, también que alguna vez hice la mamona combinación de champagne con fresas y que es el último sabor que pido cuando compro un licuado y que en muy raras ocasiones compro solamente la fruta, digamos en el mercado.

Y hay numerosos productos que tienen a la fresa como sabor, yogur, mermelada, relleno cremosito, cobertura de pastel, hasta las famosas picafresas es como si fuera el sabor más común entre los productos artificiales.

A mi parecer las fresas han sido sobrevaloradas porque siempre hay un sabor mejor: en los licuados el de mamey no tiene comparación, para los helados de vainilla, los esquimos de rompope, y hasta los plátanos fritos con crema están mejor y así se pueden seguir enumerando casos.

Claro que la palabra fresa también tiene otro significado, es equivalente a pijo en España, Cheto en Argentina, pituco en Perú, cuicos en Chile, o sifrinos en Venezuela; y entonces las fresas están aún más sobrevaloradas, por ellas mismas, y en ambos casos, conforme pasa el tiempo, es un sabor que va quedando fuera de mis preferencias.

Fresas con crema